lunes, 18 de enero de 2010

Cosas que hacen que merezca la pena vivir I

La voz quejumbrosa de Bob Dylan y su armónica repitiendo, entre sollozos, una y otra vez, but she breaks just like a little girl. Las labios azules de Joni Mitchell contando su dolor en A case of you. La vitalidad alegre de Kiko Veneno que nos enseña a estar enamoraos de la vida, aunque a veces duela. El susurro doloroso de un hombre, Marvin Gaye, que grita a su tiempo, father, father, don´t punish me with brutality, estremecedor, cuando uno sabe que Marvin Gaye fue asesinado por su propio padre el día de su cumpleaños. La lírica tenue de una canción celestial, We let the stars go, de Prefab Sprout. Un camino a lo largo de la playa de Sanlúcar de Barrameda, con sol y arena. Siempre mejor si alguien nos ama, aunque yo esté solo desde hace demasiado tiempo. El mar y sus aristas, el sol y sus calores. La tristeza alegre de Kind of blue, de Miles Davis. Las letras flamencas en la voz de la voz del flamenco, Carmen Linares. El sur, el sur y la alegría de saberse sol, de saberse vivo y con raíces. Diálogos memorables de una película de Billy Wilder, El apartamento: ya sabes, vivía como Robinson Crusoe, náufrago entre ocho millones de personas; entonces, un día vi una huella en la arena, y allí estabas, es algo maravilloso, cena para dos. Saber que he amado y he sido amado. Saber que he amado y he perdido. Saber que si hablo contigo sigo escuchando tu voz, ahora que me dices, como casi siempre, he estado pensando, y fueron tantas cosas. Y te debo, como casi siempre, quererme a mí y querer la vida, aunque haya momentos en que ni siquiera me acuerde. El color de los labios de Heidi el último día en que volvió a Italia para no vernos en años, y tal vez meses. Saber que he besado, y me han besado, bajo la lluvia, hasta que la lluvia ha calado nuestros huesos. Las últimas líneas, no tan últimas, de un libro memorable que grita, por encima de todo, la vida: porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, sin otras manos que le acaben que las de la melancolía. Y nos dice que nada hay más triste que rendirse. Aunque haya días de instituto que nos derroten y nos hagan pensar que, tal vez, tal vez, sólo tal vez, nuestro trabajo debería ser otro. Pero es sólo un momento de cansancio antes de volver a la lucha.

5 comentarios:

sorel dijo...

Hermoso.

Anónimo dijo...

Puñetera melancolía... Precioso.

Un beso
Tu editora

Anónimo dijo...

Precioso

Laura dijo...

Vaya temazos nos regalas...

Gracias!

Besote.

pumuki dijo...

y tantas otras cosas que hacen que merezca la pena vivir que nos faltan por descubrir...


... volver a la lucha???...


..el amorrrr...

genial!!