viernes, 14 de mayo de 2010

Parole per Heidi XII o La chica del puntito

Cara Heidi,

sono stato vicino al mare, quello mare che tanto ti piace, ese mar que no llegaste a pisar nunca, al sur, más al sur aún de todas las cosas, porque había corazones que estaban mal y parecían rotos en aquel instante. La vida, duele, lo dijimos tantas veces. Y dejé mis pies descalzos en la arena, sólo porque el agua de una orilla mojara mis tobillos y yo esperara horas de una tarde que sería inolvidable con el rumor de las olas tranquilizando mis rodillas y la música en mis oídos para que a mí las horas me parecieran minutos. El tiempo, lo dijimos tantas veces, vuela en buena compañía. Y me acerqué a la playa por saludar a viejos amigos, por decir hola a una parte de mis días de los que tú conoces poco, ahora que hace siglos que no hablamos poco y yo sé poco de los pasos que te siguen, apenas nada de tus huellas. Y sabes que hay chicas de ojos celestes que conocí porque escribieron un puntito en la pizarra y han escrito palabras que te he contado algunas veces: la emoción de saber que no me equivoqué tanto como yo creía. Pequeñas sabias a las que duele el mundo ahora, a las que duele el amor y se sienten solas algunas tardes aunque haya chicos que esperarían por ella toda una vida. No es el amor quien muere, decía Cernuda, somos nosotros mismos. Y hay chicas que cumplen dieciocho años, de belleza serena e inteligencia deslumbrante, que saben ya lo que quieren, cuando tú y yo nunca lo tuvimos claro, excepto que viajar es parte de nuestras venas, y mis heridas se han derramado en los senderos de Sicilia como los mechones de tu pelo en una peluquería de Tailandia, con todo el dolor de mis ojos. Las rubias, que somos tontas, dicevi, en puentes de Sevilla por los que te encantaba pasear en bicicleta; las rubias, que somos tontas, e ridevamo, como reían esa tarde porque descubrieron que hay dedos meñiques que tienen vida propia, y saben beber por sí solos, y hay personas que se hacen viejas y se dedican a caminar en tacataca por el parque persiguiendo a jovencitas. El mundo duele, dicevamo, y la tarde se hacía noche, era breve el reencuentro, inesperado algunas veces, como aquella tarde de enero en que volviste a Sevilla y no hacía frío, non so se ricordi. Había puntitos en las pizarras, calor en las esquinas, fotos que formarán parte de un corazón tan grande como el mundo, y vídeos de gente que dice que no me ha olvidado y no dejo de preguntarme si alguna vez en estos días piensas en mí, como ahora te pienso. Ti penso, lo sai, mentre ascolto Kiko Veneno, sempre Kiko Veneno, porque echo de menos eran nuestras palabras, ti manchi y el mundo me parece ancho y ajeno y hay mañanas en que me sé de camino al sur, más al sur, y río pensando en adolescentes que se visten de elegancia para decir a seis años de una vida porque les espera el tiempo en otra parte, y espero que una ciudad del sur les sea propicia. Y hay momentos en que siento el cansancio de estar cansado cuando sé que no es necesario. Hay una sonrisa en mi cara porque recuerdo que he visto cosas que tú no creerías, chicas comiendo pasteles de chocolate cuando mis ojos no recuerdan más que gusanitos en su boca, y un puntito en la pizarra, una taza en la mesa y algunas miradas cómplices que he olvidado comprender, abrazos a un lado y a otro de la vida, porque la ingenuidad no se fía de gestos que se apagan en la memoria y dan luz a alguna risa. Hay sorpresas esperadas porque, lo sai, no sé callarme, nunca supe, y recuerdo un mechón de tu cabello sobre el vestido verde con que España ganó a Italia cuando nunca lo esperábamos. Las tardes del sur que tú y yo vivimos y ya sabes, las tardes del sur que tú no sabes y ahora te cuento, ahora que hay gente que me espera para que les diga hola en unas becas y yo tengo tus cartas en mi mesilla. Pasteles de chocolate y luego más comida, quién lo diría. Y personas como hermanos que me dicen que la vida es una mierda. Hay momentos en que sí, en que a pesar de todo, pero hay gente que nos salva, como tú me salvaste algunas veces y yo me sentí bien, a pesar de todo, a pesar de mí. Y es genial saber que hay gente que no me echa tanto de menos, porque crecen, porque son pequeñas sabias que se hacen más sabias, nada más, y son tan fuertes como el mundo, tan frágiles como una tarde de belleza sin compartir en que nos duele todo, una palabra, una imagen, una nube que pasa y no tenemos nadie a quien decirle hola, estás aquí, esta es mi casa, abre la puerta, quiero ver la luz del sol en tus pupilas, aunque quedan huellas, y las huellas nos dicen, da un paso y luego otro, habrá alguien. Habrá alguien, y hay gente que se hace parte de nosotros cuando menos lo esperamos. Tanto tiempo fuera, dicen las pequeñas sabias, tanto tiempo fuera... duele. Y el dolor es bueno si nos hace crecer, me dijiste una noche de luna con estrellas en la que sabíamos que la vida seguiría, cara Heidi, aunque los caminos fueran ya diferentes. Y hay días, también, en que el color gris desaparece y aparecen smarties de colores, smarties de colores para todo aquel que sepa apreciarlos, bonitas tardes al lado de aquellos que ya han dejado huella y nos hacen más fuertes, a pesar de todo. El sur, es lo que tiene. Y pequeñas sabias que nos conocen y saben que hay lugares a los que no ir porque sabemos que no somos necesarios, porque el dolor será poco y la noche, de tacones largos y corbatas. Un año de distancia, leo, y todo parece más lejano, un año de distancia y no recuerdo, querida Heidi, la última vez que hablé contigo y nos reímos, y me dijiste, como casi siempre, tus palabras me hacen feliz, no dejes nunca de escribir o nunca más hablaré contigo. Nunca más, aunque ahora hablemos casi nunca. La vida, es lo que tiene. Y hay tardes que sí se parecen a las tardes y chicas de catorce años que desearían volar cuando todavía no tienen alas, chicas que me cuentan que leen en el recreo libros de criminología del que se ríen sus amigas, chicas a las que pequeñas sabias le dicen, espero que lo veas esta tarde, está preocupado, chicas que han hecho del baile su pasión y han encontrado la pasión en su vida. Es bueno verlas sonreír, como es bueno ver ojos celestes que devoran pasteles de chocolates y manos que parecen sencillas pero son complejas, quitar un resto de sandwich y luego otro. Chicas de película. Cuando Harry encontró a Sally. Y es el mundo ancho y ajeno, pero hay tardes apacibles de primavera en que apetece estar en él aunque nos digan, no pasa nada, es sólo que estoy cansada, y haya conversaciones que digan que el mundo es ancho y ajeno, y sólo nos salvan las palabras, el arte, y pocas personas. El mundo, es lo que tiene: lleno de pequeñas cosas importantes si sabes bajarte de él y mirarlas. El mundo, es lo que tiene: sigue y sigue, aunque nosotros nos bajáramos de él tantas veces sólo por descansar del cansancio tantas veces. Y miradas que la gente desea guardar y yo no recuerdo cómo, porque me sé el color de tus ojos pero no sé ya dónde miran. Pequeñas sabias que nos dicen gilipollas, sí, con g, y se quedan tan anchas, y se ríen de la gente porque hay dedos que viven a su manera. Y se sienten cansadas y frágiles horas después, al amparo de helados de chocolate, porque el mundo, piensan, las han dejado solas y olvidan que son tan grandes como el mundo y todo el mundo las habita. Y hay escarchas de fresa en los cabellos, cara Heidi, a los que te he te contado casi siempre, nunca he sabido resistirme. E ridevamo. El mar, dicevi, el mar es lo que tiene: hay olas que no saben llevarnos a la distancia adecuada, y ahora sé che tu avevi ragione, porque dos mil kilómetros son demasiado, porque pocos kilómetros parecen demasiados. Aunque parezcan puntitos en la pizarra de una clase una tarde en la que todo el mundo estaba en silencio, y el silencio era bueno en los oídos. Puntitos en la pizarra, es lo que tienen, te decía, parecen puntitos en el mapa pero son dos mil kilómetros en las aceras y es posible que ahora haga frío en tus montañas. Y hay abrazos que me elevan un metro y me rompen la espalda y me hacen volver al tacataca y a la tranquilidad de un parque en la que cada paso es un kilómetro. Pequeñas sabias que se hacen más sabias y se sienten más solas, es lo que tiene: se hacen tan grandes como el mundo. Y respuestas que se pierden por no molestar, por la timidez de saber que es mejor no molestar si es la fragilidad la que nos gana. Y pocos kilómetros, me decías, ya son demasiados, pero es bueno volver a ver a adolescentes de inteligencia deslumbrante que se ríen de uno porque tiene que llegar en tacataca. MIiiiiiiiiira cómo pone el deíiiiiiiiiiiiiiiitoooooooo, es lo que tiene, de gente que escribe ya porque tiene estilo propio y hay líneas que nos pierden. Estar vecino al mar te hizo feliz, Heidi, como a mí, hace pocos días porque me reí como hacía meses que no reía y me dijeron, has visto cómo la cuidamos, y yo me sentí tranquilo porque hay manos que están en buenas manos. Y hay pizarras en los puntitos de una clase, Heidi, que se hacen párrafos en los dedos y dejan textos en una página en blanco que tú y yo tendremos que descubrir por separado. A pesar de que haya pequeñas sabias, de ojos celestes, de ojos marrones, que cumplen años, que ríen porque saben que son inolvidables, como una tarde de mayo en la que yo volví a reír después de mucho tiempo. Aunque no fuera viernes y yo me sintiera, después de siglos, mucho menos cansado. Y lo recuerdo ahora, bellísima, un paso y luego otro, un puente de Sevilla con farolas, una casa al lado de la playa con smarties de colores que tú nunca visitaste, restos de escarcha de fresa en tus cabellos que tú ya habrás olvidado, un puntito en la pizarra del que te hablé tantas veces que forma parte ya de mis orillas. Echo de menos.

2 comentarios:

Dietrich dijo...

Precioso.

Un beso
Tu editora

Anónimo dijo...

Sin palabras, sin palabras, el q me nombres en un texto en el cual aparece heidi me emociona, y muchisimo, sabes q te aprecio mucho, y ya te echo de menos, y tu, si q eres grande