miércoles, 30 de septiembre de 2009

El intransigente XVI

- Hey, ¡cuánto tiempo!
- Sí, sí que hace tiempo. Cambiar de ciudad, preparar el inicio de las clases, todo me tiene ocupado.
- Y esas clases, ¿cómo van?

- Buff, hoy agotadoras. Llevo siete días y necesito un descanso. ¿Y tu día?
- No ha ido mal. He descansado y me he ido a un balneario. Ha sido orgásmico.
- ¿Orgásmico? Dios mío, hace meses que esa palabra no significa nada en mi diccionario.

martes, 29 de septiembre de 2009

Banderas

Perdimos. Y una derrota llegó otra. Y todavía hoy no nos hemos dado cuenta de que un trozo de tela nos dejó casi desnudos en este rincón del mundo que algunos colores llaman patria. Ilusiones ópticas. Y traicionamos, de la peor forma posible, a los que eran como nosotros, a los que dieron orgullo, incluso vida, por mejorar un poco, un mucho a veces, las condiciones de una salud que vuelve a perderse ahora, deslocalizada, divide y vencerás, el mundo es tuyo. Y volver atrás, siempre volver atrás, traicionados ya por un trozo de tela que hace lustros, décadas nos convirtió en ciudadanos de un país, de un rincón de una esquina que alejaba a cuantos eran como nosotros. y seguimos perdiendo, desde hace años, lustros, décadas.

lunes, 28 de septiembre de 2009

I hate mondays

Comprobaste la belleza de un lunes de finales de septiembre como otro cualquiera en tus pies y no dejaron de dolerte los tobillos. Cuánto cansa la vida, a veces, cuánto duelen sus bocados. Y pensar que, bajo las líneas de un cielo que se apaga, está el silencio.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Blue smile

To Verena Reinhart

We walked around the lonely streets of that city that has become yours now, Seville. The world was in our hands: San Francisco, Sicilia, some chocolate, puntillitas, cazón en adobo, chocos fritos, pinchitos, under the sky of one city that maybe was waiting for you. It was a pleasure to sit down with you on a beatiful Sunday in September and talk a little, talk for a while. The sun was a long street over the river and your life then looked like a sweet movie. There was jazz on our fingers and your lips were singing a lullaby. Life stopped for a minute, life and water, agua y vida, water, life, you forget yourself, everyting was nice, everything was quiet at the shore of your beautiful blue smile.

jueves, 24 de septiembre de 2009

El intransingente XVI

- Oye, ¿qué tal la vida?

- Bien, bien, este fin de semana se acercan a mi ciudad un montón de personas para hablar y para ser aplaudidos. Todos, imagino, dirán, las mismas tonterías y todos a aplaudir. Yo supongo que me descojonaré, claro.
-¿Y qué viene a tu ciudad? ¿Un circo?
- Casi que sí.
- Ah, entonces, ¿van a venir payasos a tu ciudad?
- Ojalá, pero no. Lo que vienen son políticos, políticos profesionales.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

First time I saw your face II

La primera vez que viví bajo el sol azul de tus labios era sábado en los días y yo caminaba bajo tus muslos a escasas calles de la orilla de una playa en la que tus dedos dejaban una tenue sombra de luz en mi sed. Todavía tenemos hambre.

martes, 22 de septiembre de 2009

Hoy empieza todo

Otra vez las olas del mar llegan casi hasta el jardín de la casa, otra vez hay un pequeño paseo hasta una heladería y hay un poco de nostalgia en los labios, ahora que, de nuevo, y no será la última vez, estás solo y el tiempo, en ocasiones, dura más de lo que debiera, aunque sea bueno caminar bajo un sol tranquilo y descubrir rincones de una ciudad por la que caminarás durante meses. Cantan los pájaros esta tarde y empieza una vida, como todas, apasionante por momentos, aburrida en otros, con días que valen la pena y tardes que no merecen. Una vida como otra cualquiera pero es la tuya.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Cansancio

Cansan los lunes en los dedos y dejan huellas de dolor en la cabeza.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Caen

Caen los últimos rayos de luz sobre la orilla del río; despiertan tus labios, más azules ahora. Bastó un momento entonces para comprender que la belleza no se encuentra sólo en las líneas de algún libro, de algunos folios en blanco que sobreviven a la noche sobre las paredes de una casa abandonada.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

El intransigente XV

Para Sorel
- Oye, descreído, ¿sabes que algunas personas hablan muy bien de mi blog?
- Ahhh, pero eso es porque no te conocen.
- Perdona, pero hablan del blog, no de mí como persona.
- Ah, ya entiendo.
- Sí, hablan del artista, no del ciudadano.
- ¿Del artista? ¿De qué artista?

martes, 15 de septiembre de 2009

El primer día del resto de una vida

Cansado de todas las decisiones erróneas cometidas en los treinta y siete años de una vida gris en la que la única característica remarcable ha sido la de ser un ciudadano anónimo, una persona anónima, un ser humano insípido, ha decidido cambiar su destino, empezar una vida de la que sentirse inmensamente orgulloso. Empezará mañana.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Final de verano

Han llegado los primeras lluvias y las calles tienen otra tonalidad, parecen limpias ahora. Por momentos, desaparece el sol y empieza a hacer un poco de frío, una sensación desconocida desde hace tiempo. Toca estar en casa, tomar un chocolate calentito y contemplar, desde la ventana por la que el sol te da la bienvenida cada mañana, nubes que se dan paso a sí mismas, tal vez a otras. Mañana empiezan las clases, acaso el mundo se mueva de nuevo y todo cambie para volver a ser lo mismo. Un sorbo de chocolate en los labios y la vida se detiene, por un instante, y luego otro. Apenas se escucha una voz al otro lado de la calle.

viernes, 11 de septiembre de 2009

El intransigente XIV

- Hola, buenos días.
- Hola, buenos días, ¿qué desea?
- Querría, no sé, fármacos, vacunas, contra la gripe I.
- ¿Gripe I? Perdone, señor, creo que se confunde. Tengo la sensación de que se refiere a la gripe A.
- No, señorita, no. Vacunas contra la gripe I, la gripe de los imbéciles.
- ¿Cómo?

- Señorita, se habla mucho de la gripe A pero seamos sinceros, estoy seguro de que la imbecilidad ha causado muchas más muertes en este mundo. Sólo hay que ver las noticias.
- Si lo plantea usted así.
- Sea sincera, por favor, señorita, ¿acaso me equivoco?

jueves, 10 de septiembre de 2009

Érase una vez IV

Para Lisa

Érase una chica que vivía en las montañas, allá en el norte.
Érase una vez un chico de un sur sin playa.
Érase una vez una academia de español sin piso.
Érase una vez un corazón roto al otro lado.
Érase una vez la distancia adecuada.
Érase una vez un profesor de español con italiano.
Érase una vez una chica italiana que conocía alemán.
Érase una vez tus ojos verdes frente al espejo.
Érase una vez una escalada.
Érase una vez quiero saber todo sobre y algo que olvido.
Érase una vez volver para no estar en ninguna parte.
Érase una vez el sur de España.
Érase una vez un álbum de fotos de rincones que siempre recuerdas.
Érase una vez dos, ebrios de vida, borrachos.
Érase una vez un río.
Érase una vez quinielas sin premio.
Érase una vez una final de UEFA y luego otra.
Érase una vez un catorce de octubre.
Érase una vez un traje de flamenca.
Érase una vez la calle Sierpes.
Érase una vez una llamada de teléfono y una voz al otro lado.
Érase una vez un mechón de cabello rubio sobre los hombros.
Érase una vez palabras que te hacían feliz.
Érase una vez una pared con mapa y cuentos.
Érase una vez tú en la orilla de una playa.
Érase una vez tú bajo la nieve.
Érase una vez rastas de tu pelo sobre una acera de Tailandia.
Érase una vez el sur de África.
Érase una vez un cómic.
Érase una vez algunas cartas.
Érase una vez la música en tus labios.
Érase una vez tus huellas en otras partes.
Érase una vez viaje que te viaje.
Érase una vez un poco de español y algunos tintos de verano.
Érase una vez un equipo de fútbol, una camiseta con palabras.
Érase una vez una universidad con bar.
Érase una vez paseos en bicicleta por el puente.
Erase una vez sol en diciembre.
Érase una vez un sol del sur para vivir.
Érase una vez una brisa de noviembre moviendo tus cabellos.
Érase una vez la tristeza y poco.
Érase una vez una sonrisa y luego otra.
Érase una vez raíces y alas.
Érase una vez lágrimas derramadas por amigos que ya no están.
Érase una vez un juego de niños llamado Rayuela.
Érase una vez un libro de italiano.
Érase una vez cuántos payasos te has comido.
Érase una vez no olvides achucharme los pulgares.
Érase una vez un almanaque con doce fotos.
Érase una vez un campo de girasoles.
Érase una vez te echo de menos.
Érase una vez cien días y alguno más.
Érase una vez ti voglio bene.
Érase una vez Heidi.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

El intransigente XIII

- Hola, ¿qué tal?
- Bien, que yo sepa.
- ¿Qué haces pegando carteles?
- Ah, son carteles para las reuniones que hacemos los domingos. ¿Te apetece venir este domingo?
- ¿Qué tipo de reunión es?
- Dios, qué memoria, ¿de qué tipo va a ser? Recuerda que soy cristiano adventista del séptimo día.
- Dios, no, no creo que vaya. Recuerda que soy ateo de todos los días.

martes, 8 de septiembre de 2009

Cuentos personalizados I: Todavía

Se escriben cuentos personalizados. Razón aquí. Requisitos: dejar la historia que se desea , de forma resumida, en un comentario o en el email que aquí se encuentra. También se escriben cuentos de tema libre. Uno de los primeros es para Ana, aunque no le haya gustado, de la que tantas lecciones he aprendido aunque se suponga que yo soy el profesor.


Todavía

Es mejor, piensa Álvaro, cerca del acantilado en el que se sienta cada tarde a contemplar cómo el día deja paso a la noche, es mejor estar solo, y lejos, ahora que observa cómo muchos de los que estaban en la playa deciden volver a casa, ahora que las sombras se están adueñando de la orilla y poco sol queda que tomar entonces.

Mejor estar solo porque siempre hay alguien a tu lado, cerca, lejos, da igual, que te decepciona, pero acercarse a estas horas al acantilado cuando no queda nadie es un placer porque la belleza de estar frente a un sol que baja, que se aleja y nos recuerda que no somos inmortales merece muy mucho la pena, sobre todo, si se disfruta en soledad.

Uno se sienta en el filo, y desde el filo sabe que el mar está debajo pero hay demasiadas piedras para poder saltar al agua desde aquí, demasiadas, y no hay certeza que nos diga que saldrán bien las cosas si uno desea bañarse. Alguna vez ha querido hacerlo, se ha dicho, debería saltar, comprobar si se puede saltar y salir del agua cuando llegues abajo, alguna vez, pero nunca lo ha hecho, siempre ha preferido quedarse sentado en el filo y escuchar, si alguien estaba cerca, palabras como, ten cuidado, estás muy cerca del filo, a ver si te caes, pero no, no ha pasado nunca.

Y es bueno, esta tarde que se acaba, como tantas otras, llegar a los límites del acantilado, alcanzar el borde y sentarse, escuchar un poco de música en el reproductor de mp4, dejar que la vida pase, aunque sea esta una tarde diferente, ahora que una chica se acerca hasta casi sentarse a su lado, mientras piensa, con toda la playa que hay, tenía que venir aquí, con lo tranquilo que yo estoy.

- Hola.

- Ah, hola, perdona, no esperaba a nadie.

- Yo tampoco, necesitaba estar sola y he venido aquí porque creía que no iba a haber nadie pero cuando te he visto, es raro pero he pensado que quizás fuera mejor hablar con alguien.

- Ah, bien. Es raro encontrar a personas por aquí. Pocas de las tardes que he venido me ha pasado. Por eso me encanta venir.

- Me llamo Paloma. Si te soy sincera, vivo cerca y te he visto venir algunas veces. Siempre te veo solo, también en el instituto.

- Ah, ¿estamos en el mismo instituto? No sé si te he visto alguna vez, miente Álvaro.

- Sí, sí. Hemos cruzado algunas palabras; creía que te acordabas, ¿Álvaro?

- Sí, Álvaro, me llamo Álvaro.

- Estamos en el mismo instituto aunque no lo recuerdes.

- Es posible, pero nunca presto demasiada atención al instituto. Habrá algo más aburrido que un lugar donde te dan todas las respuestas y olvidan todas las preguntas.

- Es una forma de verlo, supongo. Yo, algunos días, algo aprendo.

- Prefiero aprender yo por mi cuenta. No creo que sea bueno confiar en nadie.

- ¿Y qué haces por aquí, cada tarde? ¿Ves cómo la gente se va de la playa y vuelve a casa?

Álvaro la mira y sonríe. Ella tiene parte de la razón así que él le dice que sí, que entre otras cosas viene a ver, desde arriba cómo la gente vuelve a casa mientras él se sienta y disfruta de las vistas, de un hermoso ocaso y de cómo estar aquí, sólo, le ayuda a pensar. Le dice que a Paloma que mire a lo lejos, y vea cómo el sol y el mar pierden sus contornos, como si estuvieran haciendo el amor. Perdona, le dice, no sé si debería haber dicho nada; nada, le dice ella, no pasa nada, mientras contempla absorta el paisaje y los colores apagados que se adueñan del lugar. A su vez, él la mira con tranquilidad, sin saber por qué ha mentido antes, porque claro que han cruzado alguna palabra en los pasillos, algún gesto, y recuerda que le encanta el hecho de que apenas sonría siempre que la ve, a causa del aparato que lleva en sus dientes. Alguna vez, se han reído de ella y Paloma se ha sentido triste, era fácil verlo, aunque Álvaro no comprenda por qué siendo como es una chica preciosa. Paloma sigue absorta y Álvaro mira sus cabellos castaños, aunque sea poco tiempo, ahora que se anuncia en una pizca de su pecho izquierdo el ala de una mariposa, supone él. El viento despierta y mueve los cabellos de Paloma de forma desordenada así que Álvaro baja un poco más sus pupilas hasta que sus ojos encuentran esas piernas blanquecinas y una flor de lis baja, otro tatuaje, hasta casi las plantas de sus pies. Él vuelve a alzar la mirada y ella, que se gira un momento para saber si Álvaro sigue allí, lo encuentra, qué decir, ahora, ambos callan, aunque parecen alegres en silencio. Sin saber por qué, él le dice:

- Estarías preciosa en todas las fotos si sonrieras.

- Gracias, responde Paloma, aunque apenas asomen sus dientes a estas palabras.

- Me encanta tu tatuaje, le dice Álvaro, por cambiar de tema, por hablar de otras cosas.

- ¿Qué tatuaje?, contesta de forma pícara.

- El del tobillo. Sólo tienes uno, ¿no?

- Alguno más hay, alguno más. Creía que lo habías visto.

- No, vuelve a mentir y la mira. Ella sonríe porque sabe que ha mentido.

- Es una flor, una flor de lis. Algunas noches, cuando estoy sola, imagino que la flor tiene raíces y me ata a cualquier lugar, que yo soy parte de algo. Esa sensación es genial, pertenecer algo, tener amigos.

- Sí, ha de ser genial.

- Hey, seguro que lo sabes, seguro que tienes amigos.

- ¿Amigos? En el instituto siempre estoy solo, y por las tardes suelo venirme aquí. No creo que hable con mucha gente.

- Bueno, seguro que tu padre y tu madre te adoran.

- Tienen problemas más importantes que yo.

- ¿Más importantes que un hijo? Lo dudo.

- Ellos son geniales, pero ahora las cosas van fatal. Yo vengo aquí, me dedico a leer, escribo alguna vez, escucho música y mi padre está deprimido porque lleva siete meses sin encontrar trabajo. Es duro. Y mi madre intenta ayudarle pero es difícil ver cómo los dos se destruyen en el proceso. Y cuanto yo tengo es literatura, música, una vía de escape que ellos ni conocen porque renunciaron a todo eso por mí. Da asco, a veces la vida da asco. La vida y este mundo.

- Seguro que también hay cosas buenas, ¿no? Cosas por las que merece la pena estar aquí.

- Sí, supongo que sí, pero ahora mismo es difícil encontrarlas.

- Esta conversación, por ejemplo, yo la estoy disfrutando, a pesar de toda la tristeza, a pesar de toda la nostalgia.

- Sí, es bueno por una vez hablar con alguien y no perderse solo en la música, en el horizonte. Me hace más humano. Aunque luego todo invite a estar cansado y con dolor.

- Pero seguro que hay momentos que merecen la pena. Hay días en que uno puede saber por qué está viva. Para mí este momento es uno de ellos.

- Ah, gracias, muchas gracias, de verdad. Para mí, también los hay pero hace tanto tiempo. Era pequeño y tomaba un helado mientras mi madre me cogía de la mano. Ahora ni siquiera recuerdo la sonrisa de mi madre, así que por eso me está gustando verte sonreír, aunque hayan sido pocas veces.

- Gracias a ti, dice Paloma que vuelve a sonreír, aunque no le guste demasiado. Me haces sonreír, piensa pero no se atreve a decírselo. ¿Sabes, Álvaro? Es tarde y yo tengo que irme, si no, mis padres me van a matar.

- Sí, lo comprendo. Ha sido un placer.

- Álvaro, si sonrío para ti, me harás un favor. Un gran favor.

- No sé, depende de lo que sea.

- No saltes, ¿vale? Es lo único que te pido. No saltes. Las olas dan miedo y esas rocas, ahí debajo... es una estupidez.

- No sé qué...

- No saltes, ¿vale? Sólo te pido que no saltes.

Paloma se levanta, y vuelve a sonreír. A una parte de ella le habría encantado besarle esos labios callados, tan serios ahora, acariciarle una mejilla, abrazarle mientras sentía los latidos de su pecho sobre la mariposa que ella sabe que él ha visto, aunque le haya dicho que no, sentir que las alas de la mariposa serían hermosas si ayudaran a ambos a volar, a estar en otro parte, a ser otros aunque sólo fuera un instante, volar para saber que ambos podrían formar las mismas raíces, habitar las mismos lugares, pero no cree que este sea el momento adecuado, ahora que él parece distraído por un dolor que difícilmente se irá de los huesos si no hay nadie a su lado. A ella le encantaría verlo un día más y luego otro. Se vuelve otra vez porque quiere al menos decirle adiós una última vez, ver si por una vez Álvaro sonríe y él la está mirando, ella se dice que con mucha ternura, y decide marcharse porque ya es tarde y el tiempo no les pertenece, todavía no.

Álvaro sigue sentado al lado del acantilado, casi al borde y mira al vacío. Ella ya no está aunque ha pasado una noche genial. Es bueno estar con alguien aunque dé miedo saber que luego la vida puede devorarlos. Como a sus padres. Ella se ha ido y él se ha quedado solo. Ha sido un buen rato pero apenas se conocen. Sólo nos hemos visto alguna que otra vez en el instituto y apenas hemos cruzado unas palabras. Quizás tenga razón y haya cosas por las que merezca la pena luchar pero, ahora, ahora sí, el viento es tan fuerte, ahora que ha despertado otra vez e incita a volar.


lunes, 7 de septiembre de 2009

Érase una vez III

Érase una vez un pequeño desierto de cactus.
Érase una vez un hombre que se rompió dos piernas y al que le dolía el mundo.
Érase una vez un hombre que siguió caminando.
Érase una vez un chico que trabajaba en una empresa que no le pagaba.
Érase una vez una chica que trabajaba en una empresa que ya no existía.
Érase una vez un pequeño jardín con lluvia y agua.
Érase una vez dos camas desde las que ver la luna.
Érase una vez una madre y sus dos hijos hablando de la vida y sus albores.
Érase una vez un espejo desde el que contemplar las mañanas.
Érase una vez una ligera brisa de verano con la que leer alguna página, encontrar alguna línea.
Érase una vez una escalera con una botella de agua para saciar sed y cansancio.
Érase una almohada con la que sonreír al mundo.
Érase una vez unos tardes de calor con fresquito.
Érase una vez un bolígrafo y algunos folios con los que escribir historias que nunca han sucedido.
Érase una vez una voz que adormecía al compás de los latidos de las estrellas.
Érase una vez una hilera de casas.
Érase una vez una serie de días en los que el sol te despertaba.
Érase una vez un beso de buenas noches.
Érase una vez una azotea.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Momentos Nina II

- Hola, Ana, he estado pensando en lo que me dijiste.
- ¿En qué, maestro? Hace mucho tiempo que no hablamos.
- En lo de escribir un libro y demás. Al final, creo que lo voy a hacer.
- ¡Qué bien! Si lo haces, yo me lo compro. Además, si lo escribes, harás algo por la humanidad.
- ¿El qué, Ana?
- Conseguir que yo lea.

viernes, 4 de septiembre de 2009

El intransigente XII

- Hey, cuánto tiempo, ¿qué tal? ¿Has leído alguna novela interesante para recomendarme?
-Buff, ahora que me lo dices, hace meses que no leo ficción.
- ¿Y entonces, qué lees ahora?
- Ahora leo periódicos. Ahora no leo ficción, leo ciencia-ficción.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Echo de menos

Una caricia llama a otra caricia, un beso llama a otro beso. Tus pechos llaman a mis manos pero responden mis dedos, contesta, feliz, todo mi cuerpo. Una cama necesita dos cuerpos para sobrellevar su soledad pero hace tiempo que soy yo el único que ahora mira cuando no está dormido al techo. Y no es que te eche de menos, no, pero hay noches en que echo de menos un abrazo a altas horas de la noche, cuando me despierto y el mundo da miedo, a altas horas de la noche, cuando miro al otro lado de la cama y soy incapaz de encontrar nada, ni siquiera un mechón del pelo que tantas veces escuché palpitar en mis rodillas. Había días de lluvia a mediados de octubre en que yo confundía tus labios con raíces, y tú, riendo, solías decir, no te preocupes, es normal, me ha pasado tantas veces. Y volvías a reír hasta que la lluvia hacía de tu boca el río en que naufragar durante largas noches de otoño. Solías decir. Y la lluvia desnudaba tu silueta hasta hacer de ti la línea de una playa por la que yo caminaba en noches de insomnio en las que tú todavía estabas en un rincón de la cama ahora desierto. Solías decir, y cantabas entonces los acordes de una canción que siempre me recordó que la vida, entonces y ahora, sí, como nunca, como siempre, sí. Y reías bajo la lluvia mientras me repetías si vas dejando que se escape lo que más querías. Y la vida, entonces, ahora, sí.

martes, 1 de septiembre de 2009

Desde entonces

Escucho a tus ojos sonreír y tus dedos derraman lágrimas. Nunca fue esta ciudad cuanto habíamos esperado. Había esquinas que nos llevaban a la luna una mañana de septiembre en que tú y yo despertamos en una estación de tren sin raíles. Amaneció entonces un beso, alguna caricia, y escuché sonreír a tus ojos, derramar lágrimas a tus dedos. Dormimos plácidamente desde entonces.