sábado, 10 de julio de 2010

Cuando Alba conoció a Laura

Para Alba

Cuando Alba conoció a Laura, ambas se acercaban, una los tenía más bien, a los doce años, porque hay números que acaban siempre teniendo más importancia de la que creemos, porque hay seres con magia y sombras en los dedos que esperarán doce años si alguien los necesita. El mundo era enorme y ellas pequeñas. Y Laura leía uno de esos libros que ya le hacía saber que ella quería ser importante en su mundo, el mundo queda lejos, pero no las estrellas de su ombligo, leía líneas que hablaban de gente invisible y de mundos con hechizos que se alejan del mundo y Alba gritó ehhhhhhh, y la luz llegó a todos los árboles del parque. Nacía una historia con líneas, una historia con notas a pies de página que hablaba de chicas desconfiadas ante la gente, de chicas desconfiadas ante las esquinas e ingenuas ante la vida. Siempre, se dicen, las cosas que más importan son las que no esperamos, una amistad a contraluz en un parque de Madrid, miles de palabras por teléfono, miles de palabras que dicen, te echo de menos, sería genial hablar aunque sean cinco minutos y parezcan doce siglos. Luego, una y otra, a ambos lados de un río que conoce sus orillas, cinco minutos, piensan, cinco minutos, y han pasado un año y dos meses, y se dicen, tenemos que vernos sólo por contar todo lo que nos ha pasado desde entonces. Tú y yo, dice Laura, ríe Alba, tú y yo, que somos la misma historia, y se acercan a nosotros adolescentes imbéciles que nos dicen, sería genial hablar contigo toda una noche, proponen otra cosa y olvidan la cara de la luz de dos chicas que han dejado su luz en sus pupilas. Y no deberían olvidar que la adolescencia no es más que una enfermedad que se pasa cumpliendo años, aunque ellas ya sean pura inteligencia y asombren a muchos de los que hablen con ellos y piensan, hey, hay momentos en que tienes treinta años y no, no sea así, para nada, porque todavía se ríen siendo niñas. A veces Alba se siente frágil y dice, Laura, no sé si puedo más, no lo sé, y Laura, dice, cómo que no, tienes luz, eres la luz y yo te necesito, yo que sé cuidarme sola, necesito que estés bien y saber que hay caminos que todavía no has recorrido. Alba sonríe y sólo dice gracias y Laura, que nunca expresa nada porque teme de la gente que puedan conocer sus sentimientos dice, ya sabes que te quiero, serás extraordinaria. Y Alba piensa, a lo mejor tiene razón, es Laura y, desde que nos conocemos, pocas veces se equivoca y ambas se dicen, sí, porque la magia está en muchos más sitios de los que creemos, porque Alba, está en tus manos aunque a veces te sientas sola y yo sepa que nadie me va a esperar, pero ahora no estás sola y yo pienso que a lo mejor alguien me espera, porque me lo ha dicho una intuición y hay cosas que sí pueden ser y no son imposibles. Y ahora empiezas a no estar sola y me alegro, dice Laura, porque todas las calles deben conocer de ti tus hermosos pasos, tú, que dejas huella en todos los adoquines, y Alba ríe y se dice, me quieres demasiado, Laurita, demasiado pero me preocupa alguno de tus miedos, y Laura dice, hey, no olvides que yo estoy aquí para ayudarte y sé que quieres estudiar todas las líneas para saber los trucos de todas las palabras y consolar así a quien lo necesite. Porque no hay nada como ser curioso y tener orgullo, y decirse, sí, estudiaré Filología Hispánica, aunque me digan que no tengo salidas es lo que quiero y qué más da, se dice Alba, qué más da, cuanto quiero es conocer los trucos de todas las palabras y Laura ríe porque piensa que Alba ya conoce de las letras todos sus secretos y cuanto desea es que Alba sea feliz y sea tranquila en un mundo de libros que a veces es gris, pero no no será Alba, ella, ella que tiene todos los colores y ella tiene, si así lo quiere, de Filología las mejores líneas, los mejores apuntes y busca y busca y encuentra porque ella, como Laura mira al mundo como si conociera todos los lugares. Porque a ellas nadie las ha tratado de forma diferente a las demás, pero se saben distintas. Debe ser la magia, que yo conozco en una, aunque una quiera ser anónima. Y no saber la señorita anónima que Madrid tiene más brillo desde que ella se conocieron y se supieron parte secundaria, porque nunca nunca nunca protagonismo para ellas, se supieron parte de un libro que una a otra se cuentan cada noche, sólo por dormir en los labios con una sonrisa. Aunque a veces Alba se siente un poco más cansada. Se hizo pequeño el mundo; ellas enormes, también su luz. Y uno se dice: debe ser la luz, que hay gente que no sabe que la tiene y siempre duele encontrarla. Y ellas, como si no lo supieran miran al mundo porque pueden ver sus mentiras. Aunque se digan confiar no es bueno, confiar no es bueno, y uno, que va ya para viejo, prefiera decir sí, la gente merece la pena e, ingenuo, lleguen todas las heridas. Sólo por dormir, el mundo y sus engaños a lo lejos, en sus labios con una sonrisa.