miércoles, 1 de diciembre de 2010

Un hombre solo

Un hombre lleno de diciembres, ávido de ventanas sin miradas, caminando hacia el mundo con heridas. Aquí, el sur, entre nubes, cansado como siempre de las puertas que se abren. Aquí, el sur, y el asco, y gente que se dice gente pidiendo el asesinato de verdades como puños, reclamando, cómo no, ignorancia para todo, ignorancia para todos. Aquí, el sur y una país: fiscales gritando en silencio que no hay nada como defender a asesinos, nada como enterrar entre papeles la verdad y otras verdades. Aquí, el sur, finales del año dos mil diez. Aquí, el su y la indignación: ministros que piden castigo para aquellos que traen otras calles, alguna vez, otra ciudad, otras reglas; ministros que trabajan para que no prospere la prisión para criminales, criminales en la paz y en la guerra. Aquí, el sur y el asco: políticos de izquierdas que sueñan con privatizar el bienestar, ya sin disfraz alguno, ya sin máscara. Aquí, el sur y una patria, y ese acercarse cada cuatro años a una urna en la que se mueren todos los papeles. Aquí, el sur y el asco: teatro ya de miserias en la que el mundo vive.