domingo, 25 de julio de 2010

Noche de domingo entre sábanas

Donde está el cuerpo, está el peligro. Donde está el verano, está el sudor, una azotea con cama en la que uno mira las estrellas y sabe que junto a un cuerpo falta otro cuerpo pero, buff, a estas horas de la noche en que uno se pierde desnudo entre las sábanas y las arroja todas a la noche. Y queda la noche como resquicios de una piel en la que protegernos sin ganas de una boca que se acerque a nuestros muslos por beber de nosotros un poco de agua con el que refrescar las manos y dejar entonces los dedos sobre pechos por encontrar alguna gota de vida en los pezones que nos devuelva a la olvidada alegría de saber que estamos vivos y que hay en nuestros labios otros labios y en nuestros pechos otros pechos que se apagan por ver si son ellos el destello tenue de todas las estrellas que no vemos ahora que nuestros ojos están cerrados y caen sobre un cuello y otro cuello y un poco de calor ahora que la noche promete fresco pero es sol y es más de medianoche y hay apetito en los pies y se hacen arena los dedos y uno quiere abarcar todas las orillas por saber si en nuestros labios muere la sed y tiene hambre el apetito. Y uno se dice si pueden sus labios hablar y hablan, hace calor, pero no, no importa porque es la noche y uno quiere devorarla. Y que una luz con deseo en los ojos devore cuanto quede en un cuerpo y otro de latidos. Para enterrarnos así en la cama hasta que el frío del invierno nos despierte meses después por buscar en otro cuerpo el calor con que el verano nos dijo hola, estáis aquí, adentro, más adentro tantas veces.

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