domingo, 31 de enero de 2010

Érase una vez V

Para Irene e Inés
Érase una vez un lunes a las ocho y algo de la mañana.
Érase un montón de bostezos a las horas más tempranas.
Érase una vez algunas personas que iban a hablarle a las paredes.
Érase una vez el caos de una biblioteca sin silencio.
Érase una vez profesores que hacían de policías de patio en los recreos.
Érase una vez Almudena Macarena qué más da qué sé yo.
Éranse una vez Irene Inés, Inés Irene alguna vez.
Érase una vez una preciosa jefa de departamento.
Érase una vez un teléfono a las ocho y nada.
Érase una vez algunos criminales en los pasillos.
Érase una vez una guardería a la hora de comer.
Éranse una vez profesores en tacataca persiguiendo a adolescentes.
Érase una vez pescaíto frito en algún bar y apetito a cualquier hora.
Érase una vez una comida de navidad con frío y lluvia.
Érase una vez un "no sabes educar a tus niños".
Érase una vez el cansancio de no haber sido escuchado.
Éranse una vez algunas palabras en italiano.
Érase una vez ciao, come stai.
Érase una vez un gracias, maestro, hasta mañana.
Érase una vez ahora escriben mejor, siempre es algo.
Érase una vez un ya sabes que no eres bienvenido.
Érase una vez a lo mejor te toca Pulpí, que está quién sabe dónde.
Érase una vez maestro, te llamaré si apruebo y soy mayor para decírtelo.
Érase una vez gente que aprendió a pensar sin apuntes.
Érase una vez un es bueno verte sonreír.
Érase una vez una carta con palabras. Y luego otra.
Érase una vez un a vez si te pasas alguna vez a vernos.
Érase una vez por qué a nosotras no.
Érase una vez unas chanclas perdidas en un autobús. Y Valencia no demasiado lejos.
Érase una vez un siento haberme equivocado.
Érase una vez la vida sigue y nos espera.
Érase una vez quedan cuatro meses para estar en otro sitio.
Érase una vez una mesa con periódicos.
Érase una vez, viernes diez de la mañana, si te vas os odio con cariño.
Érase una vez La casa de Bernarda Alba con gitanas.
Érase una vez la clase más lamentable de un instituto.
Érase una vez una hora de dos a tres con desidia.
Érase una vez un paseo por la playa con silencio.
Érase una vez un café en un palacio.
Érase una vez una tarde de claustro con somnífero.
Érase una vez las primeras horas de la mañana.
Érase una vez un día de viaje sin alumnos.
Érase una vez unas risas con maestros.
Érase una vez la pequeña esperanza de haber enseñado.
Érase una vez la pequeña esperanza de haber aprendido.
Érase una vez un fin de semana con amigos.
Érase una vez un instituto.

viernes, 29 de enero de 2010

Desde entonces

Un día de invierno con sol azul y poco frío busqué los rincones más alejados de tu cuerpo entre las ramas. Desnudé algunas hojas hasta adentrarme en tus raíces. Brillaron tus pechos en mis ojos un momento. Es verano desde entonces.

jueves, 28 de enero de 2010

El intransigente XXXVI

Para Inés e Irene
- Hey, cuánto tiempoooo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- ¿Y qué tal todo?
- Bien. Viviendo, dando clases, escribiendo. De todo un poco.
- Sí, ya sabes que leo tu blog. Lo que hace el aburrimiento.
- Sí, lo que hace. Hace hasta que yo escriba...
- Pero, no sé, te leo, y tengo la sensación de que te repites. Los mismos temas. El mismo estilo.

- Joder, son tres años o más escribiendo. Se tiene que notar que es la misma persona. Además, ya lo decía Borges, en literatura sólo hay cuatro temas. Lo que cambia es la forma de tratarlos.
- Sí, será eso. Pero, bueno, deberías pensar en algo para no repetirte, ¿no?
- Hey, hey, hey, deberías saber que estoy buscando soluciones a ese problema.
- Ah, sí, ¿y de qué se trata?
- Muy fácil. De buscar personas que lean el blog por primera vez.

miércoles, 27 de enero de 2010

Luz sin luz

Es tarde cerrada y llueve en el sur, otra vez. Como casi siempre, últimamente. Apenas se oye el canto de algún pájaro y la voz cansada de un viento que acostumbra a no salir de casa. A veces se cansa uno de estar solo y ni las palabras son suficiente. Llueve y las aceras están mojadas, no hay ganas de perderse en ellas, y ni las palabras son suficiente, aunque hablemos un poco y todo deje de estar cerca por unos momentos. Es tarde cerrada y hace frío. Y uno no se acostumbra a un color diferente en el sur, a una luz sin luz, ya más apagada.

martes, 26 de enero de 2010

El intransigente XXXV

- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- ¿Y qué tal todo?
- Bien, bien. Cansado pero bien.
- Hey, no sé si sabes que miembros del PP y del PSOE andan a la greña con el tema de la inmigración, echándose en cara los unos a los otros quién debe entrar en el país y quién no.
- Pero, ¿por qué se pelean? Si en el país no entran miembros de un grupo y otro, seguro que todo va mucho mejor.
- Pues, sí. Seguramente.

lunes, 25 de enero de 2010

Cosas que hacen que merezca la pena vivir II

Aquel paseo por el volcán Etna bajo la única luz de una luna en que nos perdimos por completo. Saberte desnuda y pensando en mí, aunque no me conozcas o tal vez sí. El día en que la nieve salió a mi paso por primera vez, diciembre era, también Alemania. Y todas las copas de vino con que celebramos que había cuentos de navidad, blanca navidad. El dolor en la voz de Lady Day susurrando Strange Fruit, para deleite de todos aquellos que imaginan que el dolor es arte. El silencio de una tarde en que todos los alumnos descansan en su casa y tú recobras fuerzas para una guerra sin cuartel, una guerra sin rehenes. La ingenuidad despreocupada de unos estudiantes que creen que su vida será para siempre. Volver a las calles de Osuna y encontrarme con aquellos que formaron parte de mi vida un tiempo. La película en la que Natalie Portman acudió a mis ojos por primera vez, de diálogos espléndidos: todos queremos tener algo hermoso, Will, todos. Estar solo y estar cansado de estar solo, en días en que estoy solo y así lo parece. Encontrarte en las palabras de aquellos que, algún día, te escriben. La ternura infinita de alguna de las páginas de Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes. Las primeras líneas de alumnos que empezaron a escribir porque la literatura les resultaba emocionante, las primeras líneas de algunas personas para las que has tenido alguna influencia sin saber por qué, sin conocer la causa. Sorel chateando. Las castañas asadas de la plaza de una ciudad para vivir, para vivir en cualquier otra parte. Mirar a la ventana y ver cielo y árboles, la vida al natural, poco ruido. Y el mar, a escasos metros. Pasear por la playa, saber que caminar es bueno. Una cena con amigos y palabras, menos dolor si hay tiempo para el consuelo. Construir líneas que hacen que alguien se alegre, la pena muera, el corazón se serene, aunque sea a veces y sólo a veces. Los días, si los días son más largos y el calorcito llega. El momento de la tarde en que la tarde se dice adiós a sí misma y el sol no es más que un color tenue. Un sencillo vaso de agua cuando tienes sed, el mar se calma. La sencilla voz de mi madre, Andalucía hecha carne, proclamando, ante el tedio vital de mi padre, yo, para todo el tiempo que me voy a pasar muerta, quiero disfrutar de una vida larga, y cuanto más mejor. La arena en los zapatos por las calles ya caminadas, caminar con agua. Un chocolate inesperado y olvidar que el reloj corre para que todo llegue. Y salir a la vida cuando te llaman aunque tú estás escribiendo.

viernes, 22 de enero de 2010

El intransigente XXXIV

Para Sorel
- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- ¿Y qué tal todo?
- Buff. Bien, mal, regular. Viviendo, diría yo.
- Oye, ¿sabes que hay gente que copia tu estilo?
- Mi estilo, ¿qué estilo?
- Que sí, que sí. Que hay por ahí quien escribe como si fuera el intransigente de Avellaneda.
- Dios mío, qué vergüenza. La gente no conoce límites. Menos mal que he empezado una novela y no se la he enseñado a nadie.
- ¿Ah, sí? ¿Y cómo empieza?
- Joder, no sé si decírtelo. No quiero que nadie se copie.
- Venga, hombre, que no diré nada a nadie.
- Mira qué cambio de estilo. Va de alguien que se vuelve loco leyendo novelas de caballería. Empieza En un lugar de la Mancha...
- Sí, sí que es original, sí.

jueves, 21 de enero de 2010

Un helado, por favor

Hay días que nacen con cansancio, que saben a derrota y dejan muescas en nuestros pies, hartos de caminar por la misma arena. Bastan algunas palabras, alguna charla con un amigo, algunas risas al sur, en otra playa, en otra ciudad. Salir a la calle, saber que el sol todavía nos acompaña y pedir un helado, un helado italiano, sencillamente. Y disfrutarlo, sorbo a sorbo, aunque no sea sobre cuerpo alguno, aunque sea solo, para olvidar el mundo, para descansar un rato, volver a nosotros, y ser otra vez, nosotros y nadie más. Para recordar la vida y saber que merece la pena. Un simple helado.

miércoles, 20 de enero de 2010

Final de juego III

Per la mia sorellina. Ti voglio bene, Ida

Sucede en todas partes, no sé si lo tienes claro: la vida, la vida entonces y sus aristas. La vida y saber que hay huellas de alegría en Brasil y gente que camina hasta encontrar su propio lugar en el mundo. Aunque su lugar sea ella y ella sea irrepetible, única, como todos, contando su historia, viviendo sus pasos. Conociendo a todo el mundo hasta conocerse a ella y a todos los demás. El mundo, el mundo y sus calles sin descubrir, aunque yo sepa de ti por tus postales y ellas me digan que escribirse significa enviarse un rayo de sol en el corazón de otra persona. Y mis labios, piensen, qué cursi, y se emocionen, y sepa, de nuevo, como siempre, que mis palabras te hacen feliz, como a mucha otra gente, aunque yo piense que escribir es lo de menos y sí encontrar palabras que hagan sentir bien a los demás, que encuentren una sonrisa entre tanta sombra, y más entonces, ahora mismo, cuando tantas cosas parecen haberse perdido y lea otra vez ti voglio bene, y la ventana tenga más sol ahora, a pesar de que la tarde se apaga, inevitablemente. Sucede en todas partes, sé que lo sabes, porque lo hemos hablado tantas veces: la vida, la vida y sus dolores, el amor a destiempo, porque sí, porque a veces ocurre, y hay ternura, pero la tarde es la errónea, también el sur. Existe Roma, y en ella el dolor de saber que hay cosas que jamás nos serán devueltas, aunque sólo sean momentos, momentos de una historia en la que se ha sido feliz, pero ahora, a día de hoy, esta tarde tranquila, a miles de kilómetros de tu nostalgia, el silencio grita no debí quedarme a dormir hace poco en tu cama, no debí visitar tu casa, ahora que no hay ropa arrojada al suelo con la que secar mis dedos, ahora que derraman alguna que otra lágrima. Y no hay odio en tus rodillas, aunque tus piernas tiemblen y sea difícil caminar ahora que sabes que no hay nada como caminar junto a alguien, como pasear al lado de alguien que se pierde en tus ojos hasta que tú te encuentras. A pesar de la inmensa tristeza de saber que son las cinco de la mañana y habría sido genial seguir en esas sábanas, al calor de un cuerpo que has sabido tuyo algunas noches. Aunque fuera una sola noche. Una noche tan solo en la que supiste que él se perdía en tus ojos y caminaba por tus muslos, a altas horas de la madrugada, en las primeras horas de la mañana. Una noche en la que te supiste, porque ellos también lo sabían, inmensamente hermosa, imaginando que la ternura existía y debía ser algo así como que sus dedos escribieran líneas de un cuento amargo en tus manos. Una noche de ternura en que ambos os mirasteis a los ojos y tomasteis caminos diferentes, a pesar de las lágrimas que caían sobre una cama que empezó a sufrirse sola desde entonces.

martes, 19 de enero de 2010

El intransigente XXXIII

- Heyyyyyyyy, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- ¿Qué tal todo?
- Bajo de ánimo, sin trabajo, como todo el mundo. En crisis, como toda la gente.

- Joder, lo siento de veras. Según la CEOE, la culpa del paro es de los salarios y del alto coste de los despidos, no sé si lo sabes.
- Me lo imagino. Aunque, no sé, yo creo que la esclavitud la han abolido, ¿no? Vamos, que desapareció hace tiempo, como un billete de Air Comet.

lunes, 18 de enero de 2010

Cosas que hacen que merezca la pena vivir I

La voz quejumbrosa de Bob Dylan y su armónica repitiendo, entre sollozos, una y otra vez, but she breaks just like a little girl. Las labios azules de Joni Mitchell contando su dolor en A case of you. La vitalidad alegre de Kiko Veneno que nos enseña a estar enamoraos de la vida, aunque a veces duela. El susurro doloroso de un hombre, Marvin Gaye, que grita a su tiempo, father, father, don´t punish me with brutality, estremecedor, cuando uno sabe que Marvin Gaye fue asesinado por su propio padre el día de su cumpleaños. La lírica tenue de una canción celestial, We let the stars go, de Prefab Sprout. Un camino a lo largo de la playa de Sanlúcar de Barrameda, con sol y arena. Siempre mejor si alguien nos ama, aunque yo esté solo desde hace demasiado tiempo. El mar y sus aristas, el sol y sus calores. La tristeza alegre de Kind of blue, de Miles Davis. Las letras flamencas en la voz de la voz del flamenco, Carmen Linares. El sur, el sur y la alegría de saberse sol, de saberse vivo y con raíces. Diálogos memorables de una película de Billy Wilder, El apartamento: ya sabes, vivía como Robinson Crusoe, náufrago entre ocho millones de personas; entonces, un día vi una huella en la arena, y allí estabas, es algo maravilloso, cena para dos. Saber que he amado y he sido amado. Saber que he amado y he perdido. Saber que si hablo contigo sigo escuchando tu voz, ahora que me dices, como casi siempre, he estado pensando, y fueron tantas cosas. Y te debo, como casi siempre, quererme a mí y querer la vida, aunque haya momentos en que ni siquiera me acuerde. El color de los labios de Heidi el último día en que volvió a Italia para no vernos en años, y tal vez meses. Saber que he besado, y me han besado, bajo la lluvia, hasta que la lluvia ha calado nuestros huesos. Las últimas líneas, no tan últimas, de un libro memorable que grita, por encima de todo, la vida: porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, sin otras manos que le acaben que las de la melancolía. Y nos dice que nada hay más triste que rendirse. Aunque haya días de instituto que nos derroten y nos hagan pensar que, tal vez, tal vez, sólo tal vez, nuestro trabajo debería ser otro. Pero es sólo un momento de cansancio antes de volver a la lucha.

viernes, 15 de enero de 2010

El intransigente XXXI

- Heyyyyyyyyyy, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Dios, ¿sabes que después de mucho tiempo el PP puede ganar Andalucía?
- ¿Y?

- Joder, imagina, privatizaciones, despidos a bajo precio, subcontratas, pensamiento único, ayudas a la iglesia, televisiones al servicio de unas siglas.
- Vamos, que seguiríamos igual, ¿no?

jueves, 14 de enero de 2010

El intransigente XXX

- Heyyyyyyyy, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- ¿Y cómo te va todo?
- No me va mal, pero no sé; me estoy haciendo viejo.
- ¿Sí? ¿Por qué lo dices?
- Porque ahora me duelen partes del cuerpo con las que antes solía jugar.

miércoles, 13 de enero de 2010

Relatos hiperbreves XXXVII

Miré los muros de la patria mía y no hallaron mis ojos rincón alguno en el que observar un poco de verde, algunas briznas de hierbas. Pasado el tiempo, no hubo lugar en que levantar ladrillo alguno y todos se convirtiendo en castillos de arena, que acabaron arrastrando al fango a todos aquellos que vivían en él sin saberlo.

martes, 12 de enero de 2010

Una pequeña luz

Comprendimos tarde que nuestro amor era una estrella. La imaginábamos espléndida, brillante, inmensa sin comprender nunca que hacía tiempo que todos los hilos de luz que alguna vez le dieron vida se habían extinguido. Aunque haya días en que todavía nos miremos con cariño.

domingo, 10 de enero de 2010

El intransigente XXIX

- Hey, cuánto tiempo,
- Sí que hace tiempo, sí.
- Pues que sepas que hasta he leído un poquito de lo que escribes y todo.
- Anda. ¿Y a qué se debe el honor?
- Aburrimiento. No tengo clases hasta el lunes.
- Ah, gracias. Muchas gracias. ¿Y qué has leído?
- Lo de las televisiones. No está mal.

- No sé, a mi me convence poco, por no decir nada. Me habría gustado que fuera más sarcástico, comparar a Belén Estebán con Albert Einstein. Ser más irónico, no tan directo, hacer un texto más literario.
- Y, ¿por qué no lo hiciste?
- Tuve que dejar de escribir. Empezaban Los Simpsons.

sábado, 9 de enero de 2010

Estimadas televisiones

quería, desde lo más profundo de mi pequeño corazón, corazoncito para los amigos, profesor como soy a día de hoy, y también mañana, al menos hasta junio del año que viene, daros las más sinceras gracias por mostrar valores tan sorprendentes, a mis alumnos, como el respeto, respeto que se anuncia en vuestras noticias para ser olvidado en programas en que el respeto no es más que el grito absurdo de unos deshechos humanos que, desde el púlpito que encuentran en vuestras sillas, injurian a todo aquel que tenga dos dedos de cerebro y, sobre todo, sepa usarlo. Querría, desde la modestia más absoluta, agradeceros el hecho de que basta un minuto ante vosotros, a veces más, a veces menos, para que los estudiantes olviden el rollo absurdo que seres ilusos le han estado contando durante horas. Solidaridad, justicia, esfuerzo, trabajo, ¿qué valores son estos? Mejor una cara bonita, un culo prieto, y una lengua larga y afilada para saber que así se llega a ser reconocido y admirado. El respeto es otra cosa. Sería difícil no daros las gracias por mostrar a seres ejemplares, espejo de cuantos valores existen desde hace tiempo en vuestras escenas. Sería difícil no daros las gracias por contar historias de guión perfecto y diálogos de inteligencia maravillosa, maravillosamente olvidada. Difícil no mostraros gratitud por hacernos escuchar la música que cambiará el mundo, el mundo adolescente de unas muñequitas cuyas palabras se resumen en unas pocas líneas: más maquillaje, es la guerra. Cómo no daros las gracias por abrazar siempre la calma, siempre la tranquilidad, y no buscar nunca el momento más tétrico por unos euros, por unos espectadores. Sería fácil seguir dando, durante horas, las gracias por tantas y tantas cosas, tantas otras, y más, pero todo podría resumirse en gracias por convertir a adolescentes con miedos en adolescentes con audiencia. Atentamente suyo.

viernes, 8 de enero de 2010

El intransigente XXVIII

Para Sorel
- Hey, cuánto tiempo.
- Si que ha pasado tiempo sin vernos, sí.
- ¿Y cómo va todo?
- Bufff, de oposiciones. Por eso me ves poco; apenas salgo.
- ¿Y qué tal las oposiciones?

- Triste, triste. Me doy cuenta de que estoy enseñando cosas de las que no sé nada. Dios, no hay quien entienda los puñeteros temas. Que si Lengua, que si Literatura, que si versos rimados de curso narrativo. Si me vieran mis alumnos...
- Si te vieran los alumnos, no; si te viera el tribunal que te va a examinar. Ni se te ocurra decírselo.
- Sí, me suspendían, seguro.
- No, si tú les dices que no tienen ni idea, ellos te van a decir, nosotros, tampoco. Y eso sí que es preocupante.

jueves, 7 de enero de 2010

Non molto lontano da qui

Per la mia sorellina Ida

No muy lejos de aquí, está el mundo, y en él existe Roma, una ciudad en la que, tal vez, esté nevando y haya mujeres preparadas para el amor y, cómo no, la vida. Mujeres inteligentes de cuerpos frágiles que desean ser deseadas y desean que el año les sonríe, de una vez por todas. Salir a la calle y no saberse perdida; encontrar su camino en la ciudad y un cuerpo que sea su casa, alguna tarde y tantas noches. De momento, enero, y el mes que sigue. No muy lejos de aquí, donde hay corazones que se han roto, aunque haya sido sólo un momento, hay chicas a las que le duelen las rodillas, a pesar de que ya no es navidad, y desearían tener alas para sobrevolar un río helado y olvidar por unas horas sus orillas. Rodillas que les duelen hasta temblar y hacen que el amor canse en los dedos cuando sólo quedan sus raíces. Como un vino que se derrama en los labios y deja nostalgia en las venas. No muy lejos de aquí, hay alguna esquina dormida y niños con ganas de que el barrio se despierte, niños que cantan en francés y lloran en español, para tranquilidad de unos padres que crecen con él, y con otros niños, ahora que el trabajo agota y poco tranquiliza. No muy lejos de aquí, está el mundo, y en él existe Sicilia, una isla en la que ha diluviado hace poco y han pasado días, no demasiado buenos, donde descansar es tener fiebres y pasar muchas noches en cama, noches en que la salud se resiente y las horas se hacen más largas a medida que el año se acaba. No muy lejos de aquí, hay ciudades donde existe el amor, porque el amor duele. El amor duele en el sabor de helados que se derriten en los primeros días del verano; el amor duele en los pasillos de algunos institutos por los que, de cuando en cuando, se filtra un poco de alegría, un poco de ternura. El amor duele y es pequeño, si no cabe en las manos y llegan las primeras horas de la tarde. No muy lejos de aquí, está el mundo, en él existe Roma y pequeños gestos, un hola, cómo estás feliz año, ¿estás enfadado?, nunca, nunca podría, sorellina, espero que todo sea hermoso para ti, genial el año como tú, lo espero, y el anhelo inmenso de saber que, a miles de kilómetros, hay gente, al sur y al norte, con calor y frío, con lluvia y nieve, que te hablan un poco, y se acuerdan de ti. Y te hacen sentir bien. Y hacen que, de repente, enero parezca abril.

martes, 5 de enero de 2010

El intransigente XXVII

- Hey, cuánto tiempo sin vernos.
- Si que ha pasado tiempo.
- ¿Y qué te han traído los reyes?
- Lo de siempre.
- ¿Lo de siempre?
- Sí, una subida de impuestos para seguir manteniendo a esa panda de inútiles.
- Y lo que nos queda.

lunes, 4 de enero de 2010

El intransigente XXVI

- Hola, ¿tiene usted música del Canto del Loco?
- Sí, en esta sala, al fondo.
- ¿Al fondo? NO hay mejor sitio para ellos. Déjelos allí y dígame dónde puedo encontrar Kind of blue, de Miles Davis.

sábado, 2 de enero de 2010

Escribir con los ojos abiertos

Hace sol, después de algún tiempo, y apetece continuar, por ver si las calles de esta ciudad han cambiado. Apetece salir a la ciudad y escuchar palabras bajo el calor frío de un invierno que ha llegado a estas aceras. Apetece hacer entender que escribir tampoco tiene tanto mérito si sabes escuchar, escuchar a aquellos que tienen algo que contar. Querida Heidi, a este lado del mundo, hay cosas que se cuentan solas, puertas que ya, a estas alturas del año, se han abierto y cerrado y han dejado alguna que otra huella en mis manos. Uno mira y la gente camina, toma café, se despierta, sonríen pensando en que que hay tanto por cambiar y tan poco tiempo, tanto por vivir y tan poco tiempo, pero la gente lo sabe y se sabe viva. Al norte, imagino, hace frío, y puede que nieve y yo tenga ganas de pasar frío por una vez y escucharte decir, vamos a comer payasos, aunque te espere Brasil y otro tiempo, otras costumbres. Y puede que, como Ana, sepa que es posible cambiar, y escuche, odio esa parte tan autodestructiva de ti, esa parte que hace que tanta gente te odie, aunque te digas que es para que esa misma gente no se odie. Escuchar a los demás, escuchas, por no querer escucharte a ti mismo. Y es fácil leer estas líneas, y otras, y decirse, hey, ha de ser uno de los chicos más románticos a este lado de la vida, es fácil, claro, es fácil si estás solo y no hay nadie más, sólo palabras que no llevan a ninguna parte apenas son escritas. Es fácil saber que caminar bajo la lluvia desnuda tus brazos, te haga recordar unos labios bajo tus labios, unos pechos, ya húmedos, sobre los tuyos y la ardiente sensación de que no hay nada como unas manos empapadas sobre un cuerpo con frío. El frío ardiente de un invierno que nunca sabemos si está más al sur. Y escuchamos historias de amor que se escribieron para no tener final a las que ha llegado un punto y aparte, escuchamos letras de canciones que hablan de chicas al otro lado del océano, escenas de películas de un cine de barrio que no es el nuestro, y, tal vez, no lo sea nunca. Escuchamos que la vida sigue, y nosotros con ella, un paso y luego otro, un poco menos de miedo al menos de tanto en tanto. Y abrimos los ojos para no conocer a quien se sienta ante nuestro espejo y nos habla de todos los propósitos sin realizar, de todas las traiciones cometidas, de la esperanza al menos de un pequeño cambio. Un cambio frágil, apenas perceptible que nos haga sentir bien con los demás, al menos por un rato, que nos haga sentir bien con nosotros mismos. Nosotros frente al espejo. Escuchando silencios, gritos, en kilómetros a la redonda. Nosotros frente al mundo. Nosotros solos. Nosotros, solos. No hay nada más.