lunes, 14 de junio de 2010

El profesor no tiene quien le escriba II

Para Sorel y todas las cobayas del sistema educativo
Seis horas, seis horas sin descanso alguno, apenas una media para salir al cielo y volver, no hay pausas, no hay relajación, no hay un momento en que uno pueda ser uno con uno mismo, también con otros. Un pie y luego otro, caminar brevemente porque breve serán las escaleras que te harán ser uno de nosotros. Estar callados, molestar poco, estar en silencio, mirar las rejas, la libertad está en otra parte. Intentar aprender de dos a tres cuando sólo queda el estómago y hasta las mariposas se han ido, volado, desaparecido, y los pasillos no son más que las paredes de una guardería en la que se pierden tantas tantas ilusiones. Estar callados, el orden lo es todo, olvidad que hay palabras si no son las que pronuncia todo el mundo, sed grises, muy grises, nunca jamás busquéis otro sendero. Convirtamos a seres de colores en niños grises, la clase ordena y manda. Recordemos, recuerdo, recordemos que supimos más de la vida en siete minutos de lucha en la calle que en toda una adolescencia en el instituto. Recordemos, recuerdo, recordemos que aprendimos más en seis minutos de canción que en todos los años de cárcel en un instituto. Seis horas y más tiempo, más tiempo, nada se mueve, el rumor lejano de voces muertas que nunca nos han dicho nada, más aburrimiento. Pronunciemos líneas que se han repetido desde siempre, desde que el hombre es hombre y se sabe que la educación no era más que otra forma de ensalzar la patria, ese nombre horrible que damos a todos nuestros miedos. Adolescentes con luz que se van haciendo anónimas, que van ganando sombras, porque una respuesta equivocada lleva a restos de esquinas que se pierden en el caos, adolescentes con luz que ya no estorban. Repetir, letra a letra, las orillas de todos los ríos, palabras que hablan de amor y tienen nombres como metáfora, páginas de una historia en la que siempre cuentan los vencedores cuando la vida, desde entonces, debería ser contada por aquellos que mejoran el pequeño rincón del mundo en el que están y lo pierden, a veces, todo. No somos como vosotros, no somos como vosotros, pero es mentira, es trampa, nos hemos habituado a una rutina y convertimos gestos ingenuos en rostros contra la pared. Buscar un mismo discurso, no tener voz, nunca tener voz, perder los labios en una silla que ha visto perder tantas esperanzas. Una silla y luego otra, un número y luego otro, una nota y luego otra. Notas para demostrar más que los números son los mismos desde siempre y la inteligencia tiene alas de muy diverso alcance. No, no, no es así, todo está en las notas, las notas dan las alas necesarias para volar sin nuestro permiso. Sigue hacia adelante, no pienses, no penséis, cuando deberíamos enseñar a pensar contra todo y contra todos: contra una iglesia obsoleta, contra una monarquía absurda y sin sentido, contra un sistema político lamentable en que uno y uno son dos y PP y PSOE vienen a ser lo mismo, contra los mercados de una Europa que ha de convertir a sus ciudadanos en esclavos, en meros eslabones de una cadena que devora a sus súbditos. Es de noche y estoy cansado, todo parece venido a menos. Lunes de trabajo en que uno mira a la pizarra y encuentra estúpido que las mesas hayan de saber que es un complemento directo. Para qué vale saber estas cosas, piensa alguno, y otro pregunta, para qué vale y sería maravilloso sentirse sincero un rato y decir para nada. Para absolutamente nada, para disfrazar las horas que se hacen siglos que nos quedan hasta la muerte y que nunca nadie sea alguien porque todos deben ser iguales y seguir el mismo camino, pasear por los mismos árboles. No seas diferente, nos perteneces, es tu tiempo el que nos debes, piensa en nosotros, ahora que tú empiezas a ser como nosotros. Control y más control, estar de rodillas y creer que lo merecemos. Porque hay lunes de trabajo en que uno mira a la pizarra y sabe que no explica sino estupideces para olvidar que pensar es básico y sabe que no es más que otro eslabón, un ladrillo más en un muro que ha derribado tantas historias que podrían haber sido contadas. Sólo otro ladrillo más en el muro.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Sí que es frustrante, sí, pero y cuál es la solución a este sistema educativo de borregos.
Un beso
Tu editora

La gata Roma dijo...

El sistema educativo tiene muchos fallos, pero al menos me consuela saber que algunos de los que están en la mesa grande, frente a la treintena de mesas pequeñas, sabe que uno de esos fallos es el de enseñar absurdas cosas con absurdas disciplinas tratando de crear ciudadanos tipo. Me siento orgullosa de muchos profesores que he tenido, me siento orgullosa no haber comulgado con muchos otros, me siento orgullosa de lo que estudié, leí y aprendí por mi cuenta y de no dejar de hacerlo…


Kisses

MARIUX dijo...

Sigue habiendo demasiados MACONDOS incomprendidos, utópicos.
DUBITO ERGO SUM.