lunes, 29 de marzo de 2010

El arma más frágil

Hay un techo con goteras en mi cerebro que se derrama sin cesar.
Hay unas caminos con espinas en mis venas que me hacen difícil caminar.
Hay un hombre en la luna en mis pupilas que me mira con desgana.
Hay una luna con insomnio en mi almohada que no me deja dormir en mi cama.
Hay una almohada sin carmín en la cama que se consume al despertar.
Hay un carmín con labios en las esquinas que no nos dice nada.
Hay unos labios sin carmín en el que se mueren todas las palabras.
Hay una mujer desnuda en mis tobillos que me crece en todas las ramas.
Hay unos zapatos sin huellas en mis pies que no llevan a ningún lado.
Hay unas huellas con baldosas en mis raíces que se abandonan en cualquier lugar.
Hay unas raíces con invierno en mis rodillas que dejan cicatrices cuando me sueño.
Hay un invierno sin nubes en mis muslos que sólo sabe hacerse oscuridad.
Hay unas nubes con lluvia en las manos que hacen daño al escribir.
Hay una lluvia sin colores en mis dedos que deja laberintos en todas los paraguas.
Hay unos charcos con estrellas en mi boca que deja con sed a todas las mañanas.
Hay unas estrellas con nubes en mis pestañas que se hacen hambre en todos los rincones.
Hay unas nubes con gotas en mi cerebro que no me dejan descansar.

viernes, 26 de marzo de 2010

De viaje

Nada como Italia. Nada como el sur. Nada como los viajes en verano con los que cambia la mirada y la vida vuelve a todos los dedos. Como se cuenta en estos pequeños relatos con los que yo conocí los aromas de un sur que no era el mío pero acabó por serlo.

lunes, 22 de marzo de 2010

El intransigente XLVI

Los curas decimos no al aborto. Y, añadimos, necesitamos a niños de generaciones futuras a los que llegar. En cuerpo y alma, se entiende.

viernes, 19 de marzo de 2010

El intransigente XLV

- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Y, ¿qué tal todo?
- Igual, supongo, más o menos igual.
- Hey, imagino que ya sabes que el PSOE ha aprobado la eutanasia en Andalucía.
- Sí. No está mal.

- Sí, es lo que yo pienso. No está mal que el PSOE apruebe una ley que pueda acercar a la gente a una muerte digna.
- Sí, ahora sólo les queda devolver lo que han arrebatado a tantos andaluces durante lustros.
- ¿Qué?
- La posibilidad de una vida digna.

domingo, 14 de marzo de 2010

El intransigente XLIV

- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.

- Y, ¿qué tal estás? ¿Todo bien? No lo creo, porque te sigo leyendo y me tienes preocupado. Ahí sigues repitiendo que si derrotas, que si nostalgias, que si tristezas. ¿Qué te pasa, chaval?
- Yo qué sé. Es que no sé cómo explicarlo. Es como si estuviera peleando con mi cerebro...
- Joder, pero qué dramático eres.
- Pues anda que si encima te digo que el cerebro va ganando, seré muy trágico entonces, claro.
- Chaval, necesitas unas vacaciones, realmente las necesitas.
- ¿Vacaciones? ¿De qué?
- De este blog. Menos escribir y más dar paseos por ahí.
- Sí, yo también lo he pensado. Por lo menos estar lejos de este blog quince días.
- Jajajajaja...
- ¿De qué te ríes? ¿Te parece mucho tiempo?
- No, chico, no. Me parece poco tiempo. Demasiado poco.

jueves, 11 de marzo de 2010

Paisajes después de la batalla

Hay guerras con lluvia que dejan el cuerpo lleno de arañazos y agua en los tobillos. Hay sopas de letras que dejan un sabor amargo en los dedos si no tenemos quien nos escriba. El mundo y no tener, pensamos, un solo momento para nosotros, para sentarnos un momento frente al espejo y saber que todavía somos capaces de sonreír alguna vez. Hay guerras con lluvia que terminan, claro, y dejan charcos con sol en los que perdernos hasta olvidar que hay cárceles y están en nuestras manos, aunque sea una tarde tan solo, una tarde con café y gotas de sol que hacen que la vida amanezca en nuestras pupilas.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Todo el mundo duele

- Hey, qué haces por aquí.

- No sé, descansar un poco, imagino, estar al sol, salir a la orilla por ver si a mis pies les duele el agua.
- Jo, guapo, hablas bien hasta cuando pareces cansado y triste.
- Es que, no sé, es como si en estos días tuviera un techo con goteras en mi cerebro. Imagina esos arañazos.
- Jo, deberías pensar en otras cosas, de verdad. A mí, por ejemplo, ya lo sabes, me encanta escucharte, aunque sea a miles de kilómetros, me encanta leerte. Lo sabes, porque te lo he dicho algunas veces, que tus palabras me hacen feliz. Seguro que a mucha gente más, guapo, seguro.
- Ya, ese es el problema, supongo. Para mí, no sé, son palabras, y cuanto hago es trabajarlas. Una vez termino, hay momentos en que ni si quiera las recuerdo. Casi como si no hubieran existido.
- Jo, qué triste. Pero, sabes como yo, que hay cartas que han ayudado a mucha gente y palabras que te han emocionado, de otras personas, porque me los ha contado y eras capaz de sonreír entonces.
- Sí, a lo mejor tienes razón, y cuanto necesito es un descanso. No sé, vivir un poco, tener algo hermoso.
- Guapo, todos queremos tener algo hermoso.
- Hey, preciosa, hay olas que están tocando mis pies.
- Y qué, ¿te duele el agua?
- No sé, al menos siento un pequeño cosquilleo.
- Es un principio, ¿no?

martes, 9 de marzo de 2010

Parole per Heidi X

Cara Heidi,

ha salido el sol, miles de días después el sol ha vuelto a Sevilla y el sur ha dicho hola a tantos bolsillos, a tantos pantalones que dejan en las piernas un poco del calor olvidado que nos hacía levantarnos cada mañana para decirle a la mañana es hora de salir al mundo y vivir un poco. En el norte hay, me dices, cielos con nubes y frío, mucho frío, el frío necesario para que tu voz sea el eco de tantas sonrisas que tuvimos no hace tanto, cuando el río de estas orillas era un sendero por el que hablar durante horas de cuánto había cambiado el mundo desde entonces y el amor empezaba a ser una distancia demasiado lejana en tus dedos, enamorada como estabas haciéndolo de unos rincones que acabarían por formar parte de tus manos para siempre. Un mundo en blanco en el que tus dedos de nieve escriben que todo sigue igual y todo ha cambiado, un poco, un poco de alegría desde entonces, un poco de nieve y apenas ver tus ojos con claridad cuando el frío hace de tu habitación un cuarto oscuro en el que se hace difícil ver más allá de tu sonrisa, y verte reír, y escuchar, como dices, como digo algunas veces, porque tus palabras no dejan que las mías se acerquen a tus dedos y te sepan divertida algunas tardes, cuando dices, los hombres, los hombres, que no saben hacer dos cosas al mismo tiempo, y a lo mejor, quizás, tal vez, tengas razón y no sepamos hacer reír y sonreír al mismo tiempo, y nos repitamos cuando deberíamos estar en silencio escuchando a quien tiene algo que decir a nuestras venas, por sentir que la sangre late todavía en nuestros pies y estar como no hay que estar empieza a hacerse eterno. Y el tiempo cambia, porque cambian los días, y hay días que huelen a primavera aunque lleven aún la esencia del invierno, el norte, imagino, el norte, me dices, el norte y sus montañas. Y ahora me recuerdas, porque yo lo había olvidado, que los días, con sol, que las tardes, con luz, son más largos, duran más y tienen alas, y hacen de nosotros pero tú me dices, hey, son para mí, son tus palabras, y yo lo recuerdo, porque hay letras que me acercan a ti y te piensan. Era abril entonces y el sur era un sol en la espalda que dejaba al aire ese mechón de pelo que hace demasiado tiempo te cortaste en calles que también te han visitado, que también son parte de tus rodillas y te hacen temblar cuando sabes todo lo que has vivido, como te hacen temblar las cosas que la gente te dijo y que no hay quien recuerde porque hace años ya, y tú y yo éramos otros, Lisa tú por aquellos días, Lisa, lista, en aquellos calendarios, con cuarenta grados en una ciudad que no sabe de ti aunque te recuerde un poco en sus farolas a cada instante, y ahora se le haga raro verte con bufanda y el calor a miles de kilómetros de una casa en la que tienes pocas líneas que contar porque las huellas de tus raíces quedan ya en medio mundo, y son ahora tus ojos los que, como siempre, están soñando e imaginan un cuento con final feliz en el la curiosidad no es más que la puerta abierta a una tarde de verano con playa en el que el sol quema tu espalda y tus piernas se hacen una con el agua. Y ahora eres feliz en el mundo porque está nevando y sonríes, y yo sonrío, aunque me duelan los párpados, y nos puede la curiosidad y tú preguntas por mi sur pero apenas contesto, preguntando cómo ando por el norte y sus nevadas, y es genial saber que mañana saldrás a vivir un poco y será el norte un mundo mágico, un folio en blanco en el que soñarás tus pasos otra vez, otra vez llevándote a la vida. Quedará entonces el placer de reír sólo por saber que hay cosas, cosas que sí han merecido, en tus dedos, en mis uñas, en el sur, en el norte, en bocas con lengua, en ojos con alegría, en bufandas con calor y estudiantes con legañas, que hay cosas que sí merecen, muy mucho, la pena.

lunes, 8 de marzo de 2010

Ganas de vivir

Ebrio de placer saliste a la calle alguna noche por saber si había en los ojos de la gente restos de una alegría que te había abandonado bajo las sábanas de una cama que se iba haciendo dura y fría sin resquicios de un cuerpo que te rozen cuando tú rozas tus rodillas. Cansado ya de tanto dar vueltas por las calles sin saber siquiera adónde ibas volviste a casa con el dolor de unas llaves que abrieron la puerta de unos rincones donde encontraste en tus labios sabores de unas bocas que te habían contando finales de cuentos donde bocas con labios y labios con lengua deseaban un día al menos al día un poco, un poco más, al menos, un poco de vida.

sábado, 6 de marzo de 2010

Buenos días tristeza

Intentas aprender a vivir pero se te está olvidando.

viernes, 5 de marzo de 2010

Sombras de tus cabellos

Sombras de tus cabellos fueron mis manos; un momento tan solo, las raíces de mis dedos en tus muslos penetraron, arena de un desierto sin sed en el que mis piernas naufragaron. Un instante tan solo y bebí de la esencia del caldo de tu sexo un poco de la vida con la que tu sonrisa y la mía a la mañana siguiente despertaron.

jueves, 4 de marzo de 2010

Final de juego IV

- Y, ¿duele mucho?

- Sí, todo duele, cuando termina. Todo duele, el amor, ya sabes, que deja tristezas que a veces no cuentas a nadie. La vida, si no te rindes y te golpea con furia. Sï, hay cosas que duelen y no sabemos cómo dejarán de doler.
- Pero, ahora, pareces diferente, no tienes la tristeza de otros días, la nostalgia de otras tardes.
- No sé, es, sencillamente que, a veces, tenemos que olvidarnos de las heridas que tenemos en los bolsillos, mirar si ha quedado alguna huella en los pantalones y sonreír al saber que han dejado hilos que nos llevan algunas partes. ¿Te imaginas?
- Bufff, no sé, no ahora. Ahora, como dices, no encuentro esos hilos, sólo las heridas en los bolsillos, cuando antes miraba y veía el bosillo lleno de las monedas que él había dejado. Ahora miro a los bolsillos y sólo hay vacío. Busco en ellos y sólo puedo ver mis manos. No hay nada más.
- Imagino, preciosa. El final de una historia nunca es agradable. Creemos que nuestro camino nos llevará a una misma casa, a una misma habitación pero no hay peor día que áquel en que nos despertamos solos. Es, no sé difícil, mirar al espejo y no ver más que las sombras de tu cabello. Es difícil.
- Sí, pero no sabía que iba a doler tanto.
- Nadie lo sabe, imagino. Todos pensamos que seremos fuertes, que seremos capaces de sobrevivir a otros y hay momentos en que no sabemos sobrevivirnos a nosotros mismos.
- Y, ¿qué toca ahora?
- Ojalá lo supiera, preciosa, pero soy incapaz. Ojalá te miraras al espejo y te encontraras preciosa pero sé que ahora es difícil, sé que ahora no hay nadie al otro lado que te diga que vales mucho y por mucho que te lo digan, sólo vas a escuchar que te pondrás bien, te pondrás bien.
- Espero que sea verdad.
- Ojalá fuera así, ojalá un día te despertaras y decidieras que la vida merece la pena, pero quedarán huellas, cicatrices en las venas que te harán sangrar cuando otra persona se acerque a ti y tú creas que el amor y la vida han pasado de largo. Ojalá te des cuenta de que hay cosas que sí merecen la pena.
- Sí, ha de haber cosas que merezcan la pena, pero el precio que debemos pagar es enorme.
- Sí, un precio enorme.
- Sí, tú, yo, nosotros, nosotros mismos.
- Un precio enorme. Y todo el mundo sigue caminando, pasea, como si no me pasara nada, aunque tienen razón y no es nada, pero me duele todo. Es sólo un dolor en los dedos que está desgarrando el corazón.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Hay una luz que nunca morirá

Miré las nubes de un cielo sin sol sólo por saber si no llovía y no hubo suerte; diluviaba. Miré los charcos de un suelo sin zapatos sólo por buscar restos de fuego en los bordillos y no hubo suerte; todo eran cenizas. Y cómo saber, hasta que miré en tus ojos, que la chispa que se iba apagando en tus párpados era la mía.

martes, 2 de marzo de 2010

Parole per Heidi IX

Cara Heidi,
piove e piove e piove; el sur no es lo que era: son mares sus orillas. El mundo no parece el mismo desde la última vez que nos vimos, dos años hace ya, y hemos perdido algunas cosas en el camino, algún amigo, alguna huella que pensamos volveríamos a contemplar a orillas de una calle en la que compartimos un vaso de vino, algunos ratos de alegría y alguna borrachera de vida y palabras. Un ciao, hola, qué tal, cuánto vale este piso, y las primeras conversaciones de un sol que parece no existir desde hace meses. Un no te soportaba hasta que te conocí y nos hicimos íntimos, ahora que nos preocupa saber del otro y comprobar que quedan cicatrices que están dejado heridas en los tacones. Se hace difícil, me has escrito alguna vez, volver a casa, caminar hasta encontrar un lugar en el mundo que se nos va perdiendo por momentos. Brasil también te ha visto ahora, querida Heidi, el caos de una ciudad con la que despertar a tanto calor y tantos gestos. Brasil ha sabido de ti y de la sonrisa verde de tus pupilas en luz, ahora que has despertado a la nostalgia de saber, como hemos hablado estos días, que hace un año que has perdido a alguien en el camino y hay tardes, largas tardes en que se hace difícil salir a las esquinas y no encontrar alguna pisada que ya no no lleva a ninguna parte, aunque ambos imaginemos que hay una casa para nosotros en este mundo, una casa con sol en la que es bueno dormir la siesta y hablar de todo y nada. Y contarnos que sí hay personas que merecen la pena, que dejan restos de música en los dedos con que cantar bajo la lluvia, la lluvia de unos meses que no se acaban nunca, ahora que hay cicatrices que dejan dolor en los tobillos si somos incapaces de aprender a pasear. Y hay un dolor pequeño en las pulseras que deja heridas al escribir, al decirte, como me dijiste tantas veces, la vida está bien, la vida está bien aunque duela, la vida está bien si no te rindes, y ahora yo estoy cansado y tú lo sabes y estás en los teléfonos cinco horas, diez, quince, y tu voz es dulce muy al norte, lejos de de mí como estaba entonces. Y estoy cansado pero hay orgullo y pocas ganas de rendirse, aquí, al sur, al norte, a miles de kilómetros, y hay fotografías que demuestran que las sonrisas existen y el mundo tiene casas en las que bajarnos, en la que hablar un rato, y luego otro, buscar unos labios que nos digan, como nos dijimos una primera vez, ciao, hola qué tal estás, estoy bien, ni más ni menos. Y mostrar entonces en unos labios tanta vida. Tanta como para seguir caminando un poco más.

lunes, 1 de marzo de 2010

El intransigente XLIII

- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Y, ¿qué tal todo?
- Joder, pues bastante preocupado, la verdad.
- ¿Por qué?
- Porque veo señales del fin del mundo en 2.012 por todas partes.
- Joder, ya estamos con las tonterías. ¿Qué señales? Dime, anda.
- El Canto del Loco, que saca disco.
- Vaya tontería. Lo sacan siempre.
- Sí, pero es que este año amenazan con sacarlo juntos y, coño, también por separado.
- Dios, está claro: al mundo le queda poco tiempo.