miércoles, 30 de junio de 2010

Hombres de papel

Para un hermano, Sorel

Hay hombres de papel que se han vuelto grises y miran a la ventana con tristeza por no mirar a la mesa y ver cómo sus vidas son folios. Se han perdido las voces de todos los alumnos, el jaleo en los pasillos de niños que sí sabían crecer. Nos dijeron, todo era así, e, ilusos de nosotros, nos lo creímos. Y seguimos creyendo en todos los papeles que acabaron por alejarnos de la verdad. Qué triste, hermano, que ni siquiera tengamos un trozo de papel en blanco en el que haya escrito sus nombres; qué triste, hermano, que hayamos perdido las tizas de color, no entran, ya lo sabes, en la programación. Te hablo y nos puede la nostalgia porque hemos perdido todos los recuerdos, ha desaparecido la infancia, qué triste, hermano, saber de aquellos días en que ser profesor era la profesión más bella del mundo.

martes, 29 de junio de 2010

Hoy me gusta la vida mucho más

Para Viky y Laura
Uno espera tardes de palabras sin más, silencios bajo un árbol y ratos de descanso sobre el césped. Uno espera tantas cosas. Uno espera, tantas cosas, y encuentra otras que no esperaba. La vida, la vida y sus sorpresas. Uno se dice: hay gente que me emborracha el corazón y me hace salir a las calles, ebrio, y grito, la felicidad, porque sí, ahora, porque no hay nada como estar tirado sobre la hierba y dejar que el mundo pase, que se detenga, un momento, quiero bajarme, y existen marcapáginas que hablan de criaturas con luz, de criaturas con inteligencia que miran a los rincones y los calan, criaturas que caminan juntas y dejan raíces en las raíces y corrigen del cansancio todos los errores. Uno se dice: hay libros que cuentan historias y son historias porque son hermosas y son hermosas porque son reales, y hoy la vida, hoy me gusta la vida mucho más, y encontrar números que no existían en los cajeros y gritar todo era mío, pero uno mentiría, y grita, hola, sé que no me esperabas pero hay mediodías con sol y hambre en que uno recorre dos ciudades por ver a alguien sonreír y escucha tan solo por qué no me lo has dicho., y hay sonrisas que dejan sin sed a los tulipanes. Uno busca caricias como quien busca abrazos pero sólo encuentra arañazos; uno lee mensajes que no hacen sino escribir, entra ya, hay hambre, sed, y ganas de matarme y todo parece estar en otra parte. Uno ríe y piensa, entrar, sí, entrar para salir, nunca aquí, nunca jamás aquí, el sabor está en otras mesas, es grata la compañía, deliciosas las líneas, genial las ironías y que nunca nunca falte un filete empanado en mi tenedor. Y uno piensa, aire, porque necesita aire, porque nada hay como estar en el césped y contemplar el cielo, aunque no haya nubes y apenas caiga una gota de agua en el sur desde hace meses. Uno contempla, perplejo, porque la vida lleva a otras vidas, estrellas en un ombligo y lunas verdes sobre los hombros y se dice, así que esto era la belleza, y queda la luz, la luz discreta de criaturas que dan abrazos y dejan calor de hogar para horas de viaje en autobús en las que uno no hace sino volver a su soledad. Estrellas en un ombligo que apenas conocen cuatro gatos y hay horas que pasan y uno no tiene ni idea de adónde llevan, Granada, Roma, un barrio, porque sí, porque sería genial estar allí, y saber que te alegras; porque, lo sabes, como ella y yo sabemos, que no hay mejores días que los que no se esperan y los cuentos nunca nunca nunca tienen el final que esperábamos, porque la noche está lejos y hay sol bastante para que uno arda en las pupilas y vuelva a un abrazo y luego a otro y a unos labios que casi se atropellan porque no, porque no saben y parecen haber olvidado defenderse, acaso se hayan sabido desde entonces porque hay cosas que no se piden, se cogen sencillamente. Uno mira y se dice: así que esto era la tranquilidad, que a una mano venga otra mano y que caminen juntas frente a la ciudad. Y uno, escucha, solo, a miles de kilómetros: lo sabes, ya lo sabes, y será: tú y yo frente al mundo. Y uno, aunque se sabe solo, sonríe, porque hay criaturas que le hacen decir hoy, hoy sí, hoy, sí, hoy me gusta la vida mucho más.


lunes, 28 de junio de 2010

Papeleo

Quiero palabras de amor que digan quiero que me quieras como te quise yo, pero hay mañanas de papeleo en que sí, en que no, en que uno espera que lo esperen y a uno se le rompe el corazón, mira a su lado buscando un poco de calor pero sólo hay papeles, papeles que dicen adiós, papeles que me dicen te quise, sí, te quiero, no, qué triste, los labios pierden su sabor, te pensaba, sí, te pienso, no, y son mis labios los que se pierden en la arena de tu boca, buscan la noche y encuentran el sol, es la vida, la vida es lo que tú tocas, escriben todas las palabras, y se me va el sentío, se oscureció la mañana, se oscureció y es la ternura una sombra tan tenue a la que no supimos abrazarnos ninguno de los dos.

viernes, 25 de junio de 2010

El intransigente L

- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Y, ¿qué tal?
- Nada, de oposiciones. Con la puta presentación y demás.
- Joder, vaya lenguaje para ser profesor de Lengua.

- Es que tiene cojones que alguno de ellos va a ser profesor y han hecho preguntas como se puede escribir con Pilot en el examen, cómo es la pizarra, los nombres para el oral, cuándo se ponen los nombres para el oral, cuarenta y ocho horas antes o dos días antes y, para colmo, cuando se saquen las bolas del bingo, el número nueve cuál es, el que tiene la marca arriba o abajo.
- Buff, tú y los ritos sociales.

jueves, 24 de junio de 2010

Cosas de pequeños sabios

- Hey, qué tal.
- Bien, profe, bien.
- Me alegra. Y ese buen estado de ánimo, ¿a qué se debe?

- Me puedo ir a otra cudad, por fin, profe, por fin. Y yo que creía que no iba a salir de aquí. Pero, mira, nos esperan Madrid y Granada.
- Me alegro un montón por vosotras. Ya te lo dije: eres extraordinaria.
- Jo, profe, creo que me sobrevaloráis. Yo sólo quiero ser...
- Ya, ya... No sé, a lo mejor te sobrevaloramos, pero me gustaría saber por qué cuando te vas y el mundo duele hay luz en mis manos para escribir la vida.

miércoles, 23 de junio de 2010

Se buscan

Se buscan gafas que, cansadas de ojos que mueren entre pilas de papeles, han aprendido a caminar para contar historias que nada tengan que ver con las mentiras. Se buscan llamadas perdidas que aparezcan en los dedos a la hora de la siesta para que, al despertar, nadie olvide el nombre de alguien que despierta a nuestro lado para decirnos el tiempo pasa. Se busca un bolígrafo con el que ensuciar un mundo en blanco del que quedan algunos restos de nostalgia con que llorar sobre los el teclado de un ordenador que ha perdido sus tildes. Se busca un bolsillo con agujero desde el que se escapan los restos del último corazón palpitante que tuvimos en nuestras manos. Se busca el puñal necesario con que la noche sangró una madrugada de agosto en que todas las nubes fueron derrotadas. Se busca la última palabra que dejó un poco de deseo en mis venas y dejó sed en los tobillos. Un poco más de agua, por favor. Tanto hablar para decir que perdí las gafas, cobardes, decidieron irse ante tanto papeleo, he vuelto a encontrarla y vuelvo a mirar páginas con los mismos ojos.

martes, 22 de junio de 2010

Canción de cuna para criaturas frágiles

Hay criaturas de belleza discreta y frágil aspecto que engañan a todos los rincones. Los rincones piensan nada como estos tobillos para caminar por mis adoquines pero, no, es la ternura, es saber que hay días que pesan, esperas que cansan y es bueno descansar un momento, no salir de casa y pasear por bocados de chocolate una tarde de nostalgia. Y nadie, sabe, quiere tanta dulzura, nadie debe saber que hay días en que criaturas de frágil aspecto se ocultan en la cocina y dejan lágrimas en los balcones. Eres tan fuerte, dicen, ojalá fuera cierto, porque hay personas que no deberían estar cerca y son una sombra. Normalidad, tan sólo un poco de normalidad. Hay ojos de color castaño que miran a la ventana con curiosidad y saben que la vida está al otro lado, en las pestañas y duermen hasta la una del mediodía por salir a las olas y disfrutar de un helado frente al mar. Qué largo puede hacerse un día si es un número. Hay criaturas de deliciosa inteligencia que miran al suelo y encuentran palabras que hablan de espaldas con alas que no han aprendido a volar. Es estar en cualquier otro lugar y escuchar una voz que serena los dedos, que deja en las manos la nieve suficiente para escribir en las nubes que el sol de las raíces de alguna ciudades lleva tanta tanta tanta delicadeza. Hay criaturas de aspecto angelical que soportan todo el dolor, todo el dolor que esconden, porque no, porque no lo merezco, piensan, porque nadie me espera, y hay días en que no soporto a mi espejo, y no creo que sea justo que alguien me espere, porque no, porque no sé si lo merezco, piensan, y la soledad no es más que un pequeño precio. Hay criaturas que se saben libres aunque beban alguna gota de tristeza en estas tardes pensando no sé si saldremos de casa, pero toda casa se les ha quedado pequeña. Toda casa y alguna ciudad, alguna ciudad del sur en la que se están perdiendo hasta los veranos. Hay criaturas de soberbia inteligencia a las que les gusta la música y a las que no le gusta la música, no soy de música, dicen, y llevan una flor sobre su oreja para escuchar cuantos se acercan a ellas. Eres mi apoyo, dicen, eres la fuerza, la luz que nos deja calor en las manos y callan porque están cansadas y les duele una hora, les duele que no se entienda que hay instantes en que una se mira a sí misma y no se ve ni en los zapatos. Cuánto dolor entonces, y qué lejos todo. Hay criaturas de ojos castaños que miran al cielo para ver a todas las personas y de ellas conocen todas sus historias porque han leído páginas que hablaban de chicas con dolor en los muslos y algo de misterio en las rodillas, un poco de daño en uñas de color azul que arañan los enchufes de la casa sólo por saber si hay un corazón que palpite al otro lado. Hay susurros que se recitan al oído hasta hacerse canciones que se hacen lluvia que se hacen calma después de la tormenta. Hay susurros que se hacen pensamiento, gritos que duelen cuando la noche se hace mañana y pensamos, no no hay quien nos cuide pero siempre hay en las pupilas una foto de alguien que nos besa en las mejillas, alguien que nos coge del brazo porque necesitamos un pellizco en el estómago que nos diga que el hambre deja deseo en los cabellos. Hay criaturas del más lejano sur que sonríen cuando la vida les da todo porque saben, se han dicho, nunca esperes nada de la vida, y una calle les ha regalado un gesto, un paseo bajo la lluvia un beso en los labios, una almohada un quédate un poco más, la noche es joven, que nunca nunca llegue el alba; una cama sin hacer en la que uno y uno no son más que el jadeo ingenuo de dos bocas que repiten que no quieren más sabor que el de la vida. Aunque la vida, algunas veces. Porque sí, porque hay días en que todo es un número y hay criaturas que no saben qué camino tomar. Y hay criaturas que se aferran a un peluche, a un oso panda porque saben que sí, que hay alguien, que sí, que hay alguien, a su lado, alguien que las defenderá con garras y dientes si en las ventanas las persianas dejan cicatrices, si las horas se hacen minutos en nuestras manos y sólo queda arena.

domingo, 20 de junio de 2010

Lejos

Me has olvidado. Quizás no. Te he olvidado. A veces se duda. Uno es pequeño, diminuto en días de sur sin sol, como este domingo en que arrecian los grises. Un cielo gris con pocas nubes. Una casa gris de la que no se sale desde hace semanas. Las líneas grises de un examen que se repite cíclicamente, cada dos años, cada dos veranos. Y lo que queda. Alguien dice: suerte, pero no lo crees; alguien dice: invoca il lupo, pero no hay nada que hacer; alguien dice: achucharé los pulgares por ti. Y te ríes, al menos te ríes unos minutos, un rato tan solo a menos de una semana de repetir los mismos fracasos conocidos desde siempre. Ni una gota de lluvia que llevarme a la boca con la que saciar mi sed. Ni un poco de chocolate en los labios con que calmar el hambre. Qué lejos queda todo y qué cerca, lamentablemente, yo.

sábado, 19 de junio de 2010

Érase una vez IX

Érase una vez una pequeña gran sabia.
Érase una vez tardes de cine.
Érase una vez frases de película.
Érase una vez estoy cansada, no voy a aprobar.
Érase una vez vaya dardo, no, puñalada no, dardo.
Érase una vez no quiero salir, no me riñas.
Érase una vez poca gente visitará mi casa.
Érase una vez protección treinta.
Érase una vez no, no me gusta la playa.
Érase una vez me olvidarás en dos años pero será bueno porque estarás viviendo.
Érase una vez no, no cambiaré nada.
Érase una vez gustas a todas, no, a todas, no, ya no. Y duele. Duele algunas veces. Algunas veces. Érase una vez señor orgullo.
Éranse una vez pequeñas cosas.
Éranse una vez las pequeñas cosas, sí, son las que importan.
Érase una vez luz en tus manos y raíces en tus tobillos, el mundo será tuyo.
Érase una vez Granada en tus pies.
Érase una vez, no, no te hecho sentir importante, eres importante.
Érase una vez soy de lo más normal en las fotos.
Érase una vez la belleza discreta al natural.
Érase una vez pero si la economía es mentira.
Érase una vez una pregunta, me echarás de menos, no, para nada.
Érase una vez una lengua.
Érase una vez tic tac dos minutos, tres, gracias por ignorarme.

Érase una vez no hay nada imposible, pero hay cosas que no pueden ser y además son imposibles.
Érase una vez eres malooooo.
Éranse una vez miradas tiernas, a mí nadie me espera, ya lo sabes.
Érase una vez voy a comer, vale, te leo en dos minutos.
Érase una vez no, ya sabes que no soy muy de música.
Érase una vez espero que sigamos en contacto porque, hagas lo que hagas, será asombroso, de veras lo creo.
Érase una vez ya podemos abusar de ti, que dice alguna calva.
Érase una vez nosotros somos justos, no bajamos notas, qué divertido.
Érase una vez por qué tenemos que aprendernos libros de trescientas páginas.
Érase una vez cuáles eran las distributivas.
Érase una vez estoy cansada, no voy a dormir, no voy a aprobar, no, qué va, te espera, ya lo sabes, Granada, un libro cada año, una película y chocolate.
Éranse una vez tulipanes.
Érase una vez oler una piel después de un día de playa, estas cosas, deberías saberlo, pasan, más de lo que imaginas, estas cosas pasan.
Érase una vez quieres que te pase el parte del día.
Érase una vez un texto sin escribir, algún comentario.
Érase una vez Granada verá tus labios con sonrisa.
Érase una vez belleza pálida al natural.
Érase una vez nadie escribirá estas cosas, ohh, sí, tienes razón, soy malo.
Érase una vez no te esperaba.
Éranse una vez tantas tantas todas las palabras.
Érase una vez hay tanto imbécil en la playa.
Érase una vez no no, sí sí, vas a aprobar, el Quijote, pero no, no va a pasar.
Érase una vez viajarás a Roma, te espera la Fontana.
Érase una vez pregúntame por cine siempre que quieras.
Érase una vez un segundo plato, no, cena y postre, la vida, sí, la vida en tu cuello y la serenidad en tus pupilas.
Érase una vez por qué todo me pasa a mí.
Érase una vez será mejor que no vaya.
Érase una vez miro porque quiero ver pero a veces no me gusta lo que veo.
Érase una vez miro y veo en lo que no quiero convertirme, está tan cerca.
Érase una vez la luz lo malo que tiene es que no nace de tus labios.
Érase una vez quiero ayudar a todo el mundo, yo también, yo también, aunque me cueste la salud.
Érase una vez mmmmmm, estás pensando, me das miedo.
Érase una vez, no me lo puedo creer, te doy miedo.
Érase una vez una criatura frágil y deliciosa, adorablemente inteligente.
Érase una vez ya lo sabes, estaré ahí siempre que lo necesites, a no ser que sean unas becas.
Érase una vez ya lo sabes, estaré ahí, para ti, siempre que lo necesites.
Érase una vez me enfadaré si no llamas si estás mal.
Érase una vez una inteligencia sin sombras.
Érase una vez señorita anónima.
Érase una vez me olvidarás, no me olvides.
Érase una vez ya lo sabes, estaré ahí siempre que lo necesites, no lo olvides.

jueves, 17 de junio de 2010

Duele

Duele la vida, algunas veces. Y es el dolor un pinchazo en el cuello que te lleva a la cama algunas tardes. Porque hay cuellos preciosos que se han sentido tristes alguna noche y la palidez te ha llevado a la nostalgia. Qué sé yo. Uno se siente un poco mejor en tardes de cine, con citas de película, en días de invierno en la playa en los que sólo las olas nos saludan y traen pendientes verdes que hacen más hermosas las orejas. Dan magia al mundo y hacen sentir mejor a las rodillas. Te sientas frente al mar y el mundo te viene grande, como casi siempre. Uno es pequeño en estos días. Uno es muy pequeño y sabe que la belleza está en otros dedos. Empieza a llover, una lluvia cálida que te cala. Llueve y te sientes libre. Hay silencios que te ignoran. Sigue lloviendo. Y uno se siente más pequeño. Hay palabras que hacen daño y hay gestos que alegran a los tobillos. Alguien pregunta, una criatura deliciosamente frágil, de discreta belleza, pregunta si merece la pena y uno sabe que sí, que aunque todo duela en días como hoy en los que uno es pequeño y todo le viene enorme, merece la pena, aunque sea por saber que hay gente a la que importas, criaturas de delicada hermosura que saben que hay rincones en el mundo a los que sí importan. Y todo duele menos entonces.

miércoles, 16 de junio de 2010

El intransigente XLIX

- Heyyyyyy, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Y qué tal todo.
- Joder, pues de puta pena. Nos la han metido doblada.
- La verdad es que sí. Y eso que hemos creado ocasiones.
- ¿Ocasiones? ¿Qué ocasiones?
- Pues las del partido. Es Suiza la que nos la ha metido doblada, ¿no?
- De verdad, somos más tontos de lo que creía. Quien nos la ha metido doblada es España.
- ¿España? ¿Por qué España?
- Porque España, inútil, es la que ha abaratado el despido. Pan y circo, que nos den. Lo estamos perdiendo todo.
- ¿También el mundial?
- Dios, somos mucho más tonto de lo que creía.

martes, 15 de junio de 2010

Fuera de cobertura

Le hablo a mi cerebro, buscando una letra que me conforte, unas líneas, algún cuento de amor en el que la princesa sea brutalmente asesinada y el chico del pueblo y su amada vuelven a casa aunque se sepan perseguidos. Qué más da. Están enamorados y no hay nada que puedan hacer todos los soldados del reino ahora que intentan vengar a su princesa caída. Le hablo a mi cerebro y él me contesta. El cerebro al que usted llama está apagado o fuera de cobertura.

lunes, 14 de junio de 2010

El profesor no tiene quien le escriba II

Para Sorel y todas las cobayas del sistema educativo
Seis horas, seis horas sin descanso alguno, apenas una media para salir al cielo y volver, no hay pausas, no hay relajación, no hay un momento en que uno pueda ser uno con uno mismo, también con otros. Un pie y luego otro, caminar brevemente porque breve serán las escaleras que te harán ser uno de nosotros. Estar callados, molestar poco, estar en silencio, mirar las rejas, la libertad está en otra parte. Intentar aprender de dos a tres cuando sólo queda el estómago y hasta las mariposas se han ido, volado, desaparecido, y los pasillos no son más que las paredes de una guardería en la que se pierden tantas tantas ilusiones. Estar callados, el orden lo es todo, olvidad que hay palabras si no son las que pronuncia todo el mundo, sed grises, muy grises, nunca jamás busquéis otro sendero. Convirtamos a seres de colores en niños grises, la clase ordena y manda. Recordemos, recuerdo, recordemos que supimos más de la vida en siete minutos de lucha en la calle que en toda una adolescencia en el instituto. Recordemos, recuerdo, recordemos que aprendimos más en seis minutos de canción que en todos los años de cárcel en un instituto. Seis horas y más tiempo, más tiempo, nada se mueve, el rumor lejano de voces muertas que nunca nos han dicho nada, más aburrimiento. Pronunciemos líneas que se han repetido desde siempre, desde que el hombre es hombre y se sabe que la educación no era más que otra forma de ensalzar la patria, ese nombre horrible que damos a todos nuestros miedos. Adolescentes con luz que se van haciendo anónimas, que van ganando sombras, porque una respuesta equivocada lleva a restos de esquinas que se pierden en el caos, adolescentes con luz que ya no estorban. Repetir, letra a letra, las orillas de todos los ríos, palabras que hablan de amor y tienen nombres como metáfora, páginas de una historia en la que siempre cuentan los vencedores cuando la vida, desde entonces, debería ser contada por aquellos que mejoran el pequeño rincón del mundo en el que están y lo pierden, a veces, todo. No somos como vosotros, no somos como vosotros, pero es mentira, es trampa, nos hemos habituado a una rutina y convertimos gestos ingenuos en rostros contra la pared. Buscar un mismo discurso, no tener voz, nunca tener voz, perder los labios en una silla que ha visto perder tantas esperanzas. Una silla y luego otra, un número y luego otro, una nota y luego otra. Notas para demostrar más que los números son los mismos desde siempre y la inteligencia tiene alas de muy diverso alcance. No, no, no es así, todo está en las notas, las notas dan las alas necesarias para volar sin nuestro permiso. Sigue hacia adelante, no pienses, no penséis, cuando deberíamos enseñar a pensar contra todo y contra todos: contra una iglesia obsoleta, contra una monarquía absurda y sin sentido, contra un sistema político lamentable en que uno y uno son dos y PP y PSOE vienen a ser lo mismo, contra los mercados de una Europa que ha de convertir a sus ciudadanos en esclavos, en meros eslabones de una cadena que devora a sus súbditos. Es de noche y estoy cansado, todo parece venido a menos. Lunes de trabajo en que uno mira a la pizarra y encuentra estúpido que las mesas hayan de saber que es un complemento directo. Para qué vale saber estas cosas, piensa alguno, y otro pregunta, para qué vale y sería maravilloso sentirse sincero un rato y decir para nada. Para absolutamente nada, para disfrazar las horas que se hacen siglos que nos quedan hasta la muerte y que nunca nadie sea alguien porque todos deben ser iguales y seguir el mismo camino, pasear por los mismos árboles. No seas diferente, nos perteneces, es tu tiempo el que nos debes, piensa en nosotros, ahora que tú empiezas a ser como nosotros. Control y más control, estar de rodillas y creer que lo merecemos. Porque hay lunes de trabajo en que uno mira a la pizarra y sabe que no explica sino estupideces para olvidar que pensar es básico y sabe que no es más que otro eslabón, un ladrillo más en un muro que ha derribado tantas historias que podrían haber sido contadas. Sólo otro ladrillo más en el muro.

domingo, 13 de junio de 2010

Frías e insensibles

Para Laura y Viky

Ella abre la puerta, necesita un poco de aire, las baldosas, ya se sabe, son frías e insensibles, una casa sin rincones en los que cobijarse ahora que nadie parece quedar a este lado de la ventana. Demasiadas lágrimas sobre el suelo, demasiados llorones en la cocina, piensa. Ella sale a la calle y no, no se siente segura. Y lo esperaba, esperaba que las aceras le dieran el calor suficiente para olvidar la lluvia de este invierno, pero mojarse la hace sentir viva, como hace tiempo que, la lluvia , ya se sabe, es un color apagado que queda en las pupilas. Ella esperaba que la esperasen, pero no, al menos por ahora no. Resulta extraño. Tal vez la esperan pero tiene la sensación de que la han esperado desde siempre. Un beso, una caricia. Un príncipe destronado porque no hay nada más absurdo que los cuentos de hadas cuando hay historias que son preciosas porque son reales. Apenas nada, el mar queda lejos, y sólo hay paredes, paredes y cámaras, restos de abrazos que impregan los rincones. El barrio da miedo, también la ciudad. Cámaras que roban gestos a la gente, que roban caminos a los callejones, roban pasos que llevan a habitaciones que han perdido ya todo recuerdo. Sólo quedan imágenes, escenas de unas conversaciones sin palabras que están en todas partes menos en ella. Es la vida, dicen, pero ella sabe que están mintiendo. No, no busques ahí, dicen, la vida está en otra parte. Y hay miradas que hacen el encuentro mejor, más humano, un saludo, porque las fotos mienten, también imágenes, ahora que se apagan todas las cámaras de esta calle y apenas se ven las sombras de dos amigas que no hacen otra cosa que hacerse seis preguntas por saber si cuanto han creído hasta ahora no era más que el preludio de un verano en el que la luz será constante y la despedida queda cerca, aunque sea apenas un hasta luego que no sabe captar ningún punto de una ciudad que se pierde en sus pupilas.

sábado, 12 de junio de 2010

El intransigente XLVIII

- Hola, profe, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- ¿Cómo estás, profe?
- Bien, cansado pero bien.
- ¿Seguro?
- Segurísimo. Es más, la semana que viene me voy a Roma. Buffffffffff.
- Bufffffffffff, ¿qué? Roma debe ser maravillosa.
- Sí, si que lo es pero es que coger un avión.
- No me digas que te dan miedo los aviones.
- ¿Miedo? No. ¿Terror? Probablemente. ¿Pánico? Seguro que sí.
- Dios, pero qué tontería. Si viajar en avión es maravilloso. Además, vas a Roma.
- Sí, además seguro que en el avión voy empastillado.
- Dios mío, profe, además de miedica, yonki.

jueves, 10 de junio de 2010

Espadas como labios

Te quiero y hace frío. Se me atraganta el tiempo, se me atraganta. Te piensa mi garganta y se dice palabras de ternura, cariño mío. Busco tus labios y encuentro puñales; sobre mi viejo corazón, todavía cansado, nace la sangre. Y hay caricias en tus dedos que dejas en mis entrañas, restos de caricias en tus manos que se hacen ríos en mis venas, dejan heridas, desgarran, se hacen sombras, y se derraman, un mar de heridas en que, ya sabes, caminan mis pies y salpica la tarde, llega la noche y hay silencios, existen espinas, la luz se pierde, quedan labios como puñales en todas las esquinas. Te quiero y hace frío. Más frío.

miércoles, 9 de junio de 2010

El profesor no tiene quien le escriba

Uno no sabe escribir, o no recuerda, o ha olvidado, qué sé yo, escribir palabras de ánimo para uno mismo, enfrentarse al espejo y decirse, hoy estás guapísimo, vas a comerte estas calles que te viven desde siempre. Uno tiene días, y es sensible, culto e inteligente y, claro, así no se va más que a estrellarse en los escaparates de un mundo que da asco por momentos y cansa en otros. Tú no tienes casa, tú no tienes coche, tú eres raro, muy raro. Uno quiere ayudar, ayudar y poco más. Cuídate. Uno sale a la ventana y la lluvia cae, no deja de caer y hay gente sin paraguas a la que uno ofrece un poco de calor en casa por si alguien puede secarse un poco, por sentirse bien un rato. Tienes que cuidarte. Uno escribe palabras de ternura a toda la gente por ver si puede animar, buscar una sonrisa, un momento de serenidad al menos pero sabe que las palabras sólo son palabras y es difícil buscar entonces las palabras adecuadas que no sepan a farsa, comedia, qué sé yo, y es hermoso encontrar palabras que sí son hermosas por reales, porque sí, porque es bonito, me digo, es bonito porque es real y, a veces, leo esas líneas y me hacen sentir bien, aunque no, no son las palabras que uno se escribe a sí mismo porque uno las conoce todas y de todas todos sus secretos o tal vez no y es el cansancio y no saber qué dicen las palabras si nadie las traduce. Debes aprender a pensar en ti mismo. Uno quiere descansar, dejar que el fin de semana le encuentre alegremente tirado en su sofá pero se dice, hey, el sur también existe y hay gente que quiere verte, aunque sea un poco, aunque uno sepa que ni mucho menos será su noche, porque otros serán los protagonistas y hay chicas que se duelen en un abrazo y adolescentes que se sienten ignoradas en la cima. Quedá el sofá a miles de kilómetros, cerca el cansancio y las ganas de esconderse un siglo al menos por recuperar todos los pasos dados. Debes cuidarte, salir a la vida. Uno sale pero la vida está en otras manos, y uno se emociona porque es genial saber que la gente vive y hay tardes en que se sientan a tomar café o un helado cuando está solo y desea, en tardes como ésta, contar alguna historia de final abierto sobre la que derramar lágrimas con sonrisas que hagan pensar que todo a veces merece la pena. Cuídate cuídate cuídate. Uno llega a clase, después de tres meses de sombras y derrota, con máscara y escucha, y dice, estoy aquí, cuenten, señores, lo que quieran, digan si necesitan algo y no conocen alguna pregunta y uno explica, y explica, hasta que se queda sin garganta y los dedos se mueven solos, y no dejan de moverse. Escribe algo que te anime, que te anime a ti, pero uno no tiene ni idea de cómo se hace, cómo animarse con palabras si se conocen tantas y tantas tienen trampa. Uno quiere cambiar el mundo aunque lo sepa imposible, aunque se estrelle contra los muros levantados todas las veces y sepa que toco cambia para volver a ser igual; uno quiere intentarlo aunque se le vaya la salud en ello, y se le va. El sur le riñe, le riñe siempre, pero uno piensa es esto, esto y poco más, uno quiere cambiar el pequeño rincón del mundo en el que vive y, a veces, hay personas que se saben mejor, que han crecido y comprenden que sólo era una luz que debían seguir, un camino que les llevaría a ellos mismos y los haría más grandes. Y uno ríe y se dice, buen trabajo, aunque le duela un poco la cabeza y no sienta los tobillos. Es un pequeño precio, dice, y a lo mejor no es tan pequeño pero qué sabe uno si apenas sabe cuidarse y cuanto desea es ayudar a los demás. Escribe algo para ti, para animarte, parece fácil pero es imposible si uno está solo y todo queda lejos, y el viento grita, sigue lloviendo, hay gente sin paraguas, y yo no sé cuidarme, sólo mirar desde la ventana y recordar que hay gente, siempre gente, a un lado y otro de esta calle, que necesita algún bolsillo de consuelo con que olvidar el dolor con que se despierta cada mañana. A lo lejos, gritan: cuídate, debes cuidarte, tienes que cuidarte, cuídate, por favor, pero es un susurro, una voz que apenas se escucha entre la multitud.

martes, 8 de junio de 2010

Parole per Heidi XIII

Cara Heidi, bellisima,

sono stato a Roma giorni fa; la tua Roma, la mia città, la nostre luce cualquevolta, gia sai, ma adesso sono ritornato alla mia vita e tutto sembra difficile, forse stanco. Il tempo, imagino, il tempo diciamo, ma oggi, abbiamo dimenticato il tempo, troppo tempo dalla Siviglia, il tempo. Cara, son palabras, ya lo sabes, palabras para ti, en las que, alguna vez, retumba la nostalgia, pero no importa, ya no, no demasiado, porque es la nostalgia necesaria para saber que las historias en las que siempre nos hemos encontrado han dejado raíces, una forma como otra cualquiera de decir que ambos hemos crecido tantas veces en el otro, a pesar de orgullos, a pesar de que el sur, ya lo sabes, es la vida y el norte un poco de tranquilidad por si uno se encuentra cansado y sin saber qué hacer, aunque hay calles del norte que me lleven a una casa que mis pies no han saludado todavía y la sombra de todos los árboles deje frío y lluvia en unos zapatos incapaces de recordar cuántas son las distancias adecuadas. Tienen que ser los puntitos de una pizarra, pero hace semanas en que esos puntitos no me dicen nada excepto que se acerca el verano y no sé si por una vez sería bueno quedarse en casa y salir a las esquinas de cuarenta grados por saber si el infierno ha tomado las más diferentes formas, por recordar que nunca jamás, y tienes razón, porque hay adoquines que es mejor no pisar a estas horas de la tarde. Cara, sono stato a Roma e ho letto della tua voce, mi piacerebbe tanto andare con te per quelle strade; chiamami, prego, y era la tuya una voz que nunca espero pero que deja alegría en mis dedos, alegría que llega a estas palabras, a queste parole per Heidi, chi ti fanno bene; lo sai, bello?, dici, pero no sé, no sé si ahora estas palabras o todas las palabras de este barrio en blanco me hacen algún bien, porque, no sé si sabes, que, como te dije tantas veces, me alejan de la vida y hacen que la nostalgia me pierda. Caro, dijiste, nunca dejes de escribir, porque si no, no te hablaré nunca más, porque estas palabras me hacen bien, no a mí, no sólo a mí, e, cara, lo sai, me gustaría creerte, pero hay días en que, no sé, será la melancolía, el silencio furtivo de unos coches que hacen que me sienta solo, y que comprenda que hay puertas que siguen y seguirán cerradas, aunque yo las creyera abiertas por un momento. Aunque hay gente que dice que la esperanza también se recupera pero no creo que sean, tristemente, más que clichés, juegos de niños a lo rayuela que nos llevaron a caernos demasiadas veces. Algunos todavía no hemos conseguido despertarnos. Ma, hey, sono stato a Roma solo per ascoltare la tua voce, y me has hablado de palabras, de un trabajo que te ayuda a viajar y hace que te salgan alas en los brazos. Roma, bufffffff, Roma, lo sai, es el descanso, es llegar y ver cómo la sonrisa de la mia sorellina se pierde en sus rizos y yo le prometo, poco después de avión, tren y metro, que iremos a ver pisos, un piso y luego otro y otro más, pero sorellina, necesito, por favor, descansar un rato, y ese rato son, hermanito, son las siete y media, has dormido tres horas, así que no podemos visitar pisos, cenamos, comida italiana, yo cocino, e la mia sorellina cocina maravillosamente bien y disfruta cocinando para los demás, por suerte. Y toca dormir porque yo estoy de vacaciones y ellos no, ellos trabajan su ciudad, hacen sus días, y hablamos, como siempre, ella y yo, cara Heidi, por las calles de una ciudad que me enamora en cada rincón, en una Fontana a la que he arrojado no sé cuántas monedas, hasta quedarme sin suelto y beber luego del agua de una Fontana que deja extasiado a quien sabe mirar. Hay puertas que olvido cómo abrir, la realidad, yo y mis problemas con la realidad, ya lo sabes. Caminamos, y crecemos, discutimos, y nos acercamos a un barrio de colores en que todas las calles nos llevan a un vaso de agua que beber aunque no tengamos sed, a una heladería en la que me pierdo durante minutos, porque no, tampoco este es el helado italiano que me hace volver a Sicilia ogni state, porque Ida dice, nunca nunca comas helado cerca de las zonas de turistas, hermanito, no valen para nada, recuérdalo. Y hay sábados de fotografías en que hay chicas que se apuntan a cursos de fotografía por encontrar a chicos guapos pero no hay suerte, son todos unos inútiles, Aurora, unos inútiles, no, Ida, no son feos, son más que feos, lo siguiente. Y hemos comido, otra vez, una pizzería, como el día anterior, en la Roma de la mia sorellina, su cámara de fotos, una tarde de bar con vagones de tren y de pizzas en lugares inencontrables, y tardes de tiendas de zapatos que caminan un día siguiente desde el azul y yo me río con la mia sorellina, y decimos, tenemos que comer, estamos muy delgados, esqueléticos casi, y hablamos del dolor, de cómo convertirlo en palabras, de líneas que yo ni recordaba, de caseras blancas que llegan del sur para hacer las comidas más deliciosas y hay salchichón y chacina, mmmmmmmmm, y hablamos, la mia sorellina e io, del orgullo, cómo no, de las puertas que hemos cerrado y no nos han abierto, de las palabras y el daño, de los errores que cometo y del miedo que puedo dar a veces por imbécil, y nos reímos, nos reímos mucho, vemos a altas horas de la noche películas con las que me quedo dormido y me basta un momento para saber que su sonrisa vuelve a ser la que yo creía perdida desde hace años. A lo mejor la gente tiene razón, y se recupera la esperanza, pero no sé, lo dudo, son días con sol y poco viento que no llevan a nada en que salgo de mi casa algún instante pero no hay un solo gesto que me diga, sí, la esperanza, ya no hay miedo, la esperanza, sí. Hablamos el sábado y, sí, estaba sentado en una de las escaleras de una de las casas de Trastevere, casi de tarde ya, ellos se hacían las fotos de los zapatos que lo hacían caminar, y yo pensaba, sí, prometí llamarla, hoy, sí, hoy por la tarde, y volví a escuchar tu voz, otra vez, y escuché el dolor; el amor quema, decíamos, el amor quema. Será que me he cansado de ser hombre, será que me he cansado de estar solo. Y me he acercado a librerías de Roma, cercanas a la Fontana, sólo por dejarme allí medio sueldo y, como siempre, he vuelto a mis ritos, a comprar más de setenta marcapáginas, y no he encontrado un solo momento para enviarte uno y una postal con palabras, tan solo una, pero ya te lo dije, llegarán desde el sur, como siempre, películas que he perseguido durante años y ahora tengo a Fellini a mi lado y uns inútiles que no hacen otra cosa que esperar a que el tiempo se les vaya en los bares. ¿Cómo se puede hacer para vivir una vida vacía?, decía Ricardo Darín, cómo se puede. Creciendo pero hoy sólo tengo ganas de tomar un helado contigo y ser pequeño, muy pequeño, escucharte sin más, que me digas quiero viajar, el sur existe, a pesar de mi orgullo y de todos los sures que han llegado a habitarnos. Y he paseado un sábado de mayo sólo por tomar un helado con Aurora y recorrer océanos de palabras en las que ella me ha vuelto a recordar que hay momentos en que uno debe darse más a sí mismo por no quedarse sin nada, y saber que es hoy, ahora lo que vale, y para otros momentos existen todas las fotos de un álbum que yo ni siquiera he visto. Y sí, sé que me has pedido fotos, cara, de mis paseos por Roma pero me conoces y sabes que no existen, vengo a habitar ciertas calles, no a convertir una ciudad en estrellas muertas de las que sólo queda un brillo tenue. Roma, non so che dirti, Roma è il tempo, la vita, todo aquello con lo que tú y yo habíamos soñado antes de despertar a la vida y comprender que nuestros pies salen a la calle desde ciudades diferentes. Y no, no he comido demasiados helados, como pediste, pero es que no sé, Sicilia es el helado y Roma muchas cosas más, no sé si lo sabes y he estado en tiendas de los años setenta en que he comprado camisetas que me hacen sentir vivo, que me hacen sentir sarcástico cuando hace meses que, triste pero cierto, no recuerdo ni el significado de esta palabra. De sarcarmos, lo sé, no vive el hombre pero yo, muchas tardes, sí, como aquellas tardes y mañanas en las que nos comimos todos los payasos del mundo para seguir riendo con desgana y hemos vuelto a casa un sábado de mayo porque estábamos agotados y Roma empezaba a quedar lejos, muy lejos. Hubo luego un domingo sin fotos en que la mia sorellina y su amigo se fueron a un parque y yo necesitaba estar solo, aunque esté cansado de estar solo, quién lo entiende: el día se hizo verde y yo estuve frente al Coliseo, frente al Foro Romano, frente a varias ciudades en una y tantas bellezas, tantas bellezas que duelen, estuve solo porque necesitaba estar solo y estoy cansado de estar solo, quién lo entiende. È domenica mattina y hay que cocinar, esta noche, cara, cociné para ellos, también ida, la meravigliosa sorellina, y hablamos de que la tortilla no es fritata, es sin aceite, preciosa, y conversamos, orgullo, el cansanci de darnos en muchas cosas y ver que todo sigue igual. Cansa saber, cara, que todo cambia para que todo siga igual; cansa saber que no cambiamos con el tiempo, sólo perdemos fuerza, e la mia sorellina e io parliamo. Porque se han cerrado algunas puertas, se han dejado sin hacer algunas camas y es bueno salir de casa y buscar, sorellina, nuestro hogar en el mundo. A nuestro lado, una tortilla, tortilla española, y piña, algunas conversaciones, la belleza, la tristeza, qué sé yo, saber que tenemos que saltar aunque nadie nos recoja y sea el suelo el que nos golpee. Hay que intentarlo, decimos, hay que intentarlo, supongo, pero hay mañanas en que las ganas quedan demasiado lejos y hay nubes que desaparecen en nuestros ojos. El amor, y habitar una cama durante seis días para habitar tan sólo una cama; la crueldad de la mujer y mis risas cuando la mia sorellina cuenta con calma y tranquilidad. La decepción y saber que este viaje, cara Heidi, nos ha hecho mucho bien a ella y a mí porque hemos discutido para descubrir todos nuestros errores, y se ha reído de mi italiano sin gramática, de mi adorada Caterina Casellllllllllllli, y de mi inglés, cuando yo me he reído porque ella no lo habla, y he pensado en ti porque sigo teniendo los discos en que tu y tu música italiana me acompañaban siempre, y un helado un último helado y la maravillosa sonrisa de Ida, la mia sorellina, al decirme buenas noches a las seis de la mañana y volver porque he olvidado mis dientes en su mesa, debe ser la edad, y he leído otra vez ti penso, bonita expresión; y ella tenía razón, hay cosas que no pueden ser y además son imposibles, porque hace siglos que no hay fe en que las cosas ocurran, ya no, y duele haber convertido casi todo mi tiempo en un trabajo para los demás en el que no me encuentro, porque, como dijo alguien, y era Roma, eres mucho más grande si estás con alguien, eres mucho más grande si te das en todo a alguien, y volverás a ser, dijo alguien, pero lo dudo, porque todas estas palabras, todas las palabras del mundo me llevan a ti y me dejan descansar en Roma, en esa maravillosa ciudad que he vivido, que me ha habitado durante cuatro días, como me ha habitado la sonrisa de la mia sorellina para saber que ella y yo, cara Heidi, miramos hace tiempo a la ventana por si alguien nos espera. Alguna vez será, imagino, pero lo dudo. Cara, cara Heidi, sono troppo stanco. E tu? Ma, hey non ti preocupare, è soltanto un attimo.
TI voglio bene, bella.

miércoles, 2 de junio de 2010

Érase una vez VIII

Para las cinco chicas de un blog
Érase una vez cinco días de la semana.
Érase una vez cinco dedos.
Érase una vez cinco abrazos diferentes.
Érase una vez cinco historias por contar.
Érase una vez todo el mundo tiene una historia por contar.
Érase una vez una pequeña sabia.
Érase una vez Cristi.
Érase una vez una pequeña gran sabia.
Érase una vez Laura.
Érase una vez una noche de vestidos azules.
Érase una vez un profesor con chaqueta y corbata.
Érase una vez un Hino, no me lo puedo creer, has venido.
Érase una vez un profe, has venido, en traje, no me lo puedo creer.
Erase una vez una vida sin acentos.

Erase una vez, el orgullo, el inmenso orgullo; el, por encima de todas las cosas, orgullo. Siempre el orgullo.
Érase una vez nunca seas tan asquerosamente orgulloso como yo.
Érase una vez un ocho con dos.
Érase una vez un plato de langostinos.
Érase una vez hay que tener fe en que las cosas ocurran.
Érase una vez los colores del mar.
Érase una vez un me puedes porque no te esperaba.
Érase una vez ego.
Érase una vez esperanzas.
Érase una vez cuántos aviones se han estrellado desde el comienzo de la aviación.
Érase una vez no soy más que nadie, pero nadie es más que yo; nadie, y lo sabes, es más que tú.
Érase una vez Jenni.
Érase una vez una foto con deditos que se daban la mano.
Érase una vez un cumpleaños que mis pies no pisaron.
Érase una vez palabras en latín que he olvidado entender.
Érase una vez el tutor de tu hermana.
Érase una vez Viky.
Érase una vez un curso de italiano, un curso en Italia.
Érase una vez hay que intentarlo, profe, hay que intentarlo.
Érase una vez las cosas no se intentan, se hacen.
Érase una vez la más pequeña.
Érase una vez Victoria.
Érase una vez te valoras poco, me tienes miedo, no sé por qué.
Érase una vez mi manchi, te echo de menos, si tú no te das cuenta de lo que vales el mundo es una tontería, si vas dejando que se escape lo que más quería.
Érase una vez el mundo sigue girando.
Erase una vez el mundo gira sin nosotros, nos da la espalda.
Érase una vez cuánto me habéis hecho crecer.
Érase una vez el fondo de un blog que parecía el armario de Fondo Flamenco.
Érase una vez no te rindas nunca.
Érase una vez una piruleta a una chica pegada.
Érase una vez garras y colmillos.
Érase una vez la luz, siempre la luz y yo sin palabras.
Érase una vez tráeme lo más hermoso que puedas encontrar en esa cuidad.
Érase una vez será tan hermoso como las sombras en las que se cobija tu nostalgia en verano.
Érase una vez yo quiero italianos, eh, italianos.
Érase una vez Roma.
Éranse una vez cinco chicas que harán muy pequeño a un profesor, para alegría de este y de aquellos que le conocen.
Érase una vez una canción para Jenni.

martes, 1 de junio de 2010

Cuando

Hay días en que te llamaría sólo por teléfono para escuchar tu voz, nada más, y luego esperaría un poco, por esperarte decir, no entiendo cómo puedes tener miedo, pero no sé; deben ser los libros que no le leído, líneas que nunca he llegado a entender, historias que los cuentos no saben contar. Y quedaría sólo tu voz y la torpeza de mis dedos al intentar escribir la palabra miedo y no saber hacerlo. Salgo a tu ciudad y miro en todas las esquinas: hay miradas sucias, manos que se acercan a la acera por recoger una moneda, pies que caminan rápidamente hasta dejarnos solos, pero no importa, porque hay tardes en las que no nos sentimos solos, las horas parecen palabras y los minutos cuentos. Quedan entonces sólo tus dedos frente a mis dedos y ese barrio que te ha visto crecer se viste de serenidad, lo sabes, de discreta belleza, de una belleza tranquila, de una luz tenue que se hace sangre en las venas hasta que me palpita el corazón. Lamentablemente, ya lo sabes, no sé defenderme o lo he olvidado, qué sé yo, no sé defenderme o se me ha olvidado, qué sé yo. Queda entonces una cama sin hacer en la que has podido pasarte semanas de muchas mañanas y más noches porque no te apetece que nadie sepa de ti tu fragilidad y la idea, no sé si absurda, de sacarte de ella y decirte, mira, es la luz de este verano, quiere decirte, hola, ven conmigo, tú, tú, que eres como yo y das sombra a aceras por las que camina la gente con prisa. Es sólo que mis escudos no hacen otra cosa que quedarse sin argumentos, perder el pánico, asaltar la vida, y no lo entiendo pero hay ventanas de las que nuestros labios no saben apartarse. Las cortinas de una casa sin ternura al otro de la calle se hicieron verdes árboles bajo cuya sombra descansabas contra la calor del verano, contra el fuego de todos los días en que la soledad te dejaba algún arañazo sobre los muslos y recordabas con ternura que todo aprendió a seguir sin nosotros casi siempre. Casi casi siempre. Y son todas las uñas de tus pies, convertidas ya en flores, las que gritan al oído que no tengo fe y que debería saber que hay cosas que ocurren porque sí, y no hay más explicación, pero es que no sé, ni mis tobillos ni yo llegamos a recordar siquiera la última vez que nos acercamos a un pasillo sin barrer. Y ahora, no sé si sabes, probablemente, sí, como casi siempre, que hay jueves de avión que te llevan a otra ciudad y hace que a veces las puertas te echen de menos, sin h, te dije, porque no tienen nadie a quien abrirle y una sola piruleta que echarse a la cerradura. Es sólo que no sé, que hay fuentes con monedas en las que echar de menos una cara con ojitos ojazos ojitos a miles de kilómetros de la lluvia y hay viernes con café y quema de cartas en los que te buscaría la expresión necesaria para que le sonrieras al sábado durante años en una librería interminable, de océanos de tiempo que te habitan en los que yo no hago otra cosa que naufragar, librerías de marcapáginas con citas con los que puedes ordenar, un poco, un poco al menos, el caos que se acercan a tus brazos cada vez que saludas a una mañana de frío de verano con deseo. Porque hay días, sencillamente, en los que te llamaría por teléfono sólo por escuchar tu voz.