sábado, 24 de octubre de 2009

Sierra sur VIII

Para Paloma, Pilar, Ana y, para claro, los peores
Un lunes cualquiera en el que poder descansar y eliges volver a la que sabes es tu casa, al sur, un poco al sur, más en la sierra. Preparar el viaje a Valencia para ver a sicilianos que ya son parte de ti, conocer, acaso, al creador de una película maravillosa, Novo cinema Paradiso. Ahora, Sevilla; después, Valencia, antes, un lunes como otro, Osuna. Y conversar con personas ya, aquellos que acabaron por, como diría Paloma, en convertirte en un profesor. Un pensamiento certero, como casi siempre, cuando te los encuentras en el patio: maestro, sí, cómo sufriste, pero no lo olvides, aquí te hiciste profesor. Siempre un pensamiento acertado, siempre la madurez dispuesta. Llegar a Osuna para encontrarte a Ortega, al que habrías asesinado alguna vez que otra, aunque también él lo dice: maestro, te he visto venir y me he dicho, lo saludo, aunque en ese año te habría tirado alguna vez por la ventana, pero, bueno, he cambiado, eh, después de la charla que tuviste con mi madre, y la charla que ella tuvo conmigo. Eso es bueno, Ortega, eso es bueno, aunque claro, deberías llegar un poco antes, porque ya te has perdido la primera hora. Anda, maestro, sube y nos saludas, te dice, que el petardo de Alonso todavía está por aquí y sí, sigue igual de pesado. Y en esta clase está Domin, ya en cuarto, Domin, ya era hora, maestro, al final, no me diste el cinturón. Ya, Domi, te dije que sólo si aprobabas y ni una, Domi, ni una, aunque es bueno que este año ya estés en cuarto; no lo dejes, anda. Hola, Elena, no esperaba verte aquí, ¿sigues en cuarto? Pero si yo creía que estarías en Bachillerato y serías de las mejores, ya ya maestro, pero me quedaron tres y no pude, una pena. Bueno, chicos, tengo que saludar a los del viaje a Valencia, que están en el otro edificio. Y allí están, como siempre, sentados, en silencio y pidiendo en silencio a aquellos que hablan; te preguntas si alguna vez tendrás un grupo como éste y la respuesta es fácil: no, por mucho que disfrutes dando clases. Todos están allí y este año se van a Roma, Italia, una de las ciudades que se ha quedado en tus pies para siempre. Se lo merecen todo, ciertamente. Lo siento, no puedo quedarme en el recreo, Gema, David, no puedo, les prometí a Ana, Pilar, Paloma que las visitaría y ya sabéis cómo se ponen, no quiero que nadie me asesine hoy, Ana y su proverbial por qué a nosotras no, no tengo ganas de escucharlo, David, hoy no. Es hora de bajar al otro edificio y ver cuánto han crecido, ahora que algunos están incluso enamorados, lo que hay que ver. Y es emocionante ver a Álvaro y que ni siquiera que yo estoy allí, siempre tan distraído, en la luna, en Babia, qué sé yo. Y encontrarlas allí, en su recreo, con sun bocadillos, algún zumo y pocas ganas, claro, de levantarse para saludar a su viejo profesor aunque poco a poco lo hagan, hola, Pilar; hola, Mari Carmen, cómo va todo,; mal, maestro, mal, ainssssss, siempre tan pesimista; hola, Paloma; hola, Ana, que sonríe como hacía tiempo no lo hacía; hola, Sandra; anda, dicen a lo lejos, Tania y Laura, mira quién ha venido, Maestro, Ana, cómo no, Ana, tienes que entrar a alguna clase, anda, vente a francés ahora, pero antes, ejem, ejem, ejem, una foto, no, Ana, Pilar, no, una foto, no, pero es imposible. Es una tradición no escrita: no puedes irte de Osuna sin una foto, imposible. Una foto que verás luego, en la que te puede la nostalgia, alguna lágrima. Pero no será en francés, será en inglés, cuando estés con ellos y disfrutes de la clase, conversación y comprensión, una hora, casi una hora en inglés, you know it, alguna llamada perdida, the first date, la primera cita, bufffffffffff, piensas, tú ya ni te acuerdas, demasiado tiempo, pero ellos se ríen y, por lo que parece, también yo, aunque ya no sepa ni cómo es una primera cita. El maestro, dice Enrique, mira al maestro, se descojona, maestro, una rosa en la primera cita, qué antiguo, maestro, qué antiguo eres. Y allí estás, sin ser por una vez el profesor; sólo, recuerdas a Paloma, un estudiante que enseña, y allí estás, Pilar y Ana miran alguna vez y se ríen; Pilar y su carta, recuerdas ahora, esa carta que lees algunos días y te anima si el día ha ido mal y sabes por qué este es tu trabajo y no comprendes que haya otros, no, no para ti, aunque haya días en que quieras matar a alguno de estos niños o, directamente, suicidarte, esa carta, y alguna otra, las de Rocío, las palabras de Paloma, las líneas de Cristi que te recuerdan, ahora que vuelves a Dos Hermanas, que hay momentos en esta profesión que bien merecen un vida, ahora que la nostalgia se apropia de ti y también, ahora que la tarde se hace tarde, también el sueño. Un día perfecto, piensas, para recordar lo que dice un gran maestro, Abel: ellos no recuerdan nunca lo que tú les enseñaste, ya sea gramática, inglés, Lengua, qué más da, pero nunca olvidan el tipo de persona que eres. Ahora que recuerdas también que Ana le ha dicho a medio instituto que te acercabas, que has estado otra vez un poco de tiempo con ellos, y que ella ha dicho, volverás en dos semanas, aunque Gema diga, claro, eres el único que nos visita, aunque sea muy de vez en cuando. Cuando puedes, claro, cuando puedes. Un buen lunes para empezar la semana y para aprender, como siempre, tanto de ellos.