martes, 13 de julio de 2010

Sierra Sur IX

Para Ana, Pilar, Noelia, y Belén

Volver a Osuna es volver a casa, es pensar que uno se hizo profesor en aquellas calles, en aquellas aulas, en aquel, como diría Ana, Anita, maestro, si te veo el primer día de clase en Lengua, tú como profe, que sepas que yo me descojono, total, no te respetábamos hace dos años, te voy a respetar ahora, pero hablar de cosas que pasan luego serían dardos, puñaladas al corazón con la que cuatro chicas maravillosas, también la chica invisible. Volver a Osuna es volver a casa y acercarme a un bar, el bar de siempre, el Bibendum, el bar en que Manolo, al que tanto quieren, y yo, salíamos por la noche y sólo había camarero, camarera, Manolo y yo y nuestras sombras. Y allí estaban, hasta que he podido encontrarlas, Pilar, Noelia y Belén y una parte de ti pensó, un momento, Ana, no, no está, vale, seguro que llegará tarde, como casi siempre, como casi siempre, pero no, saludé a Pilar, Noelia, esa chica invisible, y Belén, que siempre te sorprende gratamente, cada vez más, y el saludo, el de siempre, maestro, tú, cómo no, con un libro en la mano, y, claro, cómo no, un libro en italiano, hola Pilar, cuánto has crecido; hola Noelia, sigues siendo tan maravillosamente invisible como siempre; hola Belén, me alegra verte por aquí, pareces una mujer y más centrada. Pues claro, maestro, es que primero de Bachillerato me ha centrado, y si supieras que escribo y todo, sí, escribo, escribí una reflexión sobre el amor, porque leí una reflexión sobre el amor y no estaba de acuerdo, jo, a ellas les encanta, a qué sí, Pilar, y mi padre quería hasta publicarla. Hey, Belén, tengo, dijiste, ya lo sabes, que leerla, me encantaría. Maestro, dicen, una cosa, Ana está malita, no va a venir, pero no quieres creerlo porque Ana lleva esperando tu visita cinco meses y ahora malita y frágil, jo, y sigues sin creértelo y Belén te dice, hey, mira a mis ojos, maestro, la verdad está en ellos y está malita, ohhhhhhhhhhhhh. Bueno, pues nada, pensaste, cenar, tenemos que cenar, chicas, así que vamos a un bar, vale, maestro, al que tú quieras, pero, Pilar, si yo ya ni me acuerdo de la ciudad, maestro, por favor, que pasaste un año aquí, pues no, no me acuerdo. Claro claro. Y es Pilar, no podía ser de otra manera, porque es la madre, siempre ha sido la madre, la yaya, que diría Belén, que ya no tiene tantos pájaros en la cabeza, la que decide bar y casi cena. Y así pasa el tiempo, se habla, se cena, y Belén te lo recuerda porque hay lugares que ya no están en tu memoria, maestro, a qué te acuerdas de los refregones que te daba Ruth cuando se acercaba a la pizarra, no, dijiste, no, ¿seguro que pasó?, por dios, maestro, si hasta un día le dijiste, niña, córtate un poco y no no lo sabes, es más piensas ¿seguro que pasó? y Noelia dice anda, como Pilar, siempre pregunta pero de verdad, que sí, maestro, que sí, que pasó, y recuerdas que no recuerdas nada. Pues no, piensas, no recuerdo nada, recuerdo Ana y su estar en las nubes uno y otro día y ese Ana, el pavo te distrae, jo, maestro, no te rías de mí, y esos años en los que me acercaba a verlos por ser un estudiante más porque, como decía Paloma, sólo eres, te dices, un estudiante que enseña, uno de los nuestros. Y se queda tan tranquila y te dio pena no quedar con ella, pero, hey, la hacías en París, con regalo para ti. Y, cómo no, Pilar te recuerda a Laura, con mundo interior, saben cuidarse, y ayudan a todo el que lo necesita, son enormes, como el mundo, y brillantes, como todas las farolas de estas calles que te vieron habitar un año. Y llega una caricia suave en la espalda, y es Ana, tu Anita, la Anita del pavo, la Anita de por qué a nosotras no, pero sí, debe estar enferma porque no lo dice ni una sola vez, pero, claro, es como ella dice, no das oportunidad, y es bueno que se rían de ti, y que Anita mire y diga, maestro, bueno, elegante elegante no estás, pero comparado con otras veces sí, y además te has peinado, así que como te peinaste la última vez que viniste, hace cinco meses, pues te peinas cada cinco meses. Ana, una de mis primeras alumnas, que tanto me hizo crecer como profesor, y Pilar, que hablamos de orgullo y te dice, pues yo lo tengo, maestro, y creo que es bueno tenerlo, aunque hay gente que no, pero no voy a dar nombres. Tan discreta como siempre, no podía ser de otra manera. Y te ríes, debes reírte porque te acuerdas de esa clase y de esa maravillosa respuesta que jamás esperaste, en uno de los últimos días en que intentaste enseñarlos a pensar, y ese Pilar, ¿tú me vas a echar de menos? No, porque vendrán otros profesores. Y sólo puedes reírte aunque Pilar lo haya olvidado y pensar en gente como ella, como Laura, que hacen mejor el mundo y no necesitan a nadie y saben cuidarse solas y una y otra vez te sorprenden por qué dices, yo te sé, pero es mentira, no conoces a nadie, pero es bueno que la gente lo crea, y recuerda que ambas son ya amigas cuando tu último pensamiento hacia ellas fue, Pilar, Laura, no me necesitas, no creo que hablemos en años. Y sorpresas sorpresas te da la vida y recuerdas una tarde de otoño por msn en que ella, Pilar, te dijo, maestro, tengo una carta que escribir para Lengua, te paso y me ayudas, porque no, ellas no preguntan, piden sin más, tú no tienes que venir a las becas, dijo Laura, tú vienes, y leíste el principio de la carta y te quedaste sin palabras, tú, que las conoces todas, pero ese Hola, José Manuel, te llegó al alma, una carta para ti, qué cosas, de alguien que no esperabas, esa carta que leíste innumerables veces en meses de sombras y más sombras. Una carta preciosa que te hizo derramar alguna lágrima, también a Pilar, que te dice, jo, maestro, pues este año he llorado con el discurso de graduación de los que llevaste a Valencia, y tú salías. Sí, salías y me emocioné y piensas en Ana y por qué a nosotras no, en Ana, y en lo que vale, no es bueno que le hagan daño, porque vale lo que vale a pesar de la música. Y hay helados, y hay calles de Osuna, y paseo, porque, claro, lo ha decidido Pilar, la yaya, feliz y enamorada, con confianza, y no no deja de reírte de ti en toda la noche, y piensas lo que son las cosas, y esa tarde en la que preguntaste Pilar a qué a ti te da igual que yo vaya a vuestra graduación, pero no, te confundiste, como casi siempre, y ella dijo, vas a venir, y Ana dijo, y en corbata y chaqueta, ehhh, y vuelve a reírse y te dice, maestro, jo, ya has ido a una graduación y no ha sido la nuestra. Nos dejaste tirados. Ana, dices, tenía evaluación, no podía. Y Pilar, claro, claro, pero has ido a la de ellos. Sí, Pilar, pero tardaron cinco meses en convencerme; vosotras, tres minutos. Y Ana, cómo no, claro, porque a nosotras nos quieres más. Y te ríes y no dices nada. Y Ana, Anita, mira maestro, nuestra profe de Física y Química, y no haces sino preguntar ah, Ana, esa es la mujer preciosa que querías para mí, qué bien, y Ana, no, no te confundas, yo no quiero ninguna mujer para ti, jo, Ana, pero qué mala leche, y Pilar, segura y feliz, mira, maestro, esto no lo conoces, es el museo de arte, bueno, no estamos nosotras, pero vale la pena y caminamos hasta bar con futbolín y partido partidito, claro, dice Belén, es nuestra casa, ponemos la luz donde queremos, jugamos, Pilar, maestro, Pilar, hasta contesta a las personas mayores, cosas de personas mayores, como tú, maestro, y se ríen, y tú quieres matar a Ana, pero no puedes porque creciste como persona, como profesor con ellas. Aunque no te hayan respetado, te dicen, en la vida. Cómo no reírte entonces. Y se juega un partido, y ganas, no podía ser de otra forma, y otro y pierdes y tu orgullo no lo soporta. Uno perdido y luego otro, y el pavo de Ana que te dice, jo, maestro pero no me hagas reír, no me hagas reír, jo, maestro, Ana, el pavo te distrae, te distrae, y yo no sé perder. Y pides fotos, porque es raro, no soportas el PUenti pero no quieres irte sin foto de Ana, de Pilar, de Noelia, de Belén, sin fotos de todas aunque Pilar diga, vuestra foto, los perdedores, que sois vosotros, y tú quieres ya venganza, venganza, y será pronto. Y las ves marcharse, Ana y Noelia, tan pequeñas como siempre y piensas, enferma y ha venido, y hay caricias en el corazón; y te emociona ver cuánto han cambiado. Y Belén y Pilar, cómo no, de yayas, maestro, te acompañamos, que sabemos que no sabes llegar. Una noche cálida, un sms con alegría y ganas de dormir y saber que ellas serán importantes por encima de todas las cosas. Os adoro, estudiantes, no lo olvidéis. Y estaré en vuestra graduación. Como persona mayor, Anita, puñetera, que soy, llevaré corbata y chaqueta.



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