miércoles, 24 de noviembre de 2010

Parole per Heidi XVII

Cara Heidi,

adesso sei a Firenze. Firenze, un´altra città, un´altro mondo, un´altra vita. Ti penso adesso, adesso che piove. El sur, siempre el sur, y un fantasma que se hizo carne durante dos días en Atarfe, un fantasma de preciosos ojos verdes, a veces azules, a veces el mar en el que tantas veces has sido feliz, y has sonreído. La ragazza piu bella de tutta la Italia, diciamo. Y ha sido bueno tenerte otra vez por aquí, y pensarte en vivo y en directo aunque llegara, como casi siempre, tarde a la cita, después de tanto tiempo sin vernos. Ni por esas, bella, ni por esas. Lo de siempre: el instituto y mi preocupación por los niños. Se nota que te gusta, me has dicho siempre, a pesar de los pesares. Quedamos, dijiste, en la catedral y, no podía ser de otra manera: allí estabas, tomando el sol, ese sol que tanto echas de menos y que a veces te llega poquito a poco en el norte mientras lees en la casa cerca del lago. Llegué tarde y allí estabas, después de tanto tiempo, ya sin rastas, hermosa como siempre, discretamente hermosa como sabrás, y pudimos comer incluso, al sol dijiste, al sol, no me lleves aquí, que es un sitio de pijos, y hay expresiones que no has olvidado y es genial escucharla en tus labios, y no me lleves, por favor, a un barrio que esté en el quinto coño. Lisa, por favor, qué tipo de lenguaje es ese. El que aprendí en Sevilla y lo sabes y es maravilloso poder practicarlo contigo y hablar así, que hacía años que no, que no lo hacía. Hey, tengo libro, te dije, tengo guía, y nos acercamos a los lugares típicos de la ciudad, aquí tienes una cámara, no, yo no, hazla tú, dijiste, que encuentras la belleza en todas partes y pensé: sí, qué bueno haberte conocido. En el sur, siempre el sur. Y, hey, paseo por las calles estrechas de una ciudad que tanto has disfrutado y frío un poco de frío y una mochila, lo que hay que ver, y la noche cae y es bueno volver al pueblo, a un pueblo del sur que es para mí otro punto en la vida como caos que está acabando por ser mi vida y acercarnos a un bar de esos en los que pienso en ti porque nunca te ha gustado ser turista, y allí estás, y no entiendes una palabra pero sí sabes que has de pedir croquetas y están, dices, riquísimas, o tal vez de puta madre, ahora que echas de menos tantas expresiones y ver el bar y saber que sí, esos son tus sitios, a pesar de que te pierdas en las palabras, y qué más da, tú que tan bien te has movido en tantos sitios, preciosa viajera. Y es bueno que me cuentes una vida, y que no soy el único ya que te llama Heidi o chica de las montañas, y que trabajarás en Florencia, y será agotador, o tal vez no, qué sé yo, pero será dinero, dinero para viajar como siempre aunque no haya ganas y prefieras ya tener una casa y sea difícil porque es caro, es caro comprar una casa, en Italia, en España, en el norte, en el sur, en todas partes. Y sabemos, porque te conozco y me conoces, que no, no te gustan los tatuajes, pero te gustó ver ese pequeño símbolo en mi espalda que tanto, ya lo sabes, me apasiona. Dos días y toda una vida. Dos días y yo cansado, muy cansado, pero alegre de verte, siempre, de verte por el sur y volver a las calles donde nos dijimos hasta pronto porque nos hemos dicho hasta pronto en muchas partes. Y queda alguna que otra tarde con palabras, alguna que otra noche en silencio, en alguna foto, en algún bar, en alguna esquina, donde recordar lo que tantas veces te he dicho: bella, ti voglio bene.

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