martes, 2 de noviembre de 2010

¿Sueñan los universitarios con Bolonias eclécticas?

Hay noticias más allá de Antena 3 y Telecinco, noticias que no hablan de sucesos y que dicen que la política es algo más que PP y PSOE, mucho más, hay noticias más allá de la televisión si no nos dejamos llevar por azarosas nubes de fuego y azufre que afirman que el mundo se acaba y noticias que cuentan el hambre de gente que muere más allá de nosotros mismos. Algunos la llaman empatía. Hay lugares que pertenecen a otro tiempo, más allá de la nebulosa de Bolonia, universidades en las que pensar era un bien necesario y no había nada como encontrarse a uno mismo en las calles, en su propia búsqueda. Faltar no era un problema y se pensaba, otra vez, se pensaba, que nada como un rincón del mundo con ciudadanos críticos. Cuanto queremos, escuchaste alguna vez, es empezar por lo pequeño: romper las cadenas de un sistema en que todo nos resultaba injusto. Había rincones en los que odiar cuanto nos habían enseñado porque lo sabíamos injusto. Hay lugares hoy en los que pensar es casi un delito y cuanto cuenta, como siempre, como nunca, es repetir esquemas ya sabidos, escribir las mismas líneas, ser parte no pensante de un sistema en el uno y uno son dos y repetir palabras ya expresadas es un acierto. Bien, decimos, bien, nos dicen y callamos cuanto nos preocupa. No faltar, dicen, no faltar; seguir las normas, seguir las normas, pero no faltar porque en las calles porque en las calles es donde se puede crecer hasta hacerse uno mismo. Y pensar. Pensar que algo no cuadra, que cuanto nos enseñan no es sino una manera estúpida de encarcelar toda la rabia. Había gente entonces que sabía mirar con otros ojos, que miraba a la vida con los ojos de otros y comprendía, comprendía que educar no es enseñar a que haya estudiantes que expresan nuestras ideas como loros, había estudiantes a los que escuchar y acaso hoy. Había cultura, como hoy, en los márgenes y el orgullo necesario entonces para buscarla, para decir, no vosotros no tenéis razón, no queremos repetir, no queremos ser vosotros. Y ahora, triste, es decirlo, cuanto contemplamos, marca inequívoca de un sistema podrido hasta la médula, son máquinas, estampadas como máquinas de una botella. Es una penosa ilusión pensar que hay estudiantes que existen realmente, seres humanos que existen personalmente. Sólo son los próximos modelos de serie. Los próximos modelos de serie de un modelo en que pensar habrá desaparecido por completo, modelos de serie de un sistema que sólo necesita de ellos su sangre y su sudor y sus lágrimas. Pensar será casi un triunfo. Y uno siente que se ha equivocado por completo, cuando sabe que debería enseñar dar las herramientas necesarias para vivir una vida mejor, sin servidumbre. Y uno piensa, y dice y esperemos que alguna vez, algún grito, algún gesto que diga no, siempre no, no se pierda como lágrimas en la lluvia, no se deje olvidar por el tiempo. Y uno piensa en una vida mejor, más humana, sin servidumbres. Y piensa entonces que es hora de vivir.

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