sábado, 9 de enero de 2010

Estimadas televisiones

quería, desde lo más profundo de mi pequeño corazón, corazoncito para los amigos, profesor como soy a día de hoy, y también mañana, al menos hasta junio del año que viene, daros las más sinceras gracias por mostrar valores tan sorprendentes, a mis alumnos, como el respeto, respeto que se anuncia en vuestras noticias para ser olvidado en programas en que el respeto no es más que el grito absurdo de unos deshechos humanos que, desde el púlpito que encuentran en vuestras sillas, injurian a todo aquel que tenga dos dedos de cerebro y, sobre todo, sepa usarlo. Querría, desde la modestia más absoluta, agradeceros el hecho de que basta un minuto ante vosotros, a veces más, a veces menos, para que los estudiantes olviden el rollo absurdo que seres ilusos le han estado contando durante horas. Solidaridad, justicia, esfuerzo, trabajo, ¿qué valores son estos? Mejor una cara bonita, un culo prieto, y una lengua larga y afilada para saber que así se llega a ser reconocido y admirado. El respeto es otra cosa. Sería difícil no daros las gracias por mostrar a seres ejemplares, espejo de cuantos valores existen desde hace tiempo en vuestras escenas. Sería difícil no daros las gracias por contar historias de guión perfecto y diálogos de inteligencia maravillosa, maravillosamente olvidada. Difícil no mostraros gratitud por hacernos escuchar la música que cambiará el mundo, el mundo adolescente de unas muñequitas cuyas palabras se resumen en unas pocas líneas: más maquillaje, es la guerra. Cómo no daros las gracias por abrazar siempre la calma, siempre la tranquilidad, y no buscar nunca el momento más tétrico por unos euros, por unos espectadores. Sería fácil seguir dando, durante horas, las gracias por tantas y tantas cosas, tantas otras, y más, pero todo podría resumirse en gracias por convertir a adolescentes con miedos en adolescentes con audiencia. Atentamente suyo.

1 comentario:

sorel dijo...

Sin duda, uno de los cánceres de este país, las televisiones. Y lo peor es que muchas públicas ofrecen la misma basura que las privadas.

Yo las cerraba todas.