miércoles, 9 de junio de 2010

El profesor no tiene quien le escriba

Uno no sabe escribir, o no recuerda, o ha olvidado, qué sé yo, escribir palabras de ánimo para uno mismo, enfrentarse al espejo y decirse, hoy estás guapísimo, vas a comerte estas calles que te viven desde siempre. Uno tiene días, y es sensible, culto e inteligente y, claro, así no se va más que a estrellarse en los escaparates de un mundo que da asco por momentos y cansa en otros. Tú no tienes casa, tú no tienes coche, tú eres raro, muy raro. Uno quiere ayudar, ayudar y poco más. Cuídate. Uno sale a la ventana y la lluvia cae, no deja de caer y hay gente sin paraguas a la que uno ofrece un poco de calor en casa por si alguien puede secarse un poco, por sentirse bien un rato. Tienes que cuidarte. Uno escribe palabras de ternura a toda la gente por ver si puede animar, buscar una sonrisa, un momento de serenidad al menos pero sabe que las palabras sólo son palabras y es difícil buscar entonces las palabras adecuadas que no sepan a farsa, comedia, qué sé yo, y es hermoso encontrar palabras que sí son hermosas por reales, porque sí, porque es bonito, me digo, es bonito porque es real y, a veces, leo esas líneas y me hacen sentir bien, aunque no, no son las palabras que uno se escribe a sí mismo porque uno las conoce todas y de todas todos sus secretos o tal vez no y es el cansancio y no saber qué dicen las palabras si nadie las traduce. Debes aprender a pensar en ti mismo. Uno quiere descansar, dejar que el fin de semana le encuentre alegremente tirado en su sofá pero se dice, hey, el sur también existe y hay gente que quiere verte, aunque sea un poco, aunque uno sepa que ni mucho menos será su noche, porque otros serán los protagonistas y hay chicas que se duelen en un abrazo y adolescentes que se sienten ignoradas en la cima. Quedá el sofá a miles de kilómetros, cerca el cansancio y las ganas de esconderse un siglo al menos por recuperar todos los pasos dados. Debes cuidarte, salir a la vida. Uno sale pero la vida está en otras manos, y uno se emociona porque es genial saber que la gente vive y hay tardes en que se sientan a tomar café o un helado cuando está solo y desea, en tardes como ésta, contar alguna historia de final abierto sobre la que derramar lágrimas con sonrisas que hagan pensar que todo a veces merece la pena. Cuídate cuídate cuídate. Uno llega a clase, después de tres meses de sombras y derrota, con máscara y escucha, y dice, estoy aquí, cuenten, señores, lo que quieran, digan si necesitan algo y no conocen alguna pregunta y uno explica, y explica, hasta que se queda sin garganta y los dedos se mueven solos, y no dejan de moverse. Escribe algo que te anime, que te anime a ti, pero uno no tiene ni idea de cómo se hace, cómo animarse con palabras si se conocen tantas y tantas tienen trampa. Uno quiere cambiar el mundo aunque lo sepa imposible, aunque se estrelle contra los muros levantados todas las veces y sepa que toco cambia para volver a ser igual; uno quiere intentarlo aunque se le vaya la salud en ello, y se le va. El sur le riñe, le riñe siempre, pero uno piensa es esto, esto y poco más, uno quiere cambiar el pequeño rincón del mundo en el que vive y, a veces, hay personas que se saben mejor, que han crecido y comprenden que sólo era una luz que debían seguir, un camino que les llevaría a ellos mismos y los haría más grandes. Y uno ríe y se dice, buen trabajo, aunque le duela un poco la cabeza y no sienta los tobillos. Es un pequeño precio, dice, y a lo mejor no es tan pequeño pero qué sabe uno si apenas sabe cuidarse y cuanto desea es ayudar a los demás. Escribe algo para ti, para animarte, parece fácil pero es imposible si uno está solo y todo queda lejos, y el viento grita, sigue lloviendo, hay gente sin paraguas, y yo no sé cuidarme, sólo mirar desde la ventana y recordar que hay gente, siempre gente, a un lado y otro de esta calle, que necesita algún bolsillo de consuelo con que olvidar el dolor con que se despierta cada mañana. A lo lejos, gritan: cuídate, debes cuidarte, tienes que cuidarte, cuídate, por favor, pero es un susurro, una voz que apenas se escucha entre la multitud.

2 comentarios:

palhoma dijo...

tu cambiaras tu pequeño mundo, cambiara a la gente que te rodea y seran esas las que te escriban palabras de animo =)

Anónimo dijo...

me acabo de recoger hace una media hora o cosa asi de la politecnica, me he metido y me encuentro con esto, ya sabes de sobre mi opinion, y cmo mñn te vea mal, te voy a regañar y mucho, asique ya sabes q tienes q hacer eh, y nada de falserios! que te veo venir!
anda un besituu

que conste q he vuelto a meterme en blogspot a pesar de mi disputa cn el