lunes, 25 de enero de 2010

Cosas que hacen que merezca la pena vivir II

Aquel paseo por el volcán Etna bajo la única luz de una luna en que nos perdimos por completo. Saberte desnuda y pensando en mí, aunque no me conozcas o tal vez sí. El día en que la nieve salió a mi paso por primera vez, diciembre era, también Alemania. Y todas las copas de vino con que celebramos que había cuentos de navidad, blanca navidad. El dolor en la voz de Lady Day susurrando Strange Fruit, para deleite de todos aquellos que imaginan que el dolor es arte. El silencio de una tarde en que todos los alumnos descansan en su casa y tú recobras fuerzas para una guerra sin cuartel, una guerra sin rehenes. La ingenuidad despreocupada de unos estudiantes que creen que su vida será para siempre. Volver a las calles de Osuna y encontrarme con aquellos que formaron parte de mi vida un tiempo. La película en la que Natalie Portman acudió a mis ojos por primera vez, de diálogos espléndidos: todos queremos tener algo hermoso, Will, todos. Estar solo y estar cansado de estar solo, en días en que estoy solo y así lo parece. Encontrarte en las palabras de aquellos que, algún día, te escriben. La ternura infinita de alguna de las páginas de Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes. Las primeras líneas de alumnos que empezaron a escribir porque la literatura les resultaba emocionante, las primeras líneas de algunas personas para las que has tenido alguna influencia sin saber por qué, sin conocer la causa. Sorel chateando. Las castañas asadas de la plaza de una ciudad para vivir, para vivir en cualquier otra parte. Mirar a la ventana y ver cielo y árboles, la vida al natural, poco ruido. Y el mar, a escasos metros. Pasear por la playa, saber que caminar es bueno. Una cena con amigos y palabras, menos dolor si hay tiempo para el consuelo. Construir líneas que hacen que alguien se alegre, la pena muera, el corazón se serene, aunque sea a veces y sólo a veces. Los días, si los días son más largos y el calorcito llega. El momento de la tarde en que la tarde se dice adiós a sí misma y el sol no es más que un color tenue. Un sencillo vaso de agua cuando tienes sed, el mar se calma. La sencilla voz de mi madre, Andalucía hecha carne, proclamando, ante el tedio vital de mi padre, yo, para todo el tiempo que me voy a pasar muerta, quiero disfrutar de una vida larga, y cuanto más mejor. La arena en los zapatos por las calles ya caminadas, caminar con agua. Un chocolate inesperado y olvidar que el reloj corre para que todo llegue. Y salir a la vida cuando te llaman aunque tú estás escribiendo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me encanta. Un beso

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