miércoles, 21 de octubre de 2009

Blue smile III

For Verena Reinhart

It started to rain again from the south, it has been rain for a long time, it´s raining in the south like it snows in the north sometimes. We want to be in your house for these days or go to another place, we´re just stuck inside, looking for a friendly face, or a little bit of tenderness. Wishing to go outside but without the cold, walking fom one street to the next, watching tranquilly, the people walk by, the different faces that appear in their eyes for a moment and leave an spectacular image, with with an amazing silouette that excites our eyes and blinds our reality for an instant, only for a short moment and nothing more. The beauty that passes so quickly, that we can find it only for a short time in our lives or possibly never. Finding, on some corner, the eyes that look with sweetness, hands that speak for a moment, and those to which we didn´t pay attention to the first time. But something lingers, there is something in these hands that makes us return to the street, and watch the corner with nostalgia. The discrete beauty, the beauty of knowing that there are gestures that will remain, the hands that leave marks on our fingers if we know that the beauty is another thing, another way. Watching and knowing that the light, sometimes, comes from a smile that gets bigger as the world becomes more cruel, watching and knowing that time stops, although just for a second, because it is necessary, becaues we need a little calm in order to taste the warmth, so much friendly silence, so much truth in some gestures. It´s raining and it´s difficult to not think about this smile. You smile and the shadow of the shore of the your blue smile iluminates deeply the damp roots of a world that is better, that is more human, because simply you exist.

Para Verena Reinhart

Vuelve a llover por el sur, como hace tiempo, llueve en el sur como nieva en el norte a veces. Desea estar uno en casa en estos días o salir a algún otro lugar, cerrado ahora, por contemplar un gesto amable, un poco de ternura. Salir a la calle y no pasar frío, caminar de una calle a otra, observar, con tranquilidad, la gente que camina, los diferentes rostros que se detienen por un momento en nuestras pupilas y dejan una imagen soberbia, mujeres de silueta espectacular que ilusionan a nuestros ojos y ciegan nuestra realidad por un instante, sólo un momento y no hay más, nada más. La belleza de lo efímero, lo efímero de una belleza en la que apenas podemos encontrar un poco de vida, apenas nada. Y dar, en alguna esquina, con unos ojos que miran con dulzura, unas manos que hablan algún tiempo y a las que no prestamos atención en un primer momento. Pero algo queda, algo hay en ellas que nos hace volver a esa calle, mirar, con nostalgia a esa esquina. La belleza discreta, la belleza de saber que hay gestos que perduran, unas manos que dejan huella en nuestros dedos si sabemos que la belleza es otra cosa, otro camino. Es mirar y saber que la luz, a veces, viene de una sonrisa que se hace más grande a medida que el mundo se hace más cruel; mirar y saber que el tiempo se detiene, aunque sea un segundo, porque es necesario, porque necesitamos un poco de calma para saborear tanta calidez, tanto silencio amable, tanta verdad en unos gestos. LLueve y es difícil no pensar que estás sonriendo. Sonríes y las sombras de la orilla de tu sonrisa azul iluminan profundamente las raíces húmedas de un mundo que es mejor, que es más humano, porque, sencillamente, tú existes.



1 comentario:

Anónimo dijo...

simplemente precioso...

LauRa