lunes, 24 de mayo de 2010

La distancia adecuada II

Para Laura

Uno piensa en dos mil kilómetros y no sabe si sería mejor esperar a noviembre y estar frente a unos ojos verdes que nos miren a escasos centímetros. La distancia, nos decimos, será la misma; no es bueno caminar tanto sin saber hacia dónde vamos. Uno escucha que hay noches con becas de rigurosa etiqueta en la que sería bueno no estar más que al lado de uno mismo y sus zapatos. Uno sabe del cariño de los demás si se desplaza al sur, más al sur, y al otro lado existe África; puertas cerradas de heladerías a este lado, mexicanos que abren sus puertas poco después de que nos fuéramos. Uno llama por teléfono para decir, sí, Mari Carmen, iré a las becas, y le preguntan si lo han llamado por teléfono o por correo y no sabe cómo explicar que ha sido en los recreos de las tardes en que a uno le duele la cabeza porque el silencio no es la imagen necesario de todos aquellos que invitan a mis becas, a mis becas, que no se te olvide. Hay centímetros que parecen mundos, como ya dijimos, y distancia de edad que se hacen escasas en las conversaciones. Hay pequeñas sabias que reflexionan y saben mirar a su alrededor aunque todo les duela: risas de hiena, dijiste, y lo escucharás demasiadas veces pero sé que habrá gente como tú, de luz discreta que deslumbrará allá donde esté para hacerle sentir a uno viejo, viejo y orgulloso. Hay semanas que parecen meses ahora que estáis a punto de terminar y sólo queda el verano, una noche loca, y la certeza incierta de que tu vida comienza y sería genial saber algo de ella. Hay peinados que nos resultan raros porque no nos convence el flequillo y no hay rastas sobre el suelo. Hay olvidos que duelen, supongo, porque uno no recuerda la cara de aquellas que han compartido con uno todo un año, toda una vida. Es muy interesante lo que dices, dijiste, pero sé que habría sido mucho más interesante escucharte pero hay momentos en que no sé callarme. Hay pasillos en clase que te inquietan porque hay gente que te mira y te incomoda pero hay gestos contra los que no se puede hacer nada. Y sabrás que te miran porque tú, ya lo sabes, sabes mirar en los pasillos aunque haya días en que no encuentres nada bueno, nada que te conforte. Hay personas que hacen sentir bien a otras personas, pequeñas sabias, ya lo sabes y hacen que uno se sienta bien y diga, sí, sigo encontrando cosas por las que vivir, aunque sea noviembre. Hay fuentes que están lejos y se sienten cerca porque uno arroja sus deseos a ellas y recuerda que ha sido feliz muchas veces, a pesar del orgullo, a pesar de luchar contra uno mismo a cada instante. Existen los años y la inteligencia y a veces no tienen nada que ver, como ya sabrás, porque hay momentos en que la clase te aburre y te gustaría haber crecido ya. Hay escenas que se repiten en todas las esquinas en que hay un corazón roto y luego otro, o quizás no todavía, todo es distinto. Hay playas de Sicilia que uno conoce y sabe que llevan a otro lugar aunque no recuerde el rumor de las primeras olas. Hay un caos que nos desconcierta porque, ya se sabe, son nuestras manos los que lo acercan y nos dejan desorientados algún tiempo. Hay personas que no se han puesto una corbata en su vida y a lo mejor tampoco lo hacen en una semana. Hay sonrisas que hacen que uno se sienta bien en todas partes, noches en los que no sabemos encontrarlas porque nunca hemos sabido de la distancia adecuada.

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