martes, 7 de septiembre de 2010

Carta abierta a un señorito de izquierdas

Estimado señor Zapatero,

hay cartas que no sabe por dónde empezar uno, aunque no haya nada mejor, imagino, que empezar por el principio así que empezaré por el final, por seguir con la coherencia ética y política que usted ha demostrado a lo largo de este año, por quedarnos sólo con un poco de tiempo, que dicen que el tiempo pone a cada uno en su sitio, aunque no esperaba yo que a Blair, por decir alguien, lo pusiera como escritor de bestsellers de tres al cuarto, cuando uno pensaba que el tiempo lo pondría en la cárcel. El tiempo en los relojes Casio, imagino. Y ahora, usted, héroe de mi infancia y adolescencia, sí. ¿Por qué?, se preguntará; es fácil, no era nadie entonces y poco daño podría hacer va y se convierte en político, político profesional por empeorarlo así que usted se dedica a la política desde hace algún tiempo ahora que la política es humo. Por eso, imagino, ha dicho alguna vez usted que no duerme en estos días, con el país a la deriva, la política es humo y usted está quemado. No es de extrañar, usted, que tanto ha hecho, miento, está haciendo por la izquierda de este país, por esos trabajadores a los que usted aclama en esos mitines llenos de pasión en los que alguna vez, pienso, habrá hecho referencia a otros héroes de la izquierda española, por ejemplo, a Felipe González, ese hombre insigne que introdujo el concepto de economía liberal entre estas calles, calles por las que paseó James Petras para descubrir que, a pesar de todo, la economía es preciosa en las estadísticas pero deja a mucha gente sin empleo. Eran tiempos difíciles para la lírica, como los suyos, y demuestra usted una entereza envidiable, un hombre de granito, podríamos decir, pero, claro, esa entereza, esa mirada de acero hace que olvide mirar a sus bolsillos de cuando en cuando y descubra que usted y su grupo han ido perdiendo las siglas, y de ese PSOE apenas quede FMI y BCE. Todo en un año, por si alguien dice que usted es blando y tarda en actuar. En un año. Debería sentirse orgulloso. En un año y escoge para empezar con todas esas reformas el día en que España empieza a jugar el mundial. El día en que todos están viendo la televisión y, para contrastar, leerán también periódicos porque, gracias a usted, no hay ciudadano en este país que no desee estar informado. Imagine: los recortes de los que usted hace gala en Educación, por ejemplo, ese más alumnos y menos profesores hace que la gente salga a los bares para leer y saber un poco más porque usted lo dice siempre, no hay mejor que un ciudadano informado aunque, ahora que lo pienso, jamás le he escuchado decir algo así. Pero si algo me emociona especialmente es el tijeretazo que ha realizado al presupuesto de la familia real española, que sí, será real, pero ya quisiera uno esa vida de fantasía para sí mismo y los suyos. Me cuentan mis amigos, uno, que es de la élite, que ahora alguno de ellos incluso tiene que trabajar un día al año, algo inusual. Y los méritos han de reconocerse, a usted que ha recortado cero euros de ese presupuesto. La política es humo y usted está quemado. Hay días en que siento lástima por usted, tan solo y pronto sin trabajo, y recuerdo entonces que hay trabajos que dan una pensión vitalicia y ganas de escribir bestsellers. Y este año, le repito, ha llegado usted a impresionarme, usted, que es de izquierdas, usted, todo un trabajador, de ahí, pienso, que haya decidido recortar en presupuesto público. Habrá pensado: como trabajar es un asco, hagamos que el paro suba en agosto; como trabajar es un asco, que la empresa pueda despedir casi que cuando quiera. Usted, que no ha dado un euro a los bancos y ha hecho caso omiso a los poderosos, porque, lo sé, como lo saben todos aquellos que lo aplauden en esos ritos absurdos donde uno va a que lo palmeen los suyos, ah, sí, los mitines, para usted sólo existen los débiles y a fe que la clase media se está haciendo más débil así que imagino que uno ha de sentirse orgulloso. Ha habido momentos este año en que realmente lo habría admirado, habría, pero, claro, recordé entonces esa frase que decía desdichado del pueblo que necesita héroes y pensé, la política no es para mí, tampoco la ciudad, pero ese, claro, ese es otro tema.
Atentamente suyo...