lunes, 8 de marzo de 2010

Ganas de vivir

Ebrio de placer saliste a la calle alguna noche por saber si había en los ojos de la gente restos de una alegría que te había abandonado bajo las sábanas de una cama que se iba haciendo dura y fría sin resquicios de un cuerpo que te rozen cuando tú rozas tus rodillas. Cansado ya de tanto dar vueltas por las calles sin saber siquiera adónde ibas volviste a casa con el dolor de unas llaves que abrieron la puerta de unos rincones donde encontraste en tus labios sabores de unas bocas que te habían contando finales de cuentos donde bocas con labios y labios con lengua deseaban un día al menos al día un poco, un poco más, al menos, un poco de vida.

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