lunes, 19 de julio de 2010

La vida con tildes

Para Laura

Fuimos unos dedos, y algunas teclas de un viejo ordenador de Sicilia. Fuimos un, hey, por qué no me dejas algunas tildes que aquí en Sicilia me las han robado todas. La vida sin tildes y es que, como diría Palhoma, todas las letras son iguales y ninguna es más importante, todas tienen sentimientos. Fuimos cinco horas en tren y apenas ver nada porque uno duerme cuando no duerme por las noches. Fuimos un me he acercado a una tienda de bisutería en Almería y he visto un collar y he pensado, sí, es ella, no podía ser de otra manera, es Laura. Y era Laura, y era tu cuello. Y fue entrar en un cuarto de baño y contemplar tanto collar y sonreír por si la sorpresa te gustaba, aunque, quién sabe, uno nunca sabe si su gusto es el adecuado para los demás. Fuimos sms y más sms, un no sé si llegarás pero ya te lo dije, llegaré, aunque se me fue medio día en el camino; fuimos sms que decían en qué líos te metes, Laurita, en qué líos, recuerda que si el tío es gilipollas tienes que llevarlo a todos los bares de la zona y que pague; que así duele más; sms que decían no sé si llegarás, yo no sé llegar. Fuimos entonces una voz, un, hey, Laura, dónde estás, yo ya he llegado; tienes que esperar, un poco, dijiste, estoy llegando. Qué voz más graciosa, pensaste, y deberías saber que es la primera vez que lo he escuchado. Inconfundible, graciosa. No está mal, lo que hay que oír. Y fuimos un saludo, un hola qué tal, estás cansado. No, nada más lejos de la realidad. Han sido horas para volver a mí, a las palabras, a los gestos, a la vida. Para nada, preciosa, para nada. Estoy en la vida, pero ahora necesito una ducha, huelo a kilómetros de tren y autobús. Vayas donde vayas, llévame contigo pero espera a que se me vayan todos los kilómetros. Y si es para cenar, por dios, que no sea comida basura, porque es llamarse Laura, y sí, comida basura, no cambia nunca. Fuimos un bar con estrellas en el que estuvimos solos y hablamos como si nos hubiéramos conocido esa misma noche. Fuimos una casa sencilla, acogedora y unas habitaciones con calor y puertas cerradas, puertas cerradas en las que dormimos con ropa. Fuimos una mañana de sábado en la que tú ya te habías despertado y yo conocí el mar de Mar Menor, un paseo para hacerte sentir la chica más importante de este mundo y en el que el sol por poco acaba con nosotros. Y escuchaste, y te gustó, bastardos, pero yo tenía razón, estos bastardos de la Junta, que volverán a dejarme sin plazas, y sí, tienes razón, es una palabra que serena y sienta bien. Y fuimos un bar, y toda la sal del mundo en las palabras. Y ese pues, es raro, pero yo normalmente, y con tanta calor, duermo con la puerta abierta y en pelota picada, y no, no supe qué decir, porque buscaba a mi imaginación y estaba a años luz de distancia. En pelota picada, como yo, pero en el suelo, o en la azotea, con estrellas. Y ese en pelota picada, con langostinos cerca, pues, claro, uno no es de piedra, y piensa, ah, vale, Laura, pues nada, si esta noche no tengo sal iré a pedirte, o bueno, no sé, si tú tampoco tienes podrás acercarte y me dio por llevarme dos saleros, uno, que es un ejemplo, pero nada, alguien se sintió culpable y hay dos saleros en mi casa e imagino que es el castigo, que los mire, piense en ti y sonría por hacer las cosas que uno no debe, como un simpa, por ejemplo, aunque poco sepamos tú y yo de ello. Y sí, fuimos a por comida basura, cómo no, porque, hey, era tu ciudad, y yo me encontraba vivo, cómo decir que no, si estaba viviendo, además, en buena compañía. Fuimos un estamos cansados, ha de ser el paseo por la playa, el viaje, el pequeño bar que tanto me gustó, con música, palabras y en el que me recordaste que todavía podía dormir en uno de aquellos bares perdidos de un pueblo del que ya no recuerdo ni su nombre, maravillosa memoria la mía. Fuimos una hipoteca y un si no tengo plaza a ver si tengo casa y me visitas en Granada. Fuimos un canción de cuna para Laura y una noche sin teléfonica, las cosas de Morfeo. Y un subo un momento arriba y me pongo el pijama menos sensual del mundo, pero eras un pijama, eras Mafalda, y se me gana en los pequeños detalles, en un sms, guapo, el viaje te está nublando la mente, en un no rotundo y en algún sí, en un, hey, pero si lo complicado es lo genial, así te entran más ganas. Fuimos un, el límite son los treinta, treinta años, y qué, qué hay en Sicilia, en Sicilia, preciosa, estoy yo, y está mi vida. Y es genial ser yo y nadie más allí, no es más que eso, más que la tierra roja de Tara. Fuimos un comentario, érase una vez un salero, qué digo yo, dos saleros, y un hasta luego, y un viaje en tren con presidiario. Fuimos, aunque no lo pienses, ninguna foto, y eso fue genial porque hay historias en que lo esencial, ya se sabe, es invisible a los ojos.



1 comentario:

Laura dijo...

... Así que, ¿me recomiendas el pijama como "mata-pasiones", para espantar visitas indeseadas?
No te has dejado ningún detalle... ¿Mala memoria? Para lo que quieres ;).

Y sí, sigue haciendo el mismo horrible calor. El sol está hecho un BASTARDO en esta época del año, pero yo, ya dejé a Mafalda colgada de una percha.

Un besico salado.