sábado, 2 de enero de 2010

Escribir con los ojos abiertos

Hace sol, después de algún tiempo, y apetece continuar, por ver si las calles de esta ciudad han cambiado. Apetece salir a la ciudad y escuchar palabras bajo el calor frío de un invierno que ha llegado a estas aceras. Apetece hacer entender que escribir tampoco tiene tanto mérito si sabes escuchar, escuchar a aquellos que tienen algo que contar. Querida Heidi, a este lado del mundo, hay cosas que se cuentan solas, puertas que ya, a estas alturas del año, se han abierto y cerrado y han dejado alguna que otra huella en mis manos. Uno mira y la gente camina, toma café, se despierta, sonríen pensando en que que hay tanto por cambiar y tan poco tiempo, tanto por vivir y tan poco tiempo, pero la gente lo sabe y se sabe viva. Al norte, imagino, hace frío, y puede que nieve y yo tenga ganas de pasar frío por una vez y escucharte decir, vamos a comer payasos, aunque te espere Brasil y otro tiempo, otras costumbres. Y puede que, como Ana, sepa que es posible cambiar, y escuche, odio esa parte tan autodestructiva de ti, esa parte que hace que tanta gente te odie, aunque te digas que es para que esa misma gente no se odie. Escuchar a los demás, escuchas, por no querer escucharte a ti mismo. Y es fácil leer estas líneas, y otras, y decirse, hey, ha de ser uno de los chicos más románticos a este lado de la vida, es fácil, claro, es fácil si estás solo y no hay nadie más, sólo palabras que no llevan a ninguna parte apenas son escritas. Es fácil saber que caminar bajo la lluvia desnuda tus brazos, te haga recordar unos labios bajo tus labios, unos pechos, ya húmedos, sobre los tuyos y la ardiente sensación de que no hay nada como unas manos empapadas sobre un cuerpo con frío. El frío ardiente de un invierno que nunca sabemos si está más al sur. Y escuchamos historias de amor que se escribieron para no tener final a las que ha llegado un punto y aparte, escuchamos letras de canciones que hablan de chicas al otro lado del océano, escenas de películas de un cine de barrio que no es el nuestro, y, tal vez, no lo sea nunca. Escuchamos que la vida sigue, y nosotros con ella, un paso y luego otro, un poco menos de miedo al menos de tanto en tanto. Y abrimos los ojos para no conocer a quien se sienta ante nuestro espejo y nos habla de todos los propósitos sin realizar, de todas las traiciones cometidas, de la esperanza al menos de un pequeño cambio. Un cambio frágil, apenas perceptible que nos haga sentir bien con los demás, al menos por un rato, que nos haga sentir bien con nosotros mismos. Nosotros frente al espejo. Escuchando silencios, gritos, en kilómetros a la redonda. Nosotros frente al mundo. Nosotros solos. Nosotros, solos. No hay nada más.

1 comentario:

Anónimo dijo...

...querido hino, mi escritor preferido....
siempre me alegro leer de heidi...;-)))...

spero q 2010 sea tu ano...!!!!

bacione