miércoles, 3 de marzo de 2010

Hay una luz que nunca morirá

Miré las nubes de un cielo sin sol sólo por saber si no llovía y no hubo suerte; diluviaba. Miré los charcos de un suelo sin zapatos sólo por buscar restos de fuego en los bordillos y no hubo suerte; todo eran cenizas. Y cómo saber, hasta que miré en tus ojos, que la chispa que se iba apagando en tus párpados era la mía.

2 comentarios:

sorel dijo...

Excelente.

PUMUKIS dijo...

me quedo con el titulo!!