domingo, 29 de marzo de 2009

Siesta

Hay días que invitan a la felicidad, a escuchar la música que hace que nuestro ánimo se serene y estar tranquilos no parezca una utopía. Hay días que invitar a salir a la calle, a un jardín, a comer fuera y beber un vaso de vino por saborear un poco de calorcito en los labios. Aunque luego, es lo que tiene, llega la lluvia aunque no la esperemos y estar sola y en el patio sea una mala opción y sólo queramos volver a casa y gritemos, ahora no, ahora no, quiero sol y no lo veamos, y se nos mojen las manos y algunos gotas. La vida y sus sorpresas: y haya dejado la lluvia de caer desde entonces y el sol vuelva y cuanto nos quede sea gritar, no me lo creo, es imposible y riamos comprendiendo que son estas siestas sin dormir las que nos hacen suponer que hay momentos que valen la pena aunque nunca hayamos creído merecerlos.

sábado, 28 de marzo de 2009

El intransigente IX

Cuando despertó, encontró, al lado de su cama, una botella, no sabía si medio llena o medio vacía. ¿Qué más daba? El truco era siempre el mismo: beber de la botella hasta la última gota para saber que así se nos iría todo, dejando en nuestros labios el sabor agridulce de quien disfruta de cada sorbo hasta perderlo.

jueves, 26 de marzo de 2009

Parole per Heidi VI

Dejas sobre ti los rastros de tu historia, aunque te gustaría dormir ahora, dormir en paz, dormir tranquila, hay noches que pueden esperar un poco y algo más. Y hay voces con las que compartimos un momento tan solo, aunque esté cerca la playa y lejos todo el mundo. Y haya amigos que empiecen a tener alas y hey, Heidi, te hagan volar, alas que acaricien tus pies y consigas que puedas caminar por todos los lugares de este mundo en los que todavía no has estado y que saben de ti tus huellas y algún paso, los resquicios de una sonrisa que dejaste en ellos para brindar a cada mañana un poco de sol con el que sentir menos frío cuando el invierno es duro y la primavera parece no llegar nunca. Y recuerdes que hay calles estrechas de Sevilla que te conocen y te echan de menos algunas tardes en las que caminabas sola sólo por relajarte entre muros blancos que dibujaban una ciudad cálida que te acogió durante un año y a la que tanto entregaste, cuando las rastas eran todavía parte de ti y de tu rostro, sombras doradas que ocultaban tu mirada verde si estabas cansada y no querías que el mundo supiera de ti tu tristeza. Aunque también haya tristeza hoy y sepas que la vida es breve, como una línea que habla de ti y apenas dice nada. Aunque haya dolor hoy y sepas que la vida es corta, y hay noches en las que es difícil dormir y descansar parece ya imposible, porque hay lágrimas que acuden a tus ojos y dejan nostalgia en tus labios, y hablar se hace entonces doloroso. Recuerdas entonces que el mundo es uno y diferente y que hay motivos para sonreír todavía, como un viaje, otro viaje, uno de tantos, en que tus alas crecieron y compró tu amiga unas tijeras el primer día que llegaste y dijiste poco después, Tailandia fue testigo, córtame el pelo y, de esta forma, se perdieron tus rastas ese día, como se pierden tantas otras cosas, que hacen que vivir sea complicado ahora que tu cabello es más corto y sea duro saber algunos días que recordar es otra forma de intuir que la vida sigue, siempre sigue, imaginando entonces que, como siempre, cuanto nos queda, ya nos lo enseñó tantas veces Kiko Veneno, es reír y llorar.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Una calle cualquiera

Paseo por las calles de una ciudad que hace tiempo dejó de ser la mía y descubro los mismos rostros que saben de mí que he hecho de este camino mi rutina. Rostros que cuentan historias que me gusta imaginar por cambiar de hábitos, intuir otras vidas. Alguna sonrisa que me dice hoy me dormido feliz, me gustaría que lo supieras; algún rostro de cansancio y derrota que dice me gustaría estar en otra cualquier otra parte, olvidar por un momento mis días. Y te imagino así, ahora, en una calle de una ciudad cualquiera, observando que las personas con las que te cruzas son siempre las mismas, observan tu caminar, a veces, pueden contemplar tu risa, pensando que, a miles de kilómetros de donde tú estás, alguien, por momentos, como tú, está pensando en todos los relatos que pueden traer a tus dedos todas las personas con las que compartes una larga caminata, desde tu casa al trabajo, cada día.

lunes, 23 de marzo de 2009

Antihéroe de papel

Poco a poco, quedó el mundo atrás y sus contornos; sólo un papel en blanco en el que él habitaba cada día. Debería haberlo previsto: sus personajes empezaron a relatar sus andanzas, a contar sus miedos. Leyó, sus personajes lo habían escrito, y tuvo miedo: escribes porque no eres feliz, escribes porque no estás viviendo. Jugaste a la literatura y, tristemente, tú, como tantos otros, perdiste vida.

domingo, 22 de marzo de 2009

Pañuelos

Trabajar cansa, es lo que tiene, piensa ella, mientras mira su reloj y descubre que, otra vez, la tarde ha llegado, las cinco ya, la tarde le ha llegado en la oficina. Hoy el mundo duele y un capricho será bienvenido, un pequeño detalle para recordar que no hay nada más importante que una misma. Las cinco y algo de la tarde y dejemos que la calle, alguna tienda, nos invite a entrar, nos perdamos dentro, me encanta ese pañuelo, un pequeño capricho nada más, ese pañuelo al cuello. Es bueno, piensa, media hora después, ya en casa, ducharse, que el agua se lleve todas las derrotas de un trabajo cansado, de un día agotador, descansar en la cama y dejar pasar el tiempo, dormir un poco, para levantarse luego, semidesnuda todavía, recordar que ha comprado un pañuelo y que le encantaría ver cómo queda en su cuello. Trabajar cansa y es bueno tener otras opciones, debería vestirme, pero no, piensa ante su espejo. Sonríe distraída y piensa: es bueno tener otras opciones. Deja el pañuelo entre sus manos y se deja llevar; a su lado, tan tan cerca su móvil, que no ha emitido hoy sonido alguno. Y no le parece justo, así que coge su teléfono y decide enviar un sms a un cuerpo que en otras tardes tantas tardes la ha conmovido. Y sonríe: acércate a casa, la puerta estará abierta, te espero dentro. Y se pregunta si él se encontrará tan excitado como ella al contemplarla desnuda y vulnerable, con el pañuelo que ahora cubre sus ojos, pensando en el momento exacto en que escuche el sonido de una puerta que se abre, los pasos que se acercan a su cama y el momento exacto en que sus dedos palpen una parte de mi cuerpo, gime su boca húmeda, de la que sólo sabrá por el roce de unos dedos que en mi piel estarán viviendo.

sábado, 21 de marzo de 2009

All you need is love

Dejemos el amor para canciones cursis que grupos de tres al cuarto dedican a los adolescentes que creen que escuchar te quiero aunque estés lejos, acércate, suponen el culmen de la música. Dejemos el amor para anuncios de televisión que venden carmín con felicidad y joyas de diseño que prometen ternura infinita. Dejemos la dulzura inmensa de saber que hay tardes de primavera en la que pasear bajo los árboles supone recordar que hay lugares idílicos que invitan a la plenitud de dos seres que se comprenden. Olvidemos que cuanto necesitas es amor porque es tu cuerpo el que reclama otro cuerpo cuyos pechos han de servirte de almohada, cuyos labios han de recorrer de tus muslos todos sus caminos y la noche en que se saluden, otro cuerpo cuyas piernas se desdibujen en tus manos y encuentren otro calor en tu boca y en tus dedos. Es tu cuerpo el que reclama de otro cuerpo su silencio y sus gemidos y una cama en la que ver desnuda la silueta de unas sombras que me penetran entre sombras. Y hay cerca una playa y una orilla pero olvidemos, en noches como ésta, el amor y sus aristas, ahora que mi cuerpo necesita de ti las curvas de unas sábanas en la que tú te desnudas para vestirme con tu piel, ahora que mi apetito sabe de tu deseo y te codicia y cuanto esperan mi sudor y tus jadeos es que esta noche sea todo, menos una noche tranquila.

jueves, 19 de marzo de 2009

Escombros de un corazón roto

Roto en mil pedazos, el corazón puede doler si cae a tus pies y algún trozo roza tu piel. Duelen los escombros, saber que donde una vez hubo alegría sólo queda la nostalgia de no saber por qué estamos tristes y toda orilla queda tan lejos. Recordamos entonces, aunque sea de forma fugaz, que hubo cosas por las que mereció la pena vivir, también, deseamos, también ahora: un helado a orillas de un río; la voz de Marvin Gaye cantando su dolor al mundo; escenas memorables de un universo surrealista por el que los hermanos Marx caminaban con maestría; un beso cuya respuesta es unos labios que ya conocemos; un paseo por la playa y algunas huellas, dormir sobre la arena y algunos pasos; algún silencio compartido y todas las palabras que siempre quedan por decir; el cine con mayúsculas en manos de Berlanga, pintura de una sociedad que siempre es la misma; páginas del Quijote y toda la melancolía que pudiera caber en las líneas de un mundo, en lágrimas de Cervantes, ya perdido; el sol de un día del sur que invita a descansar entre sombras, a caminar bajo árboles de azahar en flor que saben a flamenco y expresan palabras de vida y muerte que se resumen en unos cuantos versos; el placer de pensar por pensar y no llegar a ningún lado, saber que todo es abusrdo y nada tiene sentido. Tantas cosas. Tantos escombros. Alguna tarde, de cuando en cuando, el corazón alberga esperanzas y se dice que no hay mayor felicidad que el de recoger cuantos escombros hay en casa para construir un castillo de naipes que lo invite a recordar todos aquellos instantes en que llegó, incluso, a sentirse bien algunas noches.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Irene

Conmueven ciertos momentos, algunas máscaras, muchas de las personas que has conocido, que te han conocido, con las que has tenido el placer de tomarte una cervez, algún tinto en las calles de Sevilla, personas inmensamente vivas que siempre traen un poco de luz a tus dedos, un poco de vida a lo que escribes. Emociona pensar que sus palabras, aunque no sean suyas, tampoco nuestras, abren puertas que llevan a otras casas, a otros lugares, en los que encuentras palabras como éstas, palabras del poeta Nikolaus Lenaus: muchos buscan la felicidad como otros buscan el sombrero; lo llevan encima y no se dan cuenta. Y es genial saber que hay personas que disfrutan con sus estudios, que disfrutan sabiendo de Cervantes, conociendo a Galdós, intuyendo a Marsé, y sienten un poco de tristeza al ver coartada su creatividad, y piensan en un amigo del sur que, le alegrará saberlo, todavía ama su trabajo, aunque acabe algunos días terriblemente cansado y el mundo le duela. Y es hemoso saber que hay regalos como canciones, canciones como regalos que son escuchados por primera vez y estremecen, en la voz de Lady Day, el susurro más trágico que se hizo carne en jazz. Y el mundo, sí, Irene, hay días en que es un asco y salir a la calle es un reto, un mar que me grita que todo está perdido desde hace años, aunque haya tardes en las que todo sea ficción y recuerde los pequeños detalles, los gestos más discretos, algunos amigos, en el sur, en el norte y en tantos otros sitios, una ficción feliz en la que de la vida sólo se necesite alguna ventana desde la que contemplar un día de sol en el que todo presagia quietud.

martes, 17 de marzo de 2009

Piensa en verde

No sea obsceno y deje de tocarse. Piense en verde. La supervivencia del lince, animal, no lo olvide, en peligro de extinción, se lo agradecerá.

Martes

Era un martes de marzo en el que el sur no era la vida, sino un viento terrible que deja tras de sí una rutina como otra cualquiera, un día como el de ayer que viviré mañana, un día de sur sin sol en que todo presagia tristezas. Así que vivir era esto: quemar unas alas de ángel que nunca consiguieron que yo pudiera volar.

lunes, 16 de marzo de 2009

Espacio reservado

Hay rincones oscuros de tu cuerpo en los que sólo permites que penetren la luz de mis dedos en sombra. Alguna vez, la música dulce de la ciudad en la que tus muslos me pierden susurra las primeras letras de una canción que tarareas mientras me repites, hey, chico, hay partes de mi mundo que son, siempre que yo lo quiera, espacio reservado.

sábado, 14 de marzo de 2009

Canción de cuna para corazones rotos

Todo irá bien, decías con ternura, todo irá bien, cuando sentías la tristeza de unas manos que habían dejado de leer entre líneas, que sólo sabían encontrar nostalgias en el silencio de unas calles que habían dejado de motivar a tus pasos, unas calles que ya no conocían de ti ni tus huellas. Todo irá bien, el mundo no duele, a pesar de que habías dejado de escuchar las voces que entonces te impulsaban a sonreír a los pupitres de una escuela a la que nunca supiste adaptarte. La ciudad era otra cosa, y no era absurdo entonces tomar un café con gestos y sonreír al sol de una tarde de domingo en la descansabas hasta dormirte bajo el sol. La vida, por entonces, y algún bostezo. Algún domingo de sol y helados que daba sentido a los rincones que te veían derramar alguna lágrima, sin saber por qué. Deberías ser feliz, escuchabas, eres diferente, deberías ser feliz, pero encontrar una manera parecía imposible. Donde otros podían ver una casa, una habitación, una cama en la que compartir felicidad y besos, tú sólo encontrabas escombros, aunque sonreías, hipócrita, a todo áquel que sólo repetía: siempre estás sonriendo, ojalá yo fuera como tú, ojalá no tuviera ningún problema. Y sonreías de nuevo, una máscara hipócrita con la que negar al mundo tu verdad. Y decidiste contarte, por si tu ánimo cambiaba así: tal vez tengan razón, acaso yo sea feliz y no sepa verlo, curiosas mentiras que te contabas, cuando otros te contaban, para no perder tu cordura. Y la ciudad se fue haciendo en aquellos días un mar sin orillas en el que tú, ya solo y sin amigos, ya solo y sin amor, ya solo y sin ternura, sólo recordabas cómo naufragar y conocer sólo de cada ola sus silencios, en el que los sábados eran lunes grises de trabajo de los que sólo conocías su trabajo, sábados de sexo en la que el sexo no era más que una forma inútil de escapar a un vacío que te calaba hasta el fondo. Una sonrisa hipócrita que no dejaba de recordarte que el sol salía, sí, pero hacía tiempo que no daba algo de calor a tu vida, tú, tan en sombras ahora y no entonces. Y quisiste, lo sabe tanta gente, tanta gente lo imagina, quisiste recoger los fragmentos de tu vida, pero sólo encontraste escombros, quisiste escuchar, una penúltima vez al menos, una canción dulce con la que caminar un poco más al menos, pero sólo pudiste dar algún pequeño paso, cerrar los ojos y recordar las escasas ocasiones, en los últimos tiempos, en que una canción de cuna había servido para hacerte dormir, ahora que el insomnio y sus absurdos te devoran.

martes, 10 de marzo de 2009

El intransigente VIII

- Papá, papá, ¿es verdad que si el rey no nos hubiera salvado el 23 de febrero, estaríamos en una dictadura?
- Claro, hijo, claro.
- ¿Y es verdad, papá, que el rey se preocupa tanto por el pueblo que trabaja hasta en Nochebuena?
- Claro, hijo, claro.
- ¿Y es verdad, papá, que si no existiera el rey no habría cuentos de príncipes?
- Mira, hijo, si no existiera el rey los príncipes no podrían vivir del cuento. Además, si el rey no viviera, hasta Franco, que lo sepas, habría resucitado.

lunes, 9 de marzo de 2009

Fruta extraña

En los árboles del sur crecen las frutas más extrañas: orillas de playa en la que conviven cuerpos que se acercan, aunque sea por un rato, al sol y gente que llega desde más al sur buscando una oportunidad, una vida mejor a pesar de que cuanto encuentran es indiferencia, el deseo que estos problemas queden en la televisión y no tengan porque verlos ahora que son felices. Y hay voces que cuentan toda esta tristeza desde lo profundo, voces que nos hablan de otro sur y de otras tragedias. Siempre es así: cuenta la historia de tu aldea y contarás la historia del mundo.
Cuánta tristeza en unos versos, cuánta tristeza en una voz, cuánta crueldad en todos los días.


Southern trees bear strange fruit,
Blood on the leaves and blood at the root,
Black bodies swinging in the southern breeze,
Strange fruit hanging from the poplar trees.

Pastoral scene of the gallant south,
The bulging eyes and the twisted mouth,
Scent of magnolias, sweet and fresh,
Then the sudden smell of burning flesh.

Here is fruit for the crows to pluck,
For the rain to gather, for the wind to suck,
For the sun to rot, for the trees to drop,
Here is a strange and bitter crop.

domingo, 8 de marzo de 2009

Siglas

Hay letras que traicionan a los nombres que las llevan, es obvio, y podría haber muchas más. Poco queda de socialista en el PSOE y menos de obrero, por así decirlo; poco popular es el PP en gente como yo, en unas calles como éstas y poca unión parece existir en IU. Hay nombres que traicionan al entorno que los rodean y personas que poco saben de nada excepto que hay siglos en que quedarse en casa, al amparo de un paraguas que nos dejaron cuando salía el sol y nos reclaman ahora que no deja de llover, parece la única opción. Escribiste, una noche de pasión en la que mi cuerpo estaba desnudo y el tuyo también, te amo, pero decidiste irte a la mañana siguiente: todavía hoy busco tus muslos y los labios con los que me mentiste en una cama que no sabe de nosotros desde entonces.

sábado, 7 de marzo de 2009

Relatos hiperbreves XXXIV

Cuando se despertó, la moneda todavía estaba allí y él tenía las ideas cada vez más claras. Tocaba lanzar la moneda al aire; si salía cruz, tocaba traicionar al suicidio; si salía cara, tocaba decir adiós a tantas cosas. El mundo, ya se sabe, es un asco.

viernes, 6 de marzo de 2009

Sabores

Llegas a casa después de un largo paseo por la ciudad con tus amigas y me gusta saber de ti y de los caminos que has compartido con ella, algún momento de ternura incluso. Miramos a la ventana y el sol va cayendo: una tarde hermosa, me dices, tengo tanto que contarte, y te escucho. Queda, sin embargo, la necesidad inevitable de recorrer cada rincón de tu cuerpo para conocer las partes de la ciudad que has recorrido, parte ya de nuestra historia común: un helado a orillas del río en tu cuello; el último trago de ron que bebimos una noche de lunes en tus labios; el aroma a azahar de las avenidas por las que tanto hemos paseado. Y dejo olvidadas tantas cosas. Pero no importa, ahora que te acercas a mí y llevas escrito en tus pechos una parte del relato que te vive que yo no conozco todavía. Acercas mis manos y me dices, sonriendo: dejaré que leas las líneas de la vida que esta tarde mis pechos han escrito para que tus manos la lean.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Una primera vez

Vivir, es lo que tiene: basta una mirada fugaz, alguna caricia efímera, un puño de odio en el estómago que asesina a cuanta mariposa quiere descansar, alguna gota de nostalgia que deja tristezas en las raíces, y hay luz donde hubo sombras, sombras donde hubo luz. Vivir, es lo que tiene: perderse y no encontrarse, no saber dónde están las llaves que abren mi puerta, dejar que las sombras nos intuyan y no saber, en este preciso momento, si la vida vale la pena o dejó de merecerla en el instante exacto en que pisamos este camino por primera vez.

domingo, 1 de marzo de 2009

Parole per Heidi V

Desperté sin sueño a orillas del Coliseo y otra vez no había nadie, absolutamente nadie, nadie que pudiera decirme si tú, más al norte, necesitabas de alguna voz tranquila que te dijera que, tristemente, la vida existe porque la muerte nos traiciona y deja espinas que hacen sangrar al corazón hasta llenar de tristeza todas las venas de un brazo que solo sabe escribir en estos momentos de ausencias y dolor. Llueve en estos momentos en Roma y al norte, mucho más al norte, tus lágrimas se derraman sobre las calles, sobre la nieve, sobre todos los caminos que tantas veces compartiste con un amigo cuya vida se perdió hace días en la montaña, y la nieve no parece derretirse ahora que el norte es frío y la luz parece escasa, raros los amigos, cuando más los necesitabas. Y nadie, desde que el mundo es mundo, y Roma estaba naciendo, se ha preocupado por tu tristeza un solo instante, nadie te ha llamado sólo por decirte, ciao, bella, como stai, escuché de unos labios la noticia y no pude creérmela, no supe reaccionar, pero no ha llegado voz alguna a tu teléfono, no ha llegado una palabra de ánimo a tus pupilas, ahora que lloras por cualquier cosa aunque no quieras y pides disculpas por sentirte mal y frágil, cuando, ahora menos que nunca, tienes por qué disculparte. Y duele saber que la gente sale a la calle, que hay aceras por las que se sigue paseando, que hay gente que come en los bares, ahora que nada parece tener sentido y el mundo, el mundo sigue girando. Roma y más al norte, algunas palabras, algun consuelo. Saber que te piensan, ya lo sabes, más al sur, en otros sitios, estaré en estos dias, y en otros, para lo que necesites. El sur, el norte, qué màs da: bella, ti voglio bene.