martes, 1 de septiembre de 2009

Desde entonces

Escucho a tus ojos sonreír y tus dedos derraman lágrimas. Nunca fue esta ciudad cuanto habíamos esperado. Había esquinas que nos llevaban a la luna una mañana de septiembre en que tú y yo despertamos en una estación de tren sin raíles. Amaneció entonces un beso, alguna caricia, y escuché sonreír a tus ojos, derramar lágrimas a tus dedos. Dormimos plácidamente desde entonces.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Veo que vuelves a escribir cosas alegres...asi me gusta profe!

Laura

H. dijo...

Sí que es verdad, Laura, no me he dado cuenta hasta que me lo has dicho. Lo cierto es que Sicilia me revitaliza siempre. Un saludo y suerte con todo.