miércoles, 3 de noviembre de 2010

De turismo

Y toda una ciudad se reduce a una casa. Turismo rural, lo llaman. Del sofá a la cama, por hacer de tus pechos mi almohada. De la cama a la ducha, por mojar en tus muslos todo el agua, pasando por la encimera. De la encimera a la cocina, por saber de ti tu sabor en algún plato. De la cocina a la mesita de noche, por saber si son tus piernas las que caminan en mis gafas. ¿Y la ciudad? La ciudad queda lejos y preciosa a través de la ventana desde la que mi cuerpo, tu cuerpo, al mismo lado de las sábanas despiertan para seguir acostados en el día.

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