miércoles, 25 de febrero de 2009

En todas partes III

Per la mia sorellina Ida
Lloverá estos días en Roma, aunque yo nunca lleve paraguas y, ya lo sabes, sorellina, que seré feliz al verte esperándome en la estación de tren, como has hecho alguna vez que otra. Será una ciudad diferente, el mismo cariño, la misma complicidad, para recordar entonces cuanto hemos compartido en una playa de Messina, un bocadillo, palabras, que te confundan con una española y que las olas del mar hagan cosquillas a nuestros pies y dejen huella en las rodillas. Messina y tus papis, mi familia, tanto cine en los pupilas, tanto teatro en las manos y cerca un volcán, por el que caminé de noche con amigos a los que no conocía con la única luz de la luna. Un volcán del que tantas piedras me llevé y alguna era, te lo dije en algún momento, alguna era para Heidi, aunque todavía esté esa piedra, esa raíz del volcán en mi casa y algunas letras. Una botella de casera y algún zapato, por si te dolían los dedos alguna mañana y era imposible caminar sin tus tacones, a pesar de que no quisiste esperar por si llegabas tarde a todos los instantes. Un grito, y otro, de euforia contenida, cuando cuando tu coche pertenecía a los sesenta y yo escuché la voz de Caterina Caselli, por vez primera y supe, al escuchar, que nadie tiene derecho a juzgarnos, aunque quiera. Será bueno recordar entonces los paseos por el río, el sol la luz y tanto helado, aunque haga frío y tiriten nuestros dientes, tantos bares, tanta fiesta, tanto dolor en los párpados cuando era otro el país que te habitaba. Será suficiente verte un minuto, saborearte un rato para saber que otra vez nos conocemos, que nos hemos encontrado otra vez un poco en el camino y es apacible con tu sonrisa el paseo, aunque me lleve en avión desde Sevilla a Roma y a calles por mí desconocidas. Hablaremos de dolores que en nuestro corazón se cobija, de la fragilidad de una casa por cada uno de nosotros olvidada; seré como un niño al observar tus paredes por mis textos habitada para pasear por rincones de Roma que saben de ti cuanto tú eres. Parlaró italiano otra volta, ciao sorellina, come stai, sono felice de encontrarte hablemos de la fragilidad y sus aristas. Y seguiremos leyendo las líneas que dejaron en nosotros tiempo, calor y tardes de tinto en nuestros ojos, ahora que tocará decirnos hola, adiós, será, ha sido, es un placer, te echaré de menos, me encantaría verte, se lo digo a poca gente, cada día, te echaré de menos, vuelve pronto, Sicilia espera, te quiero tanto, hermanito, ti voglio bene, parlami di tutto, el tiempo es oro, hasta pronto, seguirá el contacto a todas horas, aunque quede lejos la sonrisa.

martes, 24 de febrero de 2009

Amor menos poderoso que la muerte

El mundo duele. Fastidia. Jode. Sería genial ser otro y estar en cualquier otra parte. Aunque todo fuera igual. Duele ser parte de un sistema educativo en el que cada día crees menos, en el que todo se reduce a aprobar y suspender a cuantos alumnos tengas delante y enseñarlos a pensar es casi un crimen. No pienses: el mundo te destruirá. Duele pasear por las paredes de un instituto en la que tantos poemas de amor se han escrito sobre los muros de la biblioteca; fue bonito entonces, aunque fuera el día más comercial y las empresas obligaran a ello, tanto amor comprado innecesariamente. Es duro volver a pasear por esos muros y observar cómo el viento se ha llevado tantas palabras y el suelo las conserva: nunca el amor podrá vencer al tiempo. Lees algún poema, algunos versos e intuyes que, tal vez, meses después, sólo sean palabras, alguna mentira, un poco de literatura. Y no haya una chispa de pasión entre aquellos que tanto cariño se juraron. Quedan entonces los escombros de un corazón roto que empieza a encontrar su voz en estas calles aunque pocos conozcan de él sus raíces. Es mi ciudad y joden tantas cosas, tantas proclamas que saben a hipocresía, tanto grito hueco que afirma, de forma infantil, la violencia es mala, yo niego vender armas. Jode comprender que hay aceras por las que caminan bolsillos que guardan alguna moneda, y siempre un precio. A pesar de que duele pensar de que hay gente que sólo conoce de monedas las que tuvo alguna vez y ahora no sabe, y haya callejones que sólo saben de amor que existe el hambre y huelen a muerte los caminos. Es absurda la vida, algunas veces.

Un helado y tú

Hablamos durante horas y pareció un momento apenas. Era el sur y el sol había llegado aunque hiciera un poco de frío, una ligera brisa. Me contabas tu vida y de ti algunas cosas y yo seguía en silencio, así que sólo pudiste decirme: pareces distraído y no supe defenderme. Acerté a decir, si no recuerdo mal, sólo estoy escuchándote, es tanto cuanto tienes que contar y yo no quiero saber más de mí que estoy aquí, sentado, ahora, y hemos quedado por el placer de comernos un helado y compartir unas palabras aunque la tarde se nos vaya en el intent. Acerté a decir, sólo estoy escuchándote y no mentía pero olvidé decirte algunas cosas. Que supe de ti en tu sonrisa y deseé de mis labios que en tu cuello descansaran aunque fuera un instante por olvidar el mundo y todo lo demás. Supe de mis manos en tus rizos mientras tu boca me hablaba de nieve en otros tiempos, de la frialdad de unas calles que te vieron caminar hasta encontrar tu camino. Aunque me digas que todavía no lo has encontrado y hay noches en que no sabes dónde estás e imaginas que es tu cama otro país en el que te gustará estar en un futuro. Es el mundo, me dices, y yo quiero estar en él; es el mundo, me dices, y me haces sentir vivo si es tu cuello el que me distrae, si son tus rizos los que me serenan.Es bueno saber que llamas a mi puerta de cuando en cuando. Y son pocas las cosas necesarias para hacerme sentir vivo: un poco de frío en la garganta, imaginar tu cuello en mis pupilas, saber de ti todo aquello que desees callar y cuentes si lo necesitas. Son pocas las cosas: un helado, tú.

lunes, 23 de febrero de 2009

El intransigente VII

El capitalismo ha muerto. ¿me compras la historia de su caída?

domingo, 22 de febrero de 2009

De un momento a otro

Para Rizitos Eléctricos

Cambiamos, de un instante a otro. Buscamos un poco de sol, más al sur y deseamos, cuanto menos, estar solos en estos días, sentirnos fuertes, saber que podemos conseguir cuanto queremos. Dormimos sin soñar, con miedo a tientas, esperando que el hueco de nuestra cama sea sólo un sitio en el que descansar un rato, para coger las fuerzas necesarias para salir al mundo, para enfrentarnos a nosotros sin nadie que nos haga saber que la ciudad tiene calles que nunca podremos visitar. Y hay almohadas que saben de ti que tu corazón late despacio y en calma algunas noches; late otras de forma acalorada y con violencia. Es, incluso, a veces, la misma noche y el mundo cambia, nosotros más. Y nos sentimos débiles, y abrimos los ojos esperando que sea otro el sol que nos despierte, otros los labios que nos digan, hola, me encanta que estés aquí, te traje café pero no quise molestarte; me gusta observarte mientras duermes y el mundo parece otro. Sin embargo, no hay nadie y todo duele entonces, todo duele. Cambiamos. Salimos a la callle para sobrevivir a los demás, para sobrevivirnos y hacemos de nuestros pasos días sin huella cuando hay poco que contar, días como éstos en que esperábamos todas las cosas que han acabado por no pasar; intentamos pasar página pero hay líneas que nos hacen estar quietos, una palabra quizás que nos lleva a una tarde de café en la que la quietud de una sonrisa que nos pareció sincera nos hace estar en paz. Viajamos en tren y esperamos de alguien a quien, como nosotros, el mundo le venga grande nos dirija una mirada, una caricia tan solo, para hacernos ver que la vida existe y nosotros también. Y reímos, alguna lágrima, mientras esperamos que alguien nos diga: pase usted, la ciudad está cerca, me gustaría verte caminar algunos pasos. Pensamos: cosas, cosas que pasan en el sur, en el centro, qué más da. Y derramamos alguna sonrisa triste al pensar que todo podría ser mejor, si alguien nos dijera hola, qué tal, a la vuelta de la esquina. Ahora que hemos cambiado, nos gustaría creer, un poco.

jueves, 19 de febrero de 2009

Carnaza

Para Teresa Puig

Escribió, en los cansados muros de su viejo barrio, con letra de color rojo, te amo, corazón. Alguien dijo: lo ha escrito con su propia sangre y se acercó algún medio de comunicación local. Lo ha escrito con su propia sangre; parecía un chico normal, muy normal, pero lo ha escrito con su propia sangre. Me lo ha escrito a mí, dijo Ana, que pasaba por allí y quería sus quince minutos de fama. Se acercaron otros medios para preguntarle, Ana, ¿cómo se llama ese chico?, ¿te pegó alguna vez?, ¿te sentiste alguna vez segura con él? ¿sí, de veras?, ¿no, por qué?, ¿aparecieron alguna vez mensajes ensangrentados en tu ventana? Y alcanzaron un récord, cuánta gente los vio, cuánta tristeza, deberíamos cambiar, no hay que tener piedad; escribió con su propia sangre, es un monstruo, cuánto dolor. Pero no fue suficiente: Ana era una adolescente y era necesaria su familia, señora, ¿nunca tuvo miedo? Él podría escribir con la sangre de su hija, señora, de su hija, piénselo, qué habría hecho usted entonces, qué habría hecho, es su hija, señora, qué habría dicho su marido, qué habría dicho, o no hablan ya; ¿es verdad que no se quieren? Todo el mundo, entonces, había olvidado la pintada, todo el mundo, excepto Eva, que reconoció el estilo del chico que le había enamorado durante meses con detalles como éste y sonrió; se acercó a su casa y golpeó la puerta. Allí estaba Javier, que esperaba su visita, y sonrió. Eva le dijo: gracias por todo, gracias por recordarme en tantos momentos. Se besaron. Al otro lado de la casa, se escuchaba el estruendo brutal de unos buitres que no conseguían saciar su apetito, que hablaban de niños que escriben con sangre porque nadie los quiere y la audiencia los pide. Al otro lado.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Beatiful girl

Son cerca de las doce de la noche, de un día que ha pasado para no volver jamás. Se acerca medianoche y no escucho del rumor de las olas sino la inmensidad del mar. Y hay otras vidas, gente que sabe de la playa lo que le cuentan sus amigos; las cosas, ya se sabe, de vivir más al centro. Y hay chicas preciosas en el televisor cuya belleza te llegó a las venas alguna vez. Cine, lo dijimos por entonces, en estado puro, cine para crecer hasta soñar que pudimos ser otros y vivir en una ciudad diferente. Tampoco importa demasiado. A veces basta un café, un chocolate caliente a estas horas, observar la melancólica sonrisa de Natalie Portman si el mundo es demasiado viejo y el amor tampoco, saber que alguien sabe de ti, aunque poco sepas, y queden lejos todos los rizos de este mundo para comprender que hay mañanas en las que es agradable decir hola, cómo estás, alegre estoy, a cuantas puertas se abren ese día. Aunque haya chicas preciosas que hayan hecho de un exilio su batalla.

martes, 17 de febrero de 2009

Parole per Heidi IV

Querida Heidi,
hablo contigo, en estos días, como no hablaba desde hace tiempo, y me alegra encontrarme en tus palabras. Dices, es difícil salir, ahora que es invierno, y hace frío en las montañas. Y me hablas de gente que, como yo, busca aunque no encuentre; de gente que encuentra aunque no busque, cosas que pasan. Y me cuentas, y río, de tus aventuras en el sur, más al sur, saben de tus pies y de tus pasos muchos de los rincones de África. Y te hablo de mis tardes solas frente al mar aunque no haya nadie en mis pupilas. Miro a las esquinas de una ciudad que me reconoce y te cuento que estaría bien, de cuando en cuando, encontrar a alguien con quien compartir una caricia, silencio y algun café de tarde en la playa. Y te hablo de ti y la distancia; de cómo sería feliz con alguien que se pareciera a ti en mi casa. De cómo haría todo por conquistar a alguien que se pareciera a ti si fuera pequeña la distancia. Y me habría gustado hablarte del helado que nunca nos tomamos a orillas de un río en el que tantas veces tomamos el sol hasta quedarnos dormidos. Y contarte que conocí a alguien, chicas del sur, alegres sevillanas, chicas que en nada se parecen a ti, mujeres que hacen que me olvide de mí y de mis patrañas. Pero tienes que salir y toca decirnos hasta mañana. Y hace frío, pero el frío, ya lo sabes, bella, el frío, gracias, dices, gracias por los cumplidos, gracias, me hacen feliz tus palabras, pero el frío, ya lo sabes, no es eterno, queda poco, añades, ahora que hablamos de relaciones, de gente que buscamos para no encontrarla, de gente que puede dejar huella en nuestras manos, ahora que estamos cerca y son dos mil kilómetros los que nos separan, añades, pronto será primavera, será fácil salir a las calles y dejar que el sol deje caer sonrisas en nuestras ventanas, pronto será primavera, serán los días más largos y tendrá la vida alas.

lunes, 16 de febrero de 2009

Plomo

Hay días de plomo en que cuanto quedan de aquellos labios en los que descansé un día son espinas con las que pintar de sangre unas manos que ya ni siquiera recuerdan si alguna vez dijeron hola.

sábado, 14 de febrero de 2009

Tablón de anuncios XXXII

Te amo, dijo el Corte Inglés.

viernes, 13 de febrero de 2009

Un día como otro cualquiera

Para Rebeca

Un día espléndido, piensa Cristina Masegosa, un día espléndido para casarse. Un día de sol en el que un calor agradable cala en las manos de todos aquellos que han venido a visitarme, se dice, un día espléndido para casarse aunque yo, lamentablemente, me caso mañana.

Un día espléndido para sentir mariposas en el estómago y alas en los pies. Hay momentos en que apetece volar sólo por el placer de saber que queremos a alguien y somos correspondidos; amor en estado puro. Y unirnos en cuerpo y alma, aunque quede lejos lo sagrado, aunque no haya nada más sagrado que la pureza de un sentimiento auténtico. Mariposas en los pies que obligan a Cristina a buscar en Internet si mañana hará buen tiempo, el que toda boda merece, pero no hay suerte. Mañana lloverá y una pequeña tristeza se apropia de ella. Debería ser el sol el que me dijera hola, debería ser el que hablara de amor y luciera mis ropas.

Un día espléndido, piensa Cristina Masegosa, ahora que es temprano y tiene una cita ineludible, inolvidable: su boda. Un día espléndido el de ayer, ahora que mira por la ventana y contempla las primeras gotas de lluvia. Llueve y nada va a ser lo mismo. Quería sol, calor, aunque fuera diciembre porque los milagros del sur invitan a ello. A tardes de nubes y cielo azul con veinte grados aunque sea invierno y haga frío. Un invierno tan diferente a los que nos han visitado hasta hace poco. Llueve ahora que la novia se acerca a Villa Luisa y el sur parece olvidar sus principios; sin embargo, el sur, ya se sabe, tiene sus milagros. Es acercarse, llegar a Villa Luisa, y el sol reclama, de nuevo, sus dominios, para sonrisa apacible de Cristina y cuantos allí, con ella, se encuentran.

El sentimiento más puro aunque quede lejos lo sagrado, aunque quede la iglesia a miles de kilómetros de distancia. Una ceremonia civil y después postre, después comida. Completémonos, primero el alma, después el cuerpo. Hablemos de palabras, quedemos en silencio, comamos luego.

Escuchemos, se dice Cristina, escuchemos al juez, ahora que quiero estar contigo y mi alma en paz se encuentra. Escuchemos al juez ahora que te miro y sé que me amas, a pesar de los días difíciles, a pesar de noches sin dormir e instantes en los que ni siquiera me has pensado. Escuchemos ahora que habla del derecho social y de los cambios en esta nuestra tierra, ahora que nos recuerda, eran otros tiempos, Franco vivía, era difícil casarse, lo era todo la iglesia, el derecho civil, brillaba por su ausencia, tiempos oscuros, larga noche de piedra; Cristina se distrae, mira a su novio, pronto su marido, y piensan: queríamos anécdotas, no un breve repaso por la historia del derecho civil, por la historia de un país que acabó hace, por suerte, demasiado tiempo, sólo anécdotas, pero el juez sigue y sigue. Cristina pero observa los jardines que la rodean, el aroma de unos parajes que invitan a vivir cuanto se pueda, a gozar cuanto se necesite. Ya se sabe, el sur y sus milagros. Cuánto cambio, escucha ella, cuánto cambio social desde entonces, desde que las mujeres quedaron ocultas bajo una larga noche de piedra, cuánto cambio social ahora que la mujer puede trabajar, casarse, y que no sea en la iglesia. Ahora que la mujer puede casarse aunque Cristina no escuche demasiado ahora que el juez está casándolos, que ambos han dicho sí, y han firmado. Feliz de haberte conocido, alegre de habernos encontrado. Una boda familiar, un rito divertido, cuánto cariño. Aquí están mis niños, sonríe la novia, aquí están los hijos de mis primos, siempre mis niños, hay que escucharlos, quiero, leen, se detiene el tiempo, hay que escucharlos, quiero que me oigas sin juzgarme, quiero que opines, sin aconsejarme, quiero que me animes, sin empujarme, todo es silencio, quiero que conozcas las cosas mías que más te disgustan, que las aceptes y no pretendas cambiarla, quiero que sepas que hoy puedes contarme conmigo, sin condiciones. Quiero que lo sepas.

Y hablan más niños, aunque tengan muchos años, niños de muchos años porque, como dice Saramago, hay que dejarse llevar por el niño que has sido, hay que hacerlo, y un padre siempre es un padre, papá, soy feliz al escucharte, cuando hablas, como hoy, de la suerte de encontrar a la pareja ideal, porque hay que estar siempre, en todo, en los buenos y los malos momentos, llorar juntos si hace falta, sonreír si es el mundo el que nos duele pero alguien quien nos devuelve su risa, porque es maravilloso escuchar su carcajada, pensar que si la ciudad existe es para que tú y yo nos hayamos conocido en estas calles. A pesar de los pesares; a pesar de que habrá tardes en que pensaremos, sería mejor descansar en otros lares.

Cómo no, Javi, ahora nos cuenta, ahora que otro de los niños ha terminado, cuenta anécdotas de un noviazgo que nunca pensábamos dar por terminado, un noviazgo que pierde miembros a cada instante, ahora que Javi nos da la bienvenida al equipo de los casados.

Toca el turno a la comida, toca el turno al cuerpo ahora que el espíritu se ha saciado. Si éste el sur, toca cerveza; si este es el sur, toca Cruzcampo. Toca también comer, la comida, un delicioso escándalo. Hay gente que, como la que cocina hoy para mi boda, por amistad, por cercanía, ama su trabajo. Auténticos placeres que este día nos ha regalado. Escenas de un rito que está pasando. Nada de tarta, para disgusto, susurra Cristina, de mis niños; mejor un postre, postre para todos, todos y cada uno. Toca brindar, brindar con cava. Brindar, otra vez; brindar, de nuevo, si la boda abrió con Cruzcampo, es el turno de un vino, vinito dulce de la tierra, Pedro Ximénez, un poquito de alegría para el cuerpo ya que el día es joven y nosotros más. Un poco de alegría, música para celebrar el hecho de saber que estamos vivos.

Noches de boda, cantan Sabina y Chavela, cantan a dúo, que todas las noches sean noches de boda, que todas las lunas sean lunas de miel; bailan el vals viejos y jóvenes, sienten la música, mueven sus pies, hay manos que acarician caderas, labios que se saben queridos, manos que se comprenden unidas, ha sido hermoso haber aprendido a bailar el vals, conocer tu cuerpo un poco más, aunque apenas lo hayamos hablado. El sol, la lluvia; el amor, la soledad; que no te den razón los espejos que todas las noches sean noches de boda que todas las lunas sean lunas de miel.

Melodías de ayer y hoy al servicio de nosotros, que acabamos de casarnos. The Beatles, She loves you, yeah, yeah, yeah, Ticket to ride, and she don´t care; Rollings, Ruby Tuesday, Fool to cry, Los Rodríguez, me estás atrapando otra vez, mi enfermedad, y tantos otros regalos para los oídos, tantos otros regalos. Melodías que invitan a coreografías improvisadas, para disfrute de la gente, para disfrute de aquellos que me quieren.

Tiempo de boda, ya se sabe, amigos que encuentran ligues, bailemos la conga; niños, pequeños, pequeñines, con pelucas y matasuegras. Aquí vienen mis amigas, visten de charleston, Money, money, gritan, bailan, tiran monedas, monedas de chocolate, que hay crisis y desperdiciar dinero es un crimen.

Amigas, quedémonos solas, toca homenaje, Muchachada Nuí, no hay nada más grande, no hay nada mejor, vamos, Cristina, sal a bailar, que tú lo haces fenomenal, tu culo se mueve como una palmera, suave, su-suave suave, vamos Cristina, tequila para todos, volvamos a brindar, por nuestra amiga, por su felicidad.

El tiempo pasa, las botellas también, el mundo no se detiene, pasan las horas permanece la felicidad; queda del día la noche y sus excesos, queda de la boda novio y novia y poco más, ahora que todos se han ido a casa, todos los demás, y queda una habitación de hotel que hará de ellos uno solo y mucho más.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Castillos

Construimos este pequeño rincón del mundo sobre castillos de arena. Bastó entonces abrir los ojos para saber que no había espacio suficiente para tanto ladrillo. Y quedan sólo ahora las manos ociosas de aquellos que cuentan los granos de arena de los que nunca, alguna vez, se supo.

domingo, 8 de febrero de 2009

Historias Pam IV

Para Pilar, Paloma y Ana, de las que tanto he aprendido y tanta huella han dejado en mí

Volvía a llover. Un invierno atípico, en el que la lluvia volvía a obtener protagonismo. Una lluvia dura, que cala huesos y paredes, una lluvia que invitaba a quedarse en casa y disfrutar del calorcito de unas salones en que ver el televisión parecía una distracción aceptable, una forma de perder el tiempo como otra cualquiera. Sin embargo, Pam no tenía ganas de estar en un sillón, esperando un tiempo que empezaba a cansarla. Sabía que tenía que hablar con Noelia, esa chica invisible, esa chica que sabía dónde está la gente invisible, que encontraba a las personas que habían dejado de dejar huella en los lugares en los que, alguna vez, habían estado. La lluvia no importaba, así que salió de casa y, cinco minutos más tarde, allí estaba, con Noelia, preguntándole por su amiga Nina, esa amiga que parecía haber desaparecido de la faz de la tierra. Y Noelia, cuya voz era imperceptible, sólo sabía decirle: Pam, si quieres ser invisible, deberías exponerte a todo el mundo, dejar que todo el mundo te viera. Un pequeño cambio de casa, un regreso a la casa de amigos a los que hace mucho tiempo que no visita, un insignificante corte de pelo y será la chica que nunca ha sido, aunque siempre haya estado allí. Entonces, Pam, lo supo. Pilar, se dijo, Nina está en casa de Pilar. Pilar, una chica dulce, confiada e ingenua, una de las amigas más cercanas a Nina, que jamás imaginaría que Nina se habría convertido en asesina. Pilar se había convertido en una prestigiosa periodista, de costumbres tranquilas y hogareñas, que apenas tenía vida social, una situación perfecta para Nina, a la que el calor del hogar le ayudaría a olvidar los últimos tiempos, en las que tantas veces se habría sentido perdida y luchando por una vida que no era la suya. Nina estaba allí, en la habitación de Pilar, leyendo alguno de sus muchos artículos, leyendo el que le había dedicado a su viejo profesor, y ella no podía contener sus lágrimas. Siempre olvidaba cuánta huella había dejado su viejo profesor, para bien y para mal, en aquellos que lo habían conocido. Lo olvidaba hasta que pensaba que las huellas, las firmas, el cariño y el aprecio le pertenecían sólo a ella, sólo a ella, se repetía, sólo a ella. Llamaron a la puerta y Pilar se encontró con un rostro conocido, el de una Pam, con la que no había hablado desde hacía semanas, desde el asesinato del viejo profesor de ambas:
- Hola, Pam, ¿qué haces aquí?
- Sólo... no sé... sólo quería saber si Nina está aquí, contigo.
- ¿Nina?
- Ana, Nina, ¿qué más da? Llevo semanas intentado hablar con ella.
- Sí, está aquí. Pareces nerviosa, ¿pasa algo?
- Yo... no sé si... me gustaría hablar con ella, nada más. Por los viejos tiempos. Por todo aquello que nos hizo amigas.
- La llamaré. Espera un momento.
Un minuto después, Nina y Pam están cara a cara. Pilar intuye que nada va bien, que cuanto había unido a sus amigas es ya una historia absurda, una carretera que no lleva a ninguna parte. Le gustaría no estar allí, volver, sencillamente, a la ciudad que las vio crecer como amigas, conocer el amor, saber algo de la vida y poco de otras cosas. Dolerá la vida, les decía su profesor, dolerá la vida, pero vosotras siempre seréis más fuertes. Y ahora, ahora mismo, la vida parece doler mucho más de lo que Pilar se imaginaba.
- Hola, Nina, dice Pam con seriedad, cuánto tiempo.
- Hola, Pam. Te estaba esperando. Desde el mismo día en que...
- Nina, imagino que sabes a lo que vengo. Imagino que sabes lo que me ha traído hasta aquí.
- Lo sé, Pam, lo sé. Vienes a matarme, dice Nina, ante la incredulidad de Pilar.
- Sí, Pilar, le prometí a nuestro viejo profesor que nunca le pasaría nada. Serás famoso, maestro, y yo seré tu guardaespaldas. Y nunca, nunca te pasará nada. Nunca, maestro, nunca, pero no pude conseguirlo, Pilar, ella lo mató. Ella.
- ¿Qué?
- Pilar, lo siento, de verdad. Yo, lo siento. Debería...
- Nina, vengo a matarte porque no pude mantener mi promesa. No pude...
- Pam, hazlo. ¡Hazlo ahora! Llevo semanas sin dormir, esperándote. Imaginando cuándo llegarías. Imaginando la cara de Pilar cuando lo supiera. Esa cara, que me mira ahora con odio. Pilar, lo...
- ¡No digas nada! ¡No digas nada!
- Nina, debería matarte ahora, ahora mismo. Pero veo que lo que hiciste te está matando. Te corroe por dentro. Debería matarte pero dejaré que vayas muriendo poco a poco. Será más cruel y no quiero desperdiciar una sola bala en ti. Me iré y Pilar te pedirá que te vayas de su casa. Todos los que creyeron en ti dejarán de hacerlo. Dejaremos que tú te mates, que todo lo que te consuma te mate ahora, que te destruya.
Nadie habla, nadie habla ahora que el mundo duele, la vida cansa y todas aquellas cosas que Pilar, Pam y Nina creyeron han dejado de ser verdad. Ahora que el mundo es un inmenso agujero negro en el que está muriendo todo aquello que hizo de ellas unas chicas que creían que la vida tenía sentido y su amistad podría salvar tantos naufragios.

jueves, 5 de febrero de 2009

Buenos días pereza V

Fue bonito mientras duró.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Llueve

Es miércoles y éste es el sur, aunque esté lloviendo a mares y no haya en estos perdidos rincones sin sol un cuerpo en el que cobijarse.

lunes, 2 de febrero de 2009

Ere que ere

Hay cosas que no cambiarán jamás. Ya lo dijo Leonard Cohen: los pobres serán más pobres; los ricos seguirán siendo ricos. Así transcurre la gloria del mundo: bancos españoles que ganan dos millones de euros a la hora, a pesar de la crisis, con la crisis, gracias a la crisis, qué más da. Mientras, las calles se llenan de parados, convertidos sólo, tristemente, en estadísticas de un mercado que no debió existir jamás. Millones de parados de unas ciudades cuyas historias empiezan a parecer trágicas y una juventud en cuyos bolsillos solamente hay desengaño, piedras con que golpear un muro que ni siquiera hemos empezado a ver. Un gran teatro estas calles en las que no hay lugar para la comedia, para la sonrisa más ínfima, ahora que el paro crece en cada esquina y un montón de ingenuos sin otra cosa que hacer que imaginar que todo puede mejorar espera que todo llegue a buen puerto cuando sólo podemos ver cómo todo aquello que nos sustentaba se hunde excepto, como siempre, las ratas.