lunes, 6 de septiembre de 2010

Relatos hiperbreves XXXVII

Cuando se despertó, había olvidado sus propios latidos. No había nadie a un lado de la almohada, tampoco al otro. Lo supo entonces: otra vez los fantasmas, un recuerdo al lado de las sábanas, también al otro. Estaba solo y así se sentía. Cuanto quedaba era mirar a la calle y tuvo suerte; encontró una sonrisa. Pensó y ella lo escuchó: mi corazón está dentro de otra, es cuanto tengo para ti. Búscalo, te espera.

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