miércoles, 20 de octubre de 2010

Relatos hiperbreves XXXIX

Se abrieron las aceras sin más. La gente podía caminar y la igualdad existía; se hizo realidad la monarquía por sorteo y la educación era la única opción digna para todos, trabajo y educación. Desaparecieron entonces los ejércitos. Si enseñamos a los niños a pensar por sí mismos, dijo alguien, no necesitaremos castigarlos cuando sean mayores. Más educación y menos ejército, dijo una madre. La escucharon, afortunadamente. Alguien entonces dijo, apaga la televisión y enciende tu mente. Y salieron tantos a la calle, por dar un paseo, por saber del otro, por conocer sus historias, por hacerse más humanos. Empezó a llover pero no importó porque alguna dijo me encanta que la lluvia empape mis dedos y algún enamorado pensó: me gustas cuando llueves porque estás como ausente. Se escucharon estas palabras y luego otras, cuánta belleza, pensó alguien, en las conversaciones, cuánta hermosura en los diálogos. Se esperaba el turno de palabra para decir, por ejemplo, no volvamos a casa para ver televisión, volvamos para cenar, para invitar a alguien, para volver a conocernos, leamos por saber, por aprender a pensar. Aprender a pensar, aprender a pensar. Pensar, y Alicia, como siempre, volvió a la realidad de manos de su madre. Alicia, Alicia, ¿otra vez en el país de las maravillas?