sábado, 27 de junio de 2009

Apátridas

Se dice, no hay más patria, no, no hay más patria que el lenguaje, pero quién sabe ahora que no hay líneas de un texto en la que yo pueda descubrirme, y hay letras que se hacen sombras en mis labios. Qué más da, tal vez, sólo acaso, a lo mejor, la patria es la infancia y todo aquel que nunca ha tenido infancia será un exiliado en cualquier parte, en cualquier lugar, en cualquier adoquín, buscando retazos de un niño con el que nunca jugaste, que jamás caminó a tu lado, que nunca llegaste a ser. Y dijiste, la orilla, estaba cerca, qué más da, amor, qué más da, mi niño, si nunca has tenido nada, si algunas noches, solo y cansado, has sentido que no perteneces a nadie, estoy aquí, y soy mi cuerpo, soy tu luz, caminarás a mi lado y las olas del mar susurrarán nuestros nombres para hacer de nosotros un cuento que llegue a la otra arena. Y eras tú, tú y tu luz, también tus sombras, y era el sur, y estábamos cansados, agotados de imaginar que alguna vez tu luz sería mi sombra, mi sombra sería tu luz, pero no pudo ser, hubo días sin luna y estrellas en que la lluvia hizo resbalar mis dedos entre tus curvas y perder mis manos en el agua. Una noche sin lluvia y estrellas en la que todo supo a sal. E imaginé todas las aceras por las que tú y yo habíamos caminado juntos ahora que paseo solo por las calles intuyendo que la vida debería ser de otra forma y el tiempo más tranquilo, ahora que camino sin equilibrio por calles solas y no hago otra cosa que tropezarme, ahora que no hay una sola parte de mi cuerpo en que pueda intuirte, una sola parte de mis venas que me lleve a tu sangre y haga palpitar mi corazón. Es un día, sólo un día, un día más de sol, en que la calor nos hace suyos, y cuanto acontece es saber que, a estas horas de la tarde, vivo en una casa que no es la mía y en cuyo suelo no he dormido, ahora que sé, agotado el lenguaje, olvidada la infancia, que no hay nada mejor que encontrar en tus huellas un equilibrio que te haga saber cuál es tu lugar en el mundo.

viernes, 26 de junio de 2009

Cosas que pasan en el sur, o no

- Anda, mira mi Youtube.
- ¿Tu Youtube? ¿Eso qué es? ¿Tu nuevo correo electrónico?
- No, hijo, no. Es el sitio ese en la red donde puedes ver vídeos, vídeos musicales, vídeos culturales y un montón de tonterías.
- ¿Un montón de tonterías? Ummmm, entonces me interesa.
- Bueno, te doy la dirección y miras, anda.
- Vale. Yo miro y no veo nada. ¿Qué tengo que mirar?

- Mira en los grupos que me recomiendan. ¿Lo ves? Ahí los tienes: Bob Dylan, Beatles, Eagles y..., dios, me recomiendan a El Canto del Loco. Suícidame, anda, suícidame.
- Jajajajaja, sí que es triste, sí, pero a mí no me aconsejan. Sólo veo los vídeos, y otros vídeos que son similares. Es como si me vigilaran.
- Sí, será eso. A ti te vigilan pero a mí, tiene cojones, me vigilan y me dan consejos. Da miedo, ¿no?

miércoles, 24 de junio de 2009

Soledad

Intenté ayudar con las manos perdiendo ambos brazos en el camino. Suele pasar, y ha pasado tantas veces: erramos, nos confundimos y el mar no sabe de nosotros más que el camino que ha elegido nuestra orilla hay días en que no lleva a ningún sitio o, tal vez, a un lugar equivocado. No debería importar, no, pero duele, en ocasiones, duele demasiado. Aunque siempre sea necesario. Vivir, desde el principio, es otra calle; vivir, desde el principio, es separarse. Dejar atrás tantas huellas, huellas que en nuestras aceras han quedado sepultadas y salen a la luz, y hacen daño. y hay playas de miles de kilómetros por las que paseo sin hablar con un alma, el tiempo, los errores, el mundo, cuánto cambian. Cuánto cambia, de un momento a otro, la vida y sus entrañas. Y no hay una sola orilla a años luz de distancia donde dormir un poco, donde dormir un minuto, un segundo al menos, una vida para recuperar una vida, ahora que todo queda atrás y sólo permanecen los escombros de un tiempo, de un año, de unos meses, de algunas semanas, sabiendo que no me he equivocado en nada excepto en aquello que yo más quería.

domingo, 21 de junio de 2009

Es momento de empezar a crecer

Busqué tus labios pero no encontré tu boca; habías apartado tu cara pensando, probablemente, la vida merece la pena, aunque pierda algunas cosas. Y descubriste que crecer no era más que tomar el sol bajo un árbol sin ramas mientras todo el mundo te pide una última razón, un último vaso de agua con que ahogar tanto apetito.

miércoles, 10 de junio de 2009

Un hilo tenue

Un hilo tenue de luz ilumina mi vida y no hay día, en estos días en que, cada vez que intento acercarme a ti se rompa.

lunes, 8 de junio de 2009

World spins madly on

Per Chiara, da Roberta
Desperté y ya no estabas. Otro mal sueño, quise decirme, un día que no ha llevado a ninguna parte, pero no era así. La vida, es lo que tiene, pensé, otra vez, decir adiós a alguien, otra vez despedirse cuando menos lo esperaba. Despertar y saber que no serán ya tus alas las que quedan en mis brazos para que ambas seamos más fuertes. Y no era un mal sueño. Hay días de piedra que tienen tristes tristísimas mañanas, días que nos llevan a otros días por olvidar que hoy todo es triste y el mundo absurdo. Es mejor volver, volver a otros días, y olvidar el dolor un rato, aunque nunca quiera irse. Saber que Chiara hacía más divertidas las clases de inglés cuando apenas os conocíais, era bueno saberlo, saber que hay personas sencillas, irónicas, que hacen más grande el mundo, que dejan más luz en nuestras manos, y cuanto desean, como tantos otros, no es más que mejorar un poco la pequeña parte del mundo en la que viven. Y sonreír porque a veces lo consiguen. Pensar otra vez que es Italia y la vida cuanto te atan, otra vez Italia y el mundo. Y voces como la de Roberta, que dicen que tú le hiciste tanto bien a la tierra que habitas, a pesar de los pesares, que cuentan que nunca te rendiste y que tu casa seguía siendo tu casa aunque tu ciudad estuviera derruida y mucha gente quisiera dejarlo todo por perdido un seis de abril en el que se derrumbaron tantas otras cosas. Estabas viva, dice Roberta, y sabías que luchar era la única opción, la única salida verdadera. Disfrutar de la alegría de tus palabras, a pesar de los pesares. Es el mundo a veces tan pequeño. Y Roberta te cuenta, te dice, empezábamos a conocernos mejor, hace poco, empezábamos, os contabáis cosas, las ventanas tenían luz y las calles aceras. Y es terrible saber que hablamos a veces con quien ya no está, aunque nos cuente cosas hermosas que nos acercan todos los ríos, con un té frío al limón entre los dedos. O un café, y escuchar me encanta jugar al pallone, dos veces me he roto la nariz, nasubella, bellanasu. Y reír al saber que tú protegías tu nariz si la sabías en peligro, casada y feliz desde hace cinco años, feliz y casada. Con treinta y seis años. Sólo treinta y seis años. Qué triste es todo a veces, también el mundo. Feliz y casada, siempre discutiendo, a veces, sabe Roberta, volvías al hombre de tu vida porque tú lo amabas, porque os amabáis tanto. Y Roberta esperaba una llamada, tu voz en una llamada, saber que estabas cerca, organizar una cena, hablar de todo conoceros un poco más, por tomar otro café, por decir hola a otra mañana. Como una luz que ilumina un año de una vida a la que le salen alas. Tanto dolor inútil, tantas horas olvidadas. Desperté y ya no estabas.

miércoles, 3 de junio de 2009

Parole parole parole

Para Cristi y Adri

- Te quiero.
- Bonitas palabras.
- Sí, ya sabes que me encanta decírtelo.
- Eso es precioso. De verdad. Pero yo sólo quería un vaso de agua. Sólo un vaso de agua.
- Hacía tiempo que no quería tanto a nadie.
- Yo te amo también, ya lo sabes, pero tenía sed, ahora. Sólo tenía sed.

lunes, 1 de junio de 2009

Una décima de segundo

Para Eva
Tú y el mundo. El mundo y tú. Tú a miles de kilómetros de distancia aunque haya sonrisas que acercen a los viajeros. Viajar por buscar cuanto no hemos encontrado. Y tener la desconocida esperanza de no encontrarlo todavía, por seguir viajando, por no dejar de conocer. Viajar por estar sola, encontrar la inequívoca soledad de aquel que se siente libre y lo sabe, por crecer y saber que el mundo es el mismo si los pies están dispuestos a caminar en cualquier orilla. Contemplar el mar sólo por mojarte las alas y saber que la vida no es nada si no tiene agua con que apagar la sed. El azul tranquilo de una guitarra quieta una décima de segundo, una guitarra que cuenta relojes en la oscuridad, que susurra verdades tranquilas en el sitio de tu recreo. Una guitarra sola, una guitarra al fin, y los primeros acordes de cualquier canción con la que sentirte viva. Y decirte, como te has dicho muchas veces, que soledad y libertad no son más que las alas cansadas de cualquier viajero. Un poco de música en los ojos para saber que la belleza existe y a veces nos rodea, en un gesto, en unas letras, en unos labios que hablan y además saben escuchar. Tanta belleza, duele. El placer de compartir un momento, aunque sea a miles de kilómetros de distancia, el placer de vivir un momento íntimo y saber que al otro lado del mundo hay alguien sonriendo, hay alguien que te hace sonreír. Tener un río por el que poder volar y volar porque tienes alas. Todo pesa menos ahora, todo pesa menos. Es sólo una ráfaga de viento, mueve tu pelo y sonríes. Y cuantos te contemplan sonríen contigo. Una sonrisa con vida, una sonrisa que hace vivir a cuantos las contemplan, aunque estén a miles de kilómetros de distancia.