martes, 8 de junio de 2010

Parole per Heidi XIII

Cara Heidi, bellisima,

sono stato a Roma giorni fa; la tua Roma, la mia città, la nostre luce cualquevolta, gia sai, ma adesso sono ritornato alla mia vita e tutto sembra difficile, forse stanco. Il tempo, imagino, il tempo diciamo, ma oggi, abbiamo dimenticato il tempo, troppo tempo dalla Siviglia, il tempo. Cara, son palabras, ya lo sabes, palabras para ti, en las que, alguna vez, retumba la nostalgia, pero no importa, ya no, no demasiado, porque es la nostalgia necesaria para saber que las historias en las que siempre nos hemos encontrado han dejado raíces, una forma como otra cualquiera de decir que ambos hemos crecido tantas veces en el otro, a pesar de orgullos, a pesar de que el sur, ya lo sabes, es la vida y el norte un poco de tranquilidad por si uno se encuentra cansado y sin saber qué hacer, aunque hay calles del norte que me lleven a una casa que mis pies no han saludado todavía y la sombra de todos los árboles deje frío y lluvia en unos zapatos incapaces de recordar cuántas son las distancias adecuadas. Tienen que ser los puntitos de una pizarra, pero hace semanas en que esos puntitos no me dicen nada excepto que se acerca el verano y no sé si por una vez sería bueno quedarse en casa y salir a las esquinas de cuarenta grados por saber si el infierno ha tomado las más diferentes formas, por recordar que nunca jamás, y tienes razón, porque hay adoquines que es mejor no pisar a estas horas de la tarde. Cara, sono stato a Roma e ho letto della tua voce, mi piacerebbe tanto andare con te per quelle strade; chiamami, prego, y era la tuya una voz que nunca espero pero que deja alegría en mis dedos, alegría que llega a estas palabras, a queste parole per Heidi, chi ti fanno bene; lo sai, bello?, dici, pero no sé, no sé si ahora estas palabras o todas las palabras de este barrio en blanco me hacen algún bien, porque, no sé si sabes, que, como te dije tantas veces, me alejan de la vida y hacen que la nostalgia me pierda. Caro, dijiste, nunca dejes de escribir, porque si no, no te hablaré nunca más, porque estas palabras me hacen bien, no a mí, no sólo a mí, e, cara, lo sai, me gustaría creerte, pero hay días en que, no sé, será la melancolía, el silencio furtivo de unos coches que hacen que me sienta solo, y que comprenda que hay puertas que siguen y seguirán cerradas, aunque yo las creyera abiertas por un momento. Aunque hay gente que dice que la esperanza también se recupera pero no creo que sean, tristemente, más que clichés, juegos de niños a lo rayuela que nos llevaron a caernos demasiadas veces. Algunos todavía no hemos conseguido despertarnos. Ma, hey, sono stato a Roma solo per ascoltare la tua voce, y me has hablado de palabras, de un trabajo que te ayuda a viajar y hace que te salgan alas en los brazos. Roma, bufffffff, Roma, lo sai, es el descanso, es llegar y ver cómo la sonrisa de la mia sorellina se pierde en sus rizos y yo le prometo, poco después de avión, tren y metro, que iremos a ver pisos, un piso y luego otro y otro más, pero sorellina, necesito, por favor, descansar un rato, y ese rato son, hermanito, son las siete y media, has dormido tres horas, así que no podemos visitar pisos, cenamos, comida italiana, yo cocino, e la mia sorellina cocina maravillosamente bien y disfruta cocinando para los demás, por suerte. Y toca dormir porque yo estoy de vacaciones y ellos no, ellos trabajan su ciudad, hacen sus días, y hablamos, como siempre, ella y yo, cara Heidi, por las calles de una ciudad que me enamora en cada rincón, en una Fontana a la que he arrojado no sé cuántas monedas, hasta quedarme sin suelto y beber luego del agua de una Fontana que deja extasiado a quien sabe mirar. Hay puertas que olvido cómo abrir, la realidad, yo y mis problemas con la realidad, ya lo sabes. Caminamos, y crecemos, discutimos, y nos acercamos a un barrio de colores en que todas las calles nos llevan a un vaso de agua que beber aunque no tengamos sed, a una heladería en la que me pierdo durante minutos, porque no, tampoco este es el helado italiano que me hace volver a Sicilia ogni state, porque Ida dice, nunca nunca comas helado cerca de las zonas de turistas, hermanito, no valen para nada, recuérdalo. Y hay sábados de fotografías en que hay chicas que se apuntan a cursos de fotografía por encontrar a chicos guapos pero no hay suerte, son todos unos inútiles, Aurora, unos inútiles, no, Ida, no son feos, son más que feos, lo siguiente. Y hemos comido, otra vez, una pizzería, como el día anterior, en la Roma de la mia sorellina, su cámara de fotos, una tarde de bar con vagones de tren y de pizzas en lugares inencontrables, y tardes de tiendas de zapatos que caminan un día siguiente desde el azul y yo me río con la mia sorellina, y decimos, tenemos que comer, estamos muy delgados, esqueléticos casi, y hablamos del dolor, de cómo convertirlo en palabras, de líneas que yo ni recordaba, de caseras blancas que llegan del sur para hacer las comidas más deliciosas y hay salchichón y chacina, mmmmmmmmm, y hablamos, la mia sorellina e io, del orgullo, cómo no, de las puertas que hemos cerrado y no nos han abierto, de las palabras y el daño, de los errores que cometo y del miedo que puedo dar a veces por imbécil, y nos reímos, nos reímos mucho, vemos a altas horas de la noche películas con las que me quedo dormido y me basta un momento para saber que su sonrisa vuelve a ser la que yo creía perdida desde hace años. A lo mejor la gente tiene razón, y se recupera la esperanza, pero no sé, lo dudo, son días con sol y poco viento que no llevan a nada en que salgo de mi casa algún instante pero no hay un solo gesto que me diga, sí, la esperanza, ya no hay miedo, la esperanza, sí. Hablamos el sábado y, sí, estaba sentado en una de las escaleras de una de las casas de Trastevere, casi de tarde ya, ellos se hacían las fotos de los zapatos que lo hacían caminar, y yo pensaba, sí, prometí llamarla, hoy, sí, hoy por la tarde, y volví a escuchar tu voz, otra vez, y escuché el dolor; el amor quema, decíamos, el amor quema. Será que me he cansado de ser hombre, será que me he cansado de estar solo. Y me he acercado a librerías de Roma, cercanas a la Fontana, sólo por dejarme allí medio sueldo y, como siempre, he vuelto a mis ritos, a comprar más de setenta marcapáginas, y no he encontrado un solo momento para enviarte uno y una postal con palabras, tan solo una, pero ya te lo dije, llegarán desde el sur, como siempre, películas que he perseguido durante años y ahora tengo a Fellini a mi lado y uns inútiles que no hacen otra cosa que esperar a que el tiempo se les vaya en los bares. ¿Cómo se puede hacer para vivir una vida vacía?, decía Ricardo Darín, cómo se puede. Creciendo pero hoy sólo tengo ganas de tomar un helado contigo y ser pequeño, muy pequeño, escucharte sin más, que me digas quiero viajar, el sur existe, a pesar de mi orgullo y de todos los sures que han llegado a habitarnos. Y he paseado un sábado de mayo sólo por tomar un helado con Aurora y recorrer océanos de palabras en las que ella me ha vuelto a recordar que hay momentos en que uno debe darse más a sí mismo por no quedarse sin nada, y saber que es hoy, ahora lo que vale, y para otros momentos existen todas las fotos de un álbum que yo ni siquiera he visto. Y sí, sé que me has pedido fotos, cara, de mis paseos por Roma pero me conoces y sabes que no existen, vengo a habitar ciertas calles, no a convertir una ciudad en estrellas muertas de las que sólo queda un brillo tenue. Roma, non so che dirti, Roma è il tempo, la vita, todo aquello con lo que tú y yo habíamos soñado antes de despertar a la vida y comprender que nuestros pies salen a la calle desde ciudades diferentes. Y no, no he comido demasiados helados, como pediste, pero es que no sé, Sicilia es el helado y Roma muchas cosas más, no sé si lo sabes y he estado en tiendas de los años setenta en que he comprado camisetas que me hacen sentir vivo, que me hacen sentir sarcástico cuando hace meses que, triste pero cierto, no recuerdo ni el significado de esta palabra. De sarcarmos, lo sé, no vive el hombre pero yo, muchas tardes, sí, como aquellas tardes y mañanas en las que nos comimos todos los payasos del mundo para seguir riendo con desgana y hemos vuelto a casa un sábado de mayo porque estábamos agotados y Roma empezaba a quedar lejos, muy lejos. Hubo luego un domingo sin fotos en que la mia sorellina y su amigo se fueron a un parque y yo necesitaba estar solo, aunque esté cansado de estar solo, quién lo entiende: el día se hizo verde y yo estuve frente al Coliseo, frente al Foro Romano, frente a varias ciudades en una y tantas bellezas, tantas bellezas que duelen, estuve solo porque necesitaba estar solo y estoy cansado de estar solo, quién lo entiende. È domenica mattina y hay que cocinar, esta noche, cara, cociné para ellos, también ida, la meravigliosa sorellina, y hablamos de que la tortilla no es fritata, es sin aceite, preciosa, y conversamos, orgullo, el cansanci de darnos en muchas cosas y ver que todo sigue igual. Cansa saber, cara, que todo cambia para que todo siga igual; cansa saber que no cambiamos con el tiempo, sólo perdemos fuerza, e la mia sorellina e io parliamo. Porque se han cerrado algunas puertas, se han dejado sin hacer algunas camas y es bueno salir de casa y buscar, sorellina, nuestro hogar en el mundo. A nuestro lado, una tortilla, tortilla española, y piña, algunas conversaciones, la belleza, la tristeza, qué sé yo, saber que tenemos que saltar aunque nadie nos recoja y sea el suelo el que nos golpee. Hay que intentarlo, decimos, hay que intentarlo, supongo, pero hay mañanas en que las ganas quedan demasiado lejos y hay nubes que desaparecen en nuestros ojos. El amor, y habitar una cama durante seis días para habitar tan sólo una cama; la crueldad de la mujer y mis risas cuando la mia sorellina cuenta con calma y tranquilidad. La decepción y saber que este viaje, cara Heidi, nos ha hecho mucho bien a ella y a mí porque hemos discutido para descubrir todos nuestros errores, y se ha reído de mi italiano sin gramática, de mi adorada Caterina Casellllllllllllli, y de mi inglés, cuando yo me he reído porque ella no lo habla, y he pensado en ti porque sigo teniendo los discos en que tu y tu música italiana me acompañaban siempre, y un helado un último helado y la maravillosa sonrisa de Ida, la mia sorellina, al decirme buenas noches a las seis de la mañana y volver porque he olvidado mis dientes en su mesa, debe ser la edad, y he leído otra vez ti penso, bonita expresión; y ella tenía razón, hay cosas que no pueden ser y además son imposibles, porque hace siglos que no hay fe en que las cosas ocurran, ya no, y duele haber convertido casi todo mi tiempo en un trabajo para los demás en el que no me encuentro, porque, como dijo alguien, y era Roma, eres mucho más grande si estás con alguien, eres mucho más grande si te das en todo a alguien, y volverás a ser, dijo alguien, pero lo dudo, porque todas estas palabras, todas las palabras del mundo me llevan a ti y me dejan descansar en Roma, en esa maravillosa ciudad que he vivido, que me ha habitado durante cuatro días, como me ha habitado la sonrisa de la mia sorellina para saber que ella y yo, cara Heidi, miramos hace tiempo a la ventana por si alguien nos espera. Alguna vez será, imagino, pero lo dudo. Cara, cara Heidi, sono troppo stanco. E tu? Ma, hey non ti preocupare, è soltanto un attimo.
TI voglio bene, bella.

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