martes, 28 de diciembre de 2010

Cosas que hacen que la vida merezca la pena VIII

Para una gran amiga, Noe
La primera sonrisa de un primer sobrino. Las castañas de la plaza de los jardines de una ciudad para vivir, para vivir en cualquier otro sitio. Las pintadas que empiezan a aflorar en los muros de mi barrio, de los alrededores: ese nos llaman soñadores los que más dormidos están. Y esa vuelta a Cortázar en las paredes de uno de los parques de mi ciudad: andábamos sin buscarnos pero andábamos para encontrarnos. Esa tarde de cine con mis estudiantes desmotivadas para ver una película tan patética y lamentable como A tres metros sobre el cielo, de Federico Nocilla. Esos lunes de fútbol-sala en el pabellón universitario de Granada. Ese eterno regreso a una isla sin puente. El despertar de estudiantes y trabajadores ante un sistema que vive su enésimo fracaso. Ese aprender en los estudiantes, a pesar de los profesores, a pesar de los libros de texto. Saber que no hay normas que sólo existen por el placer de ser quebradas. La vida en estado puro, el caos, en mi barrio, en mi ciudad, en mi isla, en Nápoles. Watchmen en inglés. V de Vendetta en inglés. But... if me, my birth, if that´s a thermodynamic miracle... I mean, you could say that about anybody in the world. Mechoncito, siempre Mechoncito y esas dedicatorias que nunca he podido superar, ni siquiera igualar. Una tarde de frío con amigos en un restaurante italiano y esas memorias repletas de ternura y sarcasmo. ¿Me das tu teléfono? Y, entonces, con qué llamo yo. Esos memorables diálogos de Casablanca. Las novelas negras, profundamente humanas de James Ellroy. Omega de Morente, o cómo convertir el arte en música, la música en arte. Flamenco, Lorca y Leonard Cohen, casi ná. El concierto de Kiko Veneno en Atarfe. Esas cenas de palabras y palabras, en español y italiano, en casa de los padres de la mia sorellina. Esos enormes obras de arte que suelen ser las películas de Billy Wilder, un exiliado en tantas partes y ese volver a mi memoria de Well, nobody´s perfect, de Some like it hot. Esas primeras películas del neorrealismo italiano que me han llevado, desde entonces a Roma, a Nápoles, a Sicilia. El blues de Miles Davis. El jazz de Miles Davis. Miles Davis en estado puro porque hay noches que merecen un acorde, una pieza, un álbum con que olvidarnos del mundo. Saber que uno no pertenece a nunguna parte y es estúpido defender un trozo de tela, un trozo de tierra que ni siquiera nos pertenece. Forging Democracy: The History of the Left in Europe, 1.850-2.000, ese maravilloso libro que sí debería ser lectura obligatoria en el que se nos enseña que cada derecho se ha ganado y que ahora estamos perdiendo, lo estamos perdiendo todo, estamos perdiendo dignidad, en aras de una estupidez absurda a la que algunos llaman nación, patria. Un libro para aprender que el futuro, que el mundo debería, alguna vez, ser más humano, ser de todos y no de unos pocos. Cuánto esfuerzo inútil, piensa uno a veces, Mechoncito, cuánto esfuerzo inútil pero, hey, rendirse no es una opción, nunca lo es, ya lo sabes y además, hay mañanas de palabras que merecen la pena, que nos hacen más fuertes y que hace que podamos con el mundo en ocasiones. Esas tardes de invierno con estufa y sin paseo. Esas cenas de profesores con David en el Wasabi. La belleza discreta de Natalie Portman. La voz serena de Erikah Badu, que tú me descubriste. La visita a Atarfe de dos amigos, María Ángeles y Fede y ese callejear por todos las teterías de Granada hasta encontrar un momento de paz, de calma bajo la lluvia. Pasar una tarde con alguien porque se desea, no porque hay tardes señaladas donde se ha de comer en familia. Esa noche de risas con la gente que uno quiere, y con la que uno quiere estar. Despertar, despertar a los días, a las tardes, a las mañanas de lunes en las que uno no quiere estar y despertar, de una vez y por todas, con tanto tiempo, por delante, a la vida.

1 comentario:

Noe dijo...

Como dice Frankie, "that's life". Juntar pequeñas dulces piezas de esto que dicen que es vida, y que sólo ocurre una vez. Por eso, salgamos a la calle, a buscar arena de playa bajo los adoquines, a retornar a los dias de vino y rosas y poner nuestro pequeño mundo patas arriba. Puede que así encontremos a nuestro "V" ;) Muchos besos