domingo, 30 de mayo de 2010

Ti prendo e ti porto via

Se acercaron mis manos un momento a las ventanas y no hubo suerte. Era una casa, cerrada a cal y canto. Tampoco importaba demasiado, ya sabes, me conoces, no hay forma de evitarlo, siempre es mayor en mis dedos mayor la curiosidad que la tristeza. Encontré entonces una puerta sin llaves que supe abrir con mis rodillas. Ya lo sabes, siempre es mayor mi curiosidad que la tristeza. Encontraron mis ojos esas noches recuerdos esparcidos por las baldosas, un vestido verde olvidado en una silla y fotos en color de unas tardes en las que nadie conocía más de ti excepto que dejabas restos de una vida con luz en cajas de zapatos gastados ya de tanto merodear sobre unas vidas que no son la tuya, sobre las que dejas el calor necesario para que otros encuentren en cada uno de tus gestos, en una caricia tenue, el calor necesario para salir a las aceras y ver una ciudad, tan lejana como solitaria, con la mejor de las sonrisas. Hay gente, imagino que lo sabes, como sabes tantas otras cosas, que deja colores, smarties de colores, diría otra pequeña sabia en las esquinas de una habitación que, imagino, dejaste de barrer hace mucho tiempo por no ver en los espejos la risa apagada de una noche de junio en la que fuiste feliz cerca del mar, a pesar de los arañazos, los tigres y todas las espinas que encontraste en tu camino. Había suelos de pasillos ya fregados que era mejor no pisar por si, decías, alguien pudiera resbalar por las lágrimas vertidas. Será noviembre y las primeras brisas de un otoño que se presenta sin frío me llevará a otras cocinas, a otros lugares. Habrá puertas que llevan cerradas desde hace meses de las que hemos destrozado las cerraduras por no entrar en unos salones en los que no queda de nosotros sino los restos de una ropa sin lavar porque ya no nos funciona ni la lavadora, cansada de lavar resquicios de un pasado que se cuela en cada grieta. Será noviembre y habrá gente que esté en cualquier otra ciudad que no sea unos gestos de ternura. Habrá casas cerradas, ya lo dijiste, a cal y canto, desde las que no habrá un solo gesto de cariño en las cortinas. Habrá historias que ya han tenido un final y no hay peor final para ellas que seguir con esas historias. Como hay gente que no entiende más de los barrios que su propio desconcierto. Ábreme bien de puertas y ventanas, dijiste. Que corra el aire, que entre la luz, creo recordar. Hasta encontrar entonces una mano, unos dedos que nos protegan de la luz ardiente de unos rayos de sol que invitan a unos pies a caminar junto a otros, aunque sea en otros adoquines, a pesar de todos los tabiques que podamos encontrar en los rincones.