miércoles, 21 de julio de 2010

Sombras

- Y, ¿cómo es?, preguntó ella, cómo es vivir entre sombras.
- No sé, respondió él con total sinceridad, respondió él. No sé, o sé, y se me ha olvidado.
- Sé que lo sabes. Y sé que sabes que me preocupas. Has sido una triste sombra de ti mismo durante meses y no has sido ni capas de llamarme. Que yo sepa, el norte está a sólo una llamada, nada más. Es sólo que...
- No sé, es como mirar un espejo y ver que tú no estás, que no hay más que un enemigo, alguien a quien has olvidado descifrar y que ya ni siquiera te saluda. Es como no salir de casa durante tres meses porque llueve, porque llueve y diluvia, y piensas que no hay nada mejor que dejarse arrastrar por las olas hasta no ser nadie.
- No me llamaste, y deberías saberlo, no sabes cuánto me dolió. Dijiste: éramos tú y yo, tú y contra todo, pero como siempre, mentías. Nunca has dejado que nadie se acerque a ti y abra las puertas de tu casa. Siempre solo y estaba yo, a una llamada de distancia. Un simple, ciao, estoy mal, habla conmigo un poco habría bastado.
- No sé, estaba mal y creía que no debía molestar a nadie. Creía que era yo el que debía solucionar todo esto, que era yo quien debía volver a mí. Nunca me gustó molestar a nadie.
- Deberías haberlo hecho, haber recordado que las personas, digan lo que digan, pertenecemos las unas a las otras y ayudarnos es parte del proceso.
- Imagino, pero si eres una sombra de ti mismo, no piensas en estas cosas. Sólo en que la vida está a años luz de distancia y piensas por un momento que no volverás a ella. Es como una lluvia que te cae y no empapa. Una lluvia que no te cala.
- Tú y la lluvia. Como si no te conociera. A veces olvidas las cosas más sencillas, olvidas que me has hablado de días con lluvia que arrecian tu cuerpo y te dejan al otro lado. Como si no supieras que jamás te lo voy a permitir.
- Ya. A veces uno no se sabe y se olvida. Y cuesta, cuesta demasiado volver atrás.
- Como si no te conociera. Es más, me encantaría que empezara a llover ahora, ahora mismo, y estar a tu lado, y habitarte, como todos aquellas tardes de lluvia en que tu cuerpo se derramaba en el mío, por hacer de los dos un río pequeño, pequeñito en que olvidar el mundo.