miércoles, 9 de diciembre de 2009

En todas partes IV

En Ronda hace frío los martes de fiesta con gente. Hay chicas alemanas que se enamoran de la ciudad y dejarían dejar su corazón allí, que descanse durante meses su sonrisa azul. Una sonrisa que se perderá en algunos días para suerte de los que viven en el norte. Y será el mundo un camino en el que tantas veces se contarán historias. Y habrá adolescentes, al otro lado de esta calle, que hayan visto ya cómo su padre ama a su madre a bofetadas y crean que una costumbre que debe vivir en sus dedos. Y será la vida, tan desnuda como cruel, agotada de soportarse a sí misma en tantos momentos. Existirá el sur y personas que lloran a un hermano que ha desaparecido y no encuentran un instante de consuelo: el mundo duele cuando estamos solos, duele a borbotones. Y existe Italia porque existe Roma y existen mujeres que ya no son universitarias aunque sigan siendo inmensamente hermosas, inmensamente inteligentes y sea bueno hablar con ellas para recordar que la risa, la risa es un camino que nos ha llevado juntos a tantas partes, que hace que estemos menos solos si alguien nos escucha reír y cree que es bueno saber que hay momentos que merecen la pena. La vida y sus aristas. Saber que a miles de kilómetros de distancia el mundo tiene sentido porque hay gente que da luz al lugar al que camina. Comprender que a escasos minutos de distancia el mundo, y sus lugares resultan absurdos porque hay puños que golpean en las ventanas y dejan cristales en el suelo. La sangre recorre entonces las aceras y hay colores que dejan ciegos a aquellos que intentan contemplar la vida sin distracciones. Si hay dolor, hay alegría, aunque sea difícil verlo entre tanta cicatriz, entre tanta chica que se siente mal ante un espejo, ante toda mujer que no sabe decir a unos dedos que construyen esquinas que no permiten encontrarse a nadie. Apenas un minuto y todo pueden ser sombras: dolor, tristeza, la nostalgia de saber que el mundo debería ser otro y algunas heridas seguirán abiertas durante años. Las heridas de unas raíces que están dejando morir en el norte gente que vive al otro lado de la calle, al otro lado del mundo. Sólo unas voces que no saben qué decir y gente que intenta que este siga siendo el mejor de los lugares posibles en el que vivir. A pesar del dolor, de la tristeza, de las heridas que hay a veces en las manos de aquellos que intentan que sea bueno vivir, que sea inevitable sonreír alguna tarde, dormir en paz alguna noche. Ya sea en Ronda, en Sevilla, en Sicilia, así en el sur como en el norte. Ahora que hay una mujer genial que trabaja doce horas al día y no conoce de Florencia sino el pequeño rincón en el que trabaja. Y hay una voz que, de cuando en cuando, llama por teléfono y le recuerda que es bueno abrazar la vida en ocasiones, ahora que vivir, aunque a veces duela, es lo que importa.

1 comentario:

Anónimo dijo...

...q bonito...
es siempre un placer escuchar tu voz...
besos desde firenze;-))))