martes, 22 de junio de 2010

Canción de cuna para criaturas frágiles

Hay criaturas de belleza discreta y frágil aspecto que engañan a todos los rincones. Los rincones piensan nada como estos tobillos para caminar por mis adoquines pero, no, es la ternura, es saber que hay días que pesan, esperas que cansan y es bueno descansar un momento, no salir de casa y pasear por bocados de chocolate una tarde de nostalgia. Y nadie, sabe, quiere tanta dulzura, nadie debe saber que hay días en que criaturas de frágil aspecto se ocultan en la cocina y dejan lágrimas en los balcones. Eres tan fuerte, dicen, ojalá fuera cierto, porque hay personas que no deberían estar cerca y son una sombra. Normalidad, tan sólo un poco de normalidad. Hay ojos de color castaño que miran a la ventana con curiosidad y saben que la vida está al otro lado, en las pestañas y duermen hasta la una del mediodía por salir a las olas y disfrutar de un helado frente al mar. Qué largo puede hacerse un día si es un número. Hay criaturas de deliciosa inteligencia que miran al suelo y encuentran palabras que hablan de espaldas con alas que no han aprendido a volar. Es estar en cualquier otro lugar y escuchar una voz que serena los dedos, que deja en las manos la nieve suficiente para escribir en las nubes que el sol de las raíces de alguna ciudades lleva tanta tanta tanta delicadeza. Hay criaturas de aspecto angelical que soportan todo el dolor, todo el dolor que esconden, porque no, porque no lo merezco, piensan, porque nadie me espera, y hay días en que no soporto a mi espejo, y no creo que sea justo que alguien me espere, porque no, porque no sé si lo merezco, piensan, y la soledad no es más que un pequeño precio. Hay criaturas que se saben libres aunque beban alguna gota de tristeza en estas tardes pensando no sé si saldremos de casa, pero toda casa se les ha quedado pequeña. Toda casa y alguna ciudad, alguna ciudad del sur en la que se están perdiendo hasta los veranos. Hay criaturas de soberbia inteligencia a las que les gusta la música y a las que no le gusta la música, no soy de música, dicen, y llevan una flor sobre su oreja para escuchar cuantos se acercan a ellas. Eres mi apoyo, dicen, eres la fuerza, la luz que nos deja calor en las manos y callan porque están cansadas y les duele una hora, les duele que no se entienda que hay instantes en que una se mira a sí misma y no se ve ni en los zapatos. Cuánto dolor entonces, y qué lejos todo. Hay criaturas de ojos castaños que miran al cielo para ver a todas las personas y de ellas conocen todas sus historias porque han leído páginas que hablaban de chicas con dolor en los muslos y algo de misterio en las rodillas, un poco de daño en uñas de color azul que arañan los enchufes de la casa sólo por saber si hay un corazón que palpite al otro lado. Hay susurros que se recitan al oído hasta hacerse canciones que se hacen lluvia que se hacen calma después de la tormenta. Hay susurros que se hacen pensamiento, gritos que duelen cuando la noche se hace mañana y pensamos, no no hay quien nos cuide pero siempre hay en las pupilas una foto de alguien que nos besa en las mejillas, alguien que nos coge del brazo porque necesitamos un pellizco en el estómago que nos diga que el hambre deja deseo en los cabellos. Hay criaturas del más lejano sur que sonríen cuando la vida les da todo porque saben, se han dicho, nunca esperes nada de la vida, y una calle les ha regalado un gesto, un paseo bajo la lluvia un beso en los labios, una almohada un quédate un poco más, la noche es joven, que nunca nunca llegue el alba; una cama sin hacer en la que uno y uno no son más que el jadeo ingenuo de dos bocas que repiten que no quieren más sabor que el de la vida. Aunque la vida, algunas veces. Porque sí, porque hay días en que todo es un número y hay criaturas que no saben qué camino tomar. Y hay criaturas que se aferran a un peluche, a un oso panda porque saben que sí, que hay alguien, que sí, que hay alguien, a su lado, alguien que las defenderá con garras y dientes si en las ventanas las persianas dejan cicatrices, si las horas se hacen minutos en nuestras manos y sólo queda arena.

4 comentarios:

PetiteMademoiselle* dijo...

Sí, he visto la lluvia tras la ventana, la he sentido y esa arena también mojada...
Olvidaste decir que hay otras criaturas que no piensan en sí mismas, pero hoy, es diferente.
((publicidad subliminal de mi blog, ya verás más tarde el porqué))
Me gustó, repito. Y te sorprenderás con el panda, nadie lo espera tan gigante.

Anónimo dijo...

si, doy fe, el panda es enorme.

hay criaturas frágiles a las que nadie cuida, y que hace tiempo que aprendieron a cuidarse a si mismas.. (el texto merecía hasta las tildes el comentario)

Laura dijo...

Precioso...

Me has tocao algún rincón del estómago y casi, casi... duele.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Precioso. Un beso

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