domingo, 13 de junio de 2010

Frías e insensibles

Para Laura y Viky

Ella abre la puerta, necesita un poco de aire, las baldosas, ya se sabe, son frías e insensibles, una casa sin rincones en los que cobijarse ahora que nadie parece quedar a este lado de la ventana. Demasiadas lágrimas sobre el suelo, demasiados llorones en la cocina, piensa. Ella sale a la calle y no, no se siente segura. Y lo esperaba, esperaba que las aceras le dieran el calor suficiente para olvidar la lluvia de este invierno, pero mojarse la hace sentir viva, como hace tiempo que, la lluvia , ya se sabe, es un color apagado que queda en las pupilas. Ella esperaba que la esperasen, pero no, al menos por ahora no. Resulta extraño. Tal vez la esperan pero tiene la sensación de que la han esperado desde siempre. Un beso, una caricia. Un príncipe destronado porque no hay nada más absurdo que los cuentos de hadas cuando hay historias que son preciosas porque son reales. Apenas nada, el mar queda lejos, y sólo hay paredes, paredes y cámaras, restos de abrazos que impregan los rincones. El barrio da miedo, también la ciudad. Cámaras que roban gestos a la gente, que roban caminos a los callejones, roban pasos que llevan a habitaciones que han perdido ya todo recuerdo. Sólo quedan imágenes, escenas de unas conversaciones sin palabras que están en todas partes menos en ella. Es la vida, dicen, pero ella sabe que están mintiendo. No, no busques ahí, dicen, la vida está en otra parte. Y hay miradas que hacen el encuentro mejor, más humano, un saludo, porque las fotos mienten, también imágenes, ahora que se apagan todas las cámaras de esta calle y apenas se ven las sombras de dos amigas que no hacen otra cosa que hacerse seis preguntas por saber si cuanto han creído hasta ahora no era más que el preludio de un verano en el que la luz será constante y la despedida queda cerca, aunque sea apenas un hasta luego que no sabe captar ningún punto de una ciudad que se pierde en sus pupilas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Baldosas frías e insensibles, como alguna chica de 18 años, o al menos eso dicen algunos.. pero no, no la esperan, al menos por ahora..

Es ella la que espera, espera un verano memorable en una ciudad que pronto la verá irse, o al menos, eso es lo que desea