lunes, 31 de agosto de 2009

Érase una vez II

Érase una vez un lugar en que los ciudadanos reclamaban mayor seguridad. Olvidaban, casi siempre, pedir bibliotecas, colegios, museos,institutos.
Érase una vez un sitio en que los ciudadanos eran tontos y, además, lo parecían.
Érase una vez pan y circo.
Érase una vez un parlamento en el que los defensores del pueblo ganaban mucho más que aquellos que un día juraron defender.
Érase una vez un tiempo en que todos los demás eran culpables.
Érase un día en que el pueblo pidió paz y el gobierno ofreció guerra.
Érase una vez un lugar en que dos partidos eran la alternativa, establecida, se sobreentiende.
Érase una vez la ley D´Hondt.
Érase una vez poderes juntos y revueltos.
Érase una vez los medios de comunicación al servicio de sus amos.
Érase un ejericicio de poder para el pueblo pero sin el pueblo.
Érase un espacio en blanco en el que aparecen ideas que apenas puede leer una minoría.
Érase una vez el error de las palabras sin palabras.
Érase un poder que se ha soficado.
Érase una vez el color del dinero.
Érase una vez unos derechos otra vez arrebatados en silencio.
Érase una vez una mentira mil veces repetida.
Érase una vez la supremacía de lo privado, el pueblo en pocas manos.
Érase una vez una canción de cuna llamada democracia.



jueves, 27 de agosto de 2009

Girl From The North Country

Hay historias de historias que no han sucedido. Acaso pasaran en otro tiempo, en otro lugar, si el mundo fuera otro, quién sabe. Conocí a Marta hace bastante tiempo, años incluso, y las calles eran sin calor, había entonces días frescos, días que eran los mismos, cosas que nos encontraban siempre y eran las mismas; algún saludo, algún beso en las mejillas, algún saludo, aunque fueran muchas las palabras, hablando de todo y nada sin descanso. A veces había luz en sus dedos, alguna vez estaban apagadas sus manos y eran tranquilas las esquinas. Paseábamos por pequeños rincones del norte y la luz era diferente, el calor más sereno, y era hermoso tomar algún café en sus casas, ver los colores en las paredes, la cita de una vida que prometía en todos sus aspectos. Letras y palabras, muros y paredes, era fácil entonces distraerse y olvidarse de ella pensando en su vida paralela. Y era el sur una raíz a la que regresar, otro el sol, otra la vida; ella quedó en el norte. Aunque a veces tomemos un café y nos sobre imaginación. El mundo nos marca la direccion que debemos tomar, pero hay billetes de tren que llevan a otra parte, billetes de barco que llevan a otro mar, aunque viajemos sin billete, hey, el mundo es nuestro. Hay billetes de tren que llevan a tomar un vaso de café cerca de una ventana desde la que nos saluda una chica del norte que ha paseado por el color del mar y el verde de unos árboles. Me hablaba entonces de besos sin lenguas, de labios que se enfrentan, se buscan y se unen. De besos que callaban al escuchar una armónica.

miércoles, 26 de agosto de 2009

El intransigente XI

- ¿Estudias o trabajas?

- No, eso no es lo que debes preguntar ahora. Ahora no. Ahora la pregunta es. ¿estudias o estás en el paro y vives con tus padres?

martes, 25 de agosto de 2009

Barrio

Se están muriendo todos aquellos que no se habían muerto nunca, apenas ya un recuerdo en las aceras del barrio que te ha visto crecer. El mundo se hace viejo, y tú con él, en cada muerte, en cada herida. Algunos, como Paco el alemán, que compraron una casa para volver a sus raíces y perdieron el amor que con ellos venían en el empeño. Volver a tus raíces para que tu mujer muera en el intento, qué absurdo todo a veces, qué absurdo. Y no caminan por las calles aquellos que un día te saludaron, aquellas que un día te dijeron buenas tardes, qué tal, hace calor, el tiempo nos agota. Abres la puerta, son rostros cansados, la edad hace mella, hacerse adulto cansa, envejecer agota. Es duro saber ahora la presencia de la muerte en algunas esquinas, moverse entre sombras, preguntar qué habrá sido de..., saber que pasó, todo ha pasado y poco queda, acaso la triste memoria de palabras que fueron alguna vez pronuncidas. Salir a la calle y escuchar el silencio, la vida pasa, la muerte llega, escuchar el furioso silencio de algunas casas. Y saber que todo todo todo crece hasta hacerse viejo, hasta acercar la muerte. La vida, esa maravillosa equivocación, ese error irrepetible.

lunes, 24 de agosto de 2009

Érase una vez

Érase una vez unos tipos de negros que cobraran por respirar, si respirar tenía ritmo, tenía autor, tenía sentimiento.

Érase una vez el futbolista más caro del mundo.
Érase una vez muchos trabajadores que percibían al mes escaso dinero.
Érase una vez una tierra de nadie con más casas que terreno.
Érase una vez un ere que ere.
Érase una vez un gobierno de izquierdas que daba dineros a los bancos.
Érase una vez una tierra incapaz de mirarse al espejo, un grupo de idiotas incapaces de mirar su pasado, por si habían dejado algún cadáver en el armario.
Érase una vez un franquista llamado Fraga, un demócrata llamado Fraga. Un hombre que sabe que si la ciudad de la cultura lleva su nombre se hará justicia.
Érase una vez un club de fútbol al que arruinaron en privado y han salvado ahora en público. En dinero público, se entiende.
Érase una vez un pedazo de tierra con rey y con cuento.
Érase un fragmento de tierra laica con iglesia y crucifijos.
Érase una vez un grupo de imbéciles que no daban nombres porque no tenían por qué decirlos.
Érase una vez una moneda que iba a unir a un continente y acabó por otorgar a todos sus ciudadanos menos contenido.
Érase una vez un fragmento de tierra en que la palabra dimensión había sido desterrada de todo diccionario.
Érase una vez una juventud lo suficientemente preparada como para saber que la habían engañado.
Érase una vez una juventud lo suficientemente preparada como para no saber ser feliz en paro.
Érase una vez un sitio en el que un tercio de los jóvenes estaban sobrecualificados para su puesto de trabajo.
Érase una vez un pedacito de tierra en que los trabajadores declaraban más que los empresarios.
Érase una vez un lugar pagaban un dieciséis por ciento más en tiempos de crisis. Crisis para otros, se entiende.
Érase una vez un trozo de tierra donde introducir cada cuatro años una papeleta se un urna se considera participación ciudadana.
Érase una vez un pedazo de tierra en la que dar cobijo al mediocre, en la que gritar es el mejor de los diálogos.
Érase una vez un trozo de tierra en la que, tantas veces, la educación brilla por su ausencia.
Érase una vez etcétera.
Érase una vez un chiste llamado España.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Extraños en un tren

Él mira a la chica que tiene enfrente de sus ojos y empieza a pensar. Viajar tiene sus momentos aunque no apetezca demasiado en esta época del año, sobre todo, si éste es el sur y los trenes tardan un rato en llegar aunque al final haya sido genial sentarse aquí y encontrarse estas piernas interminables, como un domingo de verano sin playa y con sol, una idea, piensa él, muy bien traída ahora que el sol está derritiendo sus neuronas. Vuelve a mirar, ya no sabe si disimuladamente, esas piernas interminables y divaga, imaginando si mataría por ellas, si asesinaría si ella se lo pidiera sonriendo, como en aquella película de suspense en que dos personas desconocidas intercambian un crimen para que nadie pueda saber quién los comete, todo en blanco y negro y con humo, ahora que no se puede fumar en ningún sitio. Y ya se sabe, se empieza por no pagar un billete de tren y se acaba llegando al asesinato. No puede evitarlo y empieza a recrear el diálogo que él y ella, rubia fatal de piernas larguísimas tendrían, hasta que llega a una frase que le gusta y comienza a saborearla: mataría por ti, la imagina sonriendo, si pudiera saber a qué saben tus muslos en su punto de sal. Sigue distraído hasta que ella se levanta en una parada cuyo nombre no recuerda. Ella se le acerca y le besa una mejilla: lo siento, le dice, chico, pero mis muslos son dulces y el calor nos separa, no creo que volvamos a vernos. Ella se va tranquilamente y él no sabe qué decir ahora que se han marchado esas piernas interminables que le han hecho el viaje más corto, esos muslos en puntos de sal.

sábado, 15 de agosto de 2009

Tablón de anuncios XXIII

Se recuerda a los lectores del blog, otra vez, que los contenidos de éste son mera literatura, pura ficción, alejados de todo aquello que se da en llamar realidad, ya sea de los sentimientos, anécdotas, etcétera. Cualquier parecido con la realidad, repetimos, es pura y absoluta coincidencia. La vida no está en estas páginas, está en otras calles.

jueves, 13 de agosto de 2009

Un attimo ancora

Hay pequeños gestos que colman de calma al corazón, dejan a los pies tranquilos y sirven para que la vida nos dé un respiro. Volver a casa y escuchar, siempre es este el rito y no otro, la hermosa voz del sur en los labios de Carmen Linares. Salir a la azotea y que la voz del flamenco siga contigo, te acompañe y haga el sur más hermoso, más bello todavía. Hay pequeños paseos que valen una tarde de miércoles desde Dos Hermanas a Sevilla, sólo por saludar, aunque el calor, nos mate, a la Giralda y caminar por unas callejuelas en sombra que roban un poco de calor a este agosto, que quitan un poco de sol a este verano, sólo por tomar un helado artesanal al lado de un río en cuya orilla has sido feliz muchas veces. Y recuerdas, mientras piensas, sería bueno volver al cine ahora que hace meses que no has pisado una sala para ver una película, que hay películas en versión original a menos de cinco minutos, lo que es la vida. La vida en imágenes, persigue siempre tus sueños, no te rindas nunca, sal a pasear, si no esperas lo inesperado no lo reconocerás cuando llegues. Y es bueno salir otra vez a la calle y sentir en las manos un poco de brisa, encontrarte a quien no esperas, tener cerca una bonita sonrisa, unas hermosas palabras, apenas un momento y pensar la belleza está siempre al alcance, la belleza duele sino sabes contemplarla. Y ella vuelve a sonreír: vuelve la brisa, ha sido bueno salir al mundo sólo por saber que hay momentos que bien valen un día, que demuestran, como te escribieron en un papel, que Sevilla tiene magia también en sus adoquines.

martes, 11 de agosto de 2009

Arena

Bajo las ramas de arena que habitan en tus labios han vivido mis muslos mucho tiempo, se han hundido tantas veces para disfrutar de otro sol, para decir hola a otra luz, distinta e igual en tus pupilas. Y ha quedado siempre esta sed insastisfecha, este deseo de conocer de ti y de tu cuerpo, serenamente deshecho ya entre mis manos, el agua tranquila que cae de tus raíces, el agua tranquila con que derramas vida sobre mis dedos.

lunes, 10 de agosto de 2009

C'era una volta la Sicilia

Uno de los últimos días de mayo de mil novecientos noventa y dos el juez siciliano Giovanni Falcone fue asesinado por los miembros de la Mafia Giovanni Brusca en un atentado en la autopista que une el aeropuerto de Palermo, que hoy lleva su nombre y el de su sucesor Paolo Borsellino, con la capital. No era Robin Hood, no era un kamikaze, no era un misionero; era, en sus propias palabras, un servidor del Estado en tierra infiel. Era, tan sólo, un hombre que hacía su trabajo, nada más y nada menos. En diciembre de ese mismo año, una niña escribió un mensaje que colocó en un árbol que se encuentra frente a la casa de este magistrado en la capital de Sicilia: "No quisiste tener hijos. Yo hubiera querido ser uno de ellos".

viernes, 7 de agosto de 2009

Tres colores VI

- ¿Sabes que la familia real está de vacaciones en Mallorca?
- Ah, ¿pero han trabajado el resto del año?

jueves, 6 de agosto de 2009

C'era una volta

Érase una vez un río que olía a menta y un agua que se hacía sangre en los dedos.

Érase una vez un beso que se hizo lluvia en los labios y las casas de una orilla que se hacían cine en las pupilas.
Érase una vez un niño que sonreía cuando tocaba los bongos, que se adormilaba al compás de Camarón.
Érase una vez un helado que se hacía vida en la boca mientras alejaba nostalgias de los dedos.
Érase una vez un abogado que amaba el cine como amaba su tierra. Un abogado que fue niño y vivía en los confines de la realidad.
Érase una vez el mar en una cocina, una cocina a orillas de una acera de olas que camina por doquier.
Érase una vez una noche de luna sobre las piedras de un volcán que se alejaban al volver a casa.
Érase una vez una voz locuaz sobre las ruinas de un teatro antiguo, el placer de una risa inteligente bajo las estrellas de un cielo de julio.
Érase una vez una noche de domingo en la que las olas de una playa de Messina invitaban a soñar. Y era mejor no despertar, es mejor, sí, no despertar.
Érase una vez una casa rural a la que iban todos los idiomas, todos los países, todos los cansancios.
Érase una vez un quiosco al que iban pájaros de papel, un quiosco de párrafos sin fin y de memorables veladas literarias.
Érase una vez una mujer del norte que amaba esta tierra como si fuera suya, unos pies que conocían todos los senderos.
Érase una vez una chica con sonrisa que había encontrado una casera y había perdido su camino.
Érase una vez una puerta sobre la que se escribían líneas de sabiduría, una pared sobre la que vivían imágenes de una vida, una casa con sed de arte, con hambre de vida.
Érase una vez una profesora que amaba el sur como adoraba a su hija.
Érase una vez un chico sin memoria que había encontrado sus raíces al sur de todas las raíces. Un chico sin memoria que amaba recorrer todos los caminos.
Érase una vez una cantina con flamenco y un cuaderno en el que escribir para encontrar tu letra cada año.
Érase una vez una hamaca en la que conversar con Sciascia y ganar el tiempo a ciertas horas.
Érase una vez un profesor de español que había olvidado todas las palabras. Un profesor de español que había perdido y no había perdido nada.
Érase una vez un tren que ralentizaba el tiempo, que hacía dura la espera. Un tren que era calor en las ventanas y fuego en las vías.
Érase una vez la Sicilia.