lunes, 26 de octubre de 2009

Novo cinema paradiso II

Para Ida, Ninni y Antonella
Es difícil salir a la vida un viernes por la tarde después de un día de clase con adolescentes y problemas de todo tipo; el mundo es cruel, todos lo saben. Es difícil pedir calma, pedir un poco de inglés, algo de español y muchas palabras. El cansancio puede y cuanto se puede es contemplar el Guadalquivir, vivir en sus orillas, saborear un buen chocolate. Es tarde y todavía es de día por estos lares, aunque ya el frío despierte un poco. Es fácil saber que todo es fácil si los viernes existe ternura aunque haya tardes en que sea complicado disfrutarla. Y fácil saber que la vida sigue si hoy toca Sanlúcar, Sevilla; mañana, Valencia, festival, cine y clausura. Llegar casi a las siete de la tarde a una ciudad de gratos recuerdos; ese primer viaje con estudiantes, ese primer saber por qué adoras tu trabajo, algún momento de playa, las primeras charlas con un gran amigo, Manolo, y alguna que otra camiseta. Dos años después, la misma ciudad, para ver amigos, Sicilia llama, yo escucho. Ida, Ninni, ciertamente, toda una vida. Y escuchar, como no escuchaba desde hace meses, la voz de una criatura celestial llamada Antonella, dónde estás, hace tanto que no sé de ti, Antonella, estoy aquí, en Valencia, nos vemos luego, ahora tengo que saludar a dos amigos. Y, hey, un salón lleno de trajes elegantes que en nada me conmueve, sorellina, quanto tempo, ciao, Ninni, un piacere rivederti. Y ahora toca autobús, y actores, pero cine cine poco, porque no conozco a nadie; mira, perdona, ahí está la alfombra roja, y yo poco tengo que ver con ello, no, no tú pasa, tienes que pasar, perteneces al Tornatore team, así que pasa. Algún flash, alguna foto, y después, desfile de actores, extraña estirpe, ahhh, todos pasan, llega Tornatore, algún saludo, algunas palabras de la alcaldesa, a la derecha, más a la derecha, Rita, hermanito ¿sabe italiano? Ida, es politico, se aprende cuatro frases y ya tiene imagen, ya tiene foto, ya tiene voz, voz de camionero. Palco con Tornatore y gala de clausura, cómo es la alcaldesa, destra, destra, destra. Y luego cena. Una cena que se hace íntima en las palabras de Ida, ahora que hay, otra vez, cuánto tiempo, chispa en sus ojos, alegría en sus pupilas, hermanito, tengo tantas cosas que contarte, y son tantas las que cuenta. Cerca, Tornatore, habla de cine, Óscar, su película, geografía sentimental de alguien que ama, por encima de todas las cosas, una cámara, algunos gestos, un observador dice Ninni, extraordinario, ya desde siempre. Cerca, personas encantadas de conocerse aunque se olviden. Una foto con Tornatore e Ida, siempre Ida: hermanito, una foto, por favor, con él, que os parecéis mucho, un libro con dedicatoria, una fiesta para actores, el cansancio de una noche en la que vida se ofrece a cada momento. Y el placer inesperado, de nuevo, de disfrutar de unas horas y una ciudad con Antonella, después de no hablar durante más de cinco años, Sevilla entonces. Un paseo y tanta historia, amor y desamor, rugby, Bari y Cuenca, fuego y cariocas, teatro y documentales, callejuelas y baile, caminar para seguir hablando. Una comida, sol, calor y, siempre, un helado. Y el placer de volver a encontrar a Sicilia en estas calles, miedo y desencanto, un cambio penoso, un país a la deriva en quince años. No quiero volver al trabajo, Hino, no quiero; Ninni, tampoco yo, aunque hoy no ha sido un mal día, adolescentes con hormonas, el tiempo sigue. Ninni, Ida vuelve a ser feliz, vuelve a estar, ya era hora, viva. Y cuatro amigos, teatro, cine, cultura, vida, tanto tiempo, un pequeño paseo, Tornatore y tantas otras cosas. El placer esperado de saber que hay gente que es ya una parte importante de mi vida, de una vida que se construye en cada palabra, en cada gesto, en cada silencio. Un piacere, sempre. Un vero piacere.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Maravillosa crónica. Un beso.
Tu editora.

Anónimo dijo...

Qué preciosa crònica... la he vivido toda otra vé!
Sorellina