miércoles, 15 de septiembre de 2010

Miedo XII

Cuando despertó, el político seguía allí. Acariciaba con cariño su mano. Escuchó: te ofrezco seguridad si tú me entregas tu miedo. No supo qué decir. Las manos del político seguían acariciando su mano. Bésame, escuchó, será el nuestro un amor puro y casto. Bésame, quédate un poco más, un día, una noche, una semana, un mes si es necesario. Olvida las calles y olvida el mundo. Será el nuestro un amor puro y casto.