lunes, 27 de diciembre de 2010

Ancora la tua luce

Per la mia sorellina Ida

Viene la vida a buscarme en las horas y me encuentra siempre en los minutos. Y pienso en ti, sorellina, y en la distancia, de la que tantas veces hemos hablado, en la de palabras que hemos compartido, en que, acaso y tal vez sea posible, que en junio, si Granada todavía está en mis dedos y aparezco por Roma con estudiantes y hablaremos paseando por la Fontana o ante el Coliseo y me contarás palabras de las que ya conozco algunas letras aunque no me sepa todas las sílabas y de un amor que hace que se te claven espinas en los codos y te hace difícil leer las páginas del libro en el que estás viviendo últimamente y algún párrafo en el que te he hablado de mi sobrino y de que sería bueno que alguna vez estaría bien que paseara por esas calles y hablara otros idiomas, pero todo a su paso, todo a su paso, porque a veces caminar duele y es bueno sentarse un rato y hablar, sorellina, como tú y yo hacemos de cuando en cuando, y es bueno saber que la última vez que tú y yo hablamos estabas con tu padre y siempre es un placer hablar con él. Antes, algo antes, alguna tarde, hablamos de ti, del daño que aparece a veces en los labios cuando el dolor nos viene de las palabras de alguien que ha dormido en nuestros besos, que ha despertado en nuestras caricias, y a lo lejos, non lo so, non molto lontano da qui, alguien dice no no me he acostumbrado a ti, a tu ternura aunque, tú me cuentas y duele algunas tardes, que no es bueno darse en todo para encontrarse en pocos sitios porque hay luces que no deberían morir nunca pero ahora sí que se están muriendo porque será, sorellina, será el precio de privatizar unas calles, unas farolas, una ciudad porque a ambos, sorellina, nos cansa el mundo en el que vivimos y soñamos con otras aceras, unas sillas en las que hablar tranquilamente, en la que ser más humanos, en la que conversar tranquilamente con un café y algún que otro helado, y callar un momento y pensar en un teatro y observar cómo tus padres te miran, con orgullo, con admiración, porque te expresas en italiano, sueñas algunas noches en español y te aburres en inglés y hace daño saber que te preguntan por Sicilia y sólo saben decir mafia, que preguntan por el sur, y sólo saben decir qué mal hablan, y recuerdo, cuántas tardes de río con orillas, un festival de cine y gente que hablaba de cosas que desconocía, sorellina, porque el sur nunca dejó en calor en las manos de aquellos que nos señalaban con sus dedos de lumbre. Y no importa, no, sorellina, porque sigue habiendo momentos en los que estar, tú y yo, y ser nosotros, y compartir, y no ha de ser otra cosa que Kiko, mi Kiko Veneno, o Carmen, tu Carmen Consoli y esas canciones con las que tú y yo hemos ido creciendo, y alguna noche de Benigni y Saviano contra Berlusconi, contra Italia, contra una Italia que ni tú ni yo deseamos. Y crecemos y seguimos creciendo y hay gente que pregunta por qué no un libro, por qué no un cuento cuando siempre he pensado que las palabras no se cuentan sino para hacer sentir mejor a la gente. Y a veces, y eso me hace sentir alegre, sé que las mías te hacen sentir bien. Ti voglio bene, sorellina.

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