miércoles, 20 de enero de 2010

Final de juego III

Per la mia sorellina. Ti voglio bene, Ida

Sucede en todas partes, no sé si lo tienes claro: la vida, la vida entonces y sus aristas. La vida y saber que hay huellas de alegría en Brasil y gente que camina hasta encontrar su propio lugar en el mundo. Aunque su lugar sea ella y ella sea irrepetible, única, como todos, contando su historia, viviendo sus pasos. Conociendo a todo el mundo hasta conocerse a ella y a todos los demás. El mundo, el mundo y sus calles sin descubrir, aunque yo sepa de ti por tus postales y ellas me digan que escribirse significa enviarse un rayo de sol en el corazón de otra persona. Y mis labios, piensen, qué cursi, y se emocionen, y sepa, de nuevo, como siempre, que mis palabras te hacen feliz, como a mucha otra gente, aunque yo piense que escribir es lo de menos y sí encontrar palabras que hagan sentir bien a los demás, que encuentren una sonrisa entre tanta sombra, y más entonces, ahora mismo, cuando tantas cosas parecen haberse perdido y lea otra vez ti voglio bene, y la ventana tenga más sol ahora, a pesar de que la tarde se apaga, inevitablemente. Sucede en todas partes, sé que lo sabes, porque lo hemos hablado tantas veces: la vida, la vida y sus dolores, el amor a destiempo, porque sí, porque a veces ocurre, y hay ternura, pero la tarde es la errónea, también el sur. Existe Roma, y en ella el dolor de saber que hay cosas que jamás nos serán devueltas, aunque sólo sean momentos, momentos de una historia en la que se ha sido feliz, pero ahora, a día de hoy, esta tarde tranquila, a miles de kilómetros de tu nostalgia, el silencio grita no debí quedarme a dormir hace poco en tu cama, no debí visitar tu casa, ahora que no hay ropa arrojada al suelo con la que secar mis dedos, ahora que derraman alguna que otra lágrima. Y no hay odio en tus rodillas, aunque tus piernas tiemblen y sea difícil caminar ahora que sabes que no hay nada como caminar junto a alguien, como pasear al lado de alguien que se pierde en tus ojos hasta que tú te encuentras. A pesar de la inmensa tristeza de saber que son las cinco de la mañana y habría sido genial seguir en esas sábanas, al calor de un cuerpo que has sabido tuyo algunas noches. Aunque fuera una sola noche. Una noche tan solo en la que supiste que él se perdía en tus ojos y caminaba por tus muslos, a altas horas de la madrugada, en las primeras horas de la mañana. Una noche en la que te supiste, porque ellos también lo sabían, inmensamente hermosa, imaginando que la ternura existía y debía ser algo así como que sus dedos escribieran líneas de un cuento amargo en tus manos. Una noche de ternura en que ambos os mirasteis a los ojos y tomasteis caminos diferentes, a pesar de las lágrimas que caían sobre una cama que empezó a sufrirse sola desde entonces.

1 comentario:

pumuki dijo...

buffffffffff...


bonito es...