martes, 31 de agosto de 2010

Bajo los adoquines

Llueve fuego, como podría llover agua, como podría llover dolor, como alguna vez lloverá nostalgia. Es sólo una cuestión de perspectiva. Uno mira a las calles de su ciudad y encuentra esquinas en las que perdió un poco de sí y no ganó nada; alguien dice se llama crecer pero uno crece y sigue sabiendo tanto como antes, apenas nada, probablemente nada. Uno ganó cicatrices sin más y duelen todas, aunque alguien dice, mira, hay cosas bonitas, y hay palabras, pero ha gente que conoce todas esas trampas y los gestos dejan mucho que desear desde hace ratos. Debe ser el final de este verano atípico, uno escucha, en que todas las aceras están vacías y hay poca gente que se acuerde de otros y pocas que no se den a quejarse. Uno mira al mundo y sabe que no está hecho para él, que hay tardes en que todo promete asco, en que hay gente con poder que se acerca a banqueros y deja más vacíos los bolsillos de aquellos pantalones en los que apenas hay unas llaves y algo de consuelo. Uno comprende apenas que así es todo a pesar de que lo escucha, una y otra vez, qué quieres, las cosas son así, la gente es así, pero no debería ser, para nada, porque no es éste el mejor de los mundos posibles y si uno hubiera educado bien no habría gente mirando debajo de los adoquines por si encontraban una playa. Sencillamente uno y esa gente se habrían llevado los adoquines para derribar con ellos tanta estupidez, tanta hipocresía, tanta puerta cerrada a un cambio, a una ciudad más humana, a un mundo mejor, a un barrio con esperanza.

lunes, 30 de agosto de 2010

Parole per Heidi XV

Cara Heidi,

hace, como ya me dijiste ayer, porque hablamos los dos, tú y yo, y ambos supimos escucharnos, a pesar del idioma, del español, del italiano, del alemán en que ves algunas películas y te defiendes cuando sales a vender ropa y no estás de descanso, ahora que descansas poco o casi nada, pero hay días, tardes en que vives en las montañas y, eres como siempre, feliz. Qué sería de ti, Heidi, sin las montañas, qué sería de mí en Sicilia, y ayer hablamos, después de mucho tiempo, después de las noches en que tú y yo hablamos, yo en una playa de Sicilia y tú a lo lejos, con envidia, con envidia sana a veces, y otras no tanto, y me contaste hey, gracias por la sorpresa y olvidé que el de la sorpresa había sido yo, ya me conoces, mi memoria y yo, el mundo se nos hace enormes y me dijiste cuéntame Sicilia y yo no supe qué decir, y no supe contarte que hubo un tren que se hacía barco en Messina y se hizo mar entonces y era de noche y no supe contar las olas por tener que contarte algo y mucho más. Sería, por hablar de algo, Napoli, el lugar donde te escribí ese texto, donde encontré regalos, donde me encontré otra vez y casi siempre en el sol y recordé que me decías, porque alguien me lo ha repetido en una carta, certera, como las que ya casi no escribes, quiérete más, quiérete bien, y sí, deberías saberlo, comer es mi placer, también el tuyo en tantos días en Sevilla, y nada como probar la comida española, como visitar el barrio de los españoles, lo peor de lo peor, dicen, pero acabó resultando de lo más normal, y helados, hey, ya me conoces, siempre helagos, fantasie gelate, cómo negarme, y un cono y otro, y ya me conoces, tan tan feliz, y el mundo no importaba a pesar de tanto mal absurdo, y visitar una ciudad romana por, ya me conoces, llevarme alguna piedra, porque no hay nada como llevar en tus bolsillos huellas de tanta cultura, y había que volver, y había lágrimas de una chica oriental a la que le habían robado la maleta. Napoli y los tirones, Napoli y los robos, pero a mí me esperaba un tren, un tren que se hacía barco, un barco que se hacía mar, y un montón de palabras en español con una chica que, como tú, adora uno de tus tantas tierras, y era Robi, y hablaba de su corazón del sur y de su trabajo en Milán y de la lluvia y de una semana de vacaciones en Sicilia, y alguna tarde, y el mar en calma, alguna foto, y, como siempre, ya lo ves, quedarnos por arancini, porque, pensé, si esperamos un poco, habrá menos gente, y sí, hubo menos gente pero ningún arancino, a veces, sí, a veces, ya lo sabes, pensar me traiciona, y ahora ya no tengo un vaso de agua en que calmarme, pero, hey, el mar existe y el mar es Sicilia, y el Monte Verna en fotos que, como siempre, mi memoria, bella, mi memoria, he olvidado enseñarte, una tarde en el cielo y con, ya lo sabes, sicilianos, porque nada como estar con amigos del lugar para conocer tantos rincones, y disfrutar, como siempre hago, de esas deliciosas cenas con Brita y en español, en italiano, y hablar de libros, y decir, ya conozco Sicilia, y que se ría y diga, te queda y sí, me queda, y hay que volver, siempre, hay que volver, y estar con Sami y reírme y escuchar a Caterina no sé quién de los dos es peor, yo, Caterina, yo y escuchar Sicilia no es lo mismo en verano sin ti, pero, claro, yo no soy lo mismo en verano sin Sicilia, y nada para celebrarlo como media botela de limoncello y una cena maravillosa con Claudine, con Caterina, con Brita, y con Sami, siempre Sami, brincando, jugando proque no hay nada más hermoso que la sonrisa de un niño de dos años que todavía no ha visto la televisión, y escuchar español, portugués, porque, hey, cara, Claudine es una chica de ojos claros, piel oscura y corazón brasileño con la que podrías hablar durante horas porque en ella, como en ti, el viaje es el mundo. Y, hey, hablamos y el tiempo se nos fue en nada porque me dijiste, con la ingenuidad de toda criatura que no está contaminada por el mundo, y ya sabes que hay otras como tú, y eso, no sé, hace que el mundo merezca la pena y que luchar contra todo tenga premio, aunque sea pequeño porque, ya lo sabes, porque no hay cosas más importantes que las pequeñas, y me hablaste de una película con un hombre que había matado a un niño, y en cómo el mundo está loco, loco, y dijiste, esas personas son unos bastardos, pero en la película pensaste bastardo y nunca te había pasado antes, y cambiaste, sí, cambiaste tu forma de pensar, y me dijiste, no entiendo a la gente, no entiendo el daño, y hablamos, no sé, te dije, pero imagina, un niño que ve cómo su padre le pega a su madre y cree que es lo normal, no somos libres, preciosa, dependemos del entorno y a veces, no sé, la crueldad es lo normal para la gente, y dijiste, sí, es posible, pero yo no sería capaz, y ya sabes que te creo, porque no estás contaminada, y nunca, en el daño, te dejaste llevar por los demás, y te ríes de mí, y dices sí, deberías esperar, cinco años, o más, y hey, me llaman por teléfono, anda, preciosa, es el chico que está enamorado de ti, y tú, no es mi padre, sí, lo que yo decía, alguien que está enamorado de ti, pero sí, es una pena, y te ríes como hacía tiempo que no te escuchaba, y me río contigo, y pienso que estar contra el mundo a veces, muchas, casi siempre, es bueno, si el rincón del mundo en el que vivo se hace mejor para gente como tú, como Laura, como Jenni, como Sami, que andan por la ciudad, hey, increíble, sin contaminarse, dejando una luz discreta a cada instante que se hace sol en las mañanas en las que yo necesito, sin más, un poco de calor para volver al mundo, quejarme poco, y decir, sí, hay cosas que cambiar, y en ello estamos, sólo por ver esa sonrisa inmensa que muestras al lago cuando te encuentras sola, en ese apartamento, leyendo y frente al agua, soñándote, como siempre, Heidi, cara Heidi, por olvidar del hombre su maldad, por pasar de quejas y tonterías, soñándote en una montaña. Ti voglio bene.


domingo, 29 de agosto de 2010

Parole per Viky II

Estimada Viky,

uno camina por la playa y se encuentra piedras, arena, olas, un poco de sal y tanta tanta luna, aunque sea naranja y haya lluvia. Uno camina por el mundo y se encuentra palabras, importantes pocas veces, gestos, porque en los gestos están todas las historias y algún que otro cuento y se encuentra a tu gemela, también a ti un día de selectividad en el que tu gemela estaba triste, derrotada y dices, porque hay gente que conoce a la gente desde siempre, quédate un poco, hasta que esté mejor, anda, hasta que vuelva a ser ella, y nunca ha habido problemas porque se ha de estar en todo con la gente que te importa siempre que te necesite. Y hay personas que nos impresionan, a los cuarenta años, a los quince, a los diecisiete, porque acercan a su gemela a la vida y uno piensa y ahora, y desea por encima de todas las cosas, que ahora, ahora ella se vea, y se sepa en sí misma, también en los demás, y sepa ver, en una playa, en una noche de lluvia, en Granada, en Madrid, que nada ni nadie debería alejarnos de nada ni nadie. Acercas a la gente a la vida: deberías saber que llega a impresionar. Y uno piensa que hay tanto tanto tiempo para el reencuentro pero Madrid,la vida en una ciudad, que ya lo sabes, ni fú ni fá, empieza ya y es bueno saber que hay tantas tantas ganas de ser tú bajo ese cielo y bajo cualquier otro. Y no importa si es un cielo azul o gris, qué más da, si, como pocos, sabes encontrar las palabras que cada cual necesitas porque, sabes, desde siempre, y llega a impresionar, que cada persona merece palabras diferentes, porque cada uno es único e irrepetible, y habrá tanta vida cuando vuelvan a verte en las pupilas y tú los encuentres en tus ojos, en Algeciras, en Granada, en otras calles. Será hermoso el reencuentro; será necesario, tan sólo algunas veces. Y habrá lágrimas, y ganas de reír porque serán tantas las historias por contar en tus dedos y tantas imágenes que mostrar en los labios. Un granaíno, un sevillano, todas las guiris del mundo porque hay gente que conoce el exilio en todas partes, que sabe de piedras porque se las lleva en los bolsillos. Y habrá gente que no, que ya no sea, que ya no esté, porque hay abrigos que se dejan en el armario y no nos sienta bien su calor cuando llega el invierno. Nada es permanente excepto el cambio pero no es algo, como si no lo supieras, que alguna vez te haya preocupado, porque lo nuevo, siempre lo nuevo, aunque haya tardes en los que lo viejo y el miedo te pueda. Uno crece en esos miedos porque es donde es uno contra uno y contra el mundo y nada más absurdo que vivir en una casa mucho tiempo, que habitar las mismas calles una vida. Y, sí, lo hemos hablado, nos parecemos en ese aspecto, tú y yo, que coincidimos en la necesidad de movernos en lo nuevo a cada instante, algún mes, algún año, de estar en nosotros y nadie más, de estar en otra gente y volver a lo demás. Estarás contra el mundo, sola o con gemela, juntas y separadas y sabré de ti, como muchos más y habrá tardes en que podrás escuchar pues yo la conozco o yo la conocía, nunca se sabe, y sabrán de ti en Sicilia, por las palabras, las dichosas palabras, y serás feliz, por si no lo supieras, y estará tu nombre en un libro con palabras, líneas. Y estarás en los detalles, porque ya lo sabes, se hace feliz a la gente en los detalles, alguna tarde hemos hablado de ello, y los detalles no son un cumpleaños, un día especial, es estar en los días, y dejar tus huellas, algún silencio, todas esas palabras en las que has estado estos últimos días, en una canción que regalarás a tu gemela, a algún amigo, alguna canción que diga, hacer siempre lo incorrecto es una forma de acertar, porque no hay nada como confundirse, como no esperar nada y que la vida se nos entregue en todo. Te espera una vida, a ti, que sabes la gente y sabes muchas cosas más. A ti que te espera Madrid, Granada y el mundo, si así lo deseas. Será genial saber de ti, ya lo sabes. Y te espera la vida porque también a ella la conoces.

lunes, 23 de agosto de 2010

El intransigente LVII

Para Sorel
- Hey, cuánto tiempo.
- Sí que hace tiempo, sí.
- Y, ¿qué tal todo?
- Nada, verano en Sicilia, como siempre. ¿Qué tal tú por Grenoble?
- Bien, bien. Y, ¿qué tal la vuelta?
- No sé, regular, harto, qué sé yo, cabreado de volver a este asco de país.
- Hombre, asco, asco no.
- Sí, te lo digo yo, asco de tu país.
- No, tu país.
- No, el tuyo.
- Joder, parecemos Lisa y Bart discutiendo por ver a quién quiere más Homer.
- Sí, cuando está claro que te quiere más a ti.
- Bueno, y si tanto adoras Sicilia, ¿por qué no te has quedado, condenado?
- Berlusconi.
- Ah, sí, hay payasos en todas partes.
- Es que, no sé, me cansa volver a un país, a un concepto, España, qué cosa más absurda por dios. Yo vuelvo al sur y poco más. A tu España que le den, no como tierra, que es preciosa, pero sí como concepto.
- Sí, España sin españoles; Sevilla, sin sevillanos, que dijo Machado. Y en verano, Chipiona sin sevillanos, claro.
- Sí, y ya puestos Sicilia sin sevillanos.
- Bueno, ¿y el viaje en sí?.
- Genial. Me acerqué a Nápoles también.
- ¿Por negocios?
- No, por negocios, no. Ése es Maradona. Yo me acerqué por placer.
- Y, ¿qué tal?
- Una ciudad caótica, sucia, sin educación. Me encantó; me recordaba a mi barrio.
- Vamos, que para ti fue como estar en casa.
- Sí, sí que sí. Me llamó una amiga italiana cuando estaba allí.
- Mmmmm. Y, ¿qué te dijo?
- Me preguntó que si me estaba gustando la ciudad. Y que ellos llamaban a Napoli la Sevilla del sur de Italia.
- ¿Y eso? ¿Por la luz? ¿Por las calles estrechas? ¿Por qué Maradona ha jugado en las dos ciudades?
- Qué va. Decía ella que por los robos, por los tirones y por lo ruidosa que era la gente. Me lo dijo y se quedó tan tranquila.
- Ainsssssssssssssssss, Nápoles, qué gran ciudad... sin sevillanos.

domingo, 22 de agosto de 2010

Juego de niños

Para Laura
- Estoy un poco aburrido.
- Sí, yo también estoy un poquito aburrida.
- ¿Qué hacemos entonces?
- No sé, podríamos jugar a algo.
- Sí, juguemos a las cartas.
- Sí, qué buena idea.
- Y, ¿qué apostamos? ¿Dinero?
- No, dinero es lo que todo el mundo espera. Apostemos nuestros sueños.
- ¿Nuestros sueños?
- Sí, por ejemplo yo apuesto mi sueño del viaje a Australia y tú...

- Sí, buena idea, y yo veo tu apuesta de ese viaje y subo a mi sueño de conocer a la mujer de mi vida antes de los treinta años.
- Vale, vale. Venga, empieza a barajar.
- Bueno, me pongo ahora mismo. Siéntate.
- Y, ¿qué le pasará al que pierda?
- No sé, nunca he jugado a esto. Imagino que nada, ¿no?
- Pero, ¿y si pierde alguien y se queda sin sueños?
- Da un poco de miedo, sí. Además, ¿y si pierde alguien y no se queda sin sueños, sino que no sabe salir de ellos?
- No sé, ¿nos arriesgamos?


sábado, 21 de agosto de 2010

En casa

Uno vuelve a casa y se dice, los libros, ya tan sucios, y decide limpiar el polvo de sus párrafos, también el de las estanterías, por cuidar todas las líneas, y uno se encuentra palabras que ya ni esperaba, esenciales en otra época, en otras calles, de significado tan diverso ahora: te quiero como nadie te ha querido nunca y nadie te querrá. Y uno vuelve a algún beso bajo la lluvia, a dos cuerpos desnudos en una noche de invierno sin frío, a un aquí tienees, es tu vaso de agua, a un vestido verde con el que me esperaste en una estación de tren por ver una película y en silencio. Hay otros libros, y otras palabras: te quiero, amor, no lo olvides, nunca. Otras líneas en el prólogo, en el epílogo, en cualquier espacio en blanco que tú coloreaste. Qué raro ahora volver algunas tardes al gris. Y hay líneas con tu firma que dicen sé que no es una sorpresa porque es un libro pero te quiero, ya lo sabes, día del eclipse solar. Te quiero, no lo olvides nunca. Pero, ya lo decías, nunca tuve buena memoria. Apenas recuerdo el color de tus ojos, si te habías pintado los labios ese día, o si el sol se ocultó porque, sencillamente, tenía miedo, como yo, algunas veces, también tú. No lo olvides, pero olvidar en mucho más fácil de lo que la gente cree; basta con tener poca memoria. La inexactitud de la nostalgia es el título, cómo no. Como volver a casa y comprender que las esquinas con cajones ya son diferentes. Y espera, sí, uno espera, como dicen todas las palabras, ya gastadas por el uso: que nadie nos quiera como nadie, porque todo amor con huellas ha de ser distinto, ha de ser único e irrepetible, también los besos bajo el sol, bajo la lluvia, bajo una tarde de otoño con chimenea, y otra diferente por completo la banda sonora. Como dos cuerpos que empiezan a reconocerse por primera vez y para mucho tiempo, porque, como dijo Gil de Biedma, y siguiendo con el tema, como te habría gustado escuchar, los misterios del amor son del alma pero un cuerpo es el libro en que se leen, aunque sea ese cuerpo, ahora y todavía, una página en blanco en la que quedan tantas letras por escribir. Aunque uno haya olvidado el lápiz en los bolsillos de un pantalón que, como siempre, se ha olvidado en casa.

domingo, 15 de agosto de 2010

El intransigente LVI

Para Caterina
- Hey, estar aqui es como estar en casa. De veras.
- Pues yo que me alegro. Y nosotros que creiamos que no venias. Un verano sin ti no es lo mismo, ni para nosotros ni para Sicilia.
- Gracias, hermana. Lo pense bien y me alegro de estar aqui. Y mucho. Es estar en casa.
- Y que tal esas clases? No se, treinta alumnos por clase. No creo que el gobierno andaluz o spagnolo o italiano piensen mucho en la educacion.
- No, simplemente no piensan.
- Hey, creo que tienes razon.
- He preparado un cafe de esos sicilianos para hacerte sentir como en casa. Te apetece?
- No se. No me gusta el cafe. Para mi tiene un sabor muy amargo, como el de la religion.

lunes, 9 de agosto de 2010

La vida sin tildes III

- Hey, cuanto tiempo, guapo.
- La verdad es que si, preciosa. Es lo que tiene estar viviendo, imagino.
- Y, que tal por Napoli? Disfruta de esas vacaciones que yo no tengo, bastardo.
- Bien, bien. Me quedo en un hotel, voy conociendo la ciudad.
- Y, no te sientes un poco solo?

- No, no se, paseo, descubro una ciudad sin mapas, hablo con la gente. Viajo, supongo. Y dedico tiempo a pensar en mi. Ademas, si me siento solo, pienso en ti, en que me apetece, y mucho, verte, y me siento mucho mejor.
- Eres un sol.
- No, es solo sinceridad.
- Bueno, eres un solete sincero.

sábado, 7 de agosto de 2010

La vida sin tildes II

Y V., que, como siempre, se aburre en las clases de Literatura, en las que nunca pasa nada, excepto moscas que viajan a los lugares mas reconditos y espiritus de poetas muertos que habitan en este aula. Poco mas. Pero si miramos, se dice V., siempre hay alguien que nos espera, y ella mira, y se dice, L. no es como creen los demas, para nada: bajo la escarcha de sus cabellos rubios hay flores y un corazon por descubrir. L. mira y sonrie. Solo quiere, como siempre, ser anonima, y que nadie diga que su culo es el mejor de todas las clases, porque, hey, hay cosas de las que uno no deberia hablar, nunca, que ella sepa al menos, ella, que siempre esta al margen de todo y quiere estar en todos los margenes, pero V. sabe que hasta los margenes dejan notas a pie de pagina, y estas notas se hacen palabras que llegan a las pupilas de V., que lee con placer, porque sabe que no se confundia: L. es como ella, de ese tipo de personas que hace mejor a los demas, que se da en todo para olvidarse de cuando en cuando en cuando de ella misma y piensa, V. piensa, hey, no puedo dejarla, no puedo dejar que se haga asi, y vendran tardes de parque en que cogera prestado su movil y dara toques a todo el mundo por ver si alguien contesta, si alguien da con las palabras adecuadas, esas palabras que digan, L, y poco mas, L, donde has estado tanto tiempo y el tiempo vuela, pero todavia no es ese dia, no lo es, y ahora L. se descubre en las lineas de V., y le dice, no estas hecha para ser anonima, estas hecha para hacerte notar, y se hace notar, y se hara notar en Madrid, donde ya saben de ella, y V. se dice, a veces, y no se lo dice, a veces me gustaria que no te llevaras a Granada la mitad de tus calles, por crecer de verdad, por crecer en otra gente, porque tus alas estuvieran de verdad en tus tobillos y te hicieran caminar por todos los rincones que todavia, desgraciados de ellos, no te conocen. Y hablan, y una tarde con sol de la que ambas tienen un recuerdo y que les llevo a conocerse, hablan y dicen: tu y yo contra el mundo, tu e io contro il mondo, y, a veces, acaban comiendo en un MacDonalds porque todavia no conocen del mundo todas sus trampas, pero creceran hasta saberlas. Y V. sonrie cada vez que lleva a L. a la vida, como un martes cualquiera en que se encontraron con un viejo amigo que Viky todavia no conocia y a lo lejos se escucho: por que no me lo has dicho y V. no quiere decirle que era porque queria otra vez acercarla a la vida y que a ella no se le olvide, siempre como esta envuelta en sus pensamientos. Hey, L. la vida es otra cosa, otras calles, y V. rie, y le dice, a que quieres matarme, y ella dice para nada, para nada, y ambas se van, agarradas de la mano, porque la ternura esta en todos los dedos. Y V. dice, jo, las cosas no son asi, ella te echara de menos, diga lo que diga, y hablan y hablan, hasta estar agotodas y ayudan a una chica que se siente sola y triste, porque se siente sola y triste, porque hay que estar en los dias, no en cumpleagnos y lo saben, lo saben y se hacen grandiosas. Y V. se va y L. dice: no quiero que te vayas, y la abraza, y la abraza para sorpresa de V., que ha olvidado que nadie ha acercado mas a L. a la vida, a una playa con estrellas, a una llamada de telefono que la haga sentirse importante, a no perder cien mensajes y miles de palabras que se resumen en dos: eres importante. Y L. lo sabe, y la abraza con mas fuerza: no quiero que te vayas. Y sabe que a veces es necesario pertenecer a las personas, porque lo ha visto, lo sabe, el final de una pelicula lo dijo: las personas pertenecemos las unas a las otras, y tu, vayas adonde vayas, nunca seras libre, nunca, porque vayas adonde vayas, estaras contigo. Y a lo mejor. Y lo sabe. Ambas lo saben: hay gente que nunca se va de nuestros dedos, solo estan un poco mas lejos. Y L., tan ingenua a veces, lo olvida. Due ragazze contro il mondo. Y hay una cancion con letra que habla de ellas. Laura y Viky. Con una sonrisa. Always. Always. Juntas y separadas.
Napoli....

lunes, 2 de agosto de 2010

Smarties de colores III

Para Cristy Godoy
Uno vuelve a casa, y trae flamenco, por ver a italianos del sur sonreír, porque el flamenco llegue también a Sicilia, que no es poco. Son detalles, sí, pero hacen sonreír al mundo y hacen que uno no pueda ser anónimo. Es todo verano, piensa uno, toda una vida y lo merece. Uno deja atrás su estatus y ya no es profesor, sólo guiri y lo disfruta, lo difruta sobremanera, y es maravilloso escuchar en cada detalle un gracias. Hacía tiempo que no, pero, hey, la vida, la vida es otra cosa: escuchar palabras que parecen usadas por primera vez y que no se hagan viejas y princesas. Palabras que trabajen siempre por el bien de unas sonrisas que se hagan grande en sus camas y se sientan únicas e irrepetibles, más allá de todos los pronombres. Y te hace feliz escuchar grazie, grazie mille, amico. Y después de dos aviones, que, además, no se han estrellado, y dos autobuses, piensas, y yo no iba a pasar un verano en esta tierra, en mi lugar en el mundo. Estás dormido y Brita te dice, un helado, Hino, un helado de Sicilia y no hay helado mejor. Y toca el mar, y tocan todas las olas, y pensar que la gente debería saber que nada como intentar que lo demás se sientan mejor con las palabras. Ni que fuera tan difícil. Me acerco a las orillas de Letojanni, a lo lejos Taormina, y pienso en un cuento precioso que alguien escuchará desde estas olas. Me dejo caer en la arena: un helado, un trozo de pizza, un sol que apenas hace daño. Me duermo con el rumor de las primeras olas que me dicen eres nuestro, como cada verano, y serás pronto otro, como cada verano. La tierra roja de Tara. Me duermo con las primeras olas para despertar siendo otro. Es la vida, dice alguna orilla, es la vida, y yo debería saberlo. Es la vida y yo he vuelto, he vuelto para quedarme en ella, esta vez, durante mucho tiempo, para habitar en besos como éste durante los labios suficientes.

domingo, 1 de agosto de 2010

Érase una vez X

Érase una vez una isla sin eñes.
Érase una vez tienes alguna tilde a mano.
Érase una vez un así que eres de Sicilia, a qué sí.
Érase una vez un no, de Sicilia, no, pero aquí estoy.
Érase una vez Sevilla, sí, es Sevilla pero el sur es el sur en todos los rincones.
Éranse una vez unas salinas.
Érase una vez un puerto.
Érase una vez vaya paliza, estarás agotado.
Érase una vez aquí está, buena compañía, es cuanto necesitaba.
Érase una vez un beso en la mejilla. Y luego otro.
Érase una vez una canción de cuna.
Érase una vez un comentario. Y luego otro.
Érase una vez un besico salado.
Érase una vez un mar.
Érase una vez el sur, en todos los lugares.
Éranse una vez dos mares.
Érase una vez un bar bajo las estrellas.
Éranse una vez muchas horas de viaje.
Érase una vez, anda, qué voz más graciosa.
Érase una vez un no lo conozco de nada, así te irá, así te irá.
Érase una vez un te recojo en la estación de autobuses.
Érase una vez una noche de tapas.
Érase una vez una casa con puertas.
Érase una vez un bastardos.
Érase una vez todo el calor del mundo.
Érase una vez un paseo por la playa.
Érase una vez With a little help of my friends.
Érase una vez me has tocao algún rincón del estómago y casi, casi... duele.
Érase una vez una de las cuevas de Granada.
Érase una vez Grease.
Érase una vez un pañuelo a un pantalón pegado.
Érase una vez un collar y un cuello.
Érase una vez a ti te quitaba yo esas tonterías de tanto sibaritismo de una vez.
Érase una vez un restaurante de comida basura.
Érase una vez un sinpagar. Y una noche sin dormir o más.
Érase una vez un bar con caldero.
Érase una vez toda la calor del sur en una casa.
Éranse una vez unos muslos con pijama.
Érase una vez un pijama de Mafalda.
Érase una vez un salero. O dos.
Érase una vez la locura de una hipoteca.
Érase una vez ya tengo casa y es mía.
Érase una vez las fotos no te hacen justicia.
Érase una vez Granada.
Érase una vez un año desde una primera tilde.
Érase una vez un pub pequeño en Mar Menor.
Érase una vez un pueblo de cuyo nombre no me acuerdo.
Érase una vez los saleros te los llevas.
Érase una vez un paseo en coche por la noche. Y luego otro.
Éranse una vez treinta años.
Érase una vez Gossip Girl.
Érase una vez Fringe.
Érase una vez te cuento lo que le pasará a los personajes.
Éranse una vez tantas series.
Érase una vez es raro que duerma con la puerta cerrada.
Érase una vez lo normal es que duerma en pelota picada.
Éranse una vez unas piernas sin sal.
Érase una vez no te preocupes, con un helado soy feliz.
Érase una vez no, no son para mí los gimnasios.
Érase una vez no hay mayor placer que el de no hacer nada.
Éranse una vez quince días de agosto en casa.
Érase una vez el placer de una conversación inteligente.
Érase una vez un hasta luego.
Érase una vez salgo a vivir, me espera Italia.
Érase una vez una tal Laura.