lunes, 7 de septiembre de 2009

Érase una vez III

Érase una vez un pequeño desierto de cactus.
Érase una vez un hombre que se rompió dos piernas y al que le dolía el mundo.
Érase una vez un hombre que siguió caminando.
Érase una vez un chico que trabajaba en una empresa que no le pagaba.
Érase una vez una chica que trabajaba en una empresa que ya no existía.
Érase una vez un pequeño jardín con lluvia y agua.
Érase una vez dos camas desde las que ver la luna.
Érase una vez una madre y sus dos hijos hablando de la vida y sus albores.
Érase una vez un espejo desde el que contemplar las mañanas.
Érase una vez una ligera brisa de verano con la que leer alguna página, encontrar alguna línea.
Érase una vez una escalera con una botella de agua para saciar sed y cansancio.
Érase una almohada con la que sonreír al mundo.
Érase una vez unos tardes de calor con fresquito.
Érase una vez un bolígrafo y algunos folios con los que escribir historias que nunca han sucedido.
Érase una vez una voz que adormecía al compás de los latidos de las estrellas.
Érase una vez una hilera de casas.
Érase una vez una serie de días en los que el sol te despertaba.
Érase una vez un beso de buenas noches.
Érase una vez una azotea.

1 comentario:

Anónimo dijo...

TIENES UN BLOG GENIAL.
REFLEXIONO CON LO QUE LEO, Y
SIGO LUCHANDO POR LO QUE CREO.