miércoles, 14 de octubre de 2009

Relatos hiperbreves XXXV

Ella me pide que abra la boca y soy incapaz de negarme. Acerca sus pechos a mis hombros y los hace descansar, mira con atención mis labios y me pide otra vez que abra la boca. Si algo te molesta en algún momento, me dice, levanta la mano, por favor. Pararé entonces. Y tengo claro que ella estaría inmensamente enamorada de mí, desearía cada fibra de mi cuerpo, si no fuera mi dentista.

2 comentarios:

sorel dijo...

Simplemente genial.

Laura dijo...

De esto se algo... Bocas y dientes.
Y siempre que estoy cerca de los odontólogos me imagino qué deben pensar los pacientes al tener tan, tan cerca unos pechos embutidos en un pulcro uniforme. Hay dentistas muy monas...

Abre la boca...