jueves, 11 de febrero de 2010

Tiempo de lluvias

Era tiempo de lluvias siendo niño y mirar al cielo se nos antojaba imprescindible. Salir a la calle, a pesar de los pesares, era costumbre y pisar los charcos nos decía que habíamos disfrutado. Un partido de fútbol bajo el agua, algunos secretos y el deseo compartido de saber que cuanto fuera caminar bajo las estrellas estaba en nuestras rodillas.
Era tiempo de lluvias y no me cansé nunca de ver tus cabellos húmedos en mis manos. Jugábamos a secar el océano tranquilo de tus labios con mi boca sólo por saber si el apetito sabría saciarse. Y nunca nunca nunca lo conseguimos. Era tiempo de lluvias y tuve tu cuerpo desnudo bajo una farola en una noche de frío en la que nunca nunca nunca nos cansamos del calor que dejaban en la acera nuestros cuerpos.
Era tiempo de lluvias y nunca supimos ver las lágrimas en nuestros dedos cuando ni siquiera llegamos a saber que nuestros pasos nos dejaban ya en casas diferentes. Era tiempo de lluvias y ni sacar pudimos a la calle el paraguas con el que tantas veces nos defendimos de la tristeza en días de sol con nubes y un poco de resaca. Era tiempo de lluvias cuando te fuiste un día sin decir nada que ninguno de nosotros entendiese. El mundo, dijiste, y tantas otras cosas, he estado pensando... Y salió el sol a nuestra puerta un instante. Quedaron sin nadie las paredes desde entonces.
Es tiempo de lluvias, ahora. Ahora mismo. A pesar de un sol de mañana que ha decidido ya perderse. Es tiempo de lluvia y salgo un momento a la ventanta. Ya sé que sabes que estoy solo y que poco hago para cambiarlo. Y qué más da: nadie hay a quien encontrar en este diluvio.

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