miércoles, 29 de diciembre de 2010

De un momento a otro

Para Laura
- Hey, cuánto tiempo.
- Hace algún tiempo, sí que lo hace, sí.
- Y, ¿qué tal todo, preciosa?

- No sé, profe. Aburrida, apagada. Qué sé yo. Odiando la navidad. Ya te lo dije: feliz época del consumismo.
- Ya, pero ya sabes que este año para mí es diferente. Muy diferente.
- Sí, profe, imagino que tener un niño correteando por casa cambia las cosas.
- Sí, y mucho, pequeñita, pero recuerda que apenas tiene quince días. Corretear, no corretea, pero lo he visto sonreír por primera vez.
- Oh, qué cosa más mona.
- Sí, lo cierto es que sí. No deja de resultarme gracioso el hecho que dentro de poco será extremadamente curioso y cuando llegue al instituto le reñirán por preguntar. En fin, no sé, ya me conoces. Uno quiere que aprendáis a pensar, que no os convirtáis en seres grises, que hagáis de este un mundo mejor.
- Ya, profe, pero hay veces en que no puede ser. Y otras veces no nos dejan. Así que imagina.
- Me gustaría no imaginar. Me gustaría veros crecer y saber que las calles de la ciudad son más acogedoras y que es por vosotros.
- Profe, realmente eres un ingenuo. Siempre pensando que se puede cambiar algo. Y ya lo sabes, no cambiamos, no sé, a lo mejor sólo perdemos fuerza con la edad.
- Hey, hace días fui al cine con mis estudiantes, a ver A tres metros sobre el cielo. Una película tan patética como lamentable.
- Profe, profe, profe, la versión italiana es mucho más patética.
- No, preciosa, no puede ser, porque sale Roma.
- Hey, en serio, piensa en la versión española y la multiplicas por diez. Así de mala es.
- Buff, mejor hablamos de otra cosa, ¿no? que hace tiempo que no sé nada de ti y me encanta saber que estáis creciendo.
- No sé, en Granada, creciendo, haciendo las mismas cosas de siempre, viviendo algunos días, otros no. Qué sé yo, como siempre. Eso, como siempre.
- Ainsss, qué capacidad de síntesis. Así no te puse nunca un diez, claro.
- Ya, y se lo pusiste a otros. Bueno, a otro, en realidad.
- Hey, tampoco tienes que recordármelo siempre que hablamos.
- ¿Cómo que no? Adri te recuerda siempre que le pusiste un seis y no le dices nada.
- Un seis. Buff, creo que le puse demasiado. No sé. Lo de las notas me parece una tontería. Deberías ayudaros a ser mejores personas y poco más. Es lo que necesitamos en esta mierda de mundo.
- Profe...
- Dime.
- No sé. Es sólo que...
- Dime, anda.
- ¿Cómo puede entrar en coma una chica de diecisiete años?
- ¿Cómo?
- No sé. Es que hay una chica, y tiene diecisiete años y hay cosas que no logro entender porque hace dos días entró en coma y...
- Pequeñita, no sé, de veras. Yo tengo muchas menos respuestas de las que piensas. No sé, es sólo que, a veces, por ella, por gente como ella, debemos estar, estar en la vida, en los días, por si alguna vez no estamos.
- Pero, profe, por qué así, por qué ahora, tan pronto, alguien tan joven. A veces la vida es injusta.
- Ojalá fuera sólo a veces. Casi siempre, ¿no? Y, es lo que hablamos, imagino que cuanto tenemos es un momento. Y deberíamos vivirlo lo bastante intensamente como para recordarlo durante mucho tiempo.
- Sí, profe, como si todo se nos fuera, ¿no? De un momento a otro.

1 comentario:

sorel dijo...

No sé si viene muy al caso, pero me he acordado de esto al leer tu post:

http://i.imgur.com/kIyD1.jpg

un abrazo