miércoles, 10 de noviembre de 2010

Miedo XIV

Cuando se despertó, descubrió que aprender a pensar sería más caro. Dos veces más caro. Tres veces más caro. Descubrió entonces, sin embargo, que había muchos más como él: querían aprender a pensar, querían enseñar, querían que todo el mundo supiera que había otra forma de ver las cosas, otra forma de caminar por las aceras. Era un enfado nítido y genuino. Era el caos, no la anarquía, nunca la anarquía. Era el caos. Reducir el gasto en educación nos empobrece a todos. Recordó entonces que cuanto más vacío está un cerebro más fácil es llenarlo de tonterías. No somos sus empleados, pensó, nosotros les damos trabajo. Se encendió una hoguera. Y luego otra. Y volvió a pensar que nunca una juventud había estado tan preparada ni le han ofrecido trabajos tan deprimentes. Irónicamente, se dijo, nunca hasta ahora habíamos tenido gente tan poco preparada copando puestos tan cualificados. Y deseó, por un momento, que las hogueras que se alzaban devoraran por completo la ciudad hasta encontrar un lugar más acogedor, más generoso, más humano.

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