jueves, 29 de julio de 2010

Parole per Vero

Feliz cumpleaños, Vero

Hay chicas de fragilidad exacerbada que se miran al espejo y no se saben encontrarse porque han olvidado conocerse. Hay paseos a la luz de la luna que nos hacen sentir importantes porque somos nosotros y nadie más, nosotros y poca gente, y las palabras necesarias para hacernos sentir mejor, que hay días que empiezan con más calor porque alguien nos dice estamos aquí sólo para hablar contigo. Hay chicas de fragilidad exacerbada que se dicen pequeña porque han olvidado que la grandeza no es más que dejar las gafas encima de una mesa para que ella nos cuenten una historia, o más, si hace falta. Hay chicas frágiles que se sienten solas porque tienden una mano al mundo pero poca gente llega a casa cuando uno necesita un abrazo en las pupilas, un hola, cómo estás, si te duele el mundo, acércate, habrá una mano en tus dedos, un beso en tu mejilla. Y hay chicas que se sienten menos solas en noches de playa con amigas. Y hay chicas que se saben poco a veces cuando son mucho casi siempre. Y son felices porque las llevan de la mano y no ven nada porque aprenden, como tantos otros, que lo invisible es esencial a los ojos y hay momentos que son más momentos y se hacen días, años, un recuerdo en los dedos para escribir, hay momentos que han merecido la pena porque son nuestros y han sido compartidos. Hay chicas frágiles a las que a menudo les puede el mundo porque olvidan que alguien ha escrito para ellas en algún muro: eres fuerte, no lo olvides. Estás sola y eres fuerte, estás sola y estamos con nosotros. Y hay chicas pequeñas que tienen todos los miedos pero saben que serán más pequeños en el día a día, como un piercing que se hace apenas visible entre los labios. Y crecerán sonrisas porque se sabrán queridas: ellas, ellas y la vida, ellas y la ternura necesaria para saber que hay orillas con estrellas en las que es bueno descansar un poco por seguir adelante. Sin miedo, porque no existe la derrota en el corazón del que lucha. Chicas frágiles que crecen fuertes haciendo de sus calles un lugar mejor por el que pasear a dos manos, a cuatro, a seis.


martes, 27 de julio de 2010

Algún día

Se escuchan los acordes de un violín que se acerca. Pasa como una brisa, tenue y con palabras a un tiempo. Israel escucha con atención y, a su lado, ella asiente con un gesto de preocupación.
- No te preocupes por él es sólo música para cortejar a su enamorada.
- ¿Cómo lo sabes?, dice Laura.
- Porque está dando de sí sus mejores acordes.
- Ah, debería haberme fijado, responde Laura, alegre de saber que hay restos de magia en cualquier lugar, contenta de jugar a cualquier juego. Y, ¿por qué da de sí sus mejores acordes? Apenas pregunta y se siente frágil, liviana.
- Ha estado de viaje. Ha llegado incluso a Australia, esa tierra de la que nadie sabe nada. También allí dio lo mejor de sí pensando en ella.
- ¿Y si ella está enfadada por haberla dejado sola tanto tiempo?
Israel la mira con ternura.
- Ella lo perdonará.
- ¿Ah, sí?, pregunta ella con sarcasmo.
- Eso desea él, ya que no la ha olvidado en ningún momento.
Laura no sabe ahora si siguen hablando de violines y acordes.
- Y él, ¿estará contento de verla?
- Sí, claro que sí. Le gustaría quedarse más tiempo, pero le es imposible.
- Pero, ¿por qué?
- Tiene sus razones y espera que su enamorada llegue a comprenderlos alguna vez.
Israel cambia de dirección, la luna los observa. Se encuentran cara a cara y alguna línea de luz que ilumina sus rostros. Laura sólo puede decirse ohh, mientras su corazón late con fuerza.
- Y, ¿qué dice a esto la señorita violín?
- Diría...
- ¿Sí?
- Diría, no sé, no soy un violín, soy la mano que lo hace sonar.
- Sí, eso es. No eres un violín, eres la chica más importante de tu mundo, eres la magia que da nota a los acordes, la magia que da música a tu violín.
Llévame hasta tu belleza a través de violines ardiendo. Y es el silencio.

Kiko Veneno II

Yo no estoy, pero, hey, está Kiko Veneno, que es mucho más grande. Kiko Veneno y sus canciones desnudas, porque, Sorel, ya lo sabes, los pequeños detalles son los más enormes y en Kiko están todos. La versión desnuda de Echo de menos, la Canción, en español, sublime: si tú no te das cuenta de lo que vale el mundo es una tontería...


Las canciones desnudas de Kiko Veneno I (La Madriguera)



Las canciones desnudas de Kiko Veneno II (La Madriguera)

lunes, 26 de julio de 2010

Todo inventamos


Se pueden hundir los bancos, podrán bajarnos los sueldos y las pensiones, pero Don Quijote proseguirá su camino, “sin llevar otro que aquel que su caballo quería, creyendo que en aquello consistía la fuerza de las aventuras”, escribió Sorel y recordé aquellas maravillosas palabras de Cervantes, cómo no, el que lee mucho y anda mucho ve mucho y sabe mucho. Y será leer cerca de unas olas en las que dormirme, y será escribir en las hamacas de una playa en la que contemplar estrellas y recordar algún ombligo. Y será caminar para encontrarse y perderse. Y perderse y encontrarse. El mundo en mis dedos y unas manos sin cansancio. El Quijote y el viaje, cómo no, ese salir al mundo por comprar un paquete de tabaco y no volver en horas, en meses, en años. La fuerza de las aventuras: qué belleza en las palabras cuando son nuevas, qué belleza. Salir al mundo y que nos quiten lo bailao, saber que escribir, está bien, imagino, y uno escribe porque no está viviendo o porque se encuentra en dos mares, ha vivido y es bueno contarlo. Uno escribe y, no sé, está bien, pero vivir salir al mundo, volver al sur, visitar Granada, volver a casa, encontrar Sicilia y encontrarme en Silicia. Toca vivir y seguir viviendo. Y volver a ser yo. Y seguir viviendo.



domingo, 25 de julio de 2010

Noche de domingo entre sábanas

Donde está el cuerpo, está el peligro. Donde está el verano, está el sudor, una azotea con cama en la que uno mira las estrellas y sabe que junto a un cuerpo falta otro cuerpo pero, buff, a estas horas de la noche en que uno se pierde desnudo entre las sábanas y las arroja todas a la noche. Y queda la noche como resquicios de una piel en la que protegernos sin ganas de una boca que se acerque a nuestros muslos por beber de nosotros un poco de agua con el que refrescar las manos y dejar entonces los dedos sobre pechos por encontrar alguna gota de vida en los pezones que nos devuelva a la olvidada alegría de saber que estamos vivos y que hay en nuestros labios otros labios y en nuestros pechos otros pechos que se apagan por ver si son ellos el destello tenue de todas las estrellas que no vemos ahora que nuestros ojos están cerrados y caen sobre un cuello y otro cuello y un poco de calor ahora que la noche promete fresco pero es sol y es más de medianoche y hay apetito en los pies y se hacen arena los dedos y uno quiere abarcar todas las orillas por saber si en nuestros labios muere la sed y tiene hambre el apetito. Y uno se dice si pueden sus labios hablar y hablan, hace calor, pero no, no importa porque es la noche y uno quiere devorarla. Y que una luz con deseo en los ojos devore cuanto quede en un cuerpo y otro de latidos. Para enterrarnos así en la cama hasta que el frío del invierno nos despierte meses después por buscar en otro cuerpo el calor con que el verano nos dijo hola, estáis aquí, adentro, más adentro tantas veces.

sábado, 24 de julio de 2010

A punto de sal

Para Laura
Que nunca nunca nunca nunca venga el alma, susurra una garganta. Que haya ciudades con calles que puedan encontrarse en un cuerpo con pijama en el que habitar una tarde. Y otra. Y otra. Que existan noches de cielo sin luna en que perderse en unos labios con sonrisa. Y otra. Y otra. Que restaurantes con mariscos encuentren en nosotros todas las palabras. Y más. Y más. Por conocer el sabor de unas pupilas que hablan en silencio de unas manos. Y otras manos. Que nos vean madrugadas de jardín sin sofá dormidos casi, y nos diga voy a dormir un cuerpo sin pijama. Y se nos olviden todas las palabras. Y habrá, ahora, desde ahora y antes, dos mares que nos lleven a unos muslos preciosos y a punto de sal. Tanto tanto apetito en una ciudad que empieza en ti y en ti acaba. A punto de sal. Que nunca nunca nunca llegue el alba.



viernes, 23 de julio de 2010

El intransigente LV

Para Vero
- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Y, ¿qué tal?
- Nada, descansando. Y, ah, viendo las series que ven mis estudiantes a ver si llego a comprenderlos alguna vez.
- ¿Y?
- Nada, aquí, viendo escenas de Física o Química. Estoy fascinado.
- ¿Fascinado? ¿Tú? ¿Viendo series tan patéticas como Física o Química?
- Sí, fascinado por la pelea que mantienen los guionistas con la inteligencia para escribir semejante bodrio. Ganan los guionistas, claro, por goleada. La inteligencia, o está a años luz de distancia, o directamente se ha suicidado para que no sigan insultándola.
- Sí, éste si eres tú.
- Sí, soy yo. Y ver tres escenas de esa serie ha hecho que me note más tonto. Me voy a leer un libro. Para compensar necesito como mínimo Crimen y Castigo, de Dostoievski.
- Buffff, por lo menos.


jueves, 22 de julio de 2010

Cosas que hacen que la vida merezca la pena IV

Ese canto a la sencillez y a la naturaleza que supone Dersu Uzala, de Akira Kurosawa. Esos maravillosos diálogos de una serie en la que los adolescentes son adolescentes con miedos y complejos y los adultos con miedos y sonrisas, Everwood, esa serie en la que casi cada diálogo es un trozo de vida en cualquier ciudad de este mundo. Desafía al viejo dragón. Un paseo por una Sevilla de noche en la que apenas hay gente, porque, ya lo decía el gran Machado, el más grande, Sevilla, qué gran ciudad sin sevillanos. Una noche de poco sueño en Mar Menor en la que nadie pidió un poco de sal. Ese canto a la nostalgia que es Bilonguis, de Kiko Veneno, otro de los más grandes, ese y lucharon caos contra control y una llamada de última hora no logró parar el tiempo, y te grité. Laura. Laura y esa tranquilidad que me lleva a ese Ana, el pavo te distrae. Laura y Viky y ese you and me against the world, que volví a leer en V de Vendetta, otra vez. Esa maravillosa carta sobre la integridad y la dignidad de cada ser humano que supone la carta de Valerie en V de Vendetta, ese cómic de Alan Moore, al nivel del Quijote. Esas maravillosas líneas: But it was mi integrity that was important. Is that so selfish? It sells for so little but it´s all we have left in this place. It is the very last inch of us. But within that inch we are free. Viky y sus sarcasmos. Viky y ese deseo de saber el mundo. Jenni y ese saber que el orgullo existe. Jenni y Guille y ese saber que la ternura existe porque hay historias que nos hacen crecer y deberían ser todas. Todas. Porque todo el mundo tiene una historia que contar y no hay nada más emocionante que escucharlas. Mafalda, Mafalda en todo, hasta en los pijamas. Un collar sencillo sobre un cuello precioso. Y la certeza absoluta de saber que hay historias sin fotos que son geniales porque hay fotos que no hacen justicia, preciosa, porque sigo pensando que pierdes en tus fotos. Una noche con estrellas y un hermano hablando de todo y de Kiko, siempre Kiko, y tan tan cerca la playa. Una noche con estrellas y una chica preciosa con collar y palabras sencillas, con detalles, porque siempre se nos gana en los pequeños detalles. Buenafuente. Buenafuente y Berto y esas ganas de reír en un jardín de Mar Menor, en el que las citas, Jimmy y las citas, suelta el porro, que huele a uña. Una tarde de verano en la playa en la que se rían de uno y otra tarde de parque en la que el silencio sea confortable. Todo tiene su momento, todo, aunque uno no lo sepa porque tenga la costumbre absurda de llegar tarde a su vida. Hey, al menos llega. Una llamada teléfonica y un, hey, qué voz más graciosa y un paseo por la playa en la que casi el sol nos mata. Esas palabras de un amigo, Sorel, hey, ha sido un año difícil y casi lo consigues, deberías sentirte orgulloso. Y sí, hay momentos en que sí, y sé que otra vez será la vida como caos y habrá ciudades como Granada en la que nos visiten y saquen de nosotros nuestra mejor sonrisa. Alguna carta que me sacó de las sombras cuando menos lo esperaba y de quien menos lo imaginé. Estudiantes que uno imagina frías e insensibles y escriben líneas que emocionan y emociona ver, ahora que están enamoradas y saben cuidarse solas, cuánto han crecido. Ese canto extraordinario a la necesidad de crecer de todo ser humano que es Beatiful Girls, pequeña película en la que Natalie Portman enamora a la cámara, a un pueblo con nieve, a todo un mundo. Reírse, reírse, siempre, sobre todo de uno mismo porque no hay nada mejor que, como diría Machado, otra vez Machado, grande entre los grandes, nadie es más que nadie. Paseos por Roma sin la mia sorellina. Paseos por Roma con la mia sorellina. Subir unas escaleras y encontrarte en los espejos. Sentir que nos sentimos solos y que no estamos tan solos porque hay tanta gente que, como nosotros, apenas puede verse en las ventanas. El mundo, el mundo lejos y las calles, cerca. Y alguna palabra de dulzura en la que descansar una almohada y salir a la mañana con las ganas de suficientes de comerse una ciudad y algún que otro sujetador, aunque esta vez el color sea lo de menos.

miércoles, 21 de julio de 2010

Sombras

- Y, ¿cómo es?, preguntó ella, cómo es vivir entre sombras.
- No sé, respondió él con total sinceridad, respondió él. No sé, o sé, y se me ha olvidado.
- Sé que lo sabes. Y sé que sabes que me preocupas. Has sido una triste sombra de ti mismo durante meses y no has sido ni capas de llamarme. Que yo sepa, el norte está a sólo una llamada, nada más. Es sólo que...
- No sé, es como mirar un espejo y ver que tú no estás, que no hay más que un enemigo, alguien a quien has olvidado descifrar y que ya ni siquiera te saluda. Es como no salir de casa durante tres meses porque llueve, porque llueve y diluvia, y piensas que no hay nada mejor que dejarse arrastrar por las olas hasta no ser nadie.
- No me llamaste, y deberías saberlo, no sabes cuánto me dolió. Dijiste: éramos tú y yo, tú y contra todo, pero como siempre, mentías. Nunca has dejado que nadie se acerque a ti y abra las puertas de tu casa. Siempre solo y estaba yo, a una llamada de distancia. Un simple, ciao, estoy mal, habla conmigo un poco habría bastado.
- No sé, estaba mal y creía que no debía molestar a nadie. Creía que era yo el que debía solucionar todo esto, que era yo quien debía volver a mí. Nunca me gustó molestar a nadie.
- Deberías haberlo hecho, haber recordado que las personas, digan lo que digan, pertenecemos las unas a las otras y ayudarnos es parte del proceso.
- Imagino, pero si eres una sombra de ti mismo, no piensas en estas cosas. Sólo en que la vida está a años luz de distancia y piensas por un momento que no volverás a ella. Es como una lluvia que te cae y no empapa. Una lluvia que no te cala.
- Tú y la lluvia. Como si no te conociera. A veces olvidas las cosas más sencillas, olvidas que me has hablado de días con lluvia que arrecian tu cuerpo y te dejan al otro lado. Como si no supieras que jamás te lo voy a permitir.
- Ya. A veces uno no se sabe y se olvida. Y cuesta, cuesta demasiado volver atrás.
- Como si no te conociera. Es más, me encantaría que empezara a llover ahora, ahora mismo, y estar a tu lado, y habitarte, como todos aquellas tardes de lluvia en que tu cuerpo se derramaba en el mío, por hacer de los dos un río pequeño, pequeñito en que olvidar el mundo.

martes, 20 de julio de 2010

Parole per Heidi XIV

Per Lisa, la ragazza piu bella della mia Italia
Cara Heidi,

son más de las doce de la noche y, hey, otra vez cumples años, treinta, que no, sé que son veintinueve, il tempo, il tempo, diciamo, nella mia città, nella tua città, nella nostra città, son las doce de la noche y todavía no sé si tengo plaza, cuál será mi ciudad, cuál mi vida, pero, bella, tengo tantas cosas que contarte, ahora sí, ahora que estoy viviendo porque se me había olvidado y es bueno saber que estoy volviendo a mí y que tú sigues allá, en las montañas, con calor y poco frío, imagino, con alas, claro, y el mundo è una strada, una strada di Siviglia por la que llegábamos a las orillas de un río que tantas veces nos escuchó hablar de tantos miedos, de tantas ventanas sin abrir, de cómo la vida, si, la mia vita, la nostra vita, un paseo y luego otro, y palabras de ternura que alguna mañana de calor olvidamos, tú en alguna playa de Cádiz, porque adoras, desde siempre, el mar eran tus horas y tú, que vives en el norte y el sur te habita. Y, cara, troppo tempo sin vernos, dos años, casi tres, intento recordarlo y no puedo e y tampoco sé dónde fue, aunque sería, como casi siempre, en esa ciudad que me vio pasar por delante de ti, ya sin rastas, y que fuera incapaz de reconocerte. Casi como un fantasma, bella, porque querías un cuento con fantasmas, ahora que hemos olvidado de nosotros nuestras caras y me has dicho que vendrás al sur en noviembre pero no sé, como casi nunca, apenas nos veremos, será un momento y será seguir con nuestros pasos, siempre a un lado y otro de todas las arenas y no, no es posible, aunque sí, esta vez sí, tomar un café, de esos que a mí no me gustan y he olvidado si a ti también, un chocolate con churros después de una noche de feria en la que vestías de flamenca y yo te dije, la feria de Sevilla, jamás, yo a dormir a casa, la feria, desde hace diez años, nada olvídate, y entonces sí, entonces Italia y volver a una vida de la que ya no sentías partícipe y en la que estabas en todas partes aunque no vivieras niguna. Como volver a una casa, bella, de la que hemos perdido las llaves. Y tú y yo, bella, comimos payasos, sí, demasiados payasos, porque lo decías, siempre, eres gilipollas, cuántos payasos has comido hoy pero no podía evitarlo, el mundo existe para que nos ríamos en él, para defendernos de todas las cicatrices sonriendo, de todas las heridas, Heidi, que los años han dejado en nosotros en estos últimos años, gente que no está, la soledad, ese precio que nosotros hemos pagado por la libertad y que a veces nos cansa porque, cara, hay azoteas desde las que ya no miramos la ciudad, y una mano no le espera otra mano, y nadie nos dice, hey, si tú no te das cuenta de lo que vale, el mundo es una tontería, si vas dejando que se escape lo que más querías, pero no sé, como tú, no sabemos, bella si son fantasmas con cadenas los que nos llevan a quedarnos en la azotea contemplando nuestra casa un rato más del que deberíamos porque todas las historias, decía Cortázar, duran un rato más de lo necesario. Y nosotros, preciosa, es hora ya, tenemos que salir a la calle, ebrios de vida, y gritar al mundo, sí, nos duele, nos duele estar solos pero pronto cambiará, más tarde que pronto y saldrán todos los girasoles del barrio a decirnos, es de noche, dejadnos descansar y no seremos entonces fantasmas, ya no, sino una sonrisa con sonrisa que dice hola a la mañana y cumple años por sentirse bien. Y dejar que toda la tristeza de una ciudad desaparezca en unos ojos verdes. Feliz cumpleaños, Lisa.



lunes, 19 de julio de 2010

La vida con tildes

Para Laura

Fuimos unos dedos, y algunas teclas de un viejo ordenador de Sicilia. Fuimos un, hey, por qué no me dejas algunas tildes que aquí en Sicilia me las han robado todas. La vida sin tildes y es que, como diría Palhoma, todas las letras son iguales y ninguna es más importante, todas tienen sentimientos. Fuimos cinco horas en tren y apenas ver nada porque uno duerme cuando no duerme por las noches. Fuimos un me he acercado a una tienda de bisutería en Almería y he visto un collar y he pensado, sí, es ella, no podía ser de otra manera, es Laura. Y era Laura, y era tu cuello. Y fue entrar en un cuarto de baño y contemplar tanto collar y sonreír por si la sorpresa te gustaba, aunque, quién sabe, uno nunca sabe si su gusto es el adecuado para los demás. Fuimos sms y más sms, un no sé si llegarás pero ya te lo dije, llegaré, aunque se me fue medio día en el camino; fuimos sms que decían en qué líos te metes, Laurita, en qué líos, recuerda que si el tío es gilipollas tienes que llevarlo a todos los bares de la zona y que pague; que así duele más; sms que decían no sé si llegarás, yo no sé llegar. Fuimos entonces una voz, un, hey, Laura, dónde estás, yo ya he llegado; tienes que esperar, un poco, dijiste, estoy llegando. Qué voz más graciosa, pensaste, y deberías saber que es la primera vez que lo he escuchado. Inconfundible, graciosa. No está mal, lo que hay que oír. Y fuimos un saludo, un hola qué tal, estás cansado. No, nada más lejos de la realidad. Han sido horas para volver a mí, a las palabras, a los gestos, a la vida. Para nada, preciosa, para nada. Estoy en la vida, pero ahora necesito una ducha, huelo a kilómetros de tren y autobús. Vayas donde vayas, llévame contigo pero espera a que se me vayan todos los kilómetros. Y si es para cenar, por dios, que no sea comida basura, porque es llamarse Laura, y sí, comida basura, no cambia nunca. Fuimos un bar con estrellas en el que estuvimos solos y hablamos como si nos hubiéramos conocido esa misma noche. Fuimos una casa sencilla, acogedora y unas habitaciones con calor y puertas cerradas, puertas cerradas en las que dormimos con ropa. Fuimos una mañana de sábado en la que tú ya te habías despertado y yo conocí el mar de Mar Menor, un paseo para hacerte sentir la chica más importante de este mundo y en el que el sol por poco acaba con nosotros. Y escuchaste, y te gustó, bastardos, pero yo tenía razón, estos bastardos de la Junta, que volverán a dejarme sin plazas, y sí, tienes razón, es una palabra que serena y sienta bien. Y fuimos un bar, y toda la sal del mundo en las palabras. Y ese pues, es raro, pero yo normalmente, y con tanta calor, duermo con la puerta abierta y en pelota picada, y no, no supe qué decir, porque buscaba a mi imaginación y estaba a años luz de distancia. En pelota picada, como yo, pero en el suelo, o en la azotea, con estrellas. Y ese en pelota picada, con langostinos cerca, pues, claro, uno no es de piedra, y piensa, ah, vale, Laura, pues nada, si esta noche no tengo sal iré a pedirte, o bueno, no sé, si tú tampoco tienes podrás acercarte y me dio por llevarme dos saleros, uno, que es un ejemplo, pero nada, alguien se sintió culpable y hay dos saleros en mi casa e imagino que es el castigo, que los mire, piense en ti y sonría por hacer las cosas que uno no debe, como un simpa, por ejemplo, aunque poco sepamos tú y yo de ello. Y sí, fuimos a por comida basura, cómo no, porque, hey, era tu ciudad, y yo me encontraba vivo, cómo decir que no, si estaba viviendo, además, en buena compañía. Fuimos un estamos cansados, ha de ser el paseo por la playa, el viaje, el pequeño bar que tanto me gustó, con música, palabras y en el que me recordaste que todavía podía dormir en uno de aquellos bares perdidos de un pueblo del que ya no recuerdo ni su nombre, maravillosa memoria la mía. Fuimos una hipoteca y un si no tengo plaza a ver si tengo casa y me visitas en Granada. Fuimos un canción de cuna para Laura y una noche sin teléfonica, las cosas de Morfeo. Y un subo un momento arriba y me pongo el pijama menos sensual del mundo, pero eras un pijama, eras Mafalda, y se me gana en los pequeños detalles, en un sms, guapo, el viaje te está nublando la mente, en un no rotundo y en algún sí, en un, hey, pero si lo complicado es lo genial, así te entran más ganas. Fuimos un, el límite son los treinta, treinta años, y qué, qué hay en Sicilia, en Sicilia, preciosa, estoy yo, y está mi vida. Y es genial ser yo y nadie más allí, no es más que eso, más que la tierra roja de Tara. Fuimos un comentario, érase una vez un salero, qué digo yo, dos saleros, y un hasta luego, y un viaje en tren con presidiario. Fuimos, aunque no lo pienses, ninguna foto, y eso fue genial porque hay historias en que lo esencial, ya se sabe, es invisible a los ojos.



viernes, 16 de julio de 2010

El intransigente LIV

Para Bárbara
- Hey, cuánto tiempo, preciosa.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Y, ¿qué tal todo?

- Jo, pues con sinceridad, creo que de tanto juntarme contigo se me están pegando cosas.
- Buff, no sé yo si eso es bueno.
- Ni yo, pero qué más da. Estoy harto de la gente. Y, sobre todo, de que me salude gente que me cae mal.
- Sí, es estúpido.
- Y, además, hipócrita me dice. Ya le vale.
- ¿Por?
- Jo, porque para llamarme hipócrita, primero tendrá que buscar la palabra en el diccionario para saber lo que significa, ¿no?
- Lo que yo decía, llegas a impresionarme.
- ¡Serás hipócrita!


miércoles, 14 de julio de 2010

El intransigente LIII

- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Y, ¿qué tal todo?
- Como siempre, asqueado del mundo en el que vivo.
- Sí, es que este mundo es un asco. Un asco.

- Sí. Con decirte que han detenido a tres o cuatro que han pirateado las páginas webs de PP, PSOE y la de esa mierda de programa que es sálvame.
- Joder, vaya país de mierda, vaya sociedad de pandereta.
- Sí, está claro que sí. A esos hay que hacerles un monumento, como mínimo.
- Amén, hermano, amén.


martes, 13 de julio de 2010

Sierra Sur IX

Para Ana, Pilar, Noelia, y Belén

Volver a Osuna es volver a casa, es pensar que uno se hizo profesor en aquellas calles, en aquellas aulas, en aquel, como diría Ana, Anita, maestro, si te veo el primer día de clase en Lengua, tú como profe, que sepas que yo me descojono, total, no te respetábamos hace dos años, te voy a respetar ahora, pero hablar de cosas que pasan luego serían dardos, puñaladas al corazón con la que cuatro chicas maravillosas, también la chica invisible. Volver a Osuna es volver a casa y acercarme a un bar, el bar de siempre, el Bibendum, el bar en que Manolo, al que tanto quieren, y yo, salíamos por la noche y sólo había camarero, camarera, Manolo y yo y nuestras sombras. Y allí estaban, hasta que he podido encontrarlas, Pilar, Noelia y Belén y una parte de ti pensó, un momento, Ana, no, no está, vale, seguro que llegará tarde, como casi siempre, como casi siempre, pero no, saludé a Pilar, Noelia, esa chica invisible, y Belén, que siempre te sorprende gratamente, cada vez más, y el saludo, el de siempre, maestro, tú, cómo no, con un libro en la mano, y, claro, cómo no, un libro en italiano, hola Pilar, cuánto has crecido; hola Noelia, sigues siendo tan maravillosamente invisible como siempre; hola Belén, me alegra verte por aquí, pareces una mujer y más centrada. Pues claro, maestro, es que primero de Bachillerato me ha centrado, y si supieras que escribo y todo, sí, escribo, escribí una reflexión sobre el amor, porque leí una reflexión sobre el amor y no estaba de acuerdo, jo, a ellas les encanta, a qué sí, Pilar, y mi padre quería hasta publicarla. Hey, Belén, tengo, dijiste, ya lo sabes, que leerla, me encantaría. Maestro, dicen, una cosa, Ana está malita, no va a venir, pero no quieres creerlo porque Ana lleva esperando tu visita cinco meses y ahora malita y frágil, jo, y sigues sin creértelo y Belén te dice, hey, mira a mis ojos, maestro, la verdad está en ellos y está malita, ohhhhhhhhhhhhh. Bueno, pues nada, pensaste, cenar, tenemos que cenar, chicas, así que vamos a un bar, vale, maestro, al que tú quieras, pero, Pilar, si yo ya ni me acuerdo de la ciudad, maestro, por favor, que pasaste un año aquí, pues no, no me acuerdo. Claro claro. Y es Pilar, no podía ser de otra manera, porque es la madre, siempre ha sido la madre, la yaya, que diría Belén, que ya no tiene tantos pájaros en la cabeza, la que decide bar y casi cena. Y así pasa el tiempo, se habla, se cena, y Belén te lo recuerda porque hay lugares que ya no están en tu memoria, maestro, a qué te acuerdas de los refregones que te daba Ruth cuando se acercaba a la pizarra, no, dijiste, no, ¿seguro que pasó?, por dios, maestro, si hasta un día le dijiste, niña, córtate un poco y no no lo sabes, es más piensas ¿seguro que pasó? y Noelia dice anda, como Pilar, siempre pregunta pero de verdad, que sí, maestro, que sí, que pasó, y recuerdas que no recuerdas nada. Pues no, piensas, no recuerdo nada, recuerdo Ana y su estar en las nubes uno y otro día y ese Ana, el pavo te distrae, jo, maestro, no te rías de mí, y esos años en los que me acercaba a verlos por ser un estudiante más porque, como decía Paloma, sólo eres, te dices, un estudiante que enseña, uno de los nuestros. Y se queda tan tranquila y te dio pena no quedar con ella, pero, hey, la hacías en París, con regalo para ti. Y, cómo no, Pilar te recuerda a Laura, con mundo interior, saben cuidarse, y ayudan a todo el que lo necesita, son enormes, como el mundo, y brillantes, como todas las farolas de estas calles que te vieron habitar un año. Y llega una caricia suave en la espalda, y es Ana, tu Anita, la Anita del pavo, la Anita de por qué a nosotras no, pero sí, debe estar enferma porque no lo dice ni una sola vez, pero, claro, es como ella dice, no das oportunidad, y es bueno que se rían de ti, y que Anita mire y diga, maestro, bueno, elegante elegante no estás, pero comparado con otras veces sí, y además te has peinado, así que como te peinaste la última vez que viniste, hace cinco meses, pues te peinas cada cinco meses. Ana, una de mis primeras alumnas, que tanto me hizo crecer como profesor, y Pilar, que hablamos de orgullo y te dice, pues yo lo tengo, maestro, y creo que es bueno tenerlo, aunque hay gente que no, pero no voy a dar nombres. Tan discreta como siempre, no podía ser de otra manera. Y te ríes, debes reírte porque te acuerdas de esa clase y de esa maravillosa respuesta que jamás esperaste, en uno de los últimos días en que intentaste enseñarlos a pensar, y ese Pilar, ¿tú me vas a echar de menos? No, porque vendrán otros profesores. Y sólo puedes reírte aunque Pilar lo haya olvidado y pensar en gente como ella, como Laura, que hacen mejor el mundo y no necesitan a nadie y saben cuidarse solas y una y otra vez te sorprenden por qué dices, yo te sé, pero es mentira, no conoces a nadie, pero es bueno que la gente lo crea, y recuerda que ambas son ya amigas cuando tu último pensamiento hacia ellas fue, Pilar, Laura, no me necesitas, no creo que hablemos en años. Y sorpresas sorpresas te da la vida y recuerdas una tarde de otoño por msn en que ella, Pilar, te dijo, maestro, tengo una carta que escribir para Lengua, te paso y me ayudas, porque no, ellas no preguntan, piden sin más, tú no tienes que venir a las becas, dijo Laura, tú vienes, y leíste el principio de la carta y te quedaste sin palabras, tú, que las conoces todas, pero ese Hola, José Manuel, te llegó al alma, una carta para ti, qué cosas, de alguien que no esperabas, esa carta que leíste innumerables veces en meses de sombras y más sombras. Una carta preciosa que te hizo derramar alguna lágrima, también a Pilar, que te dice, jo, maestro, pues este año he llorado con el discurso de graduación de los que llevaste a Valencia, y tú salías. Sí, salías y me emocioné y piensas en Ana y por qué a nosotras no, en Ana, y en lo que vale, no es bueno que le hagan daño, porque vale lo que vale a pesar de la música. Y hay helados, y hay calles de Osuna, y paseo, porque, claro, lo ha decidido Pilar, la yaya, feliz y enamorada, con confianza, y no no deja de reírte de ti en toda la noche, y piensas lo que son las cosas, y esa tarde en la que preguntaste Pilar a qué a ti te da igual que yo vaya a vuestra graduación, pero no, te confundiste, como casi siempre, y ella dijo, vas a venir, y Ana dijo, y en corbata y chaqueta, ehhh, y vuelve a reírse y te dice, maestro, jo, ya has ido a una graduación y no ha sido la nuestra. Nos dejaste tirados. Ana, dices, tenía evaluación, no podía. Y Pilar, claro, claro, pero has ido a la de ellos. Sí, Pilar, pero tardaron cinco meses en convencerme; vosotras, tres minutos. Y Ana, cómo no, claro, porque a nosotras nos quieres más. Y te ríes y no dices nada. Y Ana, Anita, mira maestro, nuestra profe de Física y Química, y no haces sino preguntar ah, Ana, esa es la mujer preciosa que querías para mí, qué bien, y Ana, no, no te confundas, yo no quiero ninguna mujer para ti, jo, Ana, pero qué mala leche, y Pilar, segura y feliz, mira, maestro, esto no lo conoces, es el museo de arte, bueno, no estamos nosotras, pero vale la pena y caminamos hasta bar con futbolín y partido partidito, claro, dice Belén, es nuestra casa, ponemos la luz donde queremos, jugamos, Pilar, maestro, Pilar, hasta contesta a las personas mayores, cosas de personas mayores, como tú, maestro, y se ríen, y tú quieres matar a Ana, pero no puedes porque creciste como persona, como profesor con ellas. Aunque no te hayan respetado, te dicen, en la vida. Cómo no reírte entonces. Y se juega un partido, y ganas, no podía ser de otra forma, y otro y pierdes y tu orgullo no lo soporta. Uno perdido y luego otro, y el pavo de Ana que te dice, jo, maestro pero no me hagas reír, no me hagas reír, jo, maestro, Ana, el pavo te distrae, te distrae, y yo no sé perder. Y pides fotos, porque es raro, no soportas el PUenti pero no quieres irte sin foto de Ana, de Pilar, de Noelia, de Belén, sin fotos de todas aunque Pilar diga, vuestra foto, los perdedores, que sois vosotros, y tú quieres ya venganza, venganza, y será pronto. Y las ves marcharse, Ana y Noelia, tan pequeñas como siempre y piensas, enferma y ha venido, y hay caricias en el corazón; y te emociona ver cuánto han cambiado. Y Belén y Pilar, cómo no, de yayas, maestro, te acompañamos, que sabemos que no sabes llegar. Una noche cálida, un sms con alegría y ganas de dormir y saber que ellas serán importantes por encima de todas las cosas. Os adoro, estudiantes, no lo olvidéis. Y estaré en vuestra graduación. Como persona mayor, Anita, puñetera, que soy, llevaré corbata y chaqueta.



lunes, 12 de julio de 2010

El Intransigente LII

Para Viky, porque hay días en que es tú y yo contra el mundo

- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Y, ¿qué tal?
- Nada, descansando de tanto imbécil como hay en el mundo. Ya lo decía Miguelito: tantas balas y tan mal usadas.
- Buffffff, joder. No te pongas así, anda. Mira, llevo horas con esta revista. La encuesta es divertida. ¿Te gustan las fantasías?
- Qué gilipollez, por dios. Las únicas fantasías que me interesan son las que convierto en realidad.
- Dios, cuánta arrogancia.
- Sí, arrogancia, prepotencia e intransigencia. ¿Y? Que le den al mundo.
- Bufffffffff.

sábado, 10 de julio de 2010

Cuando Alba conoció a Laura

Para Alba

Cuando Alba conoció a Laura, ambas se acercaban, una los tenía más bien, a los doce años, porque hay números que acaban siempre teniendo más importancia de la que creemos, porque hay seres con magia y sombras en los dedos que esperarán doce años si alguien los necesita. El mundo era enorme y ellas pequeñas. Y Laura leía uno de esos libros que ya le hacía saber que ella quería ser importante en su mundo, el mundo queda lejos, pero no las estrellas de su ombligo, leía líneas que hablaban de gente invisible y de mundos con hechizos que se alejan del mundo y Alba gritó ehhhhhhh, y la luz llegó a todos los árboles del parque. Nacía una historia con líneas, una historia con notas a pies de página que hablaba de chicas desconfiadas ante la gente, de chicas desconfiadas ante las esquinas e ingenuas ante la vida. Siempre, se dicen, las cosas que más importan son las que no esperamos, una amistad a contraluz en un parque de Madrid, miles de palabras por teléfono, miles de palabras que dicen, te echo de menos, sería genial hablar aunque sean cinco minutos y parezcan doce siglos. Luego, una y otra, a ambos lados de un río que conoce sus orillas, cinco minutos, piensan, cinco minutos, y han pasado un año y dos meses, y se dicen, tenemos que vernos sólo por contar todo lo que nos ha pasado desde entonces. Tú y yo, dice Laura, ríe Alba, tú y yo, que somos la misma historia, y se acercan a nosotros adolescentes imbéciles que nos dicen, sería genial hablar contigo toda una noche, proponen otra cosa y olvidan la cara de la luz de dos chicas que han dejado su luz en sus pupilas. Y no deberían olvidar que la adolescencia no es más que una enfermedad que se pasa cumpliendo años, aunque ellas ya sean pura inteligencia y asombren a muchos de los que hablen con ellos y piensan, hey, hay momentos en que tienes treinta años y no, no sea así, para nada, porque todavía se ríen siendo niñas. A veces Alba se siente frágil y dice, Laura, no sé si puedo más, no lo sé, y Laura, dice, cómo que no, tienes luz, eres la luz y yo te necesito, yo que sé cuidarme sola, necesito que estés bien y saber que hay caminos que todavía no has recorrido. Alba sonríe y sólo dice gracias y Laura, que nunca expresa nada porque teme de la gente que puedan conocer sus sentimientos dice, ya sabes que te quiero, serás extraordinaria. Y Alba piensa, a lo mejor tiene razón, es Laura y, desde que nos conocemos, pocas veces se equivoca y ambas se dicen, sí, porque la magia está en muchos más sitios de los que creemos, porque Alba, está en tus manos aunque a veces te sientas sola y yo sepa que nadie me va a esperar, pero ahora no estás sola y yo pienso que a lo mejor alguien me espera, porque me lo ha dicho una intuición y hay cosas que sí pueden ser y no son imposibles. Y ahora empiezas a no estar sola y me alegro, dice Laura, porque todas las calles deben conocer de ti tus hermosos pasos, tú, que dejas huella en todos los adoquines, y Alba ríe y se dice, me quieres demasiado, Laurita, demasiado pero me preocupa alguno de tus miedos, y Laura dice, hey, no olvides que yo estoy aquí para ayudarte y sé que quieres estudiar todas las líneas para saber los trucos de todas las palabras y consolar así a quien lo necesite. Porque no hay nada como ser curioso y tener orgullo, y decirse, sí, estudiaré Filología Hispánica, aunque me digan que no tengo salidas es lo que quiero y qué más da, se dice Alba, qué más da, cuanto quiero es conocer los trucos de todas las palabras y Laura ríe porque piensa que Alba ya conoce de las letras todos sus secretos y cuanto desea es que Alba sea feliz y sea tranquila en un mundo de libros que a veces es gris, pero no no será Alba, ella, ella que tiene todos los colores y ella tiene, si así lo quiere, de Filología las mejores líneas, los mejores apuntes y busca y busca y encuentra porque ella, como Laura mira al mundo como si conociera todos los lugares. Porque a ellas nadie las ha tratado de forma diferente a las demás, pero se saben distintas. Debe ser la magia, que yo conozco en una, aunque una quiera ser anónima. Y no saber la señorita anónima que Madrid tiene más brillo desde que ella se conocieron y se supieron parte secundaria, porque nunca nunca nunca protagonismo para ellas, se supieron parte de un libro que una a otra se cuentan cada noche, sólo por dormir en los labios con una sonrisa. Aunque a veces Alba se siente un poco más cansada. Se hizo pequeño el mundo; ellas enormes, también su luz. Y uno se dice: debe ser la luz, que hay gente que no sabe que la tiene y siempre duele encontrarla. Y ellas, como si no lo supieran miran al mundo porque pueden ver sus mentiras. Aunque se digan confiar no es bueno, confiar no es bueno, y uno, que va ya para viejo, prefiera decir sí, la gente merece la pena e, ingenuo, lleguen todas las heridas. Sólo por dormir, el mundo y sus engaños a lo lejos, en sus labios con una sonrisa.


viernes, 9 de julio de 2010

Miedo XI

Para una de las criaturas más auténticas que el mundo haya conocido
- L., mira, es el once y es el número que tanto adoras.
- Sí, lo veo.
- A mí no me gusta tanto pero bueno. Imagino que hay cosas que cambian, que nada es imposible.
- Sí, H., lo aprendí en una película, cuando era pequeñita.
- Sí, ahora eres pequeñita, aunque seas tan grande como el mundo.
- Sí, lo aprendí entonces.

- Hey, L., creía que no, pero me sigue doliendo que no confíes en mí. No sé. Creo que sabes que estaré siempre que lo necesites. Qué sé yo. Uno crece pero le pueden las mismas dudas.
- Pero, H., es porque, y lo sabes, en mí hay una barrera infranqueable para todo el mundo.
- Sí, L., es tu miedo.
- No, para nada. Es esa barrera que no tiene que atravesar nadie. Nadie.
- Ya, L., yo sólo quiero decirte que tú y yo somos el mismo mundo. Te lo repito siempre. Somos el mismo mundo y yo he tenido tu edad. No sabes lo cómodo que es decirse estoy en casa, conozco mi lugar, no quiero estar en sitios que no conozco. Aquí soy yo y nadie puede alcanzarme. Así era yo, con esas sombras. Pensaba, y lo sabes, no quiero que nadie se acerque a mí, no sé si lo merezco. No lo sé. Es la mejor de las excusas. Creer que no somos suficiente, no valorarnos, no salir a la calle por ver si hay alguien que no esperamos en la esquina.
- Mmmmm.
- L., no deberías decir eso. Sabes que me da miedo.
- No creo, H., que tengas razón. Soy mucho más fuerte que tú. No me importa salir aunque no sepa adónde voy.
- No lo sabes porque una parte de ti quiere volver a casa y no salir, ser anónima. Así no puedes converncerme de que eres fuerte. Para nada.
- Soy, H., más fuerte que tú.
- No sé, a lo mejor tienes razón, frágil criatura, pero he pensado, ahora, te he pensado y sé que te diceses que no hay nadie como él. Para mí todos son cualquiera. Y te equivocas, te equivocas por completo. Somos nosotros quienes hacemos grande a quien está a nuestro lado. Somos nosotros los que hacemos especial una noche de palabras sin dormir, en Murcia, en Granada, en Sicilia.
- No eres tan fuerte como yo, H. recaerás.
- Sí, a lo mejor lo hago. Y me sentiré triste, porque me habrá vencido una imagen, como a ti. Nos habrá vencido un fantasma con cadenas que nos llevará adonde quieras. ¿Es lo que quieres para ti? ¿Tener la excusa perfecta para que el amor no deje arañazos en tu cuerpo, en tu alma? Estar en casa y decirte, ahora todos son cualquiera, ahora no hay presente, no hay futuro. ¿Para qué? Es, y lo sabes, la mejor excusa para no salir a la vida, para no enfrentarte a ti y a tus miedos. ¿Quieres que te cuente una pequeña historia?
- Sí, claro.
- Mira, sabes que adoro Sicilia, y la adoro porque es una de las tierras más inhóspitas que conozco. Poca gente la conoce realmente, tampoco yo. Allí la mafia es el mundo. Pero hay gente buena, gente que luchó contra ella y su poder. Existió un juez, Falcone, que hizo todo lo posible porque la pequeña parte del mundo en la que vivía fuera mejor. Y pagó el precio más alto: su vida. Una vez, un amigo, un periodista, le preguntó, es obvio que eres uno de los grandes objetivos de la mafia. ¿No tienes miedo? Él contestó: chi non ha paura muore una sola volta, chi ha paura muore ogni giorno.
- No sé italiano, H.
- Verdad, frágil criatura, verdad. Dijo: sí, lo sé, pero uno debe ser honesto con uno mismo, y dijo, quien no tiene miedo muere una sola vez, quien tiene miedo muere cada día.
- Pero murió. Es triste, ¿no?
- Sí, murió, pero después ha crecido una sociedad que no quiere mafia. Y han crecido grupos que no quieren pagar a la mafia. Y en un árbol de su casa, una niña de seis años escribió, no tuviste hijos, pero a mí me habría gustado ser tu hija. Son las cosas que me hacen llorar. Gente que paga un precio por cambiar su mundo pero sabe que debe hacerlo. Nos pasará lo mismo: nos olvidarán.
- Eso no es malo. Yo quiero ser anónima y que no me miren.
- Te seré sincero. Yo no te pienso, yo te sé y sé que tienes miedo, miedo a que el tiempo se te vaya, y se te haga arena en los dedos, a estar lejos del mundo y contemplar, ver cómo te pasa todo sin que tú estés. Te sé, L., porque tú y yo somos el mismo mundo y yo he estado mucho tiempo allí.
- Me siento, no sé, ...
- No dejes que fantasmas con cadenas te lleven, no dejes que se te vaya el tiempo, la vida. Queda poco para la universidad, allí habrá mucha más gente interesante de la que imaginas. Allí habrá presente y no pensarás, todos son cualquiera, dios, conozco hasta las palabras con las que piensas. Espera, un poco, hasta septiembre, y todo estará mucho más cerca de lo que crees. Date una oportunidad y deja de hacer grande a tus fantasmas, a tus miedos. Alguien abrirá esa barrera, encontrará, como lo he hecho, tu frecuencia. Lo hará y serás feliz, estarás tranquila. Son apenas dos meses, L., apenas dos meses. A partir de entonces me olvidarás...
- No voy a olvidarte.
- Me olvidarás y seré feliz, porque hay días en que me dueles más de lo que yo creía y sólo puedo decirme espero que ella me enseñe a ignorarla, espero hacerlo. No es escribir frases que nos encantan, no es decir, lo incorrecto siempre es una forma de acertar, es vivirlo, es escribirla porque sabemos qué quieren decir. Y creo que tú todavía no lo sabes.
- No voy a olvidarte. Y te equivocas. Yo he hecho lo incorrecto, algunas veces.
- No sé, preciosa criatura, es sólo que será noviembre y yo necesito salir a la vida, que me deje cicatrices, necesito una noche de playa sin dormir en Murcia y que nos despierte el sueño de las estrellas. No quiero estar en casa, no quiero salir un día porque es el día para salir, quiero todos los arañazos, todas las cicatrices, quiero saberme vivo, porque he estado en las sombras y me sacaste, así que gracias.
- No tienes por qué dármelas.
- Pero lo hago, lo hago. Y ahora estoy vivo otra vez y quiero dolor, quiero crecer, quiero todas las heridas del mundo para verlas y decirme, sí, salí a la calle y me hicieron daño. A la mierda los fantasmas.
- H., qué mal hablas a veces para ser profesor.
- Dos meses para que sea el primer día del resto de tu vida. Te odiaré si no sabes verlo, si no construyes tu historia, líneas que no escribirán los libros porque serán tú y no querrás contarlo.
- Mmmmm.
- Yo te adoro. Es sólo que te adoro. Y a veces me das miedo.


jueves, 8 de julio de 2010

Un buen día

He vuelto a mi ciudad, mi ciudad, y me he acercado a mi río; la Giralda estaba cerca. Me he sentado sólo por mojarme un poco los zapatos. Era mañana y sé que no hay atardeceres como éstos. Los habrá mejores, imagino, sobre la playa, pero ninguno como éstos, en los que el sol dice a Sevilla hasta mañana y el rojo se diluye sobre todas las orillas. Un helado, no podía ser de otra forma, en las manos y sabor a Sicilia en los labios. Me he acercado a la universidad por regalar un libro y ver una sonrisa; allí estaba Ana, porque hay magia en los ojos menos claros, y se ha reído: no me lo puedo creer, y muchas gracias, qué palabras tan sencillas y cuánto tiempo sin oírlas. Me he ido y seguía sonriendo; son pequeños gestos y hacen más alegre al mundo, son pequeñas cosas y dan felicidad a algunos rincones. He estado en el río y he pensando en ti, te he pensado, qué bonito en italiano, te he pensado y me he dicho sí, uno tiene que demostrar lo que vale, con lo sencillo que eres, como dijeron ayer, cuántas cosas en ti que poca gente sabe. Cosas de amigo, cosas de Jesús. He pensado en ti y te he pensado: yo era peor, sí, tú y yo sabemos, antes de haberte conocido. También tú eres imporante; también me has hecho sonreír. Y lo harás en una noche de playa con apuestas en que te sentirás viva y yo te sabré feliz y con miedo. He vuelto a mi ciudad, a mi casa y te he pensado. En casa. De vacaciones. Ya era hora. Son pequeñas cosas pero abren las puertas de mi casa. Pronto será Sicilia y después el mundo. Pronto será el día y será tu luz.

miércoles, 7 de julio de 2010

El intransigente LI

- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Y, ¿como estás?
- No sé, mi cuerpo anda un poco renqueante.
- Pero, ¿eso cómo va ser? Si siempre has dicho que nuestro cuerpo es un templo. Dios, lo dices y no sabes cuidarte. Penoso, ¿eh?
- Ya, he dicho que mi cuerpo es un templo pero ya sabes lo que pienso de iglesias y demás.

martes, 6 de julio de 2010

Caos en las aceras

Es otra vez el caos en las aceras, el caos en mis dedos, porque no soy caótico pero atraigo el caos porque lo adoro, porque el caos, hey no es más que otra forma de vivir los adoquines. Y sales a otras calles como yo visito otra ciudad. Y tú, como yo, cruzamos por los pasos de peatones cuando los semáforos están en rojo y no, nadie nos ha atropellado todavía a pesar de que conozcamos ya algunas matrículas. El calor, cómo no, es el mismo en todas las carreteras y hay parques en los que tú y yo esperamos al mundo sin esperarlo. Y le pido a mis dedos que toquen todos los carteles que dicen alta tensión y nada, no hay un cartel que nos haya hecho daño, alta tensión, la vida o tú, qué más da, como si no supiéramos que ella ganará pero no importa, ahora que lo excitante es saber cuándo perderemos. Y recuerdas un dia en Roma en el que cocinaste y la tua sorellina, dijo, hermano, qué desastre, eres un caos para cocinar, y qué, no me gusta el orden, no sé ir adónde me esperan, sorellina, ahora que escucho, como casi siempre, como nunca vienes cuando quedamos pero no importa, si no sé ni dónde voy a estar en diez minutos, no tengo ni idea, no lo sé, y aquí está la tortilla, y el caos en todas las mesas, el desorden en todos los papeles, ahora que hay programaciones y yo no sé qué vas a hacer cuando entres a clase. Y cojo un tren y te ríes, porque hay una chica, Ana, que está leyendo y no hay escena más hermosa que la de una mujer leyendo, como comprobamos tú y yo cuando yo me enamoré de una chica que leía en uno de los puentes de Firenze, y no recuerdo otra cosa de esa ciudad, por recordar y olvidar tantas otras cosas. Y estás en Córdoba, y has encontrado un río, tu río, mi río, ese Guadalquivir en el que contemplar tantos ocasos y dejar pasar el tiempo, queda poco ya para tu verano, para Murcia, Granada, Sicilia, el mundo. Y en el tren Ana me ha recordado a Ana, con diez, doce años menos, ni me acuerdo, y un parque y ese por qué no vienes conmigo, entra, entra ahora, y dejemos que las estrellas tengan piedad de nuestros labios y tú y yo pensamos dios, es una niña, y le dijimos, Ana, la edad, son muchos años, y Ana, dijo, los años, ahora tu corazón es joven y tu boca es nueva cada día, la edad, por dios, el tiempo, es para cobardes y, hey, nunca se ha escrito nada de los cobardes, y yo, ya lo sabes, no, nunca he querido ser cobarde. El tiempo no es nada, la edad, decía Ana, es sólo el trozo de corazón que tú me muerdes ahora y nunca supieron mejor los relojes. Mordiscos de realidad, y nunca se nos fue la ilusión. Y ahora uno dice, examen, y piensa, moriré antes de lo que imagino pero qué más da, conocí el amor, también el sexo y sus arañazos. Y pronto Sicila y llevarme piedras y dejar piedras en el suelo y caminar por las montañas para ver volcán y mares, y un anfiteatro desde el que escuchar rumores de ríos que se hacen rojos y dejan en las uñas sabor a camino. Camina, que algo queda. Y hay pulseras verdes, y pendientes azules en los que a veces vemos el mar nos despistan. Como estar en Roma y no conocer la ciudad y salir sin mapa a todas las aceras. Y queda caos, caos en los dedos, caos en las aceras, para no ser grises, ni tú ni yo, ni todos aquellos que entran a saco en un entorno y dicen vengo para cambiarlo todo, para que todo mejore, para que todo cambie. Sí, que cambie, que cambie ya, quiero estar en otra parte y que sean estas esquinas, estas esquinas. Y queda caos, caos en los dedos, para no ser grises jamás, ni tú ni yo ni todos aquellos que siempre han apostado a perderlo todo contra vida.

lunes, 5 de julio de 2010

Ti voglio bene II

Para Jeen

No, no fuimos los únicos aunque, egoístas de nosotros, creyéramos que no había historia como la nuestra. Y olvidamos que todas las historias son como las nuestras porque todas las historias son diferentes y todo el mundo tiene algo que contar. Un corazón sobre la arena y tus palabras, siempre, esas palabras que decían, me susurraban al oído cosas tan hermosas como inciertas: te querré siempre, pero no, no podía ser y era imposible. Siempre no existe, lo sabes, siempre, no existe, ni en italiano, ni en español, sólo quiero que me quieras, dije, un poco más, hasta que a tu corazón le duela y ambos podamos soportarlo. Sólo cinco minutos. Y otros cinco minutos. Hasta que un corazón de piedras se pierda en el mar y tú y yo no podamos detener las olas de una playa que decidió llevárselo todo. Un sol y una luna, dijiste, hechos con piedra de volcán, porque sé que te gustan todas las piedras y hay momentos en que desearías que todas estuvieran a pie de tu cama y te dijeran hola, estamos construyendo un castillo para ti. Sabrás defenderte aquí. Sabrás cuidarte solo. Y no, deberías saberlo, no es la única historia, porque hay chicas de deliciosa sencillez que han aprendido a ser orgullosas con su presente y decir al mundo, estoy aquí, y no, no quiero ir a ninguna otra parte, deja que el pasado se derrame en una orilla y no llege a acariciarme los pies. Es otra historia pero, como tantas, parece la misma, porque son mis dedos los que la cuentan y las rodillas de ella las que tiemblan cuando piensa que hay momentos que no debieron ser así, porque hay corazones rotos, que se regalan por saber si alguien sabrá cuidarlo y cuanto hacen es perderlos y ella, tan enorme ahora como la vida, comprende que perder un trozo de corazón no una vez sino dos no es más que la forma que tiene toda la arena de decir tu camino es otro y sabrás encontrarlo. Y ella, que llevará una luna, o llevará el solo, como tú y yo, alguna vez, ahora se siente fuerte y se sabe ella. Y sabe que nada mejor que ser ella para darse en todo a todo aquel que sepa valorarla. Cuestión de crecer, decíamos tú y yo, ahora que nuestras calles están a años luz de distancia.

domingo, 4 de julio de 2010

Parole per Viky

Estimada Viky:

hay días que se hacen noches y hacen que nos pesen las rodillas. Así, dudamos un poco al caminar. Una ciudad que adoras y tantas tantas horas para disfrutarla, alguna esquina te habrá dicho, estoy seguro, hola, te echaba de menos, es bueno volver a verte, disfrutar de tanta inteligencia, de la osadía de saber que estás viviendo y pronto nos veremos cada mañana al despertar. Tantas cosas que hacer y tan poco tiempo. Alguien me dijo: soy una adolescente, hay veces en las que no sé que quiero, pero hay gente que ya ha pasado esa edad y no hace sino recordar que la adolescencia no es más que una enfermedad de la que se sale creciendo. Una verdad como otra cualquiera, imagino. Hay adultos que dicen: me encanta ayudarte, me encanta estar ahí para ti, y, sí, ya sí saben lo que quieren porque saben que el tiempo se les va de las manos y son las decisiones, para bien y para mal, las que les hacen ser quienes son. Es difícil dar tanto y no esperar nada; hay que ser demasiado fuerte, es como viajar al sur de todos los sures y encontrarte solo, para pensar después, son sus vidas, nada más. Nada más, claro, y nada menos. Uno ayuda, da una mano, o dos a quien la necesita pero espera, supongo, al menos cinco minutos de palabra con delicadeza, mirar a los ojos de alguien y encontrar curiosidad y orgullo. Son tan escasos ya: orgullo y curiosidad. Independencia: yo sé cuidarme, pero hay veces en que la fragilidad vuelve y alguien necesita un brazo en su brazo, no sentirse solo durante algún minuto, un buen rato, tomar sólo un café y decir hola. Eran cerca de las cuatro de la noche y escribiste, soy una niña todavía para ciertas cosas, como todos, preciosa, como todas, y no lo entiendo, tan defraudado, tan decepcionado. No es eso, preciosa, no lo es, es sólo que a veces uno da una mano porque quiere escuchar palabras de ternura, un, diría yo, hola, Pablo, tenía ganas de verte, ha sido genial tomar ese café, el año que viene espero que me guardes un rato, alguna vez. Uno dice te olvidarás de mí y quiere decir espero que nunca te olvides de mí, me ha olvidado tanta gente, y no hay puertas todavía que se me hayan vuelto a abrir. No deberías preocuparte, ya digo, es sólo un momento de fragilidad, volverá a estar bien, y a ayudarte en todo lo que necesites, ahora que escuchas, de cuando en cuando, mi voz por teléfono deberías saber que es cierto, como un cuento que hemos prometido no entregar, una criatura a la que nos hemos prometido no hablar jamás por tantas tantas cosas, pero uno crece para saber que el rencor no es nada, apenas un minuto, que uno debe perdonarse y saber perdonar a los demás, por una sencilla razón. Somos únicos e irrepetibles; a veces, nos escuchamos pero es imposible comprendernos. No sé, tal vez ha sucedido que Pablo se ha cansado de ser hombre, pero volverá, volverá a ser ese chico que te escuche embelesado. Es sólo un momento, no lo dudes.

sábado, 3 de julio de 2010

Domani iniziamo la conquista del mondo

Fue la última vez que hicimos el amor. Era febrero, y estabas cansada; era Roma, y estabas agotada, cansada, dijiste, de ser la última en mis brazos en todos los lugares. Quise besarte y alejaste tu boca para que algunas palabras escaparan de tus labios: he estado pensando cosas y estuviste dos horas pensando en voz alta. Yo sólo pude escuchar en silencio. Terminaste y sólo supe decirte quieres que me vaya, ahora, quieres. No, todavía, no, mi cuerpo pide tu cuerpo, no te vayas, no todavía. Y nos besamos, una vez más, como si nuestros labios no se hubieran conocido. Otra vez en tus labios y yo entendía nada, como casi siempre, porque siempre, dijiste, eres un niño, y el mundo te supera, y yo no estaré a tu lado, para defenderte, me preocupas, y otra vez te despojaste del sujetador verde que tantas veces mordí y tanto amamos tú y yo, mi boca y tu apetito, tan viejo y excitante ya como el tiempo en que nos conocimos. Pusiste mi mano en tu corazón: escucha, late por ti y porque no volverá a ser tuyo, debería doler en tus dedos y sí, dolía, no supe qué contestar. Y allí, tú, una vez más, riéndote mientras llorabas: muerde por si puedes conseguir que tanto dolor se haga fragilidad y mordí con toda la delicadeza posible por si ver un poco de ternura limpiaba alguna lágrima. Fue imposible. Querías más, querías olvidar que no visitaríamos más nuestros cuerpos. Cogiste mi mano y la llevaste a tu sexo para que todos mis dedos se estremecieran sabiendo que serían la última vez que estarían contigo. Una caricia y luego otra. Dijiste, y me quedé sin palabras: tus manos, como siempre, parecen mil, ven a lo profundo. Un gemido y luego otro. Dijiste, y no supe qué decir, basta, termina ahora. Y lo hice aunque mis muslos esperaran a tus muslos y no llegaran nunca. Otra vez fue lo que tú querías, otra vez. Recordaste, porque sabes dónde una boca deja daño, domani iniziamo la conquista dil mondo para que yo y mis ojos volvieran a a la primera vez en que te vi desnuda y tú te reíste por primera vez, la primera vez que dijiste que hay manos que parecen miles y no supe qué decir, a mí, que me sobran todas las palabras. Llegué a tu casa porque me habías invitado y, sencillamente, cuanto esperaba es que me enseñaras la ciudad y te dije, por no saber de qué hablar, hey, conoces a Federico Fellini, y te reíste, por primera vez, de mí, en Roma, para responder es increíble que alguien ame tanto una cultura que no es la suya y te conté la historia de esa fotografía que Federico Fellini le escribió a su amante en la navidad de 1944, cuando tú y yo no habíamos nacido pero acaso nos habíamos encontrado y Fellini le escribió: domani iniziamo la conquista del mondo. Podríamos, escuchaste, hacer lo mismo, possiamo iniziare la conquista del mondo domani y otra vez riendo, me dijiste quiero enseñarte algo, y yo me acerqué a la puerta porque pensé que eran tus calles. Stronzo, sei un stronzo. Gilipollas, tradujiste, si no recuerdo mal, en español. Y me llevaste a tu cama donde vi por primera vez cómo el sol de la noche descansaba en tus pupilas. Quiero enseñarte algo y allí estaba, por vez primera vez, tu sujetador verde, ese que amé en tantas noches de ciudad sin ciudad. Dame la mano, éste es mi corazón, escucha, late porque estás aquí y es feliz. Quiero que tus manos estén en mi pecho y tu boca en mis pezones, quiero que la felicidad se haga dolor porque seré feliz cuando me duelas. Y yo, como casi siempre en tus brazos, no supe qué decir. Una noche de caricias y gemidos sin dormir dio paso a un día en que no, no pudimos iniciar la conquista del mundo porque la cama nos venció durante tantas horas. El mundo no está aquí, que nos deje en paz. Y volviste a reír. Porque todas las lágrimas de una ciudad cayeron sobre nosotros la última noche en que hicimos el amor y te dije, ten, son las llaves de tu casa, no, no, quiero que las tengas tú, porque eres grande, y volví a odiar esa palabra, porque siempre fui pequeño en tus piernas, y encontrarás una puerta que abrir. Todavía no la he encontrado. Me dijiste, mira mi cuerpo, desnudo para ti una vez más, nunca volverás a visitarlo, perdona, caro, scusa, bello, no he querido estar en tu cuerpo porque sé que no habría dejado que te fueras. Desde entonces no hemos visitado nuestros pies, descalzos en verano por si tú o yo decidíamos que sería bueno poner un pie en nuestros pies. Espero, dijiste, que alguien sea visitada por tus manos. Y sí, alguien, lo hizo, alguna vez, pero no hubo dedos que dolieran cuando entraban en lo profundo. Alguna vez hablamos y dices, perdona, tengo que dejarte, y yo digo, no, ya me dejaste para que tú puedas contestar: stronzo, sei un stronzo. Y ahora es obvio que el amor se derrama en nuestras venas de forma diferente.


viernes, 2 de julio de 2010

A mis soledades voy, de mis soledades vengo

Uno escribe letras en la pizarra por si alguien las ve y le recuerda que la vida,a veces, nace porque hay cuatro manos que la comparten, porque alguien dice: perdona, es tu tiza, y no tiene colores, se te ha caído. No, no tiene colores y parece gris, porque hay días en que uno se levanta sin mañanas porque hay dedos que se la han llevado y todo parece a años luz de distancia. Hay días en que uno sabe que necesita una vida y no la encuentra en sus ojos. Mira a un lado y otro y no hay nadie, ni unos solos labios que nos digan, hola, estoy aquí, y seré tu mundo y el mundo parece entonces callejones desiertos en los que nos soñamos con alguien. De niño, decía Luis Cernuda, buscaba en ti, de niño, repito, buscaba en ti restos de la delicadeza que no hubo jamás en las manos de aquellos que me alejaron de las calles. Y ahora, hoy, cansado de tantas esquinas sin faroles, uno busca, una palabra amable, tan sólo una palabra. Pero todos tienen prisa.